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La fortaleza de Dios

“LA FORTALEZA DE DIOS EN LA VIDA DE LOS NIÑOS”

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“De la boca de los chiquitos y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer cesar al enemigo, y al que se venga”, Salmo 8.2.

Un grupo de niños jugaba sobre un lago congelado, uno de ellos pisó una parte frágil y cayó al agua. La corriente lo arrastró unos metros, por lo que sus amigos lo siguieron y rompieron el hielo para rescatarlo. Sus padres y otros vecinos se preguntaron cómo fue posible que los niños hicieran tal proeza. Un anciano que escuchaba la historia respondió: “los niños lo lograron porque no había un adulto que les dijera que no podían hacerlo”.

El Salmo ocho era cantado por el pueblo de Israel durante la vendimia. En estos días de fiesta las familias se gozaban por la bendición de Dios en el fruto de la vid. Los judíos daban gracias al Omnipotente por su grandeza mostrada en la vida del hombre y de los niños.

 EL SEÑOR ES TAN GRANDE QUE MUESTRA SU FORTALEZA EN LOS CHIQUITOS.

 Una historia que ilustra esta enseñanza es la conquista de Jerusalem.El rey jebuseo puso frente a la ciudad a ciegos y cojos, el mensaje para David era el siguiente: “con ellos basta para detenerte, no podrás conquistarnos”, 2 Samuel 5.6-9.

David mandó que aquellas personas fueran asesinadas y tomó la ciudad de Jerusalem.Parece que se trata de un acto cruel, pero recordemos que desde los días de Moisés, Dios mandó que los pueblos cananeos fueran destruidos, pues su maldad era mucha y debían ser castigados.

El rey jebuseo fue soberbio y pereció. Sin embargo, nuestro Dios es infinito en su grandeza y poder, de tal modo que escogió a los chiquitos y a los que maman para manifestar su Omnipotencia. Él no necesita de las fuerzas, conocimientos o capacidades de los adultos; con los niños puede hacer grandes proezas.

 EJEMPLOS EN LA PALABRA DE DIOS.

La historia del pueblo del Señor es real y hermosa, en ella podemos hallar hechos realizados por niños, algo que no es común en los relatos de otras naciones. Esto nos muestra lo importante que son los niños y cómo el Señor manifiesta su grandeza por medio de ellos.

María, Éxodo 2.4-10.Dios dio sabiduría a María quien era una muchacha, para detenerse a ver qué sucedería con su hermanito. Ella le ofreció a la hija del Faraón buscar quien cuidara del bebé que había rescatado del agua. De esta mera María fue un medio para que Moisés creciera en su hogar bajo el cuidado de sus padres.

 Samuel, 1 Samuel 1.24-28.Ana cumplió su promesa a Dios y llevó a Samuel al sacerdote Elí, después de destetarlo. Tendría unos cuatro o cinco años de edad,  no se detuvo por el pensamiento de que en lugar de ser una ayuda, Samuel complicaría todo en la vida de Elí, sabía que podía ser útil. El Señor usó a Samuel para ser su fiel profeta.

 Joás, 2 Reyes 11.21; 12.1,2.Él reinó en Judá desde los siete años. ¿Qué puede hacer un niño al frente de una nación? Pues el Señor le capacitó de tal modo que Joás hizo lo recto a los ojos de Dios.

Josías, 2 Reyes 22.1,2.Tenía ocho años cuando comenzó a reinar en Judá. También hizo lo correcto ante Dios, las Escrituras nos dicen que siguió el ejemplo de David su padre.

El Señor Jesús, Lucas 2.46-52.A los 12 años, el Señor Jesucristo impactó con sus conocimientos a los doctores de la Ley. Por otra parte, desde esta tierna edad el Señor manifestó su celo para ocuparse en los negocios de su Padre, en lugar de distraerse en las cosas superficiales de este mundo.

 Los muchachos en el templo, Mateo 21.14-16. Los escribas, sacerdotes y ancianos de Israel, aun con el basto conocimiento que tenían de las Escrituras, no reconocieron a Jesús como su Mesías. Sin embargo, los muchachitos por la gracia de Dios pudieron ver en Jesús al Hijo de David. En ellos de manera especial se cumplió el Salmo 8.2; con las bocas de los pequeños el Señor venció a sus enemigos.

 ¿Cómo es que estos niños hicieron estas tan importantes? Porque de la boca de ellos Dios fundó la fortaleza.

 QUE EL SEÑOR NOS HA DADO.

 En nuestros hijos podemos ver la grandeza del Señor, pues ellos practican los valores cristianos de una manera que a nosotros nos cuesta. Veamos algunos ejemplos.

 Perdón.Los niños también discuten y se enojan. Pero no tardan en perdonar, de modo que pronto los vemos juntos en juegos y risas.

Adoración. Nuestros hijos pasan todo el día cantando los himnos que aprenden el domingo. Es hermoso escuchar su voz por toda la casa.

Oración.Las súplicas de los niños son sinceras, prácticas y no mecánicas. Si alguien les pide que oren por un motivo especial, en verdad lo hacen.

Humildad. Los niños pequeños y los que maman, no hacen distinción de marcas, razas, posiciones económicas, ni niveles de conocimiento. No hay presunción en su vida.

¿En quiénes se manifiesta la grandeza y fortaleza del Señor?

Hermanos:

El Señor Jesús puso a un niño en medio de sus discípulos y les dijo que si no eran como él, no podrían entrar al reino de los cielos, Mateo 18.1-4. Es bueno que los niños deseen ser como nosotros los adultos. Pero es indispensable que nosotros seamos como ellos, de lo contrario no tendremos entrada en el reino del Señor. Debemos ser humildes como los niños para reconocer nuestra necesidad de Cristo como nuestro Salvador.

El Señor fundó la fortaleza de la boca de los chiquitos y de los que maman. Queridos padres, maestros y hermanos, No les digamos a nuestros niños que no pueden. Ellos pueden hacer muchas cosas grandes para la gloria de Dios. Sembremos en su corazón el principio de que todo lo pueden en Cristo que les fortalece.

No estorbemos a nuestros niños para ir a Jesucristo. Seamos los medios para que le conozcan y experimenten el poder Salvador y transformador de nuestro Señor Jesús.

Principios inmutables para el matrimonio

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EFESIOS 5.

 22.Las casadas estén sujetas á sus propios maridos, como al Señor.

23.Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo.

24. Así que, como la iglesia está sujeta á Cristo, así también las casadas lo estén á sus maridos en todo.

28.Así también los maridos deben amar á sus mujeres como á sus mismos cuerpos. El que ama á su mujer, á sí mismo se ama.

29. Porque ninguno aborreció jamás á su propia carne, antes la sustenta y regala, como también Cristo á la iglesia;

30. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.

31. Por esto dejará el hombre á su padre y á su madre, y se allegará á su mujer, y serán dos en una carne.

Un pastor quedó impactado al revisar las respuestas de una hermana al examen de catecúmenos. ¿Cuántos sacramentos nos dio el Señor? Ella respondió 2. ¿Es el matrimonio un sacramento? La respuesta fue: no. ¿Qué es el matrimonio? La hermana contestó: es el lugar al que entran los hermanos que tienen que purificar muchos pecados.

Muchas personas tienen una idea similar del matrimonio; sin embargo, en realidad es una bendición de Dios, si se vive conforme a los principios de su Palabra, los cuales no se pueden cambiar. Veamos algunos de ellos.

EL MATRIOMONIO ES UN PACTO ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER, 31.

El significado.La palabra matrimonio viene del latín matrem-madre y monuim-calidad de o cargo. Matrimonium en origen significa el estatus de una mujer casada y la maternidad legal, el derecho a ser la madre legítima de los hijos de un varón. De acuerdo a las Escrituras el matrimonio es el pacto o compromiso de un hombre y una mujer para vivir unidos en amor, respeto, ayuda mutua y compañerismo, Malaquías 2.14,15.

Lo que no es matrimonio.El apóstol Pablo nos recuerda el momento cuando el Señor unió a Adam y Eva en matrimonio y estableció principios para esta institución: “dejará el hombre a su padre y a su madre”… Las Escrituras nos dicen que Dios creó un hombre y una mujer, los unió en matrimonio y los bendijo, Génesis 1.27,28. El Señor no creó dos o más hombres para casarlos con una mujer. No hizo un hombre y varias mujeres para formar un matrimonio. Tampoco creó dos hombres, o dos mujeres para que existiera una unión entre personas del mismo sexo. Dios no hizo homosexuales. Las relaciones que no sean un pacto legal entre un hombre y una mujer, no son matrimonio, les podemos llamar parejas pero no matrimonios. Dejará el hombre (un varón) á su padre y á su madre, y se allegará á su mujer (una esposa).

Con leyes divinas.El matrimonio es una institución de Dios para la humanidad, es creación del Señor, en la que estableció leyes para el buen funcionamiento del mismo. Alterar estas leyes traerá grandes daños. ¿Qué pasaría si en un país sólo existieran parejas de homosexuales? ¿Qué sucedería si todos los matrimonios evitaran tener hijos? ¿Qué hubiera pasado si Adam y Eva hubieran decidido cuidar de sus mascotas en lugar de tener bebés?

EL MATRIMONIO ES PARA TODA LA VIDA, 28-30.

Una figura de nuestro Dios. Dios existe en tres personas, El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Son tres personas diferentes y un sólo Dios, pues los tres tienen la misma naturaleza y gloria. El matrimonio es una excelente figura que ilustra cómo pueden dos personas formar unidad. Los esposos están unidos, el versículo 31 dice: “y serán dos en una carne”. No sólo están juntos, sino unidos, son una sola carne. Por eso San Pablo dice que los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. Los matrimonios son una sola carne y una evidencia de esto es que los esposos llegan a parecerse mucho. ¿Me puedo separar de mi carne? Nadie aborrece a su carne, antes sustenta y cuida su cuerpo.

Contra el divorcio. El Señor Jesús nos enseña que el matrimonio puede ser disuelto por adulterio, la parte afectada está en su derecho de solicitar el divorcio ya que su cónyuge quebrantó su pacto, Mateo 19.3-9. San Pablo por inspiración del Espíritu Santo nos instruye que cuando uno de los cónyuges es inconverso y desea el divorcio, la esposa o esposo cristianos pueden aceptarlo, 1 Corintios 7.12-15; nuestra Confesión de Fe de Westminster le llama “deserción obstinada”. En ambos casos la parte inocente puede volver a casarse. Fuera de estos dos motivos no existe otra razón para un divorcio legítimo. Si en un matrimonio alguno de los cónyuges es maltratador, violento, alcohólico, vicioso, o irresponsable; la hermana o hermano no está obligado a sufrir estas cosas, puede proceder al divorcio, pero si se casa con otra persona caerá en adulterio.

¿Difícil? Los discípulos al escuchar la enseñanza del Señor sobre el matrimonio dijeron que si esta es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse, Mateo 19.10; les pareció un asunto difícil. Pero en realidad, el matrimonio es una bendición, Proverbios 18.22. Es el divorcio algo muy difícil, es traumático; genera daños como cuando se separan dos hojas unidas con pegamento. Por eso debemos recordar que el matrimonio es para toda la vida, y que con la gracia de Dios podemos superar todas las adversidades que se presenten. Así como permanecemos unidos a Cristo como su cuerpo, debemos permanecer unidos en el matrimonio.

 EL ESPOSO ES CABEZA DE SU MUJER, 22-24.

 Un director sujeto a Cristo.Antes de la caída en pecado de nuestros primeros padres, Dios designó al varón como cabeza o director de su matrimonio y familia, por eso vemos que Adam puso nombre a su mujer, Génesis 2.23. Esto no significa que el hombre sea superior. Ante el Señor, varón y mujer somos iguales en valor, pero diferentes en funciones, Gálatas 3.27,28. Dios nos hizo diferentes en el aspecto físico, sentimental y en la manera de tomar decisiones, para complementarnos. Que el varón sea cabeza de su esposa es un declarativo del Señor, no un imperativo. San Pablo nos enseña que todo esposo es cabeza de su mujer. Implica ser un director obediente a las instrucciones de Cristo, 1 Corintios 11.3. Por ejemplo: Meditar siempre en las Escrituras; temer a Dios y andar en su camino; cuidar a su esposa; ser proveedor fiel; entre otros.

Un siervo amoroso.Ser cabeza no significa ser un varón que llega a casa para ser servido, sino un esposo que es siervo de su esposa y familia en todo tiempo. Así como nuestra cabeza sirve a nuestro cuerpo siempre. De la misma manera en que Cristo la Cabeza, sirvió a la iglesia al dar su vida para salvarla y la sirve con cuidados e intercesión continuos. El esposo como cabeza tiene la responsabilidad de proteger a su esposa; proveer sus necesidades por medio de su trabajo; ayudar en las tareas domésticas; velar por la buena salud de su mujer; edificar su vida espiritual; entre otras actividades. Ninguna mujer tendrá problemas para vivir sumisa o seguir el liderazgo de un varón que cumple con la Instrucción de la Palabra de Dios.

La esposa es la corona del varón. Las Escrituras nos dicen que la mujer virtuosa es corona de su marido, Proverbios 12.4. Qué hermosa enseñanza. La esposa virtuosa en especial es aquella que respeta, admira y motiva a su marido, como la mujer del sabio Salomón, Cantares 2.16,17.  Un esposo respetado por su mujer será un varón fortalecido para ser un vencedor, además de que siempre corresponderá amor a su esposa. Pero, cuando la mujer no respeta a su marido, es como carcoma, es un cáncer en sus huesos, como osteoporosis. Tendrá un marido debilitado, enfermo, con mucho dolor en su corazón. Estimada hermana sea corona y no carcoma en los huesos de su marido.

 HERMANOS:

 Disfrutemos de la bendición del matrimonio. Mostremos al mundo que el matrimonio es un de los regalos más grandes que el Señor nos ha dado, de manera que las familias cristianas seamos una influencia positiva para rescatar los hogares que están a nuestro alrededor.

Vivamos conforme a los principios que las Santas Escrituras nos dan para tener un matrimonio dichoso; no de acuerdo a nuestras ideas o a las propuestas de la sociedad. La obediencia al Señor siempre trae excelentes resultados.

Estos principios no se deben cambiar, son inmutables. Practicar todos los días cada uno de ellos produce los buenos frutos del amor y respeto para un matrimonio de bendición. Recordemos que el Señor nos pide estas cosas porque funcionan, dan bienestar a nuestra vida y glorifican el Nombre de Dios.

La Palabra del encargo

“LA PALABRA DEL ENCARGO”

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“ENTONCES JESÚS, CLAMANDO A GRAN VOZ, DIJO: PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU. Y HABIENDO DICHO ESTO, ESPIRÓ”, Lucas 23.46.

Los sacerdotes levitas realizaban los sacrificios diarios a las 9:00 y 15:00 horas. El Señor Jesucristo fue crucificado entre estos sacrificios. Fueron seis horas de terribles agonías físicas y espirituales, hasta que a las 15:00 horas, en el tiempo del sacrificio de la tarde, el Señor dio su Espíritu. La Palabra de Dios nos dice que la paga del pecado es la muerte, y esto es lo que nuestro Salvador sufrió en la cruz. Jesucristo estuvo desamparado de su Padre, así padeció la separación de Dios que nosotros merecíamos por nuestros pecados. También pasó por la muerte física, es decir, la separación de su cuerpo. En los últimos momentos de su obra expiatoria en la cruz exclamó la Séptima Palabra, que llamaremos la Palabra del Encargo.

 ANTES DE SU MUERTE.

En humillación.El Señor sabía que se acercaba el momento cumbre de su humillación, su muerte. La cruz había sido cruenta y vergonzosa, Él fue crucificado desnudo, como solía hacerse cuando se ejecutaba este castigo. Pero la muerte, fue un acto tremendo de humillación; porque Jesucristo es el Dios de la vida; sin embargo, Él murió en la cruz.  El Señor tuvo a bien humillarse y morir en nuestro lugar para cumplir la Ley de Dios que demanda la muerte del pecador, Romanos 6.23. Así nuestro Redentor cumplió todos los requerimientos de la justicia divina, y por medio de Él somos justificados o perdonados de nuestros pecados.

De manera extraordinaria.Jesucristo no murió de forma ordinaria, lo hizo con humildad, pero también con poder, pues dio su vida de manera voluntaria, nadie se la quitó, Juan 10.17,18. El Señor nos dice que Él tiene poder par poner su vida, y para volverla a tomar. Por esto mismo en la cruz con gran voz, no con debilidad, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Luego inclinó la cabeza, y expiró, Juan 19.30. Cuando una persona muere las cosas suceden de forma invertida. Pero nuestro Señor inclinó primero su cabeza, y luego murió, para que entendamos que él quiso humillarse y dar su vida por nosotros.

Confirmada por las autoridades.  Las Escrituras nos enseñan que cuando José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de Jesucristo, él se maravilló de que Jesús ya había muerto, pues los crucificados permanecían vivos por algunos días en la cruz. La ley romana impedía que el cuerpo de los crucificados fuera bajado y sepultado, debían permanecer en la cruz para ser devorados por las aves o animales de rapiña. Sin embargo, Pilato concedió el cuerpo a José, esto significa dos cosas: 1. Jesús había muerto realmente. 2. Como Pilato no aplicó la ley, ya que entregó a Jesús a muerte siendo inocente, ahora para “calmar” su conciencia, permitió la sepultura del cuerpo del Señor. Qué hermoso es ver a Dios obrar en con su providencia para cumplir su plan salvador.

AL PADRE CELESTIAL.

Para estar con Él.Llamamos a la Séptima Palabra, la Palabra del Encargo, porque el Señor encomendó su Espíritu al Padre. Mientras Jesucristo pagaba nuestros pecados, al estar separado de su Padre, tuvo que dirigirse a Él diciéndole Dios, “Dios mío, Dios mío..”, Marcos 15.34. Pero ahora le vuelve a decir: “Padre”; qué alivio para el Señor, se acercaba el momento de estar nuevamente en comunión con Él. Esta Palabra nos enseña que nuestro Redentor después de morir fue al cielo, para estar con su Padre. Así cumplió la promesa que hizo al malhechor arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Cuando el ladrón arrepentido, murió, lo cual sucedió después, Jesús ya le esperaba en el reino celestial.

Para retornar. Por otra parte, el Señor encargó su Espíritu a su Padre, porque habría de regresar para resucitar y vencer la muerte. Así culminaría la obra de redención y nos daría garantía de vida eterna en Él. Cuando el Credo de los apóstoles dice: que el Señor descendió a los infiernos; quiere decir que su cuerpo descendió al sepulcro; infierno se usa como sinónimo de sepulcro. Después de expirar, el cuerpo del Señor fue ungido y envuelto en lienzos conforme a la costumbre de los reyes y luego fue colocado en un sepulcro nuevo, Juan 19.38-42.

En su morada eterna.Después de dejar su cuerpo, el Espíritu del Señor Jesucristo de inmediato fue al Padre, a su morada eterna. Nuestro Salvador en su naturaleza divina es infinito, Él está en todas partes, es Omnipresente. Pero para que podamos entender cómo se llevó a cabo la obra salvadora, la Palabra de Dios nos enseña que el Señor Jesús, después de morir en la cruz del calvario fue a su Padre.

NOS DA SEGURIDAD.

De nuestra casa eterna.Nuestro Mesías sabía con seguridad a dónde iría después de morir; el Hijo de Dios iría a su Hogar eterno. El reino de los cielos es la casa eterna del Señor y de sus hijos. Por lo tanto, los creyentes en Cristo tenemos la certeza de que al morir también iremos a gozar de la presencia de Dios y de la compañía de todos los redimidos por el Señor. Confiamos en la Palabra de nuestro Salvador que nos dice que en la casa de su Padre muchas moradas hay y que Él ha ido ha preparar lugar seguro para nosotros, Juan 14.1-6.

Del regreso del Señor.El encargo fue exitoso, Cristo fue recibido por su Padre y al tercer día volvió para levantarse victorioso de la sepultura, Él fue hecho primicia de los que durmieron, 1 Corintios 15.20.  Nuestro Salvador promete venir a las nubes por su Iglesia y también cumplirá con esta Palabra como lo hizo con su promesa de redención. Cuando Él venga todos los creyentes en Cristo que hayan muerto, resucitarán; y los que estemos vivos seremos transformados, para estar con nuestro Dios por la eternidad con alma y cuerpo perfectos e incorruptibles, 1 Tesalonicenses 4.13-18.

Para vivir tranquilos.La Palabra de Dios dice que los que mueren en Cristo, duermen, porque sus cuerpos descansan, mientras que su alma goza de la presencia del Señor. La muerte no significa el fin de las cosas; en Cristo la muerte física es una separación temporal del espíritu del cuerpo; así como el que duerme lo hace por unas horas y luego se levanta; los cuerpos de los que parten de este mundo en Cristo, resucitarán cuando Él venga a las nubes. Por lo tanto, no debemos temer a la muerte, es nuestro descanso en el Señor. Debemos vivir tranquilos, considerando lo que el apóstol Pablo nos dice:

“Que si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ó que vivamos, ó que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven”. Romanos 14.8,9.

 ESTIMADO:

Si el Señor Jesús, el Hijo Unigénito de Dios, encargó su Espíritu al Padre Eterno, con mayor razón nosotros los humanos, debemos encargar nuestro espíritu a Dios.

Si no lo ha hecho, le invitamos a que confiese sus pecados al Señor, se aparte de ellos y crea en Cristo como su Salvador. Dígale a Jesucristo que sea su Salvador y que le encarga su espíritu. Al hacer esto, Dios le lavará de todos sus pecados, le adoptará como su hijo y le dará herencia eterna en los cielos.

Observemos que el Señor Jesús dijo: “en tus manos”. Esta frase nos habla de un encuentro lleno de amor, el Señor deseaba ser recibido por su Padre con sus dos manos Todopoderosas, ser abrazado de su Padre para nunca más estar separado de Él. Es maravilloso saber que así seremos recibidos por nuestro Redentor cuando vayamos a Él.

Recordemos que todos los días tenemos el privilegio de encargar a Dios nuestro espíritu para que Él nos tenga en sus Omnipotentes y Omnipresentes manos. No somos autosuficientes, necesitamos del Señor, por eso debemos depender de Él siempre. Si nuestro espíritu está en las manos de Dios, estará:

Liberado de toda opresión, Deuteronomio 26.8.

Provisto de todo lo que necesitamos, Salmo 123.1-2.

Bienaventurado, Salmo 16.11.

Seguro, porque nadie nos puede arrebatar de su mano, Juan 10.28.

La resurrección de nuestro Redentor

DOMINGO

 “LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO REDENTOR”

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“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho”. 1 Corintios 15.20.

Desde el mismo día de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo muchos han negado que Él se levantó de la sepultura; sin embargo, la resurrección del Señor es un evento con muchas evidencias irrefutables. San Pablo en su primera carta a los Corintios nos da pruebas de la resurrección del Señor y nos dice que por lo tanto debemos creer con firmeza que nuestro Salvador venció la muerte y que es Primicia de la resurrección.

LA MUERTE DEL SEÑOR JESÚS, Juan 19.30-34.  

En la cruz.Después de que el Señor dijo la séptima Palabra, inclinó la cabeza y dio el espíritu. Él no murió como todos los hombres, que dan el espíritu y luego inclinan la cabeza; porque Jesús puso su vida por nosotros, no le fue arrebatada. Algunos han dicho que el Señor Jesucristo no murió, sino que quedó desmayado y al recobrar la consciencia dijo haber resucitado. Pero tal cosa es imposible. La crucifixión siempre terminaba con la muerte. Recordemos que el Señor fue crucificado por soldados romanos expertos en éste horrendo método de muerte.

Sin quebrar sus huesos.La Palabra de Dios dice que como ya se acercaba el sábado y la ley mosaica impedía que los cuerpos quedaran en la cruz, Deuteronomio 21.13; los judíos pidieron a Pilato que se quebraran las piernas a los crucificados. Así lo hicieron los soldados romanos a los dos hombres que fueron crucificados a los lados del Señor, con el propósito de que sus cuerpos se vencieran y murieran asfixiados. Pero no lo hicieron al Señor Jesús porque estaba muerto. De esta manera se cumplió la Ley que indicaba que no deberían quebrarse los huesos del cordero pascual, Éxodo 12.46.

La evidencia médica.Un soldado abrió el costado del Señor con una lanza, causando una herida grande, Juan 20.27. El apóstol Juan, señala que al ser traspasado el cuerpo de nuestro Salvador, salió sangre y agua, evidencia médica de que el Señor realmente había muerto; si no fuera así sólo hubiera brotado sangre. El proceso de crucifixión que comenzaba con los azotes, hacía que la piel y tendones fueran destrozados, que brotaran los órganos internos; muchos morían siendo azotados. Por los que no existe la posibilidad de que el Señor sólo haya quedado desmayado.

La prueba de la sepultura.El cuerpo de nuestro Salvador fue sepultado conforme a la costumbre judía. Se ungía el cuerpo con ungüento y se envolvía completo con lienzos; esto se repetía varias veces. El cuerpo del Señor fue sepultado con la dignidad de Rey, fue ungido con unos 37 litros de ungüento y envuelto en lienzos de cabeza a pies. Posteriormente fue colocado en un sepulcro el cual fue sellado con una gran piedra, Juan 19.38-42. Todo esto confirma que el Señor Jesús sí murió en el calvario para pagar todos nuestros pecados.

EL PRIMER DÍA DE LA SEMANA, Juan 20.1-8.

Al tercer día de su muerte.El evangelio de Juan nos enseña que el primer día de la semana, cuando todavía estaba obscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido quitada. Se requería de unos 10 hombres para removerla, que hubieran sido descubiertos por los soldados que custodiaban; por lo tanto, la piedra estaba removida porque el Señor resucitó. Alguno dicen que el Señor no cumplió con el tiempo de sepultura de tres días y tres noches como dijo, Mateo 12.38-40. Es verdad que su cuerpo estuvo en el sepulcro una fracción del viernes, el sábado completo, y una fracción del primer día de la semana. Pero debemos contar el tiempo como lo hacían los judíos, una fracción del día se contaba como el día completo.

La evidencia de la incomprensión.María Magdalena informó a Pedro y Juan que se habían llevado el cuerpo del Señor y no sabían dónde se encontraba. María no entendió la doctrina de la muerte y resurrección del Señor; ya que ella y los discípulos estaban confundidos como los demás judíos que esperaban que Jesús reestablecería el reino de Israel. Es importante orar para que el Espíritu Santo nos dé entendimiento de la Palabra de Dios de manera que interpretemos correctamente y no de acuerdo a nuestros paradigmas. Esta incomprensión de los discípulos aporta una evidencia importante, pues algunos dicen que el Señor no resucitó, sino que sus seguidores lo imaginaron. Sin embargo, la Escritura nos muestra que ellos no entendieron a su Maestro por lo que no esperaban su resurrección y mucho menos podía ocurrir sólo en sus mentes.

La prueba de los lienzos.Juan llegó primero al sepulcro y vio los lienzos echados. Luego Pedro vio los lienzos echados y el sudario que había estado en la cabeza del Señor envuelto en un lugar aparte. Posteriormente Juan entró y al ver nuevamente los lienzos, creyó que el Señor había resucitado. ¿Por qué?  Si alguien hubiera robado el cuerpo del Señor, los lienzos no estarían en el sepulcro. Si le habían robado, quitando al Señor los lienzos, estarían desenredados, pero estos seguían envueltos. Así es que Juan tuvo en los lienzos evidencia irrefutable de la resurrección del Señor Jesús.

POR EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO, Romanos 8.11.

 Un acto portentoso.La resurrección del Señor Jesús es un evento que manifiesta la Omnipotencia divina. Ya que el cuerpo del Señor fue herido, molido, destrozado en la cruz del calvario. Sin embargo, nuestro Señor se levantó del sepulcro con su mismo cuerpo, pero transformado, perfecto, glorificado. Solamente con las marcas en sus manos y costado para que sus discípulos vieran que era su Maestro. Incluso vemos que al principio María Magdalena no le reconoció, porque la última imagen que tenía del Señor en su mente, era la de su cuerpo desfigurado, Juan 20.11-16.

El testimonio de las Escrituras.El apóstol San Pablo, al escribir a los romanos, nos enseña que fue el Espíritu Santo quien con su poder levantó a nuestro Señor Jesús de los muertos. El Espíritu Santo dio poder al Señor Jesús en su humanidad para realizar milagros, Mateo 12.28; y el mismo Espíritu de Dios resucitó al Señor de la sepultura. La resurrección de Jesucristo es muy importante, ya que, si no hubiera ocurrido, significaría que su muerte no fue efectiva para pagar nuestros pecados. Pero toda vez que su sacrificio satisfizo toda la ley de Dios, el Espíritu Santo quien le engendró, también le resucitó.

Resucitará a los salvos.El apóstol agrega que el Espíritu Santo también resucitará a todos los que mueran teniendo su presencia en sus vidas, es decir, a todos los creyentes en Cristo. Será cuando Cristo venga a las nubes por su iglesia. Entonces los cuerpos de los que murieron en Cristo serán levantados y unidos a sus almas. Serán cuerpos perfectos, sin corrupción, glorificados. Los que estén vivos seremos transformados, hechos perfectos en alma y cuerpo para disfrutar de la presencia del Señor, 1 Tesalonicenses 4.13.18. Por lo tanto, los creyentes no debemos temer a la muerte, pues Cristo ya la venció, 1 Corintios 15.54-58.

 HERMANOS:

A lo largo de esta semana hemos aprendido que el Espíritu Santo tuvo una participación importante en la vida y ministerio de nuestro Redentor Jesucristo. También aprendimos que el Espíritu Santo es quien aplicó en nuestra vida la obra redentora del Hijo de Dios para que seamos salvos.

Vivamos agradecidos al Dios Trino y uno que nos rescató con amor y poder. Seamos llenos del Espíritu Santo para agradar al Señor y dar testimonio a los que nos rodean.

 El pecado y la muerte fueron vencidos por el Señor Jesucristo, el Espíritu Santo hizo nuestra esa victoria en nuestra vida. Por lo tanto debemos:

 Ser consolados. Volveremos a ver y convivir con nuestros seres amados que han partido a la presencia de Dios.

Ser fieles.Muchos son influidos por el mundo y se distraen en las cosas materiales y en las diversiones o placeres del mundo. Pero nosotros debemos ser fieles al Señor y vivir para Él.

Ser firmes.La batalla ha sido ganada, no hay lugar para el desánimo ni el abandono de nuestra trinchera.

La Palabra del Deber

MIERCOLES

 “LA PALABRA DEL DEBER”

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“Y COMO VIO JESÚS A LA MADRE, Y AL DISCÍPULO QUE ÉL AMABA, QUE ESTABA PRESENTE, DICE A SU MADRE: MUJER, HE AHÍ TU HIJO. DESPUÉS DICE AL DISCÍPULO: HE AHÍ TU MADRE, Juan 19.26,27.

 El evangelista Juan registra que los soldados romanos que crucificaron al Señor Jesús echaron suertes para que uno de ellos se quedara con su túnica, ya que era sin costura, toda tejida desde arriba. Era una túnica moderna, de gran calidad. Este acto no fue casual, sino realizado por la providencia divina para que se cumpliera la profecía del Salmo 22. Después el Hijo de Dios exclamó su tercer Palabra, meditemos en ella.

PARA LA FAMILIA.

Siempre presente. Cuando el Señor fue arrestado sus discípulos huyeron, le abandonaron. Sin embargo, durante los juicios y en la crucifixión, estuvo presente su discípulo Juan.  También estuvo junto a la cruz María la madre terrenal del Señor Jesús, con su corazón traspasado, herido por el dolor de ver al Hijo de Dios sufrir por nuestros pecados. En los momentos difíciles muchas personas nos abandonan, pero la verdadera familia siempre está con nosotros para cuidarnos y apoyarnos, por eso tenemos un deber ineludible para con ella.

Su madre terrenal. El Señor Jesús no dejó desamparada a María, la mujer que tuvo el alto privilegio de ser su madre. Es posible que José ya había fallecido; y como en ese momento los hermanos del Señor no creían en Él, Juan 7.3-5; era necesario que Jesús dejara a María al cuidado de una familia. Es importante señalar que el Señor no sólo dejó a su madre al encargo de su discípulo, sino que la dejó en una relación de familia, a partir de ese momento Juan sería un hijo para ella, y María una madre para él. En Jesucristo tenemos la bendición de ser hijos de Dios y disfrutar de ser parte de la gran familia espiritual del Señor que es la Iglesia, Juan 1.12; 1 Timoteo 5.1,2.

Con amor. El Hijo de Dios dijo: El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí, Mateo 10.37. Esto no significa que debamos olvidar a nuestra familia, sino que el Señor debe ocupar el primer lugar en nuestro corazón. Las palabras de Jesús tienen un principio práctico: Si amamos al Señor en primer lugar, obedeceremos sus mandamientos, honraremos a nuestros padres y cuidaremos con amor a nuestra familia, pues esto pide Dios de nosotros, Efesios 5.25,33; 6.1-4.

 UNA EJEMPLO DIGNO DE IMITAR.

De gran responsabilidad. Nuestro Maestro estaba padeciendo terribles sufrimientos para pagar nuestros pecados; y en medio del dolor cumplió con su deber como Hijo; nos dejó un ejemplo poderoso de que no hay justificación para  evadir nuestras responsabilidades familiares. Algunas veces actuamos como los judíos, dejamos de cumplir con nuestros deberes con el pretexto de que tenemos que realizar un acto religioso u otra actividad “importante”, Marcos 7.10-13. El Señor nos manda cumplir con responsabilidad nuestros deberes para con Él y nuestra familia y debemos obedecer sin excusas.

De buen testimonio. La Palabra del deber es el testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios encarnado, lleno de gracia y amor. De la misma manera cuando nosotros cumplimos nuestros deberes familiares damos testimonio de que somos hijos de Dios. Recordemos que somos embajadores del cielo en la tierra que mostramos cómo es la vida en Cristo, una vida de amor, respeto y responsabilidad de los deberes. Pero si no tenemos cuidado de los de nuestra casa, la fe negamos, y nos hacemos peores que los incrédulos, 1 Timoteo 5.8.

De verdad. Juan nos dice que vio la gloria del Señor Jesús lleno de gracia y de verdad, Juan 1.14. Jesucristo también dice ser el camino, y la verdad, y la vida, Juan 14.6. La atención del Señor a María desde la cruz, es un ejemplo de que Jesús es la verdad, Él nos ama y lo demuestra en todo momento. El cumplimiento de nuestras responsabilidades para con el Señor y nuestra familia es la evidencia de un amor verdadero. Por el contrario,  si somos irresponsables y decimos amar a Dios o a nuestros familiares, somos mentirosos.

EN LA CONCLUSIÓN DE SU MINISTERIO TERRENAL.

Una enseñanza para María. Para tomar la naturaleza humana el Hijo de Dios fue engendrado por el Espíritu Santo en el vientre de María. Ella fue la madre terrenal del Señor, pero en ningún momento fue la madre de Dios, pues en su naturaleza divina Jesús es eterno y María una mujer creada por el Señor. Desde el inicio de su ministerio Jesucristo estableció con claridad esta enseñanza cuando dijo a María: “¿qué tengo yo contigo mujer?”, Juan 2.4. Y en la cruz nuevamente se dirigió a ella con la palabra “mujer”. Con respeto el Señor dio a entender a María que Él es su Señor y Dios. María fue salva no por ser la madre del Señor, sino porque se arrepintió de sus pecados y creyó en Cristo como su Salvador, Lucas 1.46,47. Es necesario María fue recibida por Juan, pero esto tampoco significa que sea la madre de los creyentes en Cristo. María es una mujer redimida por la gracia Salvadora de Cristo; Jesucristo es su Dios y Redentor, como lo es de todos los creyentes en Él.

Cerca de la exaltación del Señor. Después de su muerte el Señor Jesús sería exaltado por medio de su resurrección y ascensión a la diestra de su Padre Celestial; las relaciones que había tenido con sus familiares, discípulos y amigos, tomarían una nueva naturaleza, ellos le verían con claridad como su Dios y Salvador. Jesucristo no se quedaría físicamente con María ni sus discípulos, por ello era necesario que María contara con un hijo que cuidara de ella, y correspondió a Juan este deber.

De gran bendición. La Palabra de Dios nos dice que desde aquella hora Juan recibió a María. Es seguro que María y Juan tuvieron muchas pláticas edificantes acerca del Señor Jesús, del mensaje del ángel Gabriel, la visita de los pastores, de los magos del oriente, las experiencias en el ministerio del Señor y muchas historias interesantes. Al obedecer la Palabra de su Maestro Juan recibió muchas bendiciones. Siempre que obedezcamos las Escrituras y seamos fieles en cumplir nuestros deberes seremos bendecidos.

 Estimados:

Hoy aprendimos que nuestro Señor Jesucristo nos dio ejemplo para cumplir nuestros deberes para con nuestra familia, padres, hermanos e hijos. Somos responsables de hacerlo sin que nada justifique la omisión de los mismos.

Si hemos sido desobedientes es momento de pedir perdón a Dios y comenzar a practicar sus mandamientos en casa, de tal manera que nuestro hogar sea el lugar en donde se haga la voluntad de Dios como se ejecuta en el cielo. Así por medio del testimonio de nuestra familia muchos conocerán a Cristo.

También es muy importante que cuidemos de nuestra familia espiritual que es la iglesia. Es muy lamentable cuando en lugar de esto, hacemos chisme de las vivencias de los hermanos, los juzgamos y somos indiferentes a sus necesidades espirituales o materiales.

Que esta Palabra del Señor nos motive a comunicar amor y respeto a la iglesia, es nuestro deber orar por los hermanos, velar por su buena reputación, ayudar en los momentos de prueba y buscar su edificación espiritual.

Si usted vive en soledad, le invitamos a apartarse de sus pecados y creer en Cristo como su Salvador. Así usted será un hijo de Dios y la iglesia será su familia eterna. Si hace esto hoy le decimos: ¡Bienvenido a casa!

La Palabra de Salvación

MARTES

“LA PALABRA DE SALVACIÓN”

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“ENTONCES JESÚS LE DIJO: DE CIERTO TE DIGO, QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO”, Lucas 23.43.

La Palabra de Dios nos enseña que cuando los profetas predicaban el mensaje del Señor decían: “Así ha dicho Jehová”, Jeremías 51.1. El Señor Jesucristo en su oficio de Profeta predicó diciendo: “De cierto te digo”, porque Él es el Ángel de Jehová, es decir, Dios mismo, por lo que tiene toda la potestad para anunciar la Palabra que hoy meditaremos.

AL PECADOR.

En el calvario. El Señor fue crucificado en el monte Calvario o de la Calavera, llamado así por su forma de cráneo, de esta manera su crucifixión fue un acto público. Jesús fue crucificado en medio de dos malhechores, dos ladrones que fueron colocados, uno a su derecha y otro a su izquierda. El propósito era comunicar que Jesús era el cabecilla o el peor de los criminales. Jesucristo jamás pecó, ni hizo maldad; sin embargo, Él cargó con todas nuestras iniquidades y estuvo en la cruz para pagarlas en nuestro lugar, 2 Corintios 5.21. Este acto fue providencial y cumplió con la profecía bíblica, Isaías 53.9.

Por la gracia divina. Al principio los dos ladrones escarnecieron al Señor como el resto de la gente que le decía: “si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz”, Mateo 27.42-44. Pero posteriormente uno de ellos fue tocado por la gracia salvadora y le dijo: “Acuérdate de mí cuando vinieres a tu reino”. En la cabecera de la cruz del Señor Jesucristo se puso un título con el propósito de exponer el “delito” por el que era crucificado, decía: “Jesús Nazareno Rey de los judíos”; esto es lo que muchos sin saber ponen en las cruces de los cementerios INRI. En verdad aquel título no anunció un delito, ni una mentira; fue la declaración de la identidad del Señor Jesús, él es el Rey de reyes y Señor de Señores.

Quien vio a Cristo como su esperanza. Seguramente que el ladrón había escuchado acerca de Jesús, y el título sobre la cruz de Cristo, escrito en hebreo, griego y latín, fue un mensaje poderoso en su corazón para ver a Jesucristo como su esperanza de salvación de sus pecados y condenación. La situación más terrible del hombre es su estado de muerte o separación de Dios a causa de sus pecados; pero el Señor en su amor, ofreció en sacrificio a su Hijo para pagar y lavar nuestros pecados, Juan 3.16.

 CON EL LLAMAMIENTO A LA VIDA ETERNA EN LOS CIELOS.

 Arrepentimiento. Las palabras del ladrón son evidencia de que reconoció que era pecador y merecía morir por sus maldades; así mismo manifiestan su arrepentimiento, es decir, su aborrecimiento de sus actos y deseo de dejarlos para hacer la voluntad de Dios. Esto significa que el ladrón fue llamado por Dios a la salvación y capacitado por el Espíritu Divino para atender  su voz.

Fe. Aquel hombre recibió de Dios el don de la fe en su corazón, de manera que creyó en el Señor Jesús como su Salvador personal, creyó que Jesús tiene facultad de perdonar pecados y dar lugar en su reino, pues estaba en la cruz por delitos que Él no cometió, es decir, que estaba pagando por nosotros. La fe salvadora consiste en creer en Cristo como nuestro único y Salvador de nuestros pecados y la muerte eterna.

El reino del Señor. El ladrón arrepentido o el nuevo creyente también reconoció a Jesucristo como su Rey y el Rey de Israel que vendrá otra vez establecer su reino con poder sin que la muerte le pueda detener; pues Él la venció en su resurrección. La fe verdadera es acompañada del sometimiento gozoso a Cristo como nuestro Rey para obedecerle y hacer su voluntad la cual es agradable y perfecta, Romanos 12.2. La obediencia a Jesucristo es la evidencia de una fe auténtica.

CONFIABLE.

Pues es la Palabra del Señor. Cristo otorgó salvación al ladrón arrepentido. El Señor le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, es decir, esa tarde de viernes, al morir, este nuevo creyente sería trasladado a la gloriosa presencia de Dios. Y así fue, cuando quebraron las rodillas al ladrón arrepentido para que muriera y él expiró, Jesús ya lo esperaba en las mansiones celestiales, Juan 19.31-33. La salvación en Cristo es confiable porque se basa en su Palabra que tiene el distintivo de ser verdadera.

Inmediata. El ladrón arrepentido no requirió de un curso o de cumplir con ritos religiosos para ser salvo. La salvación que Cristo da al hombre que se arrepiente de sus pecados y cree en Él, es inmediata, pues en ese mismo instante es perdonado y adoptado como hijo de Dios. Su nombre es escrito su nombre en el libro de la vida, en el registro imborrable de los herederos del reino celestial.

Segura. La salvación en Cristo también es segura, es para siempre, porque nadie nos puede arrebatar o robar lo que Cristo nos ha otorgado. Los creyentes en Cristo debemos vivir tranquilos, con paz en el corazón; podemos perder muchas cosas, pero nunca la salvación que Jesucristo nos ha dado. Somos salvos para siempre. Esto no es una licencia para pecar, el redimido, no dice: “si la salvación no se pierde, puedo vivir como quiera”. Quien es salvo, vive como salvo, en obediencia y adoración a Jesucristo.

Estimados:

Sólo Jesucristo puede salvarnos de nuestros pecados y darnos vida eterna en los cielos, ya que Él es quien pagó en nuestro lugar todos nuestras maldades con sus sufrimientos y muerte en el calvario. No hay otro camino al Padre, Juan 14.6, Hechos 4.12.

Por lo tanto, si usted aun no es salvo, Dios le llama a arrepentirse de sus pecados y creer en Jesucristo como su Salvador. De esta manera gozará de la bendición de ser hecho hijo de Dios, de tener su presencia en su vida y una herencia segura en el reino del Señor.

La Palabra del Perdón

LUNES “LA PALABRA DEL PERDÓN”

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“Y JESÚS DECÍA: PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”

Lucas 23.34.

El evangelista Marcos nos dice que eran las tres cuando crucificaron a nuestro Señor Jesucristo, Marcos 15.25, en nuestro horario serían las 9 de la mañana, fue un viernes en la fiesta de los panes sin levadura, muy temprano. En este acto se violaron varias leyes judías, entre ellas: que no se realizaban juicios si se ejecutaban sentencias en días de fiesta; y que sólo era permitido ejecutar una sentencia después del sacrificio de la mañana que se realizaba a las 9. Sin embargo, Dios permitió estas violaciones al derecho judío, para ofrecer a su Hijo en rescate de nuestra vida, fue un acto deliberado. Hoy meditaremos en la primera palabra de nuestro Señor en la Cruz del calvario.

PARA MUCHOS PECADORES.

Una multitud que condenar. Las Escrituras nos presentan a muchos pecadores merecedores de castigo. 1. Los sacerdotes, escribas, y ancianos de Israel, quienes condenaron a muerte de forma injusta a Jesús. 2. El pueblo judío por rechazarle, ellos prefirieron que fuera liberado el delincuente Barrabás.  3. Judas Iscariote por traicionarle y venderle. 4. El gobernador Pilato por su falta de integridad, quien entregó a Cristo siendo inocente. 5. Los soldados romanos por ejecutar la cruenta crucifixión. 6. Los discípulos por abandonar al Hijo de Dios.

Incluidos nosotros. Lo que hicieron aquellas personas es un acto reprobable, sin embargo, no podemos señalarlos ni juzgarlos porque nosotros también somos pecadores, hemos desobedecido la ley de Dios muchas veces y de diferentes maneras. El pago de nuestros pecados es el castigo para siempre o la separación eterna de Dios. Pero las buenas noticias son que Jesucristo estuvo en la cruz para que lavarnos y perdonarnos de todos nuestros pecados.

La oración del Señor por ellos. El Señor Jesús oró a su padre y pidió por el perdón de los pecados de sus verdugos. Esto significa que Él por su gracia y amor infinitos ya los había perdonado. Jesucristo nos dio ejemplo para perdonar a los que nos ofenden y lastiman. Es muy importante perdonar ya que si no lo hacemos olvidamos la misericordia que recibimos cuando fuimos perdonados en Cristo, olvidamos la gracia divina; perjudicamos nuestra vida espiritual al guardar rencor en nuestro corazón; negamos la potestad del Espíritu Santo quien nos da poder para perdonar; y estaremos en peligro de repetir las mismas faltas que lastimarán a los que nos rodean, por ejemplo, un hombre que sufrió maltrato en su niñez, si no perdona, repetirá estas acciones con sus hijos u otros niños.

A LOS QUE NO SABEN LO QUE HACEN.

Por tener un corazón de piedra. Ninguno de ellos sabía lo que hacía, pues tenían endurecido como piedra su entendimiento así como su corazón. Sin embargo, sí eran culpables de sus actos de desprecio y muerte al Mesías; pues Jesús les dio muchas evidencias de su divinidad. Sus milagros innegables; sus enseñanzas sublimes, sabias, perfectas y verdaderas; su vida sin pecado; son pruebas contundentes de que Jesús es el Mesías prometido por Dios.

Quienes no tienen justificación. Sabemos que la ignorancia no libera de la culpa; cuando quebrantamos la ley por ignorarla, el desconocimiento no nos justifica. La oración del Señor Jesús por los que no saben lo que hacen manifiesta la grande gracia de Dios, que perdona a los que no tienen justificación. Todo pecador es responsable y culpable de su quebrantamiento a la ley de Dios.

Porque Jesús pagó sus pecados. El Señor Jesucristo estaba en la cruz para pagar nuestras iniquidades, para  lavarnos por medio de su sangre derramada, de sus sufrimientos y muerte. Por eso oró a su Padre por el perdón de los pecadores a quienes su sacrificio perfecto lavaría de todas sus maldades. Qué hermosa esperanza la que tenemos, Jesús oró para que en su sacrificio fuésemos perdonados.  La muerte de Cristo en la cruz es un acto justificador, es decir, que por medio de ella los pecadores somos perdonados sin que se abrogue la ley divina, pues Jesucristo la cumplió toda por nosotros.

 ESCUCHADA POR EL PADRE CELESTIAL.

Una oración insistente. Las Escrituras registran el término: “decía”; esta palabra nos indica que el Señor dijo esta plegaria varias veces. Fue una oración insistente en la que el Señor Jesús mantuvo comunión con su Padre. En momentos difíciles la oración es un importante recurso para ser consolados y fortalecidos. Por ello la oración debe ser perseverante. La oración insistente da testimonio nuestra dependencia de Dios y el Señor se manifiesta de manera poderosa por este medio. Al orar es posible que las circunstancias que vivimos continúan igual o se compliquen, aun así orar es una bendición porque recibimos del Señor paz y fe.

La respuesta divina. Las Escrituras en el libro de los Hechos 2.36-42, nos dicen que como tres mil personas que acudieron a la fiesta del pentecostés, cincuenta días después de aquel viernes,  se arrepintieron de sus pecados, fueron bautizadas en el nombre de Jesucristo y añadidas a la Iglesia. En el capítulo 6.7 de este mismo libro, encontramos que gran número de sacerdotes obedecían a la fe, es decir creían en Cristo como su Salvador y eran perdonados de sus pecados. Vemos la respuesta divina a la oración de nuestro Señor Jesucristo.

Una bendición para nosotros. En aquella oración fuimos incluidos nosotros, por eso también fuimos lavados y perdonados de nuestros pecados por Jesucristo nuestro Señor. Gracias a la oración del Señor su sacrificio fue efectivo para nuestras vidas. Ahora tenemos la responsabilidad de predicar a los inconversos las buenas nuevas de salvación en Cristo y orar por los que escuchen este mensaje para que Dios toque su corazón, se arrepientan de sus pecados, crean en Cristo y tengan la vida eterna.

 Estimados: Es una bienaventuranza o dicha permanente recibir el perdón de nuestros pecados, Salmo 32.1. El perdón de pecados o justificación en Cristo da paz al corazón, Romanos 5.1. Si usted aun no goza de estas bendiciones, apártese de sus pecados y crea en Cristo como su Salvador personal. Jesucristo le lavará de todos sus pecados y le dará la vida eterna en los cielos, porque para esto oró, sufrió y murió en la cruz del calvario.

Si usted ya ha sido perdonado, recuerde que ahora tiene el poder del Espíritu Santo para perdonar a los que le ofenden, no guarde sentimientos que afectarán su salud y vida espiritual, perdone, lleve una vida feliz y libre de cargas.

La instrucción a nuestros hijos

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“Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” Pr. 22.6.

Si tuviéramos que comer papas durante algunos días, y solamente estuvieran hervidas, ¿en unos cuantos días nos cansaríamos de ellas?. Pero si fueran preparadas de diferentes maneras, las disfrutaríamos por varias semanas. De la misma manera sucede con la instrucción, debemos variar la receta, es decir la forma de darla a nuestros hijos.

EN LA IGLESIA, 1 Timoteo 3.15.

En este pasaje vemos que Pablo le dice a Timoteo que la Iglesia, es columna y apoyo de la verdad. El mejor aliado que tenemos para la instrucción de nuestros hijos es la Iglesia. Ella nos apoya por medio de la Escuela Dominical, los Departamentos de Cuna e Infantil, la Sociedad Infantil de Esfuerzo Cristiano, Campamentos, clases bíblicas y la Escuela Bíblica de Vacaciones. Por eso es muy importante que velemos para que nuestros hijos participen en estos espacios.

Claves para potenciar la enseñanza en la Iglesia:

Orar juntos. Es nuestro deber decir a nuestros hijos que Dios les va a enseñar algo durante el domingo. Podemos lograr este propósito, si oramos con nuestros hijos, algo como: “Dios… ayúdanos a aprender hoy más de ti”.

Seguimiento. Después de la Escuela Dominical o del culto de medio día, preguntemos qué aprendieron nuestros hijos, para reforzar la enseñanza. Tomemos el tiempo para repasar las enseñanzas durante la semana.

Agradezca. La mayoría de hermanos que trabajan mucho en la iglesia, reciben pocas demostraciones de aprecio. Enseñemos a nuestros hijos a ser agradecidos, envíe algún regalo en navidad o el cumpleaños de los maestros y superintendentes.

EN EL QUEHACER COTIDIANO, Deuteronomio 6.6,7. Dios indicó a su pueblo que la enseñanza de su Palabra debe darse en el diario vivir.

A la hora de la comida. Es una oportunidad para comentar la obra de Dios en el vivir de papá y mamá; por ejemplo contar cómo el Señor libró de un accidente. Es muy bueno personalizar las enseñanzas, es decir, comentar cómo aprendimos por ejemplo a depender de Dios, cómo Él suplió una necesidad. Y es muy importante buscar el momento apropiado; demasiado pronto, hará que el hambre distraiga a los hijos; pero si esperamos a que estén totalmente satisfechos, no querrán oír, pues estarán pensando en su próxima actividad.

Al acostarse. El momento de acostarse generalmente es un tiempo que los padres aprovechamos para orar con nuestros hijos y leer con ellos la Palabra de Dios. Es un buen momento para demostrar afecto, y al dar tiempo individual a nuestros hijos, enseñarles que Dios les ama y nuestra relación con Él es personal. Debemos esforzarnos por ser interesantes y no aburridos, para que sea una experiencia enriquecedora para los hijos. Ayudará conseguir un buen libro de historias bíblicas.

Los ratos libres. Leer, escuchar música, ver películas; procuremos que estas actividades tengan contenido bíblico. Es importante ser sensibles a los intereses de nuestros hijos, y no querer ser los únicos en saber las enseñanzas cristianas, sino dar oportunidad a que ellos encuentren las verdades.

Hermanos:

Uno de los grandes obstáculos en la enseñanza es la falta de equilibrio. Si de chicos fuimos saturados de versículos bíblicos, tal vez optemos por un rol de padres “cariñosos”, que hacen muchas concesiones; en lugar de ser instructores y administradores de disciplina.

Pero si padecimos de falta de instrucción, tal vez tengamos la tendencia de ir al otro extremo; más instrucción y disciplina.

El secreto del éxito está en mantener un equilibrio. Sin ser negligentes en la instrucción, pues preparará a nuestro hijos al fracaso. Instruyamos con amor, y disciplina, para que nuestros hijos sean como saetas en mano del valiente, Salmo 127. 4.

Para un matrimonio de bendición

INSTRUCCIONES DIVINAS PARA UN MATRIMONIO DE GRAN BENDICIÓN

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Efesios 5.33.

“Cada uno empero de vosotros de por sí, ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer reverencie a su marido”.

Se dice que la pieza musical que más emociones y sentimientos genera es la marcha nupcial. Algunos sienten alegría, otros tristeza, envidia, o incluso miedo.

Muchas personas ven al matrimonio con temor, pero esto no debe ser así ya que es un regalo de Dios. El matrimonio es una bendición y puede ser de gran dicha si se siguen las instrucciones del Señor para esta institución. Veamos algunas de las enseñanzas divinas para tener un matrimonio de gran felicidad.

 QUE EL VARON AME A SU ESPOSA COMO CRISTO A SU IGLESIA.

 Con compromiso. El Señor Jesucristo pactó o prometió amarnos por la eternidad y jamás quebrantará su Palabra. El esposo debe amar a su mujer toda la vida porque esta fue su promesa, así lo pactó ante Dios. Corresponde al varón cumplir este compromiso con determinación y fidelidad. No caben los pretextos o justificaciones, simplemente el hombre debe ser amar como lo prometió a su esposa.

 Con acciones. El Señor Jesús por amor sufrió y murió en la cruz para pagar nuestros pecados y darnos vida eterna en los cielos. El varón debe amar a su esposa con palabras y acciones. Siempre debe decirle que la ama, abrazarla, besarla, ser cortés con ella en todo lugar. El esposo debe manifestar su amor en estas acciones: proveer todo lo que su esposa necesite; cuidar de ella; y ayudar en las tareas de la casa, pues el hogar es de ambos, cuando una esposa ve a su marido tomar sus herramientas y hacer mejoras en casa, se siente amada, ella sabe que es importante para su esposo.

 De manera incondicional. Cristo nos salvó sin poner condiciones, pues no podíamos reunir una sola. Ningún esposo o esposa es perfecto, todos tenemos defectos y cometemos errores. El varón debe amar a su mujer sin condiciones. Para Efesios 5.33 no aplican restricciones. Si la esposa no fue respetuosa, o si no tuvo lista la comida, si olvidó algo que le encargó su marido, no significa que el esposo tenga la posibilidad de omitir comunicarle amor. Él debe amarla sin condiciones.

 Para que ella esté radiante y feliz. Cristo nos demuestra su amor en sus obras y en su Palabra para presentarnos a Él una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga. Si el esposo cumple con este mandamiento del Señor, hará que su mujer sea feliz, que esté radiante y hermosa para él. Por otra parte, una esposa que recibe el amor de su marido, siempre va a corresponder con respeto que es la primera necesidad del hombre en su matrimonio.  Así la vida conyugal será de gran bendición, de momentos maravillosos.

 QUE LA ESPOSA RESPETE A SU MARIDO.

 Reconociéndole como su cabeza. Dios estableció que el varón sea la cabeza de su familia y le dio cualidades para cumplir con esta responsabilidad. No significa que la esposa sea inferior, hombres y varones tenemos la misma importancia ante Dios, sin embargo, Él nos hizo diferentes en funciones para complementarnos. La esposa da respeto a su marido cuando le reconoce como su cabeza y con amor le dice: “dirígenos con la sabiduría que el Señor te ha dado”, “seguiré y apoyaré el liderazgo que Dios te ha otorgado”.

 Con admiración. Una de las razones que hace que el varón se enamore de una señorita, es que percibe su admiración. La esposa debe mostrar respeto al admirar a su marido toda la vida. El esposo se enfrenta en su trabajo a muchas descalificaciones, críticas y problemas, pero si su mujer le admira podrá superar estas dificultades. La esposa debe admirar a su marido en su persona, decirle que se ve muy bien; en las cosas que hace en casa, por ejemplo, cuando cocina; en su trabajo, al expresarle que es muy bueno en su profesión. No debe juzgarlo ni criticarlo, debe buscar la forma de comunicarle con respeto las cosas que necesita, de manera que él no se sienta criticado y tenga una buena respuesta.

 En obediencia. Esta es una de las cosas que la mujer dice en su voto matrimonial es que obedecerá a su esposo. Respeto también es obedecer. La obediencia es importante para que el esposo cumpla su responsabilidad de ser cabeza. El varón es responsable del cuidado de su esposa y familia, por ello, la esposa debe atender las indicaciones de su marido, desde luego que siempre que sean en conformidad con la Palabra de Dios.

 Para que él esté motivado y sea un triunfador. Un esposo respetado por su mujer es un varón motivado para hacer grandes cosas. Un hombre respetado por su esposa siempre va a corresponder con amor, por eso en este mandamiento del Señor tampoco aplican restricciones. La esposa debe respetar a su marido sin condiciones, no debe decir que no se lo merece o que no tiene sentido. El respeto es útil, siempre produce amor.

 PARA LA GLORIA DE DIOS.

 Por medio de la obediencia a su Palabra. Cuando el varón ama a su mujer y la esposa respeta a su marido, están glorificando a Dios porque están obedeciendo su Palabra. El amor y el respeto en el matrimonio tiene que ver en primer lugar con Cristo, al practicar estos principios matrimoniales se está manifestando amor y respeto a Jesucristo. Por lo tanto, no se debe desobedecer Efesios 5.33, pues estaremos faltando al amor y respeto a Dios.

Como modelo a imitar. Si los esposos se aman y respetan estarán en un círculo de bendición, ya que el amor genera respeto y el respeto amor, de esta manera el matrimonio se convierte en un modelo para los jóvenes y otros matrimonios de la iglesia. También los esposos que practican estos principios son luz para que el mundo conozca la bendición que es vivir un matrimonio y familia en obediencia a la Palabra de Dios. Como sabemos, la gente está llamando matrimonio a lo que no es matrimonio, es decir, relaciones entre personas del mismo sexo. Necesitamos seguir mostrando que sólo un pacto de amor y respeto entre un hombre y una mujer es un matrimonio de bendición.

 Al testificar el pacto de Cristo para con su iglesia. El matrimonio entre un hombre y una mujer no es para la eternidad. ¿Por qué entonces el Señor lo estableció? Porque uno de los propósitos del matrimonio es ilustrar o testificar el pacto de amor y salvación de Cristo para con su iglesia. Para empezar, el esposo y la esposa son una carne, así como Cristo es la Cabeza y la iglesia somos el cuerpo de Cristo. En el cielo habrá matrimonio, pero será la unión de Jesucristo con todos los redimidos. Mientras tanto, los matrimonios deben glorificar a Dios, al dar testimonio del amor divino en Cristo.

 Hermanos:

 Queremos citar dos versículos para concluir esta reflexión, con el deseo que tengamos ejemplo de amor y respeto en el matrimonio.

El amor del esposo:

¡Qué hermosa eres, y cuan suave, oh amor deleitoso!, Cantares 7.6.

El respeto, la admiración de la esposa:

Huye, amado mío; y sé semejante al gamo, o al cervatillo, sobre las montañas de los aromas. Cantares 8.14.

18 aniversario

La Biblia base como base inmutable en el matrimonio y en la familia

Mensaje por el 18 aniversario de la sociedad de matrimonios “Isaac y Rebeca”

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