Las moradas celestiales

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 Juan 14:

1.NO se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

2.En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.

3.Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

4.Y sabéis á dónde yo voy; y sabéis el camino.

5.Dícele Tomás: Señor, no sabemos á dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

6.Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.

El Señor Jesús pasó más de tres años con sus discípulos, creó un vínculo fuerte entre ellos. Al decirles que volvería con su Padre, se pusieron tristes. Nuestro Redentor les fortaleció con el mensaje acerca de las moradas celestiales.

NOS INDICAN QUE SOMOS PEREGRINOS EN ESTE MUNDO.

El Señor Jesucristo en su naturaleza humana, vino a este mundo como Peregrino. El evangelio de Juan dice que el Verbo (Cristo) “habitó” entre nosotros (Juan 1.14); la palabra “habitó”, tiene el sentido de poner una tienda, es decir, una casa portátil, temporal. Después de cumplir su misión salvadora, el Hijo de Dios, ascendió a la diestra de su Padre para preparar la morada de sus redimidos.

Nosotros también somos peregrinos en esta tierra. La Biblia nos enseña que nuestros días en este mundo están determinados por Dios, tienen un límite (Job 14.5). La partida de los seres amados, son un recordatorio de la brevedad de nuestra vida, nadie llega para quedarse en este lugar.

Es importante tener lista nuestra morada en el reino de Dios. Debemos estar preparados desde ahora, ya que no conocemos el momento en que el Señor nos llamará. Esta preparación debe incluir aspectos siguientes: 1. En relación con Dios, debemos estar reconciliados con Él por medio de Cristo, para ir al cielo al partir. 2. Respecto a los que nos rodean, debemos procurar una convivencia de amor y respeto, para no dejar cargas de amargura y remordimientos. 3. Debemos tener todas las cosas en orden, de modo que no heredemos problemas.

SON SEGURAS.

Las moradas celestiales son el lugar en el que Dios habita en plenitud, donde Él tiene su trono de gloria. La Biblia nos dice que el reino de los cielos es hermoso, por ejemplo, sus cimientos son de piedras preciosas. En la casa de nuestro Padre no existe el dolor, la tristeza, la enfermedad, la muerte, el pecado, la maldad, ni la violencia. Este sitio no es aburrido, sino una morada de gozo y paz permanentes.

Las viviendas en el cielo son seguras porque Cristo las ganó para todos los que creen en Él como su Salvador y Dios. Los judíos, al viajar, tenían la costumbre de enviar con anticipación a un miembro de la familia para preparar el lugar de estancia. Cristo ha ido al cielo para preparar morada para nosotros, Él nos espera en su maravilloso reino. Esta es una garantía de nuestra vivienda en el reino del Señor.

Aquí en la tierra las propiedades llegan a perderse. Muchas familias se han quedado sin casa por robo, terremotos o huracanes. Pero en el cielo estas cosas no suceden. Las casas allí con seguras. Por lo tanto, debemos confiar de manera plena en Jesucristo.

TIENEN UN SÓLO CAMINO.

Toda vivienda tiene una senda de acceso, un camino para llegar a ella. También el reino de Dios tiene un Camino. Es el Señor Jesucristo, así lo explicó el Salvador a Tomás. Él es el camino porque pagó nuestros pecados por medio de su muerte en la cruz y resurrección. Los pecados son un impedimento para ir al cielo, ya que es un lugar libre de maldad. Pero el sacrificio de Cristo nos limpia de todo pecado, por eso, Él es el único camino para entrar al reino de Dios.

Tal vez nuestra casa tiene más de una senda. Pero las moradas eternas, sólo tienen una vía: Jesucristo. No hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos. Algunos han intentado llegar al cielo por las sendas de las buenas obras, de la vida religiosa y la compra de un lugar en el paraíso; pero estos caminos son falsos, conducen a la perdición. El único Camino es Jesucristo.

Para transitar en este Camino y recibir la vida eterna en los cielos, es necesario que reconozca sus pecados, le pida perdón a Dios, se aparte de sus obras malas, crea en Jesucristo como su Salvador personal y le siga cada día.

Estimados:

El Camino que lleva a la vida es angosto y difícil, es decir, ser cristiano no es fácil, debido a que vivimos en un mundo enemistado con Dios. Sin embargo, debemos esforzarnos, ser valientes y fieles, ya que Jesucristo está con nosotros siempre.

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