Archivos del mes: 26 noviembre 2018

La Luz de Navidad

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Coro Infantil “Joyas de Cristo”

Directora: Hna. Harim López Padilla

 

 

La oración

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La carrera del cristiano

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Texto: Hebreos 12.

Introducción:Cuenta la historia que Alejandro Magno no sólo realizó una conquista civil sino también cultural. De esta manera, en la tierra de Israel se establecieron lugares para que los jóvenes judíos aprendieran los deportes y conocimientos de los griegos. El impacto de la cultura griega fue tan fuerte que el Nuevo Testamento se escribió en griego. Los hebreos se familiarizaron con los deportes; por eso Pablo comparó la vida cristiana con una carrera atlética.

PRESENCIADA POR MUCHOS, “POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea”

Olimpia era la ciudad en la que se llevaban a cabo las competencias deportivas; llegaban personas de muchos lugares que incluso ponían sus tiendas alrededor para apreciar las competencias. Los corredores eran observados por muchas personas quienes ponían atención para que los participantes no hicieran trampa. De la misma manera toda persona que corre en la vida cristiana está bajo la mirada de muchos, quienes, al avistar trampas o pecados en los creyentes, se decepcionan, escandalizan y hacen públicas sus observaciones.

Por eso, el esforzador cristiano está comprometido a correr con limpieza de pecado. Sin hacer trampa. Para motivar a otros a correr y no ser piedra de tropiezo.

 OTORGADA POR DIOS, “corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta”

En las Olimpiadas no participaba toda persona persona. Los requisitos para los competidores eran: 1. Ser personas libres, no esclavos. 2. Hablar griego, de otra manera, ¿cómo se comunicarían? La carrera del esforzador cristiano tampoco la corren todas las personas. Sólo es para los que Dios en soberanía, misericordia y gracia llama a la vida eterna. Si tú estás en la carrera es porque el Señor tuvo compasión de tu vida.

La carrera del esforzador para las personas libres. Para quienes por medio de Jesús gozan la libertad del pecado y la condenación. Es para los que hablan el lenguaje de Dios, revelado en las Santas Escrituras. Si reúnes estos requisitos, no tienes nada de qué jactarte, ya que son regalos del Señor.

TIENE COMO META JESÚS,“Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús”

La carrera más común era la de 192 metros; los griegos tenían carreras de hasta 4600 m. Al llegar a la meta el ganador recibía una corona de laurel, que en poco tiempo se estropeaba. El esforzador cristiano tiene una meta: el Señor Jesucristo, ser como Él y llegar a morar con nuestro Salvador.

Durante la carrera cristiana todo esforzador debe poner sus ojos sólo en Jesús. La mente y corazón del cristiano deben estar enfocados sólo en Jesús, ya que el Señor es nuestra Meta y Entrenador. Durante la carrera debemos seguir con fidelidad sus instrucciones, atender sus Palabras para llegar con éxito hasta la meta. Nuestro Redentor tiene preparada para nosotros la corona incorruptible de vida eterna.

REQUIERE FORTALEZA Y ÁNIMO,“el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios. Reducid pues á vuestro pensamiento á aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando”

En una competencia deportiva se necesita que el cuerpo haya tenido buen entrenamiento, pero también se requiere el espíritu adecuado. Muchos corredores se fatigan en su mente o espíritu y llegan a la meta. El esforzador cristiano se encontrará con muchas adversidades que el enemigo pondrá con el fin de que desistamos.

Esta carrera no es fácil. Pero nos infunde fortaleza y ánimo saber que nuestro Salvador, en su ministerio terrenal sufrió contradicción de pecadores, sin embargo, venció con todas las adversidades y completó su obra redentora. Él es Poderoso para sostenernos hasta llegar a su presencia.

 HERMANOS:

San Pablo dice: “corramos con paciencia”, es decir, sin desespera para no abandonar la carrera. ¿Cuántos han dejado de correr? ¿Cuántos esforzadores han abandonado su lugar, comisión, o responsabilidades? Dios nos llama a correr sin desmayar. No estamos solos, contamos con el Espíritu Santo para llevar a la Mera, por eso el apóstol escribió: “Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”,Filipenses 1.6.   

Las moradas celestiales

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 Juan 14:

1.NO se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

2.En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.

3.Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

4.Y sabéis á dónde yo voy; y sabéis el camino.

5.Dícele Tomás: Señor, no sabemos á dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

6.Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.

El Señor Jesús pasó más de tres años con sus discípulos, creó un vínculo fuerte entre ellos. Al decirles que volvería con su Padre, se pusieron tristes. Nuestro Redentor les fortaleció con el mensaje acerca de las moradas celestiales.

NOS INDICAN QUE SOMOS PEREGRINOS EN ESTE MUNDO.

El Señor Jesucristo en su naturaleza humana, vino a este mundo como Peregrino. El evangelio de Juan dice que el Verbo (Cristo) “habitó” entre nosotros (Juan 1.14); la palabra “habitó”, tiene el sentido de poner una tienda, es decir, una casa portátil, temporal. Después de cumplir su misión salvadora, el Hijo de Dios, ascendió a la diestra de su Padre para preparar la morada de sus redimidos.

Nosotros también somos peregrinos en esta tierra. La Biblia nos enseña que nuestros días en este mundo están determinados por Dios, tienen un límite (Job 14.5). La partida de los seres amados, son un recordatorio de la brevedad de nuestra vida, nadie llega para quedarse en este lugar.

Es importante tener lista nuestra morada en el reino de Dios. Debemos estar preparados desde ahora, ya que no conocemos el momento en que el Señor nos llamará. Esta preparación debe incluir aspectos siguientes: 1. En relación con Dios, debemos estar reconciliados con Él por medio de Cristo, para ir al cielo al partir. 2. Respecto a los que nos rodean, debemos procurar una convivencia de amor y respeto, para no dejar cargas de amargura y remordimientos. 3. Debemos tener todas las cosas en orden, de modo que no heredemos problemas.

SON SEGURAS.

Las moradas celestiales son el lugar en el que Dios habita en plenitud, donde Él tiene su trono de gloria. La Biblia nos dice que el reino de los cielos es hermoso, por ejemplo, sus cimientos son de piedras preciosas. En la casa de nuestro Padre no existe el dolor, la tristeza, la enfermedad, la muerte, el pecado, la maldad, ni la violencia. Este sitio no es aburrido, sino una morada de gozo y paz permanentes.

Las viviendas en el cielo son seguras porque Cristo las ganó para todos los que creen en Él como su Salvador y Dios. Los judíos, al viajar, tenían la costumbre de enviar con anticipación a un miembro de la familia para preparar el lugar de estancia. Cristo ha ido al cielo para preparar morada para nosotros, Él nos espera en su maravilloso reino. Esta es una garantía de nuestra vivienda en el reino del Señor.

Aquí en la tierra las propiedades llegan a perderse. Muchas familias se han quedado sin casa por robo, terremotos o huracanes. Pero en el cielo estas cosas no suceden. Las casas allí con seguras. Por lo tanto, debemos confiar de manera plena en Jesucristo.

TIENEN UN SÓLO CAMINO.

Toda vivienda tiene una senda de acceso, un camino para llegar a ella. También el reino de Dios tiene un Camino. Es el Señor Jesucristo, así lo explicó el Salvador a Tomás. Él es el camino porque pagó nuestros pecados por medio de su muerte en la cruz y resurrección. Los pecados son un impedimento para ir al cielo, ya que es un lugar libre de maldad. Pero el sacrificio de Cristo nos limpia de todo pecado, por eso, Él es el único camino para entrar al reino de Dios.

Tal vez nuestra casa tiene más de una senda. Pero las moradas eternas, sólo tienen una vía: Jesucristo. No hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos. Algunos han intentado llegar al cielo por las sendas de las buenas obras, de la vida religiosa y la compra de un lugar en el paraíso; pero estos caminos son falsos, conducen a la perdición. El único Camino es Jesucristo.

Para transitar en este Camino y recibir la vida eterna en los cielos, es necesario que reconozca sus pecados, le pida perdón a Dios, se aparte de sus obras malas, crea en Jesucristo como su Salvador personal y le siga cada día.

Estimados:

El Camino que lleva a la vida es angosto y difícil, es decir, ser cristiano no es fácil, debido a que vivimos en un mundo enemistado con Dios. Sin embargo, debemos esforzarnos, ser valientes y fieles, ya que Jesucristo está con nosotros siempre.

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