La verdadera libertad

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“Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” Juan 8.32.

El testimonio de los liberados de la opresión, por ejemplo, de los que fueron rescatados de los centros de concentración nazis, es que después de terminada su cautividad, no se sintieron felices, ya que se enfrentaron a la situación de no tener a dónde ir.

Cuando Dios nos liberó de la esclavitud, esto no sucedió, el Señor ya tenía un lugar para nosotros, una familia que es la Iglesia. De la misma manera que después de la liberación de Israel de Egipto, el Señor tenía para su pueblo una tierra que fluye leche y miel. Sólo el Señor Jesús da “verdadera libertad”.

EL TRASFONDO HISTÓRICO, Juan 8.33.

Los judíos se encontraban bajo el dominio de Roma.El emperador había asignado a un gobernador o procurador en la parte sur, en Judea, el más conocido fue Pilato. En el norte había establecido a un rey extranjero, Herodes, hijo del malvado Herodes de Mateo 2. Las Palabras de nuestro Señor son verdaderas; Israel no era libre. Los judíos respondieron a Jesús que ellos no servían a nadie; ¿tan rápido se olvidaron de los publicanos que eran la evidencia del yugo romano?

En el terreno de lo espiritual Israel tampoco era libre.Eran esclavos del pecado y la muerte eterna. Los judíos vivían engañados, ellos creían que eran salvos por sus obras, oraciones y el conocimiento de la Ley de Dios; pero nada de esto salva. También pensaban que por ser hijos de Abraham en automático eran salvos, pero no es así; más tarde el Señor por medio de Pablo en la carta a los Romanos explicó que ser hijos de Abraham en la carne no salva, Romanos 4 y 9.

De la misma manera, muchos piensan que son libres, pero en realidad no lo son, están esclavizados por el pecado. Las personas sin Cristo suelen decir que son libres, y que no quieren llevar la vida cristiana, una vida de prohibiciones. Sin embargo, la vida en Cristo es de libertad. Jesucristo nos libera de la esclavitud del pecado, de los vicios y sus terribles consecuencias, que son la miseria y muerte eterna. Sólo quienes creen en Cristo como su Salvador son libres. Los que le rechazan continúan esclavizados por el pecado.

POR EL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD, Juan 8.36; 14.6.

¿Qué es la verdad? La verdad es Jesucristo, Él es la verdad porque es Dios quien no miente. Dios que no cambia, por eso siempre es la verdad. Dios es absoluto, por eso es la verdad, ninguna de sus palabras es relativa. Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14.6.

Para conocer a Jesucristo,es necesario reconocer y arrepentirnos de nuestros pecados. También se requiere creer en Jesús como el único Salvador de nuestros pecados y condenación eterna. Es importante decirle a Jesucristo que nos salve porque creemos en Él, en su sacrificio y resurrección para liberarnos de cada uno de nuestros pecados.

Al ser rescatados por Jesucristo,es necesario mantener una comunión o relación con Él, por medio de la oración y lectura cotidiana. Así conoceremos más a Jesús. Este conocimiento del Señor nos ayudará a confiar más en Él y superar las adversidades de esta vida terrenal.

LIBERTAD QUE CRECE, 2 Corintios 3.17,18.

Desde el momento en el que por la gracia divina creemos en Cristo como nuestro Salvador, somos libres; libres del pecado y del tormento eterno. Pero quedan residuos de nuestra condición pecaminosa; por eso necesitamos crecer en la libertad.

El apóstol Pablo nos dice que donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad, y que somos llevados de gloria en gloria. Por lo tanto, las cadenas de pecado no deben volver a nuestra vida. Hay pecados como el orgullo, el chisme, la envidia, la autoconfianza, que se arraigan en la iglesia. Escuchamos decir: “así soy, no voy a cambiar”. Sin embargo, Cristo nos llamó a libertad.

Tampoco debemos permitir que permanezcan en nuestra vida las cadenas de los malos hábitos, por ejemplo: la impuntualidad, irresponsabilidad, la apatía a las actividades de la iglesia y falta de compromiso.

HERMANOS:

Los cristianos por gracia de Dios vivimos una vida de libertad. Por eso también apartamos para el Señor el primer día de la semana. Cada vez que nos reunimos para adorar a nuestro Dios, proclamamos al mundo que somos un pueblo libre; podemos descansar sin que nos falte el alimento o el vestido.

Los libres no podemos ser indiferentes a la esclavitud espiritual de muchas personas; debemos compartir el evangelio de salvación con nuestros prójimos, para que conozcan a Cristo, crean en Él y sean libertados del pecado y la muerte eterna.

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