Felices por siempre

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Mateo 5.3-5.

Los cuentos terminan con la frase: “y vivieron felices por siempre”. Pero sólo los creyentes en Cristo como nuestro Salvador somos felices de manera permanente.

La Palabra bienaventurados significa muy dichosos, tiene el sentido de un gozo que permanece en el corazón aun cuando las circunstancias cambien.

Hay cosas que nos alegran de forma breve, por ejemplo: llegar antes de que cierren un negocio; encontrar pocas personas en el banco; hallar lugar para estacionarnos. Pero esta alegría pasa rápido.

La bienaventuranza es una dicha que dura por la eternidad. Y es algo que sólo Dios da a los que creen en su Hijo Jesucristo.

LOS POBRES EN ESPÍRITU.

Bienaventurados los pobres es espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor Jesús comenzó el sermón del monte con las bienaventuranzas. Pudo usar una sola vez la palabra “bienaventurados”, pero la repitió 9 veces, para hacer énfasis en la dicha que nos da al salvar nuestra vida del pecado y la muerte eterna.

Bienaventurados los pobres en espíritu no significa, los desanimados, los de baja autoestima, o los que tienen complejo de inferioridad. De hecho la Palabra de Dios nos insta a vivir felices, no desalentados, 1 Tesalonicenses 5.16.

Pobres en espíritu son aquellos que por la gracia del Señor reconocen su necesidad de Cristo. Los que admiten que no tienen nada que ofrecer a Dios para tener la vida eterna en los cielos.

El antónimo de pobres es ricos, los ricos en espíritu son los que piensan que cuentan con algo para dar al Señor por su salvación, como si se tratara de una compra o canje. Sin embargo, todos somos miserables ante Dios, nadie tiene recursos para alcanzar la vida eterna. No se puede ser salvo por medio de obras, ya que aun lo mejor que hacemos siempre está manchado de pecado y por lo tanto no califica para Dios. La salvación tampoco se obtiene con dinero, pues todo le pertenece al Señor, nada es nuestro.

Todos somos miserables en lo espiritual. Pero sólo los que reconocen esta miseria y su necesidad de Cristo y creen en Él como su Salvador suficiente, son bienaventurados, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dígale a Jesucristo que necesita de Él, que lave todos sus pecados con el sacrificio que Él hizo por usted en la cruz del calvario. Jesús le perdonará, le hará un hijo de Dios y heredero de su reino. Usted tendrá un lugar seguro en las mansiones eternas.

LOS QUE LLORAN.

Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.

El Señor Jesucristo enseñó que para vivir por la eternidad en su reino, dos cosas son necesarias: el arrepentimiento de pecados, y la fe en Él como nuestro Salvador, Mateo 4.17; Marcos 1.15.

Ya hablamos acerca de la fe en Jesús, pasemos al arrepentimiento. No significa remordimiento de consciencia. El arrepentimiento, es reconocer que hemos pecado y merecemos el castigo divino; es dejar estos actos malos y dar la media vuelta hacia  Jesucristo con fe en que Él puede lavarnos de todos nuestros pecados.

Una persona arrepentida, siente vergüenza, tristeza y dolor por sus pecados. Lo que antes era un motivo de orgullo, ahora causa llanto. Por eso el Señor Jesucristo dice que son bienaventurados los que lloran; los que lloran por el arrepentimiento de sus pecados, ya que ellos son perdonados y consolados por Dios.

El perdón de Dios, libera de la esclavitud del pecados y sus consecuencias; produce una dicha que se disfruta toda la vida, Salmo 32.1,2. La falta de arrepentimiento genera aflicción y muerte, Salmo 32.3-5; Proverbios 28.13.

El corazón arrepentido ya no se delita en el pecado, sino que lo aborrece porque sabe que quebranta la ley de Dios y causa muerte, Amos 5.15.

¿Se ha arrepentido de sus pecados y cree en Jesucristo como su Salvador? Entonces usted es miembro de la familia de Dios y un heredero de su reino. Sin embargo, no significa que no enfrentará pruebas en este mundo. Los hijos de Dios también pasamos por momentos difíciles y derramamos lágrimas en medio de las aflicciones.

Sin embargo, contamos con la presencia y consuelo del Espíritu Santo, Juan 14.16. Él nos fortalece para superar las pruebas. Uno de los propósitos de Dios al permitir que sus hijos enfrentemos adversidades, es prepararnos para consolar de manera correcta a nuestros hermanos y llevar el mensaje de salvación y fortaleza a los que aun no creen en Cristo.

LOS MANSOS.

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Manso significa apacible, tranquilo; lo contrario es airado, intranquilo, agresivo. La mansedumbre es una cualidad de los creyentes en Cristo como su Salvador; es parte del fruto de la presencia del Espíritu Santo en la vida de los hijos de Dios, Gálatas 5.22,23.

Jesucristo nos da ejemplo de mansedumbre, fue provocado a responder de manera agresiva por los fariseos, escribas, sacerdotes, ancianos, herodianos, saduceos, judíos, gentiles, e incluso por sus discípulos; sin embargo, mantuvo su carácter manso, de lo contrario les hubiera ido muy mal a sus incitadores, Mateo 22.15-22. Por eso Él nos llama a seguir su ejemplo de mansedumbre, Mateo 11.29.

Los mansos son dichosos por las razones siguientes:

  1. Tienen evidencia de ser hijos de Dios, pues tienen el fruto de su presencia en su vida.
  2. Al estar tranquilos, en situaciones difíciles, toman decisiones correctas y dan buenas respuestas, Proverbios 15.1.
  3. Desactivan los conflictos,17.14.
  4. Viven con sabiduría y paz: “a palabras necias, oídos sordos”, Proverbios 26.4.
  5. Recibirán la tierra por heredad. Al final de su plan eterno, Dios hará un cielo nuevo y una nueva tierra. Allí viviremos en la presencia del Señor y en compañía de todos los redimidos. Seremos dichosos de manera plena y por la eternidad.

 Hacia aquel mundo nuevo debemos poner nuestros ojos. Este tiempo de pecado, maldad y violencia es temporal. Nos espera una patria maravillosa, no desmayemos.

 No debe haber cristianos que permanezcan violentos, agresivos ni de mal carácter. Si Cristo es nuestra Cabeza, debemos ser como Él.

 Hermanos:

El dinero, los bienes materiales, la diversión y el estudio, dan alegría muy breve y dejan aflicción permanente, porque son vanidad, cosas vacías. Por ejemplo: Al rico no le deja dormir la hartura, Eclesiastés 5.12; y en la mucha sabiduría, hay mucha molestia, Eclesiastés 1.18.

Sólo Cristo puede hacerle feliz para siempre. Arrepiéntase de sus pecados y pida a Jesucristo que sea su Salvador porque cree en Él como el único medio eficaz para lavarle. Disfrute de una vida feliz ahora y por la eternidad.

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