Lavado total

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“Dícele Jesús: El que está lavado, no necesita sino que lave los pies, mas está todo limpio: y vosotros limpios estáis, aunque no todos”. Juan 13.1,3-15.

Un soldado que estaba en la guerra, recibió una carta de su novia, ella escribió para decirle que daba por terminada su relación y pedirle que le regresara su fotografía. Sus amigos le aconsejaron; que le enviara una caja con fotografías de las novias de todos y le escribiera: “Busca tu fotografía y me regresas las demás, perdón pero no recuerdo cual es la tuya”. La venganza no es el mejor camino, Jesús nos muestra la vía del perdón, así como Él perdonó o lavó nuestras maldades.

EL LAVADO DE PIES, 1,3-5.

El Señor Jesucristo lavó los pies de sus discípulos, en la noche de la última pascua. La vivienda en donde llevaron a cabo esta celebración era prestada; por lo tanto no tenían un siervo que hiciera este servicio, como era costumbre al llegar a casa.

La Palabra de Dios nos dice que ningún discípulo tomó la iniciativa de lavar los pies, o cuando menos lavar los suyos. Prefirieron comer con los pies sucios. De igual manera, ningún hombre tiene el deseo de lavar sus pecados, sino hasta que es tocado por la gracia divina. De forma proactiva nuestro Señor Jesucristo tomó los instrumentos y elementos necesarios para lavar los pies de sus discípulos.

El Señor Jesús tomó el lugar de los esclavos, ellos eran los encargados de lavar los pies de sus amos y visitantes. Las Santas Escrituras nos dicen que Jesús no vino al mundo para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Jesús vino como Siervo o Esclavo para lavar nuestros pecados con su muerte y resurrección.

EL SIGNIFICADO, 6-11.

Pedro al principio se negó a ser lavado por el Señor, pero luego pidió ser lavado completo. El Señor aprovechó este incidente para explicar que este servicio era un símbolo del lavado que Cristo hace de nuestros pecados, limpieza que todos necesitamos.

Es interesante ver que el Señor Jesucristo lavó los pies, no la cabeza, manos u otra parte del cuerpo. Los pies son la parte del cuerpo que menos queremos mostrar: tienen dedos con diferente forma; y por más higiene que tengamos, llegan a oler mal; incluso se contagian de hongos.

Esto quiere decir que Jesús lavó lo peor de sus discípulos; el mensaje era este: he venido para lavar todos sus pecados, incluidos los peores. Los discípulos habían pecado, ofendido al Señor y aun lo harían, pues en unas horas le abandonarían. Pero Jesús lavó o perdonó todo esto. No importa cuanto hayamos pecado; o si hemos cometido pecados con grandes agravantes: la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado, 1 Juan 1.7.

EL RESULTADO, 12-15.

Al ser lavados los discípulos entendieron que Jesús había limpiado sus corazones de sus pecados. La Palabra de Dios nos enseña que todos hemos pecado, hemos quebrantado la Palabra de Dios. La Biblia nos dice que nuestros pecados son como manchas en nuestro ser, que nos impiden entrar al cielo, un lugar santo, limpio. Por eso requerimos del lavado del Señor.

Dios desea que todos vayamos a su morada, por eso nos dio un medio para lavar nuestros pecados, este medio es su Hijo Jesucristo. Solamente la sangre de Cristo puede lavarnos de nuestros pecados; porque Jesús nunca cometió pecado y pagó nuestros pecados con su muerte en la cruz. No hay otro medio, Hechos 4.12. Las palabras de Pedro: “no me lavarás los pies”, manifiestan su soberbia, pensó que no necesitaba ser lavado. Las obras y la religiosidad, no nos lavan de pecado; necesitamos de Jesús.

La sangre de Cristo es el único recurso espiritual que puede lavar nuestros pecados, aun los peores. Para ser lavados se requiere: reconocer y confesar a Dios nuestros pecados, así como creer en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Los discípulos quedaron limpios, no nos privemos de esta bendición.

HERMANOS:

Esta historia nos enseña a perdonar las ofensas los unos a los otros. Si Jesús nos ha perdonado todos nuestros pecados, nosotros debemos perdonar a los que nos ofenden.

Si usted a un no tiene un corazón limpio, tome en cuenta que el Señor Jesucristo le puede lavar de todos sus pecados. Pídale que sea su Salvador y Él le dejará libre de todo pecado. No se prive de disfrutar de esta Palabra del Señor: Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios, Mateo 5.8.

 

 

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