Ricos en Cristo

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Marcos 10.17-27.

 Ser rico en lo material es una bendición de Dios, la riqueza no es pecado. Abraham, el padre de la fe, fue riquísimo. Job, el varón perfecto, fue rico. David, un hombre conforme al corazón de Dios, también tuvo riqueza. Sin embargo, los tesoros materiales pueden cambiar el corazón de las personas; muchos ricos se vuelven soberbios y humillan a los pobres, Salmo 123.4. El problema de la abundancia del dinero es que crea una mentalidad de autosuficiencia y de poderlo todo.

Veamos lo que la Palabra de Dios nos enseña en la historia del joven rico.

Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, é hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?

Un joven rico corrió a Jesús y se hincó ante Él porque le reconoció como el Hijo de Dios, como el Gran Maestro de Israel. El joven sabía que el Señor podía resolver su pregunta: ¿qué haré para poseer la vida eterna?

Observemos la autosuficiencia del joven, con su riqueza había obtenido las cosas que deseaba, ropa, comida, viajes, placeres, carros, siervos. Pensó que de igual manera, con tantos recursos, de algún modo podía poseer la vida eterna.

Uno de los goces de las riquezas es la capacidad de complacerse con todo lo que se quiere, . Pero la vida eterna no se puede comprar y recibir como recompensa por hacer obras.

Y Jesús le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.

El Señor Jesús no negó que es Dios, Él afirmó su divinidad. En otras palabras le dijo al joven, me llamas Maestro bueno porque sabes que soy Dios. Sí, lo soy, y voy a contestar tu pregunta.

Los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas falso testimonio: No defraudes: Honra á tu padre y á tu madre.

Cristo respondió al joven que tenía que cumplir los mandamientos de Dios, hizo mención de la ley moral que nos enseña nuestros deberes para con los hombres. La respuesta del Señor descarta la posibilidad de comprar la vida eterna, nadie puede ser salvo por medio del dinero.

Tal vez, el joven rico pensó que Jesús le diría: bueno, ya que lo mencionas, si haces un donativo a este ministerio, o si nos compras un buen carro, recibirás la vida eterna. Jesús pudo haber dicho: Pedrito, anota los números de sandalias y talla de túnica de todos, hoy vamos a dar salvación a este joven por su buena aportación. Pero la vida eterna no se vende.

Si alguien quiere hacer algo para poseer la salvación, tiene que cumplir toda la ley de Dios, sin faltar a un mandamiento. ¿Quién es capaz de esto?

 El entonces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad.

El joven rico en su espíritu de soberbia, dijo que todo esto había guardado desde pequeño. Pero, ¿cómo le iría si le preguntamos a sus padres, ha sido obediente en todo? La verdad es que todos desobedecemos los mandamientos de Dios, por lo tanto, no podemos recibir la salvación por medio de obras.

Entonces Jesús mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.

En su amor, Jesús no desmintió al joven rico. Le dijo que le faltaba vender todo lo que tenía, darlo a los pobres y seguirle tomando su cruz. No significa que para ser salvos tenemos que ser pobres en lo material. Jesús le mostró otra vez al joven rico que era incapaz de recibir la vida eterna por sí mismo.

Aun si el joven hubiera vendido todo y lo hubiera repartido a los pobres, no sería salvo sino por Jesús. Por eso el Señor le dijo: sígueme tomando tu cruz, es decir; cree en mí, y sé mi discípulo.

Todo aquel que cree en Cristo como su Salvador es hecho nueva criatura. Los cristianos mueren a sí mismos para vivir para el Señor. Esto es lo que significa tomar la cruz.

Mas él, entristecido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

El joven rico, no pudo hacer lo que el Señor le pidió. Tampoco fue humilde para decir a Jesús: pensé que podía hacer algo para poseer la vida eterna, pero me doy cuenta que no es así, ¿hay otra forma en que pueda ser salvo? Aquel joven se fue con la tristeza de ver que su dinero no podía conseguir todo y que él no era capaz de renunciar a sus muchas posesiones.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dice á sus discípulos: Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió á decir: Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas!

El Señor Jesús dijo que es difícil que los que tienen riquezas entren al reino de Dios, porque su confianza está en sus bienes, piensan que con ellas pueden conseguir todo y no necesitan del Señor.

Los discípulos se espantaron con las palabras de Jesús, porque los judíos pensaban que los ricos eran personas bendecidas por Dios debido a su buena relación con Él. Si los bendecidos no podían entrar al reino del Señor, ¿qué esperanza tenían los pobres que no disfrutaban del beneficio de Dios?

Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios.

Se ha dicho que el ojo de una aguja era una puerta pequeña en los grandes portones de la ciudad de Jerusalem. Aunque no hay evidencia histórica de esta enseñanza. Las palabras de nuestro Maestro son una figura literaria que los judíos usaban para intensificar un pensamiento. Semejante a cuando decimos: te lo he dicho mil veces; con el propósito de manifestar que hemos repetido algo en muchas ocasiones. El punto es que es difícil que los ricos entren en el reino de Dios por su espíritu de autosuficiencia.

Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá salvarse?

Entonces Jesús mirándolos, dice: Para los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.

Lo que es difícil para el hombre, es posible para Dios. Él tiene poder para dar vida eterna a ricos, pobres, esclavos, libres, sabios, incultos, judíos y gentiles.

Porque Dios nos dio a su Hijo para pagar nuestros pecados con su muerte en la cruz y resurrección.

La salvación no se puede comprar, tampoco obtener por medio de obras. Ya que lo que impide al hombre tener la vida eterna son sus pecados, y sólo la Cristo nos lava de ellos porque él los lavó en el Calvario.

Los hombres aun cuando no tengamos muchos millones en una cuenta bancaria, somos ricos de espíritu porque confiamos que por nuestro buen comportamiento, por lo mucho que sabemos de la Biblia o la vida religiosa que llevamos tenemos la vida eterna. Como si se tratara de un intercambio.

Se requiere que seamos pobres en espíritu. El Señor Jesús dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos”, Mateo 5.3. Pobres en espíritu no significa tristes, deprimidos, desanimados o con baja autoestima. Quiere decir, el espíritu o corazón que reconoce su necesidad de Cristo como su Salvador, Protector, Guía y Sustentador. Por eso de los pobres en espíritu es el reino de los cielos.

Si usted aun no disfruta de la salvación o vida eterna en los cielos, tome en cuenta que nada puede hacer para recibirla. Cristo hizo todo lo que se requiere por nosotros.

Reconozca su necesidad de Jesús, pida perdón a Dios por sus pecados y crea en Jesucristo como su Único Salvador. De esta manera tendrá vida eterna.

Como salvo por Cristo, sea pobre en espíritu. Si Dios le bendice con muchos bienes materiales, dones, capacidades, salud, sabiduría y fortaleza; seguirá necesitando del Señor. No caiga en un espíritu de autosuficiencia.

Tal vez no todos los cristianos seamos ricos en lo material. Pero todos somos ricos en el Señor, con Él lo tenemos todo. El dinero y los bienes en este mundo son temporales, no son nuestros, la prueba de esto es que nadie se lleva algo cuando es llamado por Dios a su presencia, Job 1.21.

La riqueza en Cristo es incorruptible y por la eternidad.  

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