La Palabra del Deber

MIERCOLES

 “LA PALABRA DEL DEBER”

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“Y COMO VIO JESÚS A LA MADRE, Y AL DISCÍPULO QUE ÉL AMABA, QUE ESTABA PRESENTE, DICE A SU MADRE: MUJER, HE AHÍ TU HIJO. DESPUÉS DICE AL DISCÍPULO: HE AHÍ TU MADRE, Juan 19.26,27.

 El evangelista Juan registra que los soldados romanos que crucificaron al Señor Jesús echaron suertes para que uno de ellos se quedara con su túnica, ya que era sin costura, toda tejida desde arriba. Era una túnica moderna, de gran calidad. Este acto no fue casual, sino realizado por la providencia divina para que se cumpliera la profecía del Salmo 22. Después el Hijo de Dios exclamó su tercer Palabra, meditemos en ella.

PARA LA FAMILIA.

Siempre presente. Cuando el Señor fue arrestado sus discípulos huyeron, le abandonaron. Sin embargo, durante los juicios y en la crucifixión, estuvo presente su discípulo Juan.  También estuvo junto a la cruz María la madre terrenal del Señor Jesús, con su corazón traspasado, herido por el dolor de ver al Hijo de Dios sufrir por nuestros pecados. En los momentos difíciles muchas personas nos abandonan, pero la verdadera familia siempre está con nosotros para cuidarnos y apoyarnos, por eso tenemos un deber ineludible para con ella.

Su madre terrenal. El Señor Jesús no dejó desamparada a María, la mujer que tuvo el alto privilegio de ser su madre. Es posible que José ya había fallecido; y como en ese momento los hermanos del Señor no creían en Él, Juan 7.3-5; era necesario que Jesús dejara a María al cuidado de una familia. Es importante señalar que el Señor no sólo dejó a su madre al encargo de su discípulo, sino que la dejó en una relación de familia, a partir de ese momento Juan sería un hijo para ella, y María una madre para él. En Jesucristo tenemos la bendición de ser hijos de Dios y disfrutar de ser parte de la gran familia espiritual del Señor que es la Iglesia, Juan 1.12; 1 Timoteo 5.1,2.

Con amor. El Hijo de Dios dijo: El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí, Mateo 10.37. Esto no significa que debamos olvidar a nuestra familia, sino que el Señor debe ocupar el primer lugar en nuestro corazón. Las palabras de Jesús tienen un principio práctico: Si amamos al Señor en primer lugar, obedeceremos sus mandamientos, honraremos a nuestros padres y cuidaremos con amor a nuestra familia, pues esto pide Dios de nosotros, Efesios 5.25,33; 6.1-4.

 UNA EJEMPLO DIGNO DE IMITAR.

De gran responsabilidad. Nuestro Maestro estaba padeciendo terribles sufrimientos para pagar nuestros pecados; y en medio del dolor cumplió con su deber como Hijo; nos dejó un ejemplo poderoso de que no hay justificación para  evadir nuestras responsabilidades familiares. Algunas veces actuamos como los judíos, dejamos de cumplir con nuestros deberes con el pretexto de que tenemos que realizar un acto religioso u otra actividad “importante”, Marcos 7.10-13. El Señor nos manda cumplir con responsabilidad nuestros deberes para con Él y nuestra familia y debemos obedecer sin excusas.

De buen testimonio. La Palabra del deber es el testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios encarnado, lleno de gracia y amor. De la misma manera cuando nosotros cumplimos nuestros deberes familiares damos testimonio de que somos hijos de Dios. Recordemos que somos embajadores del cielo en la tierra que mostramos cómo es la vida en Cristo, una vida de amor, respeto y responsabilidad de los deberes. Pero si no tenemos cuidado de los de nuestra casa, la fe negamos, y nos hacemos peores que los incrédulos, 1 Timoteo 5.8.

De verdad. Juan nos dice que vio la gloria del Señor Jesús lleno de gracia y de verdad, Juan 1.14. Jesucristo también dice ser el camino, y la verdad, y la vida, Juan 14.6. La atención del Señor a María desde la cruz, es un ejemplo de que Jesús es la verdad, Él nos ama y lo demuestra en todo momento. El cumplimiento de nuestras responsabilidades para con el Señor y nuestra familia es la evidencia de un amor verdadero. Por el contrario,  si somos irresponsables y decimos amar a Dios o a nuestros familiares, somos mentirosos.

EN LA CONCLUSIÓN DE SU MINISTERIO TERRENAL.

Una enseñanza para María. Para tomar la naturaleza humana el Hijo de Dios fue engendrado por el Espíritu Santo en el vientre de María. Ella fue la madre terrenal del Señor, pero en ningún momento fue la madre de Dios, pues en su naturaleza divina Jesús es eterno y María una mujer creada por el Señor. Desde el inicio de su ministerio Jesucristo estableció con claridad esta enseñanza cuando dijo a María: “¿qué tengo yo contigo mujer?”, Juan 2.4. Y en la cruz nuevamente se dirigió a ella con la palabra “mujer”. Con respeto el Señor dio a entender a María que Él es su Señor y Dios. María fue salva no por ser la madre del Señor, sino porque se arrepintió de sus pecados y creyó en Cristo como su Salvador, Lucas 1.46,47. Es necesario María fue recibida por Juan, pero esto tampoco significa que sea la madre de los creyentes en Cristo. María es una mujer redimida por la gracia Salvadora de Cristo; Jesucristo es su Dios y Redentor, como lo es de todos los creyentes en Él.

Cerca de la exaltación del Señor. Después de su muerte el Señor Jesús sería exaltado por medio de su resurrección y ascensión a la diestra de su Padre Celestial; las relaciones que había tenido con sus familiares, discípulos y amigos, tomarían una nueva naturaleza, ellos le verían con claridad como su Dios y Salvador. Jesucristo no se quedaría físicamente con María ni sus discípulos, por ello era necesario que María contara con un hijo que cuidara de ella, y correspondió a Juan este deber.

De gran bendición. La Palabra de Dios nos dice que desde aquella hora Juan recibió a María. Es seguro que María y Juan tuvieron muchas pláticas edificantes acerca del Señor Jesús, del mensaje del ángel Gabriel, la visita de los pastores, de los magos del oriente, las experiencias en el ministerio del Señor y muchas historias interesantes. Al obedecer la Palabra de su Maestro Juan recibió muchas bendiciones. Siempre que obedezcamos las Escrituras y seamos fieles en cumplir nuestros deberes seremos bendecidos.

 Estimados:

Hoy aprendimos que nuestro Señor Jesucristo nos dio ejemplo para cumplir nuestros deberes para con nuestra familia, padres, hermanos e hijos. Somos responsables de hacerlo sin que nada justifique la omisión de los mismos.

Si hemos sido desobedientes es momento de pedir perdón a Dios y comenzar a practicar sus mandamientos en casa, de tal manera que nuestro hogar sea el lugar en donde se haga la voluntad de Dios como se ejecuta en el cielo. Así por medio del testimonio de nuestra familia muchos conocerán a Cristo.

También es muy importante que cuidemos de nuestra familia espiritual que es la iglesia. Es muy lamentable cuando en lugar de esto, hacemos chisme de las vivencias de los hermanos, los juzgamos y somos indiferentes a sus necesidades espirituales o materiales.

Que esta Palabra del Señor nos motive a comunicar amor y respeto a la iglesia, es nuestro deber orar por los hermanos, velar por su buena reputación, ayudar en los momentos de prueba y buscar su edificación espiritual.

Si usted vive en soledad, le invitamos a apartarse de sus pecados y creer en Cristo como su Salvador. Así usted será un hijo de Dios y la iglesia será su familia eterna. Si hace esto hoy le decimos: ¡Bienvenido a casa!

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