Navidad es compartir

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“Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso y mirra. 12 Y siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen á Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino. Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso y mirra. Y siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen á Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino”.

Mateo 2.11,12.

En navidad solemos hacer intercambio de regalos. No siempre todos están conformes con sus regalos. Es importante que tomemos en cuenta que dar regalos en navidad es una forma de simbolizar la gracia que hemos recibido. Por lo tanto, no debemos permitir que los regalos materiales opaquen el gozo por el regalo tan grande que hemos recibido, el de la salvación en Cristo. Hoy recordaremos el momento en que Jesús regaló salvación a los magos de oriente.

Los magos o sabios de oriente al ser guiados por el Señor por medio de la Estrella llegaron a la casa donde estaba el Señor Jesús y su madre, en cumplimiento a lo profetizado por el Señor en Isaías 60.3: “Y andarán las gentes á tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento”.

Los magos se postraron y le adoraron. No lo hicieron con Herodes, sino con Jesús porque le reconocieron como su Dios y Rey. Ellos también le dieron regalos, nada convencionales con los obsequios para un bebé, ya que Jesús es hombre, pero también es Dios.

ORO, JESÚS ES EL REY DE REYES.

Los magos dieron a Jesús oro, símbolo de la realeza. Este regalo anunció que Jesús es el Rey de reyes. El evangelista Mateo nos presenta a Jesús como el Rey de la iglesia de Dios. Esta iglesia fue visible en el Antiguo Testamento en Israel; y en el Nuevo Testamento en los elegidos de Israel y de muchas naciones gentiles, nosotros tenemos el privilegio de ser parte de ella.

La iglesia es el reino de Dios y no es de este mundo. Es un reino diferente, pues en él los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio (Mateo 11.4,5). Es un reino en el que suceden milagros, la muerte no tiene poder, y en el que no se hace acepción de personas.

Sólo Jesús es el Rey. Porque Él murió y resucitó para dar vida a cada miembro de su reino. Debemos apartarnos de todo intento de ser reyes en la iglesia. Todos somos miembros los unos de los otros y sólo Cristo nuestra Cabeza. Él ejerce su autoridad por medio de su Palabra, la cual es nuestra única norma de vida cristiana. Algunos hermanos han dicho que necesitamos un hermano que sea líder de las iglesias evangélicas, pero en realidad no se requiere, porque ya tenemos un Dirigente que es Cristo.

INCIENSO, JESÚS ES DIOS.

 Perfume. Dios mandó a su pueblo Israel, que los sacerdotes le ofrecieran perfume que debía ser elaborado con las siguientes especias: estacte, uña olorosa, gálbano aromático e incienso que es una resina aromática (Éxodo 30.34-38).

El altar. Los sacerdotes por suertes quemaban el perfume todos los días en el altar del incienso, que estaba en el lugar santo y que representó a Cristo en sus naturalezas humana y divina, pues estaba hecho de madera y oro. Se hacía dos veces al día, por la mañana y en la tarde (Éxodo 30.1-10). El incienso también se ofrecía una vez al año en el lugar santísimo, por medio del sumo sacerdote, en el día de la expiación (Hebreos 9.3,4).

El incienso simbolizó las oraciones del pueblo de Dios. Como somos pecadores nuestras oraciones no pueden ser atendidas a menos que el Hijo de Dios sea nuestro Mediador o intercesor. Si oramos con fe en el nombre de Cristo el Padre nos escucha por medio de su Hijo (Juan 14.13,14). El incienso ofrecido a Jesús es el reconocimiento de su divinidad como Hijo del Altísimo.

 MIRRA, JESÚS ES HOMBRE.

Símbolo del dolor físico. La mirra es una sabia que escurre cuando se hacen cortaduras al arbusto de mirra, por eso representa el dolor. Se empleaba como droga para mitigar el dolor, para elaborar perfumes, para embalsamar los cuerpos de los muertos, y para elaborar el aceite de la unción que se usaba para las consagraciones. La Mirra fue un símbolo de la humanidad de nuestro Señor Jesucristo. Jesucristo fue varón de dolores experimentado en quebranto.

Como hombre Jesús es nuestro vicario. Él ocupó nuestro lugar. Llevó nuestros pecados sobre Él, y los pagó con sus sufrimientos y muerte en la cruz del calvario. Cristo sufrió la ira de Dios que nosotros merecíamos, bebió la copa de la ira divina hasta la última gota, no nos dejó nada. Como hombre el Señor Jesús sufrió y murió en sustitución de cada uno de nosotros; también resucitó para ser Primicia de los que hayan partido de este mundo cuando Él venga a las nubes.

El Señor Jesús como hombre es nuestro perfecto Pontífice. Es nuestro Intercesor ante el trono del Padre, pues pasó por las dificultades y tentaciones que nosotros sufrimos y las venció todas. Él sabe lo que significa tener estas luchas. Por eso nos socorre de manera efectiva. Comprende de manera perfecta cada una de las situaciones que pasamos. Gracias a esto podemos acercarnos con confianza en oración a nuestro Padre Celestial.

HERMANOS:

Los regalos de los magos son de alto valor, fueron enviados por el Padre para sostener el hogar terrenal de su Hijo durante su infancia.

Es importante precisar que los obsequios de los magos le pertenecen a Jesús pues Él es del poseedor de todas las cosas. Aquel día en lugar de dar, los magos recibieron gracia de Dios. El Señor tocó sus corazones para que reconocieran su necesidad de Jesús, le aceptaran como su Rey y Dios, le adoraran y fueran salvos.

Nosotros también hemos recibido esta gracia; y el Señor nos dice que si recibimos de Gracia, debemos dar de gracia.

Todo pertenece al Señor, nosotros solamente somos sus administradores. Así es que Navidad es compartir la gracia que hemos recibido.

En esta Navidad, compartamos el mensaje y las bendiciones que Dios nos ha dado:

  • En el camino, con folletos en bolsas con dulces o galletas.
  • Con la familia, compartiendo la Palabra de Dios en las fiestas a las que somos invitados; así como las bendiciones materiales en los momentos que pasen pruebas.
  • Con los hermanos necesitados en la Iglesia por medio de despensas.
  • Con una campaña permanente de acopio de alimentos y ropa para nuestros hermanos en la fe y demás prójimos.

Que esta navidad y cada día compartamos un poco de la mucha gracia divina que hemos recibido en Cristo nuestro Salvador.

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