La carrera nivel 2

Jeremías1

“Si corriste con los de á pié, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz estabas quieto, ¿cómo harás en la hinchazón del Jordán?”, Jeremías 12.5.

Este texto de la Palabra de Dios es un desafío del Señor a Jeremías ya que el profeta estaba a punto de dejar su ministerio. Dios le dice que no se canse porque apenas había corrido con los de a pie, y el Señor le tenía preparada una carrera contra los que iban a caballo. El Señor también hace reflexionar a Jeremías al decirle que si en tierra de paz estaba quieto, ¿qué haría cuando el río Jordán se desbordara y las cosas se complicaran? Veamos la respuesta del profeta, que es un mensaje de aliento para nosotros en estos tiempos.

EL TESTIMONIO DE JEREMÍAS

El llamado de Dios. El Señor llamó a Jeremías al ministerio profético en el año 627 a.C., en los días del reinado de Josías, un rey que tuvo temor de Dios en su corazón. Habían sido tiempos de reformas importantes, pero de impacto sólo externo, pues el corazón de Judá seguía en la idolatría. Esto hacía difícil el ministerio de la predicación, pues el pueblo pensaba que estaba bien ante Dios. Al llamar a Jeremías el Señor le dijo que se ciñera y no tuviera temor; el pueblo pelearía contra él, pero Dios estaría con el profeta para librarlo (Jeremías 1.17-19).

Dificultades en el ministerio. Jeremías comenzó el ministerio de la predicación con los siguientes temas: La santidad primera de Israel; la infidelidad de Judá al dejar al Señor por los ídolos; el llamado al arrepentimiento; la desolación de la tierra por el rechazo del llamado divino; la impiedad de los poderosos, los males sociales; la vanidad de los ídolos; la cautividad de Judá por su apostasía y rebeldía. Después de estos lindos sermones los varones de Anathoth, el pueblo de Jeremías, una villa de sacerdotes, amenazaron de muerte al profeta.  

Los sentimientos del profeta. Después de que Jeremías recibió las amenazas de su familia, en lugar de apoyo, experimentó desaliento y deseos de dejar el ministerio; fue uno de varios momentos de desánimo que enfrentó el profeta. Jeremías ya había llorado mucho porque Dios le había revelado la muerte de muchos judíos a causa de su falta de arrepentimiento (Jeremías 9.1,2). Qué difícil era para los profetas recibir la visión de las cosas terribles que iban a acontecer. Fue en ese momento de prueba cuando el Señor desafió a Jeremías.

La aceptación del siguiente nivel. Jeremías aceptó el reto y continuó con el siguiente nivel de la carrera. Terminó bien la carrera con los de a pie, y siguió corriendo contra los de a caballo. En el siguiente nivel Jeremías enfrentó una terrible sequía; recibió la orden de no casarse; fue golpeado y puesto en cepo por el sacerdote; fue azotado; encarcelado; puesto en un pozo de lodo; encerrado en el patio de la cárcel; vio a mucha gente morir a filo de espada, de hambre y sed, fue testigo de todas las atrocidades de los caldeos al deportar a Judá a Babilonia. Sin embargo, Jeremías fue fiel profeta hasta el final. ¿Cómo lo logró? Fue el poder de Dios y su Palabra en su vida, así lo expresó Jeremías en los siguientes pasajes: Jeremías 20.7-9, Lamentaciones 3.22-26.

NUESTRO TESTIMONIO

El llamado del Señor. Dios también nos ha llamado a la vida eterna y a servirle en un ministerio. Y nos ha advertido que la ruta es difícil. Veamos algunos versículos en los que el Señor nos dice que no debemos esperar un camino fácil: Mateo 7.13,14; Mateo 10.16; Juan 16.33; 1 Pedro 5.8; Juan 15.18,19. Todos los creyentes en Cristo podemos constatar la verdad de las Palabras de nuestro Señor, pues enfrentamos diferentes adversidades.

Tiempos cada vez más difíciles. Hemos corrido con los de a pie. ¿Cómo nos estamos ahora?, ¿Estamos cansados? Dios nos dice que tiene preparada para nosotros una nueva carrera, pero será con los que van a caballo. La Palabra de Dios nos enseña que los tiempos y las pruebas serán más difíciles (Mateo 24.4-8). Es necesario que sea así porque los niveles más altos en nuestra carrera son un testimonio al mundo de la veracidad de Dios, cuando la gente ve nuestra fidelidad en medio de la adversidad, mira a Dios y su poder. Son un instrumento para nuestro desarrollo espiritual, las pruebas pulen la fe que el Señor nos ha dado y la hacen crecer. Son la comprobación de la verdad de la Palabra de Dios; el mundo nos aborrece porque aborrece a Dios; esto es triste, pero nos consuela que somos hijos de Dios y tenemos su amor eterno.

Dispuestos a los siguientes niveles. ¿Alguno ha pensado dejar la carrera? Dios nos llama a no cansarnos, aceptemos el reto porque no depende de nosotros, sino de la obra de Dios en nuestras vidas. Veamos algunos pasajes de las Escrituras: Mateo 1.23; Mateo 28.19,20; Juan 10.28; Filipenses 1.6; Efesios 5.25.27. Al decir sí a la siguiente carrera o al siguiente nivel, estamos confiando en la Obra perfecta del Señor en nosotros, estamos descansando en su Palabra, promesas y en sus perfecciones.

Hermanos:

Nuestro Señor Jesucristo nuestra Cabeza es la razón por la que no debemos huir de un siguiente nivel en nuestra carrera. Él corrió con los de a pie, con los de a caballo, y podemos decir que aun con los poderosos motorizados, y venció. Nuestro Salvador venció al pecado, la muerte y a todos sus enemigos, al resucitar y ascender al Padre celestial. Cristo nos da la victoria (1 Corintios 15.57,58).

La falta de resultados es algo que generalmente nos desanima en nuestra vida cristiana y en el ministerio. Claro que debemos buscar frutos de nuestro servicio al Señor, pero es Dios quien evalúa los resultados, y muchas veces lo hace de un modo distinto. Se podría decir que los 47 años de ministerio de Jeremías no tuvieron resultados buenos porque Judá fue deportado a Babilonia. Sin embargo, el ministerio del profeta sí tuvo sus frutos; de Babilonia regresó un pueblo que no volvió más a los ídolos. Judá tuvo que tocar fondo para ser restaurado por el Señor.

 Dejemos el resultado al Señor y sigamos fieles en esta carrera, el apóstol Pablo nos dice: Filipenses 3.12-14: No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fuí también alcanzado de Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante, Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.

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