Navidad en todos los días

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Lucas 2.6-20.

Los centros comerciales, oficinas, escuelas y otros lugares, ya lucen hermosos adornos de navidad. Pero tan pronto pase el 25 de diciembre notaremos que muchos de estos sitios retirarán la decoración y artículos navideños. En unos días nosotros también habremos de quitar el árbol y los motivos de navidad (no queremos decir que no debamos guardarlos). Sin embargo, la navidad no debe abandonar nuestros corazones; la navidad no es un asunto de un día, pues significa la presencia permanente del Señor Jesucristo en nuestro corazón, transformando nuestras vidas todo el tiempo. El pasaje del evangelio de Lucas 2 nos enseña algunos aspectos para vivir la navidad en todos los días de nuestra existencia.

HUMILDAD, 6-9.

6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir. 7 Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. 8 Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado. 9 Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.

En la primera navidad. Sabemos que José y María no eran ricos en dinero. Ellos pertenecían a la familia real de David, pero esta casa había sido olvidada. Al llegar a Belem no pudieron disponer de un alojamiento digno, aun el mesón fue inaccesible para ellos. Así, Jesús nació en un pesebre; no tuvo ropa ni una cuna real; su nacimiento fue anunciado a pastores, personas sencillas. Es notable que Dios el Padre quiso que su Hijo naciera en humildad.

Característica del Hijo de Dios.  Jesucristo vino en humildad porque es el Hijo de Dios y por lo tanto Dios mismo. El hecho de que Jesús naciera en un pesebre no lo hace menos Dios; y si hubiera nacido en una casa lujosa tampoco lo hubiera hecho más Dios. Por eso mismo cuando Jesucristo inició su ministerio terrenal nunca alardeo de su conocimiento, riqueza o poder. La presunción es la manifestación de lo que no se tiene. Jesús no tuvo que presumir, Él es Creador y Poseedor de todas las cosas.

Como esclavo. El Señor Jesús nació en humildad porque vino como Siervo de Dios. Como Esclavo para dar su vida en rescate por muchos. Él es el Siervo de Dios anunciado por el profeta Isaías (Isaías 52.13). El Hijo de Dios se humilló al encarnarse, pues siendo el Creador se hizo hombre (como su criatura). Como hombre se hizo esclavo; y se entregó a la vergonzosa y cruel muerte de cruz, para lavar nuestros pecados y darnos vida eterna.

En nuestro corazón. Si Jesús nuestro Señor y Salvador vino en humildad, nosotros también debemos ser humildes de corazón (Mateo 11.29,30). La humildad es necesaria para entrar y permanecer en el reino de Dios. Para entrar, porque la humildad nos lleva a reconocer nuestros pecados, nuestra miseria espiritual y la necesidad que tenemos de Jesús como nuestro único Salvador.  Humildad para permanecer, porque ella nos ayuda a reconocer que no es por nuestra suficiencia, capacidad o poder; sino por la gracia del Señor que perseveramos en la vida cristiana hasta que lleguemos a la presencia de Dios. La soberbia nos pone en competencia con Dios, por eso es algo terrible, el soberbio le está diciendo al Señor: “gracias por tu gracia, pero yo hice mi parte”.

Bendición. La humildad es parte del fruto de la presencia del Espíritu Santo en nuestro corazón (Gálatas 6.23). Es algo que sencillamente hemos recibido y debemos practicar todos los días. Recordemos que la humildad hace a nuestro corazón agradecido y bendecido, pues el Señor da gracia a los humildes, pero resiste a los soberbios (1 Pedro 5.5). La humildad es una bendición porque mantiene sana nuestras relaciones con Dios y nuestros prójimos.

ADORACIÓN, 10-14.

10 Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12 Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre. 13 Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían: 14 Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.

De los ángeles. El nacimiento de Jesucristo no fue el único anunciado por un ángel, el de Juan Bautista también fue proclamado por el ángel Gabriel (Lucas 1.19); pero sólo el Señor Jesús recibió la adoración de los ángeles en su nacimiento, porque es Dios encarnado, el Creador de todo, incluidos los ángeles. Los pastores tuvieron la maravillosa experiencia de escuchar al coro angelical.

Con mucha alegría. Jesucristo nuestro Dios y nuestro Salvador es digno de adoración por la eternidad. Debemos adorarle en reconocimiento y gratitud por habernos salvado de nuestros pecados y la condenación eterna por medio de su muerte y resurrección. Esta adoración debe ser con gran gozo, no de una manera mecánica, ni con un corazón malhumorado, pues el don de la salvación es maravilloso, implica: ser adoptados hijos de Dios, pertenecer a su familia; ser hechos herederos del Señor y coherederos de Cristo; tener asegurada morada en el reino de Dios y gozar de su presencia directa por la eternidad. ¡Gloria a Dios!

En culto a Dios. Aquella noche hubo un culto de navidad, tenemos el mensaje del ángel, el coro angelical y la alabanza de los pastores, ellos también adoraron a Dios. Así debemos dar culto al Señor siempre, no sólo en navidad o cuando tenemos actividades en la casa de Dios. Todos los días debemos apartar tiempo para: recibir el mensaje del Señor por medio de la lectura de su Palabra; disfrutar de la intimidad con Dios a través de la oración; y alabar a nuestro Dios con el canto de himnos, salmos y canciones espirituales (Colosenses 3.16). La adoración es una bendición porque fortalece mucho nuestra vida espiritual.

FE, 15-20.

15 Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado. 16 Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19 Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón. 20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.

En Dios y su Palabra. José y María fueron llamados para una gran misión, ser los padres terrenales del Señor Jesús, el Hijo de Dios. Pero las circunstancias en que recibieron a Jesús en sus brazos, llaman nuestra atención: no tenían dinero, no hubo lugar en el mesón y no tenían ropa apropiada para el Bebé pues le envolvieron en pañales. Es posible que José y María se preguntaran: ¿por qué Dios permite que su Hijo venga al mundo con esas incomodidades?

Si ellos tuvieron algún grado de duda producida por la situación en que se encontraban, Dios avivó en sus corazones la llama de la fe en Él. La visita de los pastores quienes les contaron acerca del mensaje del ángel y del coro angelical; confirmó la Palabra de Dios dada al joven matrimonio. Por eso María guardó todo esto en su corazón. Nada estaba fuera de lugar, ni era una contingencia, Dios preparó todas estas circunstancias para el nacimiento del Señor Jesús, para anunciar la misión salvadora del Señor Jesús. Siempre debemos confiar en Dios y su Palabra.

En situaciones difíciles. De la misma manera que José y María, nosotros enfrentamos pruebas al desempeñar el ministerio que Dios nos ha encargado, y nos preguntamos del por qué o para qué de estas dificultades; son oportunidades para tener fe en el Señor, para confiar en Él. La fe necesita un campo de ejercicio. Si Dios nos manda a un ministerio y concede muchos recursos económicos, buena salud y frutos abundantes; no tendríamos oportunidad de aplicar la fe que nos ha dado el Espíritu Santo. Si enfrentamos situaciones difíciles, pero somos fieles en el ministerio, damos testimonio de fe verdadera en Dios y sus promesas. Creer en el Señor aun cuando las cosas no van bien, es un testimonio que impactará a otros para que confíen sólo en el Señor.

Para obedecer. José y María creyeron en el Señor, por eso fueron obedientes al ministerio que Dios les dio y cuidaron bien de Jesús. Lo alimentaron, abrigaron, le enseñaron a caminar, a leer, a realizar un oficio y especialmente le instruyeron en las Santas Escrituras. La evidencia de su buen ministerio la vemos cuando el Señor Jesús se quedó en Jerusalem y los doctores se pasmaron de su entendimiento (Lucas 2.47). Tener fe en Dios es obedecer su Palabra. Todos los días debemos practicar fe en el Señor por medio de la obediencia a todo lo que Él nos pide, esto implica llevar a cabo con responsabilidad el ministerio o misión que Dios nos ha dado. La fe que el Espíritu Santo nos ha dado no perecerá jamás, pero si no obedecemos a las Santas Escrituras o no la aplicamos en servicio a nuestros prójimos, no crecerá. Seamos siervos obedientes todos los días de manera que el mundo sea testigo de la fe que tenemos en nuestro Dios.

ESTIMADO LECTOR:

Navidad significa que el Señor Jesús vino al mundo para salvarnos de nuestros pecados. La salvación en Cristo es un presente para toda la eternidad. Por ello Jesucristo también es Emmanuel, es decir, Dios con nosotros por siempre (Mateo 1.23).

Los redimidos por Cristo tenemos la bendición de su presencia permanente en nuestra vida que nos alimenta, protege, guía y sostiene. Por eso decimos que navidad es un motivo de gozo en todos los días del año. Podemos guardar los motivos navideños, pero debemos conservar la humildad de corazón, adoración con gozo a Dios y fe en obediencia al Señor todos los días.

Si usted aun no es salvo, apártese de sus pecados y crea en Cristo como su Salvador, pídale que le lave de todas sus maldades. Que el Señor le bendiga en esta nueva vida.

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