Siervos del Señor

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13 Vosotros me llamáis, Maestro, y, Señor: y decís bien; porque lo soy. 

14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros. 

15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

Al llevar a cabo una fiesta, no esperamos que la persona que deseamos complacer haga las compras, limpie la casa o lave los trastes. Pero, ¿qué pasaría si el Señor Jesucristo viniera a nuestra casa porque queremos agasajarlo? Él tomaría la escoba y ayudaría en la limpieza; pediría que le dejemos algunos trastes para lavar. ¿Cómo lo sabemos? Porque en la fiesta de la pascua Él tomó los artículos necesarios y lavó los pies de sus discípulos. Así, nos dejó ejemplo para que todos los cristianos seamos siervos del Señor.

NUESTRO DIOS, 13.

El Maestro. Jesucristo es el Maestro, con “M” y no con “m”, porque es infinito en su conocimiento. Como Dios Jesús sabe todas las cosas, es Omnisciente. Su sabiduría se refleja en sus enseñanzas por parábolas; en sus respuestas a preguntas “difíciles” que le hicieron sus enemigos, como cuando los herodianos le preguntaron si era lícito dar el tributo al Cesar, y nuestro Redentor respondió: “Pues dad a César lo que es de César; y lo que es de Dios, a Dios” (Lucas 20.25).

El reconocimiento de los discípulos. Aquellos varones llamaban a Cristo, Señor, este no era sólo un título de respeto, sino la admisión de la divinidad de Jesucristo. Señor es otro nombre del Dios Vivo y Verdadero. Jesús dijo ser Dios, y sus milagros, su carácter perfecto, sus profecías cumplidas (por ejemplo, la destrucción del templo de Jerusalem), son evidencia de su naturaleza divina.

No hay opción Jesucristo es Dios. Algunos dicen que Jesús fue un loco como muchos que han declarado ser Dios, pero sus enseñanzas llenas de sabiduría no corresponden a las palabras de un demente. Otros explican que Jesús es un gran Maestro, pero no es Dios. Sin embargo, si Jesucristo es un excelente Maestro y afirma ser Dios, es porque lo es; de lo contrario no puede ser un gran Maestro, pues estaría mintiendo. Jesús es Dios, y no debemos pasarlo por alto, si bien Él nos da confianza, no debemos olvidar que Jesucristo es la segunda Persona de la Divinidad, por lo que debemos ser reverentes, humildes y obedientes a Él.

QUIEN VINO COMO SIERVO, 14.

En humildad. Nuestro Redentor, siendo Dios, se hizo hombre, se encarnó, esto es un acto de humillación porque Dios tomó la forma de su criatura. Además, como hombre se hizo esclavo, por ello en la cena pascual lavó los pies de sus discípulos, este era el oficio de los esclavos. La humildad es una cualidad de los sabios, el orgullo pertenece a los necios. Nada puede arrebatar a Jesús su divinidad por eso se humilló como esclavo. Nosotros como creyentes en Cristo debemos ser humildes para ser esclavos del Señor. Si somos soberbios estaremos demostrando que no somos hijos del Rey, o que no estamos seguros de nuestra identidad como hijos de Dios, y por eso necesitamos de la presunción para sentirnos bien.

Para morir de manera cruenta. Como esclavo Jesucristo se entregó a la crucifixión, una muerte muy dolorosa y vergonzosa. Fue vendido a precio de esclavo, Judas recibió 30 monedas de plata. Fue tratado por los judíos y los romanos como un esclavo, pues no se le realizó un juicio, sino una serie de farsas de juicios, que le condenaron a muerte siendo inocente de toda culpa. Nuestro Maestro y Dios, se humilló hasta lo más bajo.

Para lavar todos “nuestros” pecados. Mientras celebraban la cena de la pascua, el Señor Jesús lavó los pies de sus discípulos, no sus manos, tampoco sus rostros. El mensaje de este acto es que Cristo vino para lavar todos nuestros pecados, incluidos los más vergonzosos y agravantes que hemos cometido. Así como lavó los pies sudorosos, malolientes y polvorosos de los discípulos, la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. Para esto nuestro Redentor se humilló.

SEGUIDORES DE SU EJEMPLO, 15.

Jesús vino para servir. El Señor rompió el protocolo de la pascua para ocuparse del oficio de los esclavos, esto fue un testimonio de que él es el siervo o esclavo de Dios, es el cumplimiento de la profecía de Isaías, quien anunció al Mesías como el Siervo de Dios (Isaías 52.13-53.12). Por esto mismo Jesús dijo que no vino para ser servido, sino para servir (Mateo 20.28). Aun cuando el Hijo de Dios ya nos salvó al pagar nuestros pecados con su muerte y resurrección, nos sigue sirviendo, Él intercede por nosotros ante el Padre celestial (Romanos 8.34); y es nuestra Cabeza como iglesia, es decir nos dirige siempre (Efesios 5.23).

Somos esclavos de Dios. Si nuestro Señor Jesucristo es el Siervo de Dios, con mayor razón nosotros somos esclavos de Dios, pues fuimos comprados con la sangre de Cristo (1 Corintios 6.20). Es nuestro deber seguir el ejemplo de nuestro Maestro y ser siervos humildes los unos de los otros. No olvidemos que somos siervos-esclavos, de manera que en todo lo que hagamos por la iglesia del Señor, no debemos esperar una remuneración, reconocimiento, ni mucho menos gloria de los hermanos. La recompensa la dará nuestro Dios a su tiempo.

Todos los redimidos. Todos los creyentes, los cristianos debemos ser siervos fieles. Pero, ¿qué tal si unos oran, otros leen, otros predican o cantan, y otros son los que sirven en la limpieza o en la atención de las necesidades de la iglesia? Entonces dejaríamos de ser siervos para convertirnos en artistas. Cristo nos llamó para ser siervos, todos debemos cantar, orar, adorar, y todos debemos servir; claro, conforme a nuestros dones y posibilidades; pero nadie debe sólo ser un espectador.

HERMANOS:

Debemos ser siervos del Señor en amor y gratitud por habernos salvado de nuestros pecados y la muerte eterna.

El camino del siervo no es fácil, en particular porque es criticado. Sin embargo, no debemos permitir que las críticas nos afecten porque casi siempre vienen de quienes no sirven y no saben de lo que hablan.

Seamos siervos fieles pues nuestro Maestro y Señor nos dice:

No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado (Gálatas 6.9).

Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor (Mateo 25.23).

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