La providencia de nuestro Dios

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De la serie “Yo y mi casa serviremos a Jehová”

Josué 21 y 22

La obra de providencia de Dios significa que el Señor además de crear todas las cosas de la nada, las gobierna y cuida todo el tiempo. El universo no es como un reloj al que Dios da cuerda y deja trabajar solo. En el estudio de hoy veremos cómo en su providencia el Señor dio mantenimiento a los levitas; y libró a los guerreros de las tribus del oriente del Jordán de ser destruidos.

EN LA REPARTICIÓN DE LAS CIUDADES LEVÍTICAS, Josué 21.  

Para los sacerdotes. Leví (unido) tuvo tres hijos: Gersón, Coath y Merari (Génesis 46.11). Aarón y Moisés eran descendientes de Coath (Éxodo 6.16-20). Dios escogió a Aarón y a sus hijos para ser sus sacerdotes. Todos los varones descendientes de Aarón tenían el derecho de ser sacerdotes, con excepción de quienes tuvieran alguna falta física (Levítico 21.16-24); debido a que los sacerdotes fueron tipos (imágenes, figuras) de Cristo quien es perfecto (1 Pedro 1.19).

 Los sacerdotes eran “mediadores” entre Dios y los hombres por medio de los sacrificios que realizaban los cuales simbolizaron a Cristo quien es nuestro verdadero Mediador. Tres eran sus funciones principales relacionadas con el culto: 1. El servicio en el santuario: celebrar de forma correcta los sacrificios, preparar el aceite de la luminaria, elaborar y ofrecer el perfume, elaborar el aceite de la unción y el mantenimiento del recinto (Números 4.16). 2. La enseñanza de la Ley de Dios al pueblo (Deuteronomio 31.9-13; 33.10). 3. Consultar a Jehová por el pueblo por medio del efod (1 Samuel 23.9), el Urim-luces y Thummim-perfecciones (pectoral) (Éxodo 28.13). Tiempo después el rey David organizó a los hijos de Aarón en 24 órdenes (1 Crónicas 24.1-19) para una mejor distribución del servicio.

 Para los levitas. Se llama levitas a los hijos de Coath que no pertenecían a la familia de Aarón y a los descendientes de Gersón y Merari; ellos fueron consagrados para ser ayudantes de los sacerdotes. Los levitas tuvieron la responsabilidad de desarmar, transportar y armar el Tabernáculo cada vez que el pueblo de Israel avanzaba y asentaba en donde Dios les indicaba. Los levitas eran los encargados de cuidar del Tabernáculo y sus objetos de la manera siguiente: Los hijos de Gersón: Todas las cortinas, las cubiertas del Tabernáculo y del atrio, así como sus cuerdas, salvo el velo que envolvía el arca (Números 3.25,26). Los hijos de Coath, las cosas más sagradas, el arca, la mesa del pan, el candelero, los altares, los vasos, el velo (Números 3.31). Los hijos de Merari, las tablas, sus barras, columnas sus basas, estacas y cuerdas (Números 3.36-37). Los Coathitas tenían que esperar a que los sacerdotes cubrieran el santuario y sus vasos, así como las cosas del lugar santísimo, de manera que no murieran por tocar o ver las cosas santas (Números 4.15-20).

Los levitas también tenían la responsabilidad de poner sus tiendas junto al Tabernáculo, para protegerlo de profanación y librar al pueblo del castigo divino. Las familias de Gersón debían acampar al occidente; las familias de los hijos de Coath al sur; las familias de Merari al norte; Moisés, Aarón y sus hijos al oriente a la entrada del Tabernáculo.

Los levitas fueron consagrados para toda la vida, no podían renunciar a este privilegio. Sin embargo, como el servicio en el Tabernáculo requería de fuerza, Dios en su amor estableció que el tiempo de servicio activo fuera de los 25 a los 50 años (Números 8.24-26). Después de los 50 años los levitas servían como supervisores. En Números 4 se dice que la edad para iniciar en el servicio era a los 30 años. Estos 5 años de diferencia nos indica que los levitas recibían durante este tiempo una preparación especializada.

La tribu de Leví no recibió heredad en la tierra prometida como las demás tribus, fue una determinación práctica. La tribu de Leví era la más pequeña, el número total de un mes arriba era de 22 000, eran pocos en comparación con las demás tribus, por ejemplo, de 20 años en adelante la Tribu de Manasés tenía 32 200 varones, y la de Judá 74 600. El ministerio levítico era tan demandante que no tendrían tiempo de cultivar ni de cuidar la tierra, de manera que no recibieron heredad. Sin embargo, el Señor les proveyó de todo lo que necesitaron:

  1. Les asignó 48 ciudades con sus ejidos para que vivieran y tuvieran tierra suficiente para cuidar de sus animales (Números 35.1-8). De estas villas, 6 fueron de refugio, y 13 para los sacerdotes.
  2. Estableció que el pueblo de Israel diera los diezmos a los levitas para su manutención. Dios también indicó que los levitas dieran a los sacerdotes el diezmo de los diezmos que recibían. De esta manera Dios cuidó la vida de sus siervos (Números 18).
  3. A Aarón y a sus hijos les asignó los primeros frutos de todo lo que el pueblo de Israel cultivaba. De igual manera el Señor les dio los primogénitos de los hijos los animales limpios. Los sacerdotes también recibieron los 5 ciclos de plata que el pueblo de Israel daba para redimir los primogénitos de los hombres y los primogénitos de los animales impuros.
  4.  Además, el Señor dio a los sacerdotes la carne de algunas ofrendas, lo mejor de los animales, el pecho y la espaldilla derecha.

En nuestro pasaje de Josué 21 vemos el momento en que se cumplió el mandamiento divino de dar 48 ciudades a la tribu de Leví. Llama nuestra atención el que este asunto se dejó al final, y que fueron los mismos padres de los levitas quienes se acercaron al sacerdote Eleazar, a Josué y a los padres de las tribus de Israel, en Silo, para pedir que les fueran dadas las ciudades prometidas por Dios. de lo que los israelitas recibieron dieron a los levitas. Esto nos enseña que la iglesia tiene el privilegio de compartir con los siervos del Señor las bendiciones que Dios le provee; al hacerlo con amor tendrá recompensa, y los servidores del Señor contarán con lo necesario atender la obra de Dios (Marcos 9.41, Filipenses 4.15-20).

EN EL ASUNTO DEL ALTAR DE TESTIMONIO, Josué 22.

Construido por los guerreros de las tribus de oriente. Una vez conquistada la tierra de occidente, Josué llamó a los Rubenitas, Gaditas y a la media tribu de Manasés, les exhortó a ser diligentes en obedecer los mandamientos de Dios, les bendijo y envió a la tierra que el Señor les dio por medio de Moisés al oriente del río Jordán. Antes de cruzar el río estos guerreros construyeron un altar que sirviera de memorial o testimonio de unidad entre las tribus de Israel que vivían al oriente y occidente del Jordán; así como de pertenencia y fidelidad a Jehová. En nuestros tiempos es bueno tener un texto de la Palabra de Dios que nos recuerde las promesas divinas, así como las cosas que nosotros hemos ofrecido al Señor.

 Investigado por el sacerdote y los príncipes de Israel. Una vez que la noticia del altar testimonial llegó a los israelitas, se juntaron en Silo para pelear contra Rubén, Gad y Manasés. Pero antes de tener el enfrentamiento, Dios obró su providencia, para que el sacerdote Phinees y diez príncipes de Israel investigarán este asunto. Rubén, Gad y Manasés les explicaron que no construyeron un altar de holocaustos para apartarse de Jehová, sino que era un altar para testimonio, de manera que el futuro ellos no fueran desconocidos. Esta información fue satisfactoria para el sacerdote y los príncipes, quienes quedaron contentos. La Palabra de Dios nos da una lección muy importante, antes de proceder contra alguien, primero debemos investigar, pues si hacemos caso a lo que oímos podemos cometer una injusticia, ya que muchas veces se trata de malos entendidos o chismes.

 Para salvación de dos tribus y media. Phinees y los príncipes dieron a conocer al resto de Israel el resultado de su investigación, y en lugar de salir a pelear contra Rubén, Gad y la media tribu de Manasés, bendijeron a Dios. El Señor en su fidelidad no permitió que estas tribus fueran exterminadas. Para conmemorar esto aquel altar fue nombrado “Ed” que significa testimonio, fue el testimonio de que Jehová es Dios.  Una evidencia de la existencia y realidad de nuestro Dios, es que Él siempre libra a su pueblo de ser destruido. Así lo prometió el Señor por medio del profeta Isaías (Isaías 43.1-7); y nuestro Señor Jesucristo dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra su iglesia (Mateo 16.18). Nuestra vida está a salvo en Dios, confiemos en Él siempre.

Hermanos:

Dios dirige a su creación y en especial a su iglesia. Por eso la Palabra de Dios nos dice que Cristo es nuestra Cabeza (Colosenses 1.18).

Ya que nuestro Redentor lleva a cabo su obra de providencia de manera fiel debemos evitar:

  • Ponernos como cabeza, es decir tratar de dirigir en lugar del Señor.
  • Tratar de ayudar a Dios, Él no necesita que le demos una mano.
  • Desesperarnos en las necesidades, debemos confiar y depender del Señor, Él ya tiene contempladas todas las cosas.
  • Tener temor. El miedo nos invade cuando pasamos por pruebas, pero nuestro Redentor nos pide no temer, pues nadie podrá destruir a su pueblo escogido.

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