Caminando al cielo

1523302_891168564274446_5635969701169950678_o.jpg

Génesis 12.1,2.  EMPERO Jehová había dicho á Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré; Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Génesis es un libro que nos narra historias maravillosas, por ejemplo, la historia de la Obra de Dios en la vida de Abraham, quien caminó con el Señor, y llegó a su gloriosa presencia.

RECONOCER NUESTROS PECADOS Y APARTARNOS DE ELLOS (GEN. 11. 31,32).

Abram y su familia salieron de Ur de los caldeos, en la antigua Mesopotamia. Ellos dejaron esta gran ciudad de muchas comodidades, porque estaba llena de pecados, entre ellos la idolatría. Esto no significa que para ir al cielo, nosotros debamos dejar las ciudades, y vivir en un lugar apartado de la civilización. Los que se aíslan con la idea de no contaminarse, también cometen pecados.

Ya sea que vivamos en las ciudades o en el campo, todos los hombres somos pecadores, porque hemos quebrantado la ley de Dios, con nuestros pensamientos, palabras y acciones; esto es grave porque la Biblia nos dice que la paga del pecado es muerte, es decir la separación nuestra de Dios (Romanos 6.23).

El hecho de que Abram y su familia dejaran Ur de los caldeos, es un indicativo de que reconocieron la maldad que había en la ciudad y en sus propias vidas; y que estaban dispuestos a apartarse de sus pecados. Para ir al cielo es necesario reconocer que somos pecadores y que merecemos ir al tormento eterno; también se requiere pedir perdón a Dios contra quien hemos pecado, y apartarnos de nuestras iniquidades. A esto la Biblia le llama arrepentimiento.

CREER EN CRISTO COMO NUESTRO SALVADOR (1-4).

Un camino difícil. Abram se encontraba en Harán, cuando Dios le mandó que continuara su viaje hasta Canaán. El camino era difícil, tenían que cruzar montañas y valles peligrosos. De la misma manera el camino al cielo no es fácil. La Palabra de Dios dice que las puertas del cielo son de perlas, lo cual nos indica que se llega al reino de Dios por una vía angosta y difícil, ya que las perlas son formadas en las ostras con dolor.

Por fe Abram obedeció a Dios y llegó a la tierra de Canaán. Dios le pidió a Abram que dejara su tierra y su parentela; y prometió darle una simiente que sería bendición a las naciones de la tierra; así como un lugar para vivir. Abram le creyó a Dios todas sus palabras, por eso obedeció y se trasladó a donde el Señor le dirigió. Fue un acto de verdadera fe, pues Abram y su esposa ya eran avanzados de edad como para tener hijos; y no conocían la tierra que el Señor les prometió.

Para ir a la presencia del Señor es indispensable tener fe, es decir, creer en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Jesús es el único camino al cielo, porque solamente él pagó lo que merecemos por nuestros pecados; lo hizo al sufrir y morir en la cruz del Calvario, en nuestro lugar. Además, el Señor Jesús también resucitó, y fue al cielo a preparar las moradas de todos los que crean en él. (Juan 14.1-6)

LLEVAR A NUESTRA FAMILIA (5).

Abram no marchó solo hacia tierra de Canaán. Llevó consigo a su esposa, a su sobrino e incluso a sus siervos. Eran 600 kilómetros aproximadamente entre montañas, desiertos, y lugares peligrosos, pero nada de esto impidió a Abram marchar con su familia. La salvación es personal e intransferible; pero podemos compartir el mensaje de salvación por medio del arrepentimiento de pecados y fe en Jesucristo, a nuestra familia y amigos.

La promesa de Dios es que si creemos en Cristo seremos salvos nosotros y nuestra casa, (Hechos 16.31). Esto significa que cuando somos salvos en Cristo, nos convertimos en un medio para que primeramente nuestra familia conozca a Jesucristo, crean en él como su Salvador, y así tengan la vida eterna en el cielo. Por eso es importante enseñarles el mensaje de Dios, y dar buen testimonio.

No es fácil. Pues nuestros familiares que aún no creen en Jesús, se burlan de nosotros, nos desprecian, y hasta nos maltratan. Pero debemos recordar que nuestra responsabilidad es predicarles con la Palabra de Dios y con nuestro buen ejemplo. Dios se encargará de tocar sus corazones para salvarlos; así como lo hizo con nosotros.

ESTIMADO LECTOR: Dios cambió el nombre de Abram, por Abraham. Porque el Señor cumplió su promesa. Dio a Abraham, una simiente numerosa, que es bendición a todas las naciones, porque de ella vino nuestro Señor Jesucristo, en la carne. También les dio una tierra que fluye leche y miel, la tierra de Israel. Además, Abraham fue a la presencia de Dios, y su familia también. Por eso Dios se presenta como el Dios, de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de vivos y no de muertos.  Que Dios nos bendiga para que también lleguemos ante su presencia, y no solos, sino que también sean salvos nuestros familiares, amigos y compañeros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: