La salvación es por gracia

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EFESIOS 2.1-9.

Gracia del griego “caris” es el don o regalo que se da a quien no lo merece. Al celebrar los 500 años de la reforma del siglo XVI, es oportuno recordar que de acuerdo a la enseñanza de la Palabra de Dios “la salvación es por gracia”.

PORQUE ES UN DON QUE NO MERECEMOS, Efesios 2.1-3.

Porque somos pecadores. San Pablo nos recuerda que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. La Escritura nos recuerda que todos nosotros anduvimos conforme a la condición de este mundo sumido en el pecado; conforme al príncipe de la potestad del aire, el Diablo quien es el autor del pecado. Pecado es la desobediencia a la ley de Dios. El pecado es destructivo, causa muerte física y espiritual, separa de Dios, produce enfermedad, sufrimiento, miseria, dolor, tristeza y lágrimas. ¿Qué merecíamos por ser pecadores?

 Merecíamos el tormento eterno. La Palabra de Dios nos dice que éramos hijos de ira, bajo la ira del Todopoderoso. El Señor aborrece el pecado por todo lo que genera. Por ello, en su justicia perfecta, Dios creó un lugar de castigo para los ángeles caídos, un lago de fuego y azufre (Mt. 25.41). Este sitio es para la eternidad y no hay salida de allí. Este lago de fuego y azufre también es el lugar para los hombres pecadores. Esto es lo que nosotros merecíamos por ser pecadores; sin embargo, Dios nos salvó en Cristo, y como es evidente lo hizo por gracia.

 Ejemplos en la Palabra de Dios.

 Hubo un pueblo idolatra, que practicó la homosexualidad y la prostitución como parte de su culto. Sacrificó niños. Tuvo relaciones sexuales con animales. Vivió de la rapiña. Sin embargo, Dios los salvó por gracia, les dio un don que no merecían. Fueron los Gabaonitas.

Un hombre vendió a su hermano menor, aun cuando con lágrimas le rogó que no lo hiciera. Engañó a su padre al decirle que su hijo había muerto y no le importó verlo sufrir. Tuvo relaciones sexuales con la viuda de su hijo y engendró familia. Pero Dios lo salvó por gracia. Estamos hablando de Judá.

Un fariseo consintió en la muerte de un gran siervo de Dios. Fue perseguidor de la iglesia de Cristo, maltrató, sacó de sus casas y encarceló a varios hermanos. Sin embargo, Dios lo salvó por gracia.  Es el apóstol Pablo. ¿Cuál es nuestra historia?

POR LA MISERICORDIA DE DIOS, Efesios 2.4-7.

Con la cual nos amó. Mientras que los hombres somos miserables, no tenemos nada que ofrecer a Dios para la salvación de nuestra vida, Dios es rico en todos los aspectos, es rico en misericordia. ¿Por qué salva por gracia, por qué nos dio este don que ni merecíamos? Porque nos amó con mucho amor. El apóstol Pablo también nos explica en el capítulo 1 de esta carta que la gracia de Dios es libre, el Señor la otorga porque así lo dispuso en su sola voluntad, sin condiciones y de manera proactiva, por ello el apóstol Juan dice: “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero” (1 J. 4.19). El amor de Dios tiene las características de ser incondicional y con iniciativa.

 Nos dio una posición. Estamos hablando de la salvación, pero, ¿qué significa esto? La Palabra de Dios nos enseña que salvación es ser lavados de nuestros pecados y librados de la muerte eterna por medio de la obra redentora de Cristo. Al salvarnos Dios nos da vida y también una nueva posición o condición, por eso la Escritura dice: “Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Juan 1.12). Los salvos ya no somos hijos de ira, sino hijos de Dios. Los redimidos somos personas en las que Él renueva su imagen, somos santos, es decir, apartados del mundo. La salvación no es sólo un pase al cielo, es un lugar en familia de Dios.

Nos dio un lugar. San Pablo también nos dice que Dios nos hizo sentar en los cielos. La Salvación por gracia implica recibir morada en la casa de nuestro Padre celestial. En donde gozaremos de su presencia de forma plena, entonces no necesitaremos nada más. Es importante puntualizar que estaremos en el reino celestial como hijos de Dios, no como inquilinos, ajenos o extranjeros. Por eso la Escritura dice que somos herederos de Dios y coherederos de Cristo (Romanos 8.17).

En Cristo. Pr. 17.15, el que da por inocente al impío es abominación a Jehová, ¿cómo entonces el Señor salva al que no lo merece? Porque Dios concede gracia por medio de la obra redentora de Cristo. Jesucristo cumplió la ley de Dios a favor de los escogidos, llevó sobre sí todos sus pecados y los pagó con sus sufrimientos, muerte en la cruz y resurrección. La ley de Dios nunca queda abrogada. La salvación por gracia está fundada en Cristo y en la misericordia de Dios.

 PARA QUE LA GLORIA SEA DE DIOS, Efesios 2.8.9.

Porque no es por nuestras obras. Los hombres tienen la idea de ser salvos con sus propios recursos, de salvarse a sí mismos (Lc. 10.25). Tal cosa es imposible por varias razones: 1. Nuestras mejores obras o justicias están manchadas de pecado y no son aceptables a Dios (Is. 64.6). 2. No podemos pagar a Dios por nuestra salvación, porque nada nos pertenece, todo es de Dios (Ro. 11.36). 3. Las obras no pueden lavar pecados, sólo la sangre de Cristo (1 Jn. 1.7).

Porque la salvación es una obra sólo de Dios. En la obra de salvación el hombre es completamente pasivo, se limita a recibir el regalo de la salvación, no hace nada porque no puede. El Espíritu Santo regenera el corazón, mueve al arrepentimiento, da el don de la fe en Cristo, justifica, adopta, santifica y glorifica. Todo lo hace el Señor.

Para dar la gloria al Señor. La soberbia es un pecado común en los cristianos. Este pecado significa que olvidamos que lo que somos es sólo por la gracia de Dios (1 Co. 15.10). Esta doctrina debe hacernos humildes para dar la gloria al Señor, pues sólo Él es digno de recibirla. La soberbia es dañina, afecta nuestra relación con Dios y nos sepa de los que nos rodean, ¿quién se agrada de los soberbios? (1 P. 5.5).

HERMANOS: Demos gracias a Dios que la salvación es por gracia, de otra manera no podríamos disfrutar de la bendición de la vida eterna. Tengamos cuidado para no enseñar salvación por obras, por ejemplo, cuando decimos: “Ve al templo, lee la Biblia, pórtate bien, para que seas salvo”. La salvación es por gracia.

La salvación por gracia nos motiva dar gracias a Dios por medio de la práctica de buenas obras, las cuales Él ya preparó para que andemos en ellas. No para ser salvos, sino como evidencia de que somos la nueva creación del Señor.

También nos mueve a la unidad, somos un solo pueblo, una sola iglesia. La unidad es útil para ser un edificio que crece para ser un templo santo en el Señor.

Que nuestras vidas sean para la gloria de Dios.

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