El Señor nuestro resguardo

“EL SEÑOR NUESTRO RESGUARDO”

DE LA SERIE “YO Y MI CASA SERVIREMOS A JEHOVÁ”

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“Habla a los hijos de Israel, diciendo: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por Moisés” Josué 20.2.

Josué 19 y 20.

Una de nuestras principales necesidades es la de un lugar para resguardarnos, por ello el apóstol Pablo dijo: “así que, teniendo sustento y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto”, 1 Timoteo 6.8. Tener una casa o lugar para vivir es un motivo de gratitud a Dios.

El libro de Josué en sus capítulos 19 y 20 nos enseña cómo se repartió la tierra prometida al resto de Israel, y el momento en que se escogieron las ciudades de refugio que simbolizaron a Jesucristo quien es nuestro resguardo eterno. Analicemos este hermoso pasaje de la Palabra de Dios.

REPARTIÓ LA TIERRA AL RESTO DE ISRAEL, 19.

Seis tribus más. Ya habían recibido su heredad las tribus de Rubén, Gad, Manasés, Judá, Efraim y Benjamín. Ahora a las tribus de Simeón, Zabulón, Issachar, Aser, Nephtalí y Dan, les correspondió recibir su tierra, seis tribus restantes. De esta manera el Señor acabó de repartir la tierra a su pueblo escogido. Es interesante ver que la porción de Simeón fue tomada de la heredad de Judá, ya que era abundante. Uno de nuestros deberes es compartir con nuestros semejantes las copiosas bendiciones que el Señor nos da, mayormente a los domésticos de la fe, Gálatas 6.10. Debemos dar de gracia lo que por la gracia de Dios hemos recibido; si lo hacemos con amor, el Señor nos dará recompensa, Eclesiastés 11.1,2; Mateo 10.42.

 La conquista de Lesem. La tribu de Dan recibió su heredad de la parte central hasta las costas del mar mediterráneo, pero su porción no era suficiente para su población. Por lo tanto, el Señor guio y prosperó a Dan en la conquista de la ciudad de Lesem también conocida como Lais, al norte de la tierra prometida. Así Dan tuvo tierra en dos regiones. El Señor prometió a Josué prosperarle si se esforzaba y era valiente para tomar la tierra y repartirla, y ahora Dios cumplía su Palabra en el esfuerzo de Dan para conquistar más tierra. Nosotros también debemos esforzarnos en cumplir nuestras responsabilidades en la familia, iglesia y trabajo, el Señor prosperará todo esfuerzo que realicemos, de manera que su Nombre sea glorificado en nuestras vidas.

La porción a Josué. Josué no fue perfecto, vimos en otros estudios que él falló al no consultar a Dios en algunas ocasiones. Sin embargo, Josué fiel en el servicio al Señor y cumplió la tarea que le fue asignada. En gratitud los hijos de Israel guiados por la Palabra de Dios, dieron a Josué la ciudad de Timnath-sera en la heredad de Efraim, la tribu a la que él pertenecía. Las Santas Escrituras nos enseñan que Dios no es injusto para olvidar la obra y el trabajo que hacemos para ayudar a su pueblo, Hebreos 6.10; esto nos motiva a servir con fidelidad. Por otra parte, es importante seguir el ejemplo de los hijos de Israel, debemos agradecer y honrar a nuestros hermanos que son fieles siervos de Dios, de esta manera los motivaremos a perseverar en sus ministerios, 1 Tesalonicenses 5.12.

 TIPIFICADO EN LAS CIUDADES DE REFUGIO, 20.

 Para el homicida por accidente. Al realizar las actividades cotidianas, por accidente algunas personas llegan a quitar la vida de su prójimo. Nosotros sabemos que la muerte es un acto soberano de Dios, y que los accidentes son medios que Él usa para llamar a algunas vidas, lo tanto no debemos guardar enojo en contra de quienes ocasionan un accidente, ni vengarnos de ellos. Desde luego que esto no significa que estas personas no tengan una responsabilidad que cumplir ante la ley.

Dios estableció en su Palabra que se escogieran ciudades de refugio para los que mataban de manera accidental. Una vez que los ancianos de estas ciudades llegaban al veredicto de que en verdad el que buscaba refugio había matado sin tener la intensión de hacerlo, le recibían y nadie podía hacerle daño. Estas ciudades protegían al que pasaba por la difícil situación de haber cometido un accidente mortal; ya que la familia del fallecido, movida por la carne, podía tener sentimientos de venganza y cometer una injusticia.

 Seis en cada lado del Jordán. Por indicación del Señor, el pueblo de Israel señaló tres ciudades de refugio al lado occidental del río Jordán, y tres en el lado oriental, Números 35.6-34. Estas ciudades estaban bien distribuidas en la tierra prometida, de manera que fueron accesibles a todo aquel que necesitara de ellas. Las ciudades de refugio se tomaron de las villas que fueron dadas a los levitas, recordemos que los israelitas dieron a Leví 48 ciudades. Todas las cosas que el Señor ha dispuesto para sus hijos, las ha colocado de forma que sean accesibles para nosotros, por lo tanto, no hay razón para no disfrutar de ellas. Por ejemplo, su Palabra, la puso por escrito y en nuestro idioma para que seamos edificados por ella todos los días.

Cristo nuestro refugio eterno. Las ciudades de refugio fueron un símbolo o tipo de Cristo. Veamos cómo: 1. Las ciudades de refugio fueron establecidas por Dios. Cristo nos fue dado por el Padre. 2. Las ciudades de refugio salvaban la vida de los que podían morir a manos de la familia del fallecido. Cristo nos salvó de morir por nuestros pecados, es decir nos libró de pasar la eternidad separados de Dios. 3. Una vez que el sumo sacerdote moría, el refugiado podía dejar la ciudad y nadie le debía hacer daño. Jesucristo pagó nuestros pecados con su muerte y resurrección, por lo tanto, el pecado y la muerte ya no tienen potestad sobre nuestra vida, no pueden arrebatarnos la salvación que tenemos en el Hijo de Dios. Por lo tanto, el Señor Jesucristo es nuestro verdadero y eterno Refugio.

 HERMANOS:

Si el que se resguardaba en alguna de las seis villas de refugio, salía de la ciudad, mientras estuviera fuera, podía ser asesinado por algún vengador sin que éste tuviera alguna culpa; ya que el refugiado habría despreciado la protección del Señor.

Esto tiene una enseñanza práctica, si nuestra vida ya está protegida por Jesucristo, no nos alejemos de Él. Fuera del Señor sólo encontraremos miseria, desamparo y muerte. Los refugios que podamos hallar en este mundo siempre serán frágiles y temporales. Por eso permanezcamos en nuestro Salvador para seguir disfrutando de la bendición de morar bajo la sombra del Omnipotente, Salmo 91.1.

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