Archivos del mes: 30 octubre 2017

La salvación es por gracia

ShowImage.ashx

EFESIOS 2.1-9.

Gracia del griego “caris” es el don o regalo que se da a quien no lo merece. Al celebrar los 500 años de la reforma del siglo XVI, es oportuno recordar que de acuerdo a la enseñanza de la Palabra de Dios “la salvación es por gracia”.

PORQUE ES UN DON QUE NO MERECEMOS, Efesios 2.1-3.

Porque somos pecadores. San Pablo nos recuerda que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. La Escritura nos recuerda que todos nosotros anduvimos conforme a la condición de este mundo sumido en el pecado; conforme al príncipe de la potestad del aire, el Diablo quien es el autor del pecado. Pecado es la desobediencia a la ley de Dios. El pecado es destructivo, causa muerte física y espiritual, separa de Dios, produce enfermedad, sufrimiento, miseria, dolor, tristeza y lágrimas. ¿Qué merecíamos por ser pecadores?

 Merecíamos el tormento eterno. La Palabra de Dios nos dice que éramos hijos de ira, bajo la ira del Todopoderoso. El Señor aborrece el pecado por todo lo que genera. Por ello, en su justicia perfecta, Dios creó un lugar de castigo para los ángeles caídos, un lago de fuego y azufre (Mt. 25.41). Este sitio es para la eternidad y no hay salida de allí. Este lago de fuego y azufre también es el lugar para los hombres pecadores. Esto es lo que nosotros merecíamos por ser pecadores; sin embargo, Dios nos salvó en Cristo, y como es evidente lo hizo por gracia.

 Ejemplos en la Palabra de Dios.

 Hubo un pueblo idolatra, que practicó la homosexualidad y la prostitución como parte de su culto. Sacrificó niños. Tuvo relaciones sexuales con animales. Vivió de la rapiña. Sin embargo, Dios los salvó por gracia, les dio un don que no merecían. Fueron los Gabaonitas.

Un hombre vendió a su hermano menor, aun cuando con lágrimas le rogó que no lo hiciera. Engañó a su padre al decirle que su hijo había muerto y no le importó verlo sufrir. Tuvo relaciones sexuales con la viuda de su hijo y engendró familia. Pero Dios lo salvó por gracia. Estamos hablando de Judá.

Un fariseo consintió en la muerte de un gran siervo de Dios. Fue perseguidor de la iglesia de Cristo, maltrató, sacó de sus casas y encarceló a varios hermanos. Sin embargo, Dios lo salvó por gracia.  Es el apóstol Pablo. ¿Cuál es nuestra historia?

POR LA MISERICORDIA DE DIOS, Efesios 2.4-7.

Con la cual nos amó. Mientras que los hombres somos miserables, no tenemos nada que ofrecer a Dios para la salvación de nuestra vida, Dios es rico en todos los aspectos, es rico en misericordia. ¿Por qué salva por gracia, por qué nos dio este don que ni merecíamos? Porque nos amó con mucho amor. El apóstol Pablo también nos explica en el capítulo 1 de esta carta que la gracia de Dios es libre, el Señor la otorga porque así lo dispuso en su sola voluntad, sin condiciones y de manera proactiva, por ello el apóstol Juan dice: “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero” (1 J. 4.19). El amor de Dios tiene las características de ser incondicional y con iniciativa.

 Nos dio una posición. Estamos hablando de la salvación, pero, ¿qué significa esto? La Palabra de Dios nos enseña que salvación es ser lavados de nuestros pecados y librados de la muerte eterna por medio de la obra redentora de Cristo. Al salvarnos Dios nos da vida y también una nueva posición o condición, por eso la Escritura dice: “Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Juan 1.12). Los salvos ya no somos hijos de ira, sino hijos de Dios. Los redimidos somos personas en las que Él renueva su imagen, somos santos, es decir, apartados del mundo. La salvación no es sólo un pase al cielo, es un lugar en familia de Dios.

Nos dio un lugar. San Pablo también nos dice que Dios nos hizo sentar en los cielos. La Salvación por gracia implica recibir morada en la casa de nuestro Padre celestial. En donde gozaremos de su presencia de forma plena, entonces no necesitaremos nada más. Es importante puntualizar que estaremos en el reino celestial como hijos de Dios, no como inquilinos, ajenos o extranjeros. Por eso la Escritura dice que somos herederos de Dios y coherederos de Cristo (Romanos 8.17).

En Cristo. Pr. 17.15, el que da por inocente al impío es abominación a Jehová, ¿cómo entonces el Señor salva al que no lo merece? Porque Dios concede gracia por medio de la obra redentora de Cristo. Jesucristo cumplió la ley de Dios a favor de los escogidos, llevó sobre sí todos sus pecados y los pagó con sus sufrimientos, muerte en la cruz y resurrección. La ley de Dios nunca queda abrogada. La salvación por gracia está fundada en Cristo y en la misericordia de Dios.

 PARA QUE LA GLORIA SEA DE DIOS, Efesios 2.8.9.

Porque no es por nuestras obras. Los hombres tienen la idea de ser salvos con sus propios recursos, de salvarse a sí mismos (Lc. 10.25). Tal cosa es imposible por varias razones: 1. Nuestras mejores obras o justicias están manchadas de pecado y no son aceptables a Dios (Is. 64.6). 2. No podemos pagar a Dios por nuestra salvación, porque nada nos pertenece, todo es de Dios (Ro. 11.36). 3. Las obras no pueden lavar pecados, sólo la sangre de Cristo (1 Jn. 1.7).

Porque la salvación es una obra sólo de Dios. En la obra de salvación el hombre es completamente pasivo, se limita a recibir el regalo de la salvación, no hace nada porque no puede. El Espíritu Santo regenera el corazón, mueve al arrepentimiento, da el don de la fe en Cristo, justifica, adopta, santifica y glorifica. Todo lo hace el Señor.

Para dar la gloria al Señor. La soberbia es un pecado común en los cristianos. Este pecado significa que olvidamos que lo que somos es sólo por la gracia de Dios (1 Co. 15.10). Esta doctrina debe hacernos humildes para dar la gloria al Señor, pues sólo Él es digno de recibirla. La soberbia es dañina, afecta nuestra relación con Dios y nos sepa de los que nos rodean, ¿quién se agrada de los soberbios? (1 P. 5.5).

HERMANOS: Demos gracias a Dios que la salvación es por gracia, de otra manera no podríamos disfrutar de la bendición de la vida eterna. Tengamos cuidado para no enseñar salvación por obras, por ejemplo, cuando decimos: “Ve al templo, lee la Biblia, pórtate bien, para que seas salvo”. La salvación es por gracia.

La salvación por gracia nos motiva dar gracias a Dios por medio de la práctica de buenas obras, las cuales Él ya preparó para que andemos en ellas. No para ser salvos, sino como evidencia de que somos la nueva creación del Señor.

También nos mueve a la unidad, somos un solo pueblo, una sola iglesia. La unidad es útil para ser un edificio que crece para ser un templo santo en el Señor.

Que nuestras vidas sean para la gloria de Dios.

La alabanza de los jóvenes

“LA ALABANZA DE LOS JÓVENES”

“Y Jesús les dice: Sí: ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” Mateo 21.15,16.

Por la gracia de Dios tenemos en la Iglesia coros de niños y jóvenes. Qué hermoso y cuán edificante es a nuestra vida espiritual el canto al Señor de nuestros hermanos. Es oportuno reflexionar en la alabanza de los jóvenes.

DEBER SER ELEVADA A JESUCRISTO.

Así fue anunciado por el Salmista. David en el Salmo 8.2, profetizó que nuestro Señor Jesucristo recibiría la Alabanza de los pequeños, de los jovencitos. Jesucristo es digno de ser adorado por medio del Canto porque es Dios. Él es el Creador de todo el universo, incluyendo nuestras vidas que son únicas. Es bueno saber que no somos un accidente, sino que fuimos hechos por el Señor con el propósito de alabarle y servirle.

Como los muchachos en el templo de Jerusalem. El Evangelista Mateo registra el cumplimiento de esta profecía; cuando los muchachos en el templo aclamaron a Jesucristo como el Hijo de David. Esto fue después de la entrada triunfal de nuestro Señor a Jerusalem. Confiemos en Dios, porque su Palabra siempre se cumplirá con toda precisión (Mateo 24.35).

Como nuestro Salvador Personal. Las palabras de aquellos jovencitos nos indican que le reconocieron como el Mesías Salvador; pues decían “Hosanna al Hijo de David”; la palabra hosanna significa “sálvanos”. Todo el que cante en un coro cristiano, debe hacerlo con el reconocimiento de Jesús como su Salvador; en gratitud por la salvación recibida.

ES ACEPTADA POR EL SEÑOR

Aunque algunos se opongan. Los sacerdotes y escribas de Israel, se indignaron con la alabanza de los muchachos y esperaban que nuestro Señor callara esta alabanza. Ellos tenían una idea equivocada del Mesías; por eso no identificaron a Jesús como su Salvador; aunque el Señor dio evidencia clara de su identidad Mesiánica, (Juan 8.14).

Porque Jesucristo es Dios. Jesús no calló la alabanza porque se agradó de ella. Él como Dios es digno de nuestra adoración; ya que en su misericordia nos rescató del pecado y la condenación. Si Jesús no fuera Dios, hubiera dicho a los jóvenes: no me alaben; pero al admitir la adoración, manifiesta su divinidad, (Juan 1.1).

Por su sencillez y sinceridad. La alabanza de los niños y jóvenes es agradable al Señor porque es sincera, sin intereses ni obligaciones. Además, es sencilla, humilde. En este sentido los adultos debemos aprender de los pequeños; ya que muchas veces cuando alabamos a Dios, estamos preocupados en nosotros, por ejemplo, en cómo nos vemos; en lugar de tener nuestro pensamiento en el Señor, (Salmo 27.4). Aquellos jovencitos pusieron un ejemplo a los sacerdotes y maestros, que fueron fríos a Jesús nuestro Salvador.

REQUIERE LA PARTICIPACIÓN DE LOS PADRES.

Los jóvenes se encontraban en el templo porque fueron llevados por sus padres. Nuestros jóvenes aun requieren que los padres les llevemos a sus diversas actividades. Es triste que como padres ponemos interés en las cosas pasajeras; nos esforzamos y esforzamos a nuestros hijos para que cumplan en la escuela, deporte, actividades en casa; pero que no ponemos el mismo interés en lo espiritual. Debemos velar para que nuestros hijos hagan su profesión de fe, cumplan sus responsabilidades en su sociedad de esfuerzo cristiano, y participen en el coro, (Proverbios 22.6).

Quienes deben dar ejemplo. Por otra parte, los jóvenes del texto bíblico alababan porque seguían el ejemplo de sus padres. ¿Cómo aprenderán los pequeños a adorar a Dios? Por medio de lo que vean en nosotros como sus mentores espirituales; por ello debemos ser cristianos responsables, que enseñemos con el ejemplo (Éxodo 13.14).

Los coros de jóvenes requieren el apoyo de los adultos.  Sobre todo, porque la mayoría de los jóvenes aun dependen de sus padres. Necesitan que los motivemos con palabras de ánimo y felicitación; además de que los llevemos a sus ensayos y presentaciones, (Colosenses 3.21).

Hermanos: Jóvenes, algunas veces decimos que cuando seamos grandes haremos esto y aquello. Pueden hacerlo ahora, y ser empleados como Samuel, Josías, Timoteo; quienes hicieron grandes cosas en su juventud. Un ministerio en el que pueden hacer grandes cosas para el Señor es la alabanza. Sigan alabando a nuestro Dios por medio del coro juvenil “Salem”.

El Señor nuestro resguardo

“EL SEÑOR NUESTRO RESGUARDO”

DE LA SERIE “YO Y MI CASA SERVIREMOS A JEHOVÁ”

 59cdc616cb17ee26efc3d7b9b30aadd9

“Habla a los hijos de Israel, diciendo: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por Moisés” Josué 20.2.

Josué 19 y 20.

Una de nuestras principales necesidades es la de un lugar para resguardarnos, por ello el apóstol Pablo dijo: “así que, teniendo sustento y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto”, 1 Timoteo 6.8. Tener una casa o lugar para vivir es un motivo de gratitud a Dios.

El libro de Josué en sus capítulos 19 y 20 nos enseña cómo se repartió la tierra prometida al resto de Israel, y el momento en que se escogieron las ciudades de refugio que simbolizaron a Jesucristo quien es nuestro resguardo eterno. Analicemos este hermoso pasaje de la Palabra de Dios.

REPARTIÓ LA TIERRA AL RESTO DE ISRAEL, 19.

Seis tribus más. Ya habían recibido su heredad las tribus de Rubén, Gad, Manasés, Judá, Efraim y Benjamín. Ahora a las tribus de Simeón, Zabulón, Issachar, Aser, Nephtalí y Dan, les correspondió recibir su tierra, seis tribus restantes. De esta manera el Señor acabó de repartir la tierra a su pueblo escogido. Es interesante ver que la porción de Simeón fue tomada de la heredad de Judá, ya que era abundante. Uno de nuestros deberes es compartir con nuestros semejantes las copiosas bendiciones que el Señor nos da, mayormente a los domésticos de la fe, Gálatas 6.10. Debemos dar de gracia lo que por la gracia de Dios hemos recibido; si lo hacemos con amor, el Señor nos dará recompensa, Eclesiastés 11.1,2; Mateo 10.42.

 La conquista de Lesem. La tribu de Dan recibió su heredad de la parte central hasta las costas del mar mediterráneo, pero su porción no era suficiente para su población. Por lo tanto, el Señor guio y prosperó a Dan en la conquista de la ciudad de Lesem también conocida como Lais, al norte de la tierra prometida. Así Dan tuvo tierra en dos regiones. El Señor prometió a Josué prosperarle si se esforzaba y era valiente para tomar la tierra y repartirla, y ahora Dios cumplía su Palabra en el esfuerzo de Dan para conquistar más tierra. Nosotros también debemos esforzarnos en cumplir nuestras responsabilidades en la familia, iglesia y trabajo, el Señor prosperará todo esfuerzo que realicemos, de manera que su Nombre sea glorificado en nuestras vidas.

La porción a Josué. Josué no fue perfecto, vimos en otros estudios que él falló al no consultar a Dios en algunas ocasiones. Sin embargo, Josué fiel en el servicio al Señor y cumplió la tarea que le fue asignada. En gratitud los hijos de Israel guiados por la Palabra de Dios, dieron a Josué la ciudad de Timnath-sera en la heredad de Efraim, la tribu a la que él pertenecía. Las Santas Escrituras nos enseñan que Dios no es injusto para olvidar la obra y el trabajo que hacemos para ayudar a su pueblo, Hebreos 6.10; esto nos motiva a servir con fidelidad. Por otra parte, es importante seguir el ejemplo de los hijos de Israel, debemos agradecer y honrar a nuestros hermanos que son fieles siervos de Dios, de esta manera los motivaremos a perseverar en sus ministerios, 1 Tesalonicenses 5.12.

 TIPIFICADO EN LAS CIUDADES DE REFUGIO, 20.

 Para el homicida por accidente. Al realizar las actividades cotidianas, por accidente algunas personas llegan a quitar la vida de su prójimo. Nosotros sabemos que la muerte es un acto soberano de Dios, y que los accidentes son medios que Él usa para llamar a algunas vidas, lo tanto no debemos guardar enojo en contra de quienes ocasionan un accidente, ni vengarnos de ellos. Desde luego que esto no significa que estas personas no tengan una responsabilidad que cumplir ante la ley.

Dios estableció en su Palabra que se escogieran ciudades de refugio para los que mataban de manera accidental. Una vez que los ancianos de estas ciudades llegaban al veredicto de que en verdad el que buscaba refugio había matado sin tener la intensión de hacerlo, le recibían y nadie podía hacerle daño. Estas ciudades protegían al que pasaba por la difícil situación de haber cometido un accidente mortal; ya que la familia del fallecido, movida por la carne, podía tener sentimientos de venganza y cometer una injusticia.

 Seis en cada lado del Jordán. Por indicación del Señor, el pueblo de Israel señaló tres ciudades de refugio al lado occidental del río Jordán, y tres en el lado oriental, Números 35.6-34. Estas ciudades estaban bien distribuidas en la tierra prometida, de manera que fueron accesibles a todo aquel que necesitara de ellas. Las ciudades de refugio se tomaron de las villas que fueron dadas a los levitas, recordemos que los israelitas dieron a Leví 48 ciudades. Todas las cosas que el Señor ha dispuesto para sus hijos, las ha colocado de forma que sean accesibles para nosotros, por lo tanto, no hay razón para no disfrutar de ellas. Por ejemplo, su Palabra, la puso por escrito y en nuestro idioma para que seamos edificados por ella todos los días.

Cristo nuestro refugio eterno. Las ciudades de refugio fueron un símbolo o tipo de Cristo. Veamos cómo: 1. Las ciudades de refugio fueron establecidas por Dios. Cristo nos fue dado por el Padre. 2. Las ciudades de refugio salvaban la vida de los que podían morir a manos de la familia del fallecido. Cristo nos salvó de morir por nuestros pecados, es decir nos libró de pasar la eternidad separados de Dios. 3. Una vez que el sumo sacerdote moría, el refugiado podía dejar la ciudad y nadie le debía hacer daño. Jesucristo pagó nuestros pecados con su muerte y resurrección, por lo tanto, el pecado y la muerte ya no tienen potestad sobre nuestra vida, no pueden arrebatarnos la salvación que tenemos en el Hijo de Dios. Por lo tanto, el Señor Jesucristo es nuestro verdadero y eterno Refugio.

 HERMANOS:

Si el que se resguardaba en alguna de las seis villas de refugio, salía de la ciudad, mientras estuviera fuera, podía ser asesinado por algún vengador sin que éste tuviera alguna culpa; ya que el refugiado habría despreciado la protección del Señor.

Esto tiene una enseñanza práctica, si nuestra vida ya está protegida por Jesucristo, no nos alejemos de Él. Fuera del Señor sólo encontraremos miseria, desamparo y muerte. Los refugios que podamos hallar en este mundo siempre serán frágiles y temporales. Por eso permanezcamos en nuestro Salvador para seguir disfrutando de la bendición de morar bajo la sombra del Omnipotente, Salmo 91.1.

A %d blogueros les gusta esto: