Promesa cumplida

“PROMESA CUMPLIDA”

DE LA SERIE “YO Y MI CASA SERVIREMOS A JEHOVÁ”

 Recibieron pues heredad los hijos de José, Manasés y Ephraim” Josué 16.4.

Josué 15,16.

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Rubén, Gad y media tribu de Manasés recibieron heredad en la tierra prometida en el lado oriental del río Jordán. Ellos hicieron el compromiso de acompañar al resto del pueblo de Israel en la conquista de las otras regiones.

La tribu siguiente en recibir tierra fue la de Judá. Una vez que las tribus recibieron su heredad vieron cumplida la promesa que Dios les hizo de darles una tierra que fluye leche y miel. Analicemos un poco lo que la Palabra de Dios nos enseña en los capítulos 15 y 16 del libro de Josué.

A LA TRIBU DE JUDÁ

Una gran porción. La tribu de Judá recibió su heredad, providencialmente le tocó herencia en la región sur de la tierra prometida. Su porción fue amplia, con montañas y valles, una tierra bella. También la heredad que Dios nos ha dado por medio de nuestro Salvador Jesucristo es maravillosa porque ahí gozaremos de la presencia directa de Dios, además de que es un reino con muchas moradas, es eterno, seguro, incorruptible y hermoso.

 La tribu reinante. El Señor escogió a la tribu de Judá y de ella a la familia de Isaí para dar rey al pueblo de Israel. Por ello Jacob, inspirado por el Espíritu Santo profetizó que el cetro estaría en Judá, Génesis 49.8-12. Nuestro Señor Jesucristo en su naturaleza humana es descendiente de Judá, Isaí y David, por eso es el legítimo Rey de Israel, Rey de reyes y Señor de señores.

 La ciudad de Jerusalem. Dentro del territorio asignado a Judá se encuentra la ciudad de Jerusalem. En tiempos de Josué estuvo ocupada por los jebuseos, y los israelitas no la conquistaron. Fue el rey David quien la tomó y la hizo capital del reino.  Trasladó a esta ciudad el Arca del Pacto, y más tarde su hijo Salomón construyó en Jerusalem la Casa de Dios. Esta ciudad fue escogida para que en ella nuestro Señor Jesús muriera para pagar nuestros pecados y resucitara al tercer día. A Jerusalem nuestro Salvador vendrá a reinar por mil años. Como podemos ver el plan de Dios contempla todas las cosas por eso podemos estar confiados en el Señor.

EL TESTIMONIO DE OTHONIEL

Recibió gracia. Othoniel era hijo de Cenez, hermano de Caleb, es decir que Othoniel era sobrino de Caleb. Esto significa que Othoniel también era descendiente de Esaú hermano de Jacob, y que fue recibido como miembro de la tribu de Judá y del pueblo de Israel por la gracia divina. Así también nosotros fuimos recibidos en la iglesia y familia de Dios por la gracia o don de Dios. No merecíamos ser parte del pueblo del Señor, sin embargo, el Padre celestial tuvo misericordia de nosotros y nos Salvó del pecado y la condenación.

Un conquistador. Ante el reto de Caleb, Othoniel conquistó Debir o Chiriat-sepher. Esta ciudad ya había sido tomada por el pueblo de Israel Josué 12.13; esta narración nos indica que fue recuperada por los cananeos, por lo que fue necesario tomarla otra vez. Por este espíritu conquistador, años después Othoniel fue escogido como juez de Israel por 40 años, y con la bendición del Señor también derrotó al rey de Siria, Jueces 3.8-11. Nosotros también disfrutamos de la bendición y cuidados divinos, por lo tanto, debemos esforzarnos en ser conquistadores: de los pecados que quedan en nuestra vida; de buenos hábitos espirituales; de la predicación del evangelio de salvación.

Trabajador. Como una bendición, Othoniel recibió por esposa a Axa hija de Caleb. Cuando ellos se iban a su nuevo hogar, Othoniel aconsejó a Axa que pidiera a su padre tierras para labrar, ya que las tierras que le tocaron a ella eran secas. Caleb le dio los manantiales de arriba y abajo. Othoniel no fue un oportunista, sino que buscó los medios para trabajar y poder atender las necesidades de su familia. Los hijos de Dios debemos caracterizarnos por ser trabajadores, de manera que contemos con los recursos para cubrir nuestras necesidades y para ayudar a los hermanos que pasan por pruebas.

MANASÉS Y EFRAIM

Hijos de José. Manasés y Efraim fueron hijos de José el penúltimo hijo de Jacob y Raquel. Por la voluntad del Señor, Jacob les dio a Manasés y Efraim una posición como hijos suyos y no como sus nietos. Por la tanto en la repartición de la tierra prometida ellos también recibieron heredad. Dios bendice a todos sus hijos sin excluir a nadie. Es bueno que nosotros también seamos justos y no discriminemos a ninguno de nuestros hermanos.

 Dan testimonio de la grandeza de Dios. José estuvo a punto de ser asesinado por sus hermanos. Pero en lugar de matarlo, ellos optaron por venderle con la esperanza de no saber nunca de él, ni de sus sueños. Bajo estas circunstancias José pudo haber muerto, si esto hubiera ocurrido no existirían Manases ni Efraim. Sin embargo, la vida de estas dos tribus son un recordatorio a Israel de que Dios hizo olvidar los trabajos o penas de José (Manasés); y que el Señor le hizo fértil en la tierra se su aflicción (Efraim) Génesis 41.50-52. Manasés y Efraim son testimonio de la grandeza de nuestro Dios Infinito, Eterno e Inmutable.

 El plan de Dios no se frustra. Los hermanos de José pensaron que al venderle ya no tendrían lugar los sueños que el Señor dio a José, él no sería señor sobre ellos. Pero como sabemos, esta acción fue la que le llevó al cumplimiento del plan divino. Además de que Dios decretó todas las cosas en un plan perfecto, también estableció los medios para que su voluntad se cumpla. Por eso el plan del Señor no puede ser frustrado. De esta manera, José fue un hombre importante en Egipto, y sus hijos fueron tomados como tribus de Israel. El plan de Dios para nuestra vida es perfecto y nadie lo puede alterar, por eso debemos confiar en el Señor siempre.

 HERMANOS:

 Dios cumplió su promesa y las tribus de Israel recibieron la tierra que fluye leche y miel. Algunos hermanos que se han dado a la tarea de buscar las promesas de Dios en su Palabra, dicen que hay más de 3500 promesas en las Santas Escrituras. Y Dios cumplirá todas ellas.

Es hermoso saber que podemos descansar en la fidelidad del Señor a su Palabra. Pero asimismo es oportuno reflexionar que como hijos de Dios, también debemos distinguirnos por ser cumplidores de nuestras palabras y promesas. ¿Cuántas promesas hemos hecho a nuestro Señor? ¿Qué promesas hemos hecho a nuestra familia e iglesia? Es tiempo de cumplir nuestras promesas.

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