Libres en Cristo

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Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Juan 8. 36.

Estas son palabras que el Señor Jesús dirigió a los judíos que se pensaban libres, pero en realidad vivían en una esclavitud espiritual y civil, porque estaban bajo el dominio del pecado, y del imperio romano.

Gracias a Dios nosotros somos una nación libre en el aspecto civil. Pero muchos aún viven esclavizados por el pecado, los vicios, la maldad, y la corrupción. El Único que puede darnos verdadera o total libertad es Jesucristo, el Hijo de Dios. Veamos por qué.

DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO, Romanos 6.20. “Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia”.

Al principio el hombre era libre. La Palabra de Dios nos dice que el Señor hizo al hombre libre; libre de pecados, de maldad, de corrupción, libre para escoger el bien; libre para decidir, libre de enfermedades, de la muerte y de todo tipo de males.  Pero cuando el hombre usó esta libertad y desobedeció a Dios al comer del árbol de ciencia del bien y del mal, quedó totalmente contaminado y corrompido por el pecado.

Una condición universal. Como todos descendemos de Adam y Eva, su condición pecaminosa nos fue aplicada a todos nosotros. Todo el género humano somos pecadores, con excepción de Cristo, quien fue engendrado por el Espíritu Santo. Esto significa que constantemente quebrantamos la ley de Dios, cometiendo muchos pecados. No existe en el hombre un deseo sincero por agradar a Dios, sino a hacer lo malo. Por ello el apóstol Pablo dice que los seres humanos somos siervos o esclavos del pecado.

La consecuencia es la separación de Dios. De la esclavitud al pecado, han surgido todos los males espirituales, enfermedades, esclavitud civil, y muerte física. Pero la consecuencia más terrible es la separación de Dios. Por eso la sociedad no quiere nada con el Señor, de hecho huye de Él. Si Dios no resuelve esto, el pecado genera una separación total de Dios, en un lugar de tormento eterno y sin retorno.

POR MEDIO DE SU MUERTE Y RESURRECCIÓN, 1 Corintios 6.20, “Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Por el amor de Dios. El Señor amó de una manera grande al mundo que nos dio a su Hijo Jesucristo, para que nos libere de ir al tormento eterno, al creer en él como nuestro Salvador. Las Santas Escrituras nos dicen que Dios amó al mundo, es decir, a los hombres y mujeres, sin hacer acepción de pueblos, condiciones sociales, ni económicas, esto nos incluye a nosotros.

Eventos reales, históricos. Para librarnos de nuestros pecados y de la condenación, Dios cargó o puso todos nuestros pecados, en el Señor Jesucristo, quien pagó lo que nosotros merecíamos, con sus sufrimientos y muerte en la cruz del Calvario. Por eso dice San Pablo que fuimos comprados por Cristo. El pago que Cristo hizo fue efectivo, por ello Él resucitó y regresó al cielo para prepararnos morada. La Biblia es prueba suficiente de la realidad de la obra salvadora de Cristo; pero además existen muchos documentos que son evidencia de la veracidad de ella, como los escritos del historiador judío Flavio Josefo.

En lo cual debemos creer. Para que la obra libertadora de Jesucristo se cargue a nuestra cuenta, para ser librados de nuestros pecados y su paga, es necesario hacer lo siguiente: Primero,  reconocer que somos pecadores, pedir perdón a Dios, y apartarnos de nuestros pecados. Segundo, creer en Jesucristo, en su sacrificio y resurrección como el único medio para ser lavados de nuestros pecados; es necesario decirle a Jesucristo que creemos en Él como nuestro Salvador.

PARA SER SUS SIERVOS, Romanos 6.22, “Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna”.

Con goce de libertad. Al ser librados del pecado por Cristo, nos convertimos en sus siervos. Sin embargo, ser siervos de Jesucristo no significa esclavitud, sino libertad. Porque al servir al Señor Jesús, obedeciendo su Palabra, y mandamientos, somos librados de todas las consecuencias malas que vienen del pecado, como son enfermedades, miseria, problemas y muerte.

Con capacidad para obedecer. Todos los creyentes en Cristo, al ser liberados de las ataduras del pecado, tenemos ahora la capacidad de obedecer, de cumplir con las cosas que Dios nos pide, o alejarnos de lo que nos prohíbe. Por eso dijo el Señor, que solamente él nos puede hacer libres. Si somos verdaderos cristianos, podemos y debemos obedecer a nuestro Señor por amor y como testimonio de fe en él.

Y disfrutar de la vida eterna. San Pablo nos dice que al ser siervos de Dios, somos santificados por el Espíritu Santo, es decir, que la Tercera persona de la Trinidad, nos va transformando para que cada día seamos más como nuestro Señor. Hasta que llegue el día que dejemos este mundo, y el Espíritu de Dios nos haga perfectos para presentarnos ante de Dios y estar con Él por siempre. Esto significa que la libertad de Cristo es perfecta y no se puede perder.

7b0e47271fb521ea901304135afaa2f9ESTIMADO LECTOR:  Si usted ya ha sido liberado por Cristo, disfrute de esta libertad en obediencia al Señor. Si aún vive esclavizado por el pecado, acuda a Jesucristo, pídale perdón por sus pecados, apártese de ellos, y dígale a Cristo que le acepte, que él sea su Libertador.

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