Archivos diarios: 14/09/17

Libres en Cristo

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Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Juan 8. 36.

Estas son palabras que el Señor Jesús dirigió a los judíos que se pensaban libres, pero en realidad vivían en una esclavitud espiritual y civil, porque estaban bajo el dominio del pecado, y del imperio romano.

Gracias a Dios nosotros somos una nación libre en el aspecto civil. Pero muchos aún viven esclavizados por el pecado, los vicios, la maldad, y la corrupción. El Único que puede darnos verdadera o total libertad es Jesucristo, el Hijo de Dios. Veamos por qué.

DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO, Romanos 6.20. “Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia”.

Al principio el hombre era libre. La Palabra de Dios nos dice que el Señor hizo al hombre libre; libre de pecados, de maldad, de corrupción, libre para escoger el bien; libre para decidir, libre de enfermedades, de la muerte y de todo tipo de males.  Pero cuando el hombre usó esta libertad y desobedeció a Dios al comer del árbol de ciencia del bien y del mal, quedó totalmente contaminado y corrompido por el pecado.

Una condición universal. Como todos descendemos de Adam y Eva, su condición pecaminosa nos fue aplicada a todos nosotros. Todo el género humano somos pecadores, con excepción de Cristo, quien fue engendrado por el Espíritu Santo. Esto significa que constantemente quebrantamos la ley de Dios, cometiendo muchos pecados. No existe en el hombre un deseo sincero por agradar a Dios, sino a hacer lo malo. Por ello el apóstol Pablo dice que los seres humanos somos siervos o esclavos del pecado.

La consecuencia es la separación de Dios. De la esclavitud al pecado, han surgido todos los males espirituales, enfermedades, esclavitud civil, y muerte física. Pero la consecuencia más terrible es la separación de Dios. Por eso la sociedad no quiere nada con el Señor, de hecho huye de Él. Si Dios no resuelve esto, el pecado genera una separación total de Dios, en un lugar de tormento eterno y sin retorno.

POR MEDIO DE SU MUERTE Y RESURRECCIÓN, 1 Corintios 6.20, “Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Por el amor de Dios. El Señor amó de una manera grande al mundo que nos dio a su Hijo Jesucristo, para que nos libere de ir al tormento eterno, al creer en él como nuestro Salvador. Las Santas Escrituras nos dicen que Dios amó al mundo, es decir, a los hombres y mujeres, sin hacer acepción de pueblos, condiciones sociales, ni económicas, esto nos incluye a nosotros.

Eventos reales, históricos. Para librarnos de nuestros pecados y de la condenación, Dios cargó o puso todos nuestros pecados, en el Señor Jesucristo, quien pagó lo que nosotros merecíamos, con sus sufrimientos y muerte en la cruz del Calvario. Por eso dice San Pablo que fuimos comprados por Cristo. El pago que Cristo hizo fue efectivo, por ello Él resucitó y regresó al cielo para prepararnos morada. La Biblia es prueba suficiente de la realidad de la obra salvadora de Cristo; pero además existen muchos documentos que son evidencia de la veracidad de ella, como los escritos del historiador judío Flavio Josefo.

En lo cual debemos creer. Para que la obra libertadora de Jesucristo se cargue a nuestra cuenta, para ser librados de nuestros pecados y su paga, es necesario hacer lo siguiente: Primero,  reconocer que somos pecadores, pedir perdón a Dios, y apartarnos de nuestros pecados. Segundo, creer en Jesucristo, en su sacrificio y resurrección como el único medio para ser lavados de nuestros pecados; es necesario decirle a Jesucristo que creemos en Él como nuestro Salvador.

PARA SER SUS SIERVOS, Romanos 6.22, “Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna”.

Con goce de libertad. Al ser librados del pecado por Cristo, nos convertimos en sus siervos. Sin embargo, ser siervos de Jesucristo no significa esclavitud, sino libertad. Porque al servir al Señor Jesús, obedeciendo su Palabra, y mandamientos, somos librados de todas las consecuencias malas que vienen del pecado, como son enfermedades, miseria, problemas y muerte.

Con capacidad para obedecer. Todos los creyentes en Cristo, al ser liberados de las ataduras del pecado, tenemos ahora la capacidad de obedecer, de cumplir con las cosas que Dios nos pide, o alejarnos de lo que nos prohíbe. Por eso dijo el Señor, que solamente él nos puede hacer libres. Si somos verdaderos cristianos, podemos y debemos obedecer a nuestro Señor por amor y como testimonio de fe en él.

Y disfrutar de la vida eterna. San Pablo nos dice que al ser siervos de Dios, somos santificados por el Espíritu Santo, es decir, que la Tercera persona de la Trinidad, nos va transformando para que cada día seamos más como nuestro Señor. Hasta que llegue el día que dejemos este mundo, y el Espíritu de Dios nos haga perfectos para presentarnos ante de Dios y estar con Él por siempre. Esto significa que la libertad de Cristo es perfecta y no se puede perder.

7b0e47271fb521ea901304135afaa2f9ESTIMADO LECTOR:  Si usted ya ha sido liberado por Cristo, disfrute de esta libertad en obediencia al Señor. Si aún vive esclavizado por el pecado, acuda a Jesucristo, pídale perdón por sus pecados, apártese de ellos, y dígale a Cristo que le acepte, que él sea su Libertador.

Verdadera libertad

“La verdadera libertad”

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” Juan 8.32.

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El testimonio de los liberados de la opresión, por ejemplo, de los que fueron rescatados de los centros de concentración nazis, es que después de terminada su cautividad, no se sintieron felices, pues se enfrentaron a la situación de no tener a dónde ir.

Cuando Dios nos liberó de la esclavitud, no sucedió esto, pues el Señor ya tenía un lugar para nosotros, una familia que es la Iglesia. Recordemos que cuando el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto, el Señor tenía para su pueblo una tierra que fluye leche y miel. Sólo el Señor Jesús da “verdadera libertad”.

EL TRASFONDO HISTÓRICO, Juan 8.33.

Los judíos se encontraban bajo el dominio de Roma. El emperador había asignado a un gobernador o procurador en la parte sur, en Judea, el más conocido es Pilato. En el norte había establecido a un rey extranjero, Herodes, hijo del malvado Herodes del comienzo de Mateo 2. Las Palabras de nuestro Señor son verdaderas; Israel no era libre. Los judíos respondieron a Jesús que ellos no servían a nadie; ¿tan rápido se habían olvidado de los publicanos, que eran la evidencia del yugo romano?

En el terreno de lo espiritual Israel tampoco era libre. Eran esclavos del pecado y la muerte eterna. Los judíos vivían engañados, ellos creían que eran salvos por sus obras, oraciones y el conocimiento de la Ley de Dios; pero nada de esto salva. También pensaban que por ser hijos de Abraham automáticamente eran salvos, pero no es así; más tarde el Señor por medio de Pablo en la carta a los romanos explicó que el ser hijos de Abraham no salva, Romanos 4 y 9.

De la misma manera, muchos piensan que son libres, pero en realidad no lo son, pues aún están esclavizados por el pecado. Las personas sin Cristo suelen decir que son libres, y que no quieren llevar la vida cristiana pues es una vida de prohibiciones. Sin embargo, la vida en Cristo es una vida de libertad. Jesucristo nos libera de la esclavitud del pecado, de los vicios y sus terribles consecuencias, que son la miseria y muerte eterna. Sólo quienes están en Cristo son realmente libres. Los que le rechazan continúan esclavizados por el pecado.

POR EL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD, Juan 8.36; 14.6.

¿Qué es la verdad? La verdad es Jesucristo, Él es la verdad porque es Dios quien no miente. Dios que no cambia, por eso siempre es la verdad. Dios absoluto, por eso es la verdad, ninguna de sus palabras es relativa. Así es que, para disfrutar de verdadera libertad, debemos creer en Jesucristo como nuestro Salvador personal.

Para conocer la Verdad o para conocer a Jesucristo, es necesario reconocer y arrepentirnos de nuestros pecados. También se requiere creer en Jesús como el único Salvador de nuestros pecados y condenación eterna. Es importante decirle a Jesucristo que nos salve porque creemos en Él, en su sacrificio y resurrección para liberarnos de cada uno de nuestros pecados.

Al ser rescatados por Jesucristo, es necesario mantener una comunión o relación con él, por medio de la oración y lectura cotidiana. Así conoceremos más a Jesús. Al ser sus discípulos y seguirle, le iremos conociendo más y más. Bien dice el himnógrafo: “De Cristo, no se ha dicho ni aun la mitad”. Este conocimiento del Señor nos ayudará a confiar más en Él y superar las adversidades de esta vida terrenal.

LIBERTAD QUE CRECE, 2 Corintios 3.17,18.

Desde el momento en el que por la gracia divina creemos en Cristo como nuestro Salvador, somos libres; libres del pecado y del tormento eterno. Pero quedan residuos de nuestra condición pecaminosa; por eso necesitamos crecer en la libertad.

El apóstol Pablo nos dice que donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad, y que somos llevados de gloria en gloria. No debemos permitir que las cadenas de pecado vuelvan a nuestra vida. Hay pecados como el orgullo, el chisme, la envidia, la autoconfianza, que se arraigan en la iglesia. Escuchamos decir: “así soy, no voy a cambiar”. Sin embargo, Cristo nos llamó a libertad.

Tampoco debemos permitir que permanezcan en nuestra vida las cadenas de los malos hábitos, como el de no ser puntuales, no cumplir con nuestras responsabilidades, o no participar de forma activa en los cultos y actividades de la iglesia. Cada día debemos vivir más para el Señor, y morir más y más en los deseos mundanales de la carne.

HERMANOS:

Los cristianos por gracia de Dios vivimos una vida de libertad. Por eso también apartamos para el Señor el primer día de la semana. Cada vez que nos reunimos para adorar a nuestro Dios, estamos proclamando al mundo que somos un pueblo libre; por eso podemos descansar sin que nos falte el alimento o el vestido.

Siendo libres no podemos ser indiferentes a la esclavitud espiritual en que muchas personas viven; debemos compartir el evangelio de salvación con nuestros prójimos, para que conozcan a Cristo y sean libertados en verdad.

Así mismo debemos orar por nuestros gobernantes, para que Dios les de sabiduría para realizar sus cargos; y responsabilidad para dirigir en beneficio de todo nuestro país.

Cuidemos la libertad que Cristo nos ha dado, viviendo como buenos cristianos y ciudadanos.

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