Una vida de éxito en el Señor

Éxodo 15.20,21.

“Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas; Y María respondía: Cantad a Jehová; porque en extremo se ha engrandecido, echando en la mar al caballo, y al que en él subía”.

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En este pasaje de la Palabra de Dios encontramos un mensaje para las mujeres, oramos para que las Escrituras lleguen al corazón de las hermanas y guíe sus vidas.

María, la hermana de Moisés y Aarón; fue una mujer exitosa en el Señor. Estimada hermana deseamos que la vida que Dios te da sea de éxito, de muchas bendiciones.

¿Qué necesitas para tener una vida de éxito en Dios?

CONOCER Y AMAR A DIOS, lo cual implica:

Creer en el Señor como tu Creador. María perteneció a Israel, un pueblo que creía que Dios era su Creador, porque Él hizo el milagro de sus vidas. La vida de María también fue un milagro de Dios.

El pueblo de Israel llegó a Egipto, en días de José, con 70 personas. Fueron esclavizados por 400 años; y al ser liberados por Dios, eran un pueblo de 2 millones de personas aproximadamente. Durante el tiempo de esclavitud, Faraón puso a los Israelitas a trabajos forzados, para evitar que se multiplicaran. Es un milagro que en medio de la esclavitud, en condiciones inhumanas, un pueblo haya nacido y crecido. María fue parte de este milagro, ella nació y creció en esos tiempos difíciles.

Tu vida también es un milagro de Dios, Él es tu Creador. La hermosura, perfección y funcionalidad de tu cuerpo; la belleza, utilidad y lo delicioso de lo todo que existe para tu sustento, es evidencia de que eres hechura de Dios. No somos el resultado de la casualidad. Somos creación del Señor, y esto le da sentido y propósito a nuestra vida.

Creer en el Señor como tu Salvador. María sabía de Dios, sus padres le instruyeron en el Señor. Pero fue hasta que Dios libró al pueblo de Israel de su esclavitud en Egipto por medio de la plaga de la muerte de los primogénitos egipcios; y que Dios destruyó al Faraón y su ejército con las aguas del mar rojo; que María conoció a Dios como su Salvador. El canto alegre de María manifiesta la fe que ella tenía en Dios como su Redentor.

Para conocer a Dios es necesario que reconozcas que hay algo que te ha separado de Él, tus pecados, es decir, tu desobediencia a su Palabra. Es indispensable que pidas perdón a Dios por tus pecados, te apartes de ellos y creas en Cristo como tu Salvador personal; sólo Jesucristo te puede lavar y salvar de tus pecados, porque él los pagó todos con su muerte y resurrección. Si crees en Jesús como tu Señor y Salvador, de inmediato:

  • Tienes a Dios en su vida.
  • Puedes ver a Dios manifestarse con poder en tu vida.
  • Tienes vida en abundancia, no sólo existirás, sino que vivirás.
  • Eres una hija de Dios, una heredera del reino de los cielos.
  • Tienes el amor, protección y bendición del Señor de manera permanente.

Una vida sin Cristo no es vida, mucho menos una vida de éxito.

Estar en contacto con Dios siempre. María conforme a la liturgia hebrea tomó un pandero, cantó y danzó al Señor, para agradecer su salvación. Esto nos muestra que María era una adoradora de Dios. Dios nos pide que le amemos, el amor se demuestra con acciones. El amor al Señor se demuestra con obediencia, por medio de la oración, lectura de la Palabra de Dios, alabanza, y servicio.

Ama a Dios, mantén comunión diaria con Él. El Señor te fortalecerá, te dará sabiduría, te guiará, te consolará y te dará alegría y paz. Por eso la vida de éxito comienza en Dios.

CUMPLIR EL PROPÓSITO DEL SEÑOR.

La misión de Dios para tu vida. La misión del Señor para María fue ser profetisa, es decir, predicadora de la Palabra de Dios. La vida de éxito consiste en ser y hacer lo que Dios ha planeado para nosotros. Éxito es cumplir el propósito del Señor para nuestra vida. El propósito de la vida no es ganar mucho dinero, tener fama, obtener grandes conocimientos, o pasarla en muchas diversiones. Estas cosas son vacías y pasajeras. Una vida basada en estas cosas, es una vida sin sentido.

¿Cómo saber cuál es la misión de Dios para tu vida? Los jóvenes enfrentan una presión tremenda de parte de sus padres, tíos, hermanos, abuelitos, y amigos. Cada uno de ellos cree saber cuál es la misión de Dios para su vida. “Deberías estudiar lo mismo que tu papá”; “deberías ser doctor para que nos cuides cuando seamos viejitos”; “No debes estudiar eso, te vas a morir de hambre”.

Lo que tienes que hacer es preguntarle a Dios en oración, ¿cuál es la misión que tienes para mí? ¿qué quieres que sea y haga en la vida? Dios por medio de su Espíritu Santo pondrá en tu corazón el querer como el hacer (Filipenses 2.13), te mostrará de manera clara tu misión; no tendrás opciones, tendrás un llamado del Señor en tu corazón que no podrás resistir, así fue la experiencia de Jeremías (Jeremías 20. 7-9).

Un pastor cuenta que antes de ingresar al Seminario, se acercó a un pastor de experiencia para pedirle consejo, porque tenía varias opciones en relación a qué se dedicaría en la vida, entre ellas, ser pastor. Aquel hermano le dijo, que quitara de su lista ser pastor. Sorprendido el joven, le preguntó al pastor, por qué. La respuesta fue: para ser pastor no debes tener opciones. Cuando no puedas pensar en otra cosa que no sea ser pastor, entonces ven.

Así es, la misión de vida no tiene opciones. La fuerza área mexicana tiene una máxima: “Haz lo que te gusta para que no tengas que trabajar”. Si hacemos lo que Dios quiere para nosotros, incluso será algo deleitoso.

Con una buena preparación. Una vez que tengas el llamado de Dios en tu corazón, necesitas prepararte. El apóstol Pablo le dijo al joven Timoteo, no descuides el don que está en ti, (1 Timoteo 4.14). Para realizar tu misión Dios te ha dado dones, o talentos, pero esto no te absuelve de la responsabilidad de una buena preparación por medio del estudio y la práctica.

Estudia no como una carga, sino como un privilegio. Cumple el propósito de Dios en la vida que te ha dado.

RECUERDA SIEMPRE QUIÉN ERES Y A QUIÉN PERTENECES

Una hija de Dios. El hombre en su naturaleza pecadora, a través de los tiempos ha denigrado a la mujer. Los griegos aun con toda su sabiduría, ponían a las mujeres en la misma posición que los esclavos. Con tristeza tenemos que decir que los judíos también denigraban a la mujer: ellos al lavarse las manos oraban y decían: “Dios te doy gracias que no soy mujer ni gentil”. Por eso muchas personas piensan que la Biblia es un libro machista.

Pero la Palabra de Dios dignifica a la mujer, la pone un lugar de igualdad con el hombre, pues la reconoce como heredera juntamente de la gracia, (1 Pedro 1.7). Nuestro Señor Jesucristo, en su ministerio rompió los protocolos judíos, y se acercó a las mujeres para hablarles del reino de Dios y salvarles.

Hombres y mujeres somos iguales en cuanto a valor. Somos diferentes en funciones, gracias a Dios fuimos hechos diferentes, en lo físico, emocional y sicológico. Pero ninguno es mejor que otro. Tenemos el mismo valor como personas, los mismos derechos y también ambos tenemos responsabilidades. Por lo tanto, el machismo como el feminismo están errados en querer encontrar una mejor sociedad.

Querida hermana, recuerda que eres una hija de Dios, con una dignidad especial. No permitas que nadie te maltrate con palabras, actitudes, mucho menos con golpes. Pero también recuerda que tú eres quien primero debes respetarte y darte a respetar. Eres una hija de Dios y hay cosas que no van contigo: los vicios, las malas palabras, los antros, las drogas, no son para ti.

Le perteneces a Dios. Los jóvenes tienen una necesidad de pertenencia, por eso son atraídos por las pandillas, y malas compañías, cuando no se sienten parte de un grupo o de la familia. Tú no tienes que buscar a quien integrarte, le perteneces a Dios, él puso un sello imborrable en tu corazón que te identifica como su hija (Efesios 1.13). Tienes un lugar en la familia de Dios que es la iglesia.

Ocupa este lugar con gratitud, amor y responsabilidad. Esta familia no es perfecta, verás cosas que no te agraden ni a ti, ni a Dios; pero no la dejes, porque si estás en Cristo, estás en automático en conexión con su cuerpo que es la iglesia. Además de que la Iglesia es una enorme bendición, ella nos ayuda a ser edificados en la vida espiritual, y a perseverar en el Señor.

Para hacer cosas grandes que glorifiquen a Dios. El Señor usó a María para obras muy importantes. Cuando era pequeña se detuvo a ver qué pasaría con su hermanito, pues su madre le puso en una cesta en el río. Al ver que fue encontrado por la hija de Faraón, se acercó y le preguntó a la princesa si quería que le buscara una nana. Gracias a Dios por medio de María, Moisés pasó sus primeros años en su hogar, sostenido con recursos del imperio egipcio.

María fue profetisa, directora musical y coral, fue una líder para las mujeres. María fue una mujer que desde pequeña hizo grandes obras.

Tú puedes hacer grandes cosas para la gloria de Dios. Dios te llama a realizarlas. Todo lo puedes en Cristo que te fortalece (Filipenses 4.13).

HERMANA:

Deseamos que la vida que Dios te da sea de éxito, de bendición. Confiamos en el Señor que así será.

Cuando el éxito o la bendición tenga lugar, cuando recibas el reconocimiento de tu familia, amigos e iglesia; recuerda dar la gloria a Dios, pon este reconocimiento a los pies de Jesucristo: diciendo “es gracias a Dios”, “todo es para la gloria de Dios”, (Apocalipsis 4.10,11).

Mantén tu corazón humilde, sólo Dios merece la gloria, porque todo proviene de Él. Una persona soberbia siempre es desagradable. Sé humilde para que el Señor te siga dando su gracia y bendición.

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