A la conquista de lo más difícil.

DE LA SERIE “YO Y MI CASA SERVIREMOS A JEHOVÁ”

13_MARZO_CUALES_SON_LOS_RETOS_MAS_GRANDES_PARA_UN_EMPRENDEDOR_2

Al estudiar los capítulos 9 y 10 del libro de Josué aprendimos que Dios, en su providencia, permitió que Israel, hiciera un pacto de paz con los Heveos que vivían en Gabaón, de tal manera que ellos recibieron la gracia del Señor, y fueron hechos sus siervos. También vimos que Dios dio la victoria a Josué, sobre varios reyes de la región central de la tierra prometida.

En esta ocasión nos corresponde estudiar Josué en sus capítulos 11 y 12, que nos muestran la conquista de los pueblos más fuertes; el pueblo de Israel se enfrentaría a lo más difícil de su misión.

UN EJÉRCITO SIN NÚMERO, capítulo 11.1-20.

Convocado por Jabín. El rey Hasor, Jabín, cuyo nombre en realidad era un título que significa “el inteligente”, llamó a los reyes de la zona norte, desde Galilea hasta el monte Hermón. Los reunió en Merom, cerca del lago Huleh. Era un ejército que no se podía contar por la gran cantidad de soldados; además de que tenían muchos caballos y carros de guerra.

 En el norte. Después de conquistar la región central, al poner su mirada hacia el norte, Josué y el pueblo de Israel, sabían que tendrían un enfrentamiento mayor, pues estos pueblos eran numerosos y con alto poder militar. La vida cristiana es difícil, Jesucristo, nuestro Capitán, nos dice que estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, Mateo 7.14. Y conforme vamos avanzando en esta senda, los retos o pruebas son mayores, no podemos esperar que sea diferente. Es como la carrera del estudiante, los exámenes tienen mayor dificultad, al pasar a nuevos grados en la escuela.

Entregado por el Señor. Dios mandó a Josué que no tuviera temor del ejército sin número al mando de Jabín, pues al siguiente día, el Señor los entregaría muertos delante de Israel. El pueblo tendría que encargarse de desjarretar a los caballos de los cananeos, lo cual se hacía cortando los tendones de las patas traseras; y quemar sus carros de guerra. La instrucción de Dios nos hace pensar que el pueblo de Israel estaba cerca de Merom, ya que Gilgal, donde estaba su campamento, está lejos de este punto, y no les sería posible llegar en un día. ¿Por qué el Señor no permitió que su pueblo se quedara con los caballos y carros? Porque fue Dios quien peleó siempre por Israel, ellos no necesitaban de estos recursos militares. De la misma manera el Señor es quien guarda nuestra vida, Salmo 34.7.

Destruido de forma total. Josué obedeció a Dios por lo que derrotó a aquel ejército, lo persiguió hasta Sidón y el Monter Hermón, y lo destruyó. Israel destruyó a los reyes y ciudades del norte, incluida Hasor, la ciudad de Jabín; sólo dejó las ciudades que estaban sobre los montes. El Señor permitió a su pueblo tomar el gran botín de guerra. Recordemos que cuando conquistaron Jericó Dios no dejó que su pueblo tomara el despojo, pues él tenía preparado un botín más grande y rico, el de los reinos del norte. Obedecer al Señor siempre trae bendiciones a nuestra vida.

De corazones duros. La Palabra de Dios nos dice que no hubo ciudad que hiciera paz con los hijos de Israel, excepto los Heveos de Gabaón, pues el Señor endureció los corazones de los pueblos cananeos para desarraigarlos. Por el contexto de las Escrituras, sabemos que aquellos corazones ya estaban endurecidos por sus terribles pecados y maldades, y que el Señor los dejó así para castigarlos de acuerdo a su justicia perfecta, Efesios 4.17-19, Salmo 50.6. Aquellos pueblos eran tan malos que sacrificaban a sus hijos ante sus ídolos; ¿no debería el Señor juzgarlos? Sin embargo, Dios también es misericordioso, por eso salvó a Rahab y su familia, así como a los Gabaonitas. Esta misma misericordia fue derramada en nuestra vida, pues nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, Efesios 2.1, pero el Señor nos salvó y transformó en su amor infinito, Juan 3.16.

LAS CIUDADES DE LOS GIGANTES, capítulo 11.21-23.

 Los Anaceos. Los últimos versículos del capítulo 11 del libro de Josué nos hablan de cómo el pueblo de Israel continuó con la conquista de región del sur habitada por los Anaceos. El relato es breve, pero estos pueblos representaban el reto más grande para Israel, vemos cómo la prueba iba subiendo de intensidad. Anaceos significa de cuello largo, y se trata de los gigantes que vivían en Judá y el sur de la tierra prometida. A los Anaceos es a quienes los israelitas tuvieron temor, cuando los doce espías les presentaron su informe, y les dijeron que eran como langostas ante ellos, Números 13.33, eran el coco de Israel.

 Cada vez nos enfrentaremos a pruebas más difíciles, pero no debemos tener temor, pues el Señor siempre está con nosotros. Además, debemos recordar que las pruebas que Dios permite en nuestras vidas son conforme a la capacidad espiritual que Él conoce, no nos da más de lo que podamos resistir, 1 Corintios 10.13. Por otra parte, cada vez que superamos una prueba más difícil, tenemos la bendición de crecer en fe, pues somos testigos del gran poder del Señor para liberarnos; confirmamos que nada es imposible para Dios.

Destruidas. El Señor dio también la victoria a su pueblo contra los Anaceos; destruyeron a los gigantes de Hebrón, Debir, Anab, los montes de Judá e Israel. Sólo quedaron algunos Anaceos en Gaza, Gat, y Asdod, en la costera mediterránea filistea. Los Anaceos eran el pueblo más fuerte, el reto más difícil, pero el Señor los entregó en manos de su pueblo, porque el poder de Dios es infinito. De esta manera Israel conquistó la región del sur.

El recuento de lo conquistado. El capítulo 13 en sus primeros 6 versículos nos recuerda que Israel con la dirección de Moisés, destruyó a dos reyes al oriente del río Jordán. El resto del capítulo hace un recuento de los reyes destruidos al occidente del Jordán, fueron 31 reyes. De modo que hasta ese momento en total habían destruido 33 reyes; pero aun había mucha tierra por conquistar, aproximadamente un 40%. Esto nos enseña que en esta vida terrenal siempre tendremos oportunidad de crecer, avanzar, mejorar; y nunca debemos detenernos pues el Espíritu Santo nos da poder para ir de gloria en gloria, 2 Corintios 3.18, Filipenses 1.6.

 HERMANOS:

¿Cuál es el norte o el sur que tenemos que conquistar?, es decir, ¿qué retos tenemos frente a nosotros para superar? Tal vez se trate de ciertos pecados que tenemos que dejar; un hábito malo; o el mal carácter. O puede ser algo que aún no hemos logrado hacer, como: leer toda la Biblia, tener una vida de oración; integrarnos al coro o a alguna Organización de la Iglesia; evangelizar.

No tengamos temor de ir a la conquista del norte o el sur; pues es Dios quien nos hace vencedores; para Él, los enemigos son nada; los retos son posibles; y las pruebas superables. Así es que continuemos con aquellas cosas que nos faltan conquistar, Salmo 18.29, 2 Samuel 22.30.

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