La familia del Señor Jesús

“LA FAMILIA DEL SEÑOR JESÚS”

La Palabra de Dios nos enseña que el Señor hizo al hombre para que viva en familia. Después de crear a Adam y Eva, Dios les bendijo y les mandó que se multiplicaran, que tuvieran una gran familia.

Dios existe en tres Personas, El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; esto quiere decir, que ha vivido por la eternidad en familia. Al hacer al hombre a su imagen y semejanza, lo creó para que también habite en familia.

Tan importante es la familia, que cuando Dios envió a su Hijo al mundo para salvarnos de nuestros pecados, le proveyó de una familia terrenal. Veamos algunos pasajes de las Santas Escrituras, acerca de la familia del Señor Jesucristo.

SUS PADRES TERRENALES.

Mateo 1

18 Y el nacimiento de Jesucristo fué así: Que siendo María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.

19 Y José su marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.

20 Y pensando él en esto, he aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

21 Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados.

José y María. La Palabra de Dios nos dice que María estaba comprometida para casarse con José. Ambos pertenecían a la familia del rey David, de esta manera el Señor Jesús fue el renuevo de la casa de David, el legítimo Rey de Israel. El Espíritu Santo engendró al Hijo de Dios en el vientre de María. El ángel del Señor confirmó esta noticia a José quien se casó con María, y no tuvieron relaciones sexuales hasta que nació el Señor Jesús. José y María sólo fueron padres o tutores terrenales de Jesucristo, pues Él es el Unigénito Hijo de Dios. No hubo imputación de pecado a Jesucristo, así Él llevó nuestras iniquidades, y las pagó en el Calvario.

Redimidos por Cristo. José y María eran descendientes de David, pero no eran personas de alta condición social porque la casa de David había sido olvidada. Dios envió a su Hijo en humildad, como un siervo para dar su vida en rescate de la nuestra. José y María fueron salvos, pero no por haber sido los padres terrenales de nuestro Señor, sino porque fueron tocados por la gracia de Dios, reconocieron sus pecados, y creyeron en Jesús como su Mesías Salvador. La fe de José se manifiesta en su obediencia a las instrucciones de Dios por medio del ángel; en todas las ocasiones que se le indicó algo, obedeció, (Esperó más de nueve meses para estar en intimidad con María; huyó a Egipto con María y Jesús; se fue a vivir a Galilea con su familia). También María dio testimonio de fe en Cristo como su Salvador; fue obediente a la voluntad de Dios; y expresó lo siguiente: “Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador”; ella reconoció que Jesús es su Dios. También, el libro de los Hechos nos dice que después de la ascensión de nuestro Redentor, María perseveraba en oración con otros creyentes en Cristo, Hechos 1.14.

Cumplieron su responsabilidad. José y María cuidaron bien del Hijo de Dios; lo instruyeron con fidelidad en las Santas Escrituras, por eso el Señor impresionó a los doctores en Jerusalem, Lucas 2.46,47; le enseñaron a cumplir las ordenanzas de la Ley, pues todos los años le llevaban a Jerusalem para celebrar la fiesta de la pascua, Lucas 1.41; José le enseñó el oficio de la familia, que era la carpintería, la gente reconoció a Jesús como “el Hijo del carpintero”, Mateo 13.55; como podemos ver nuestro Redentor también trabajó y ayudó al sostén de su familia. Recordemos que Dios envió a su Hijo en un estado de humillación, nació y creció como todos los hombres; necesitó de las atenciones y amor de una familia; José y María tuvieron el privilegio de cumplir esta responsabilidad. Oremos para que Dios nos dé sabiduría y fortaleza para desempeñar bien nuestro papel como padres, y podamos entregar buenas cuentas de nuestra mayordomía.

SUS HERMANOS UTERINOS.

Una gran familia.

Marcos 6

1 Y SALIO de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.

2 Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?

3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en él.

Algunos teólogos llaman a los hermanos del Señor Jesús, “hermanos uterinos”, porque ellos sí fueron engendrados por José. La enseñanza de la virginidad perpetua de María es una falsedad. Este pasaje nos demuestra que José y María tuvieron una familia numerosa. La familia del Señor estuvo integrada por cuatro hermanos, al menos dos hermanas, y sus padres. En este texto no se menciona a José, es posible que Dios lo llamara a su presencia durante la juventud de Jesús. Con una gran familia, el Señor Jesucristo, pasó buenos momentos de convivencia, juegos y diversión. También vivió los retos y pruebas que pasamos todas las familias. Por eso el Señor es Poderoso para socorrernos, Él comprende nuestras vivencias.

Al principio no creían en Él.

Marcos 3

21 Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decían: Está fuera de sí.

Juan 7

1 Y PASADAS estas cosas andaba Jesús en Galilea: que no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban matarle.

2 Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, la de los tabernáculos.

3 Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete á Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.

4 Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.

5 Porque ni aun sus hermanos creían en él.

Al llegar a los 30 años nuestro Señor Jesucristo comenzó su ministerio. Después de ser Ungido por el Espíritu Santo, llamó a sus discípulos. Entonces sus hermanos fueron por Él, porque pensaban que estaba fuera de sí, que tenía algún problema mental. Esto no es un punto en contra sino a favor de nuestro Redentor, es la evidencia de su humanidad y estado de humillación. La Biblia no nos dice mucho acerca de la infancia y juventud de Cristo, porque el Señor se desarrolló como todos los hombres, pero sin maldad ni pecado. Sus hermanos habían visto en él un crecimiento normal, con la excepción de pecado. Jesús no tenía súper poderes, ni había hecho milagros; esperó a ser Ungido para iniciar sus oficios de Profeta, Rey y Sacerdote. Los evangelios apócrifos enseñan que Jesús hacía maravillas desde su infancia; en estos escritos se plasman las enseñanzas de los que no creen en la humanidad de Jesucristo. Sin embargo, el Señor es hombre verdaderamente, y por ello pudo sustituirnos en la cruz.

Los hermanos del Señor no le pudieron regresar a casa. Con el tiempo tuvieron un rayo de luz en sus corazones, se dieron cuenta que Jesús no estaba mal de sus facultades mentales, su testimonio, enseñanzas y milagros, no corresponden a un enfermo mental. Pero, ¿si él era el Mesías, por qué no se manifestaba con claridad al mundo? La Palabra de Dios nos dice que esta pregunta revela que ni aun los hermanos del Señor creían en él. Jesús respondió que aún no era su tiempo. Este tiempo llegó cuando nuestro Redentor entró como Rey a Jerusalem, y unos días después murió por nuestros pecados, y resucitó victorioso. Fue una manifestación pública e innegable.

Redimidos por Cristo.

Hechos 1

13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, y Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón Zelotes, y Judas hermano de Jacobo.

14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Después de la resurrección y ascensión del Señor, sus hermanos fueron tocados por la gracia de Dios, y creyeron Él como su Mesías Salvador. El libro de los Hechos nos dice que ellos perseveran junto a su madre, en oración y ruego. No fueron salvos por ser hermanos uterinos del Cristo, sino porque Dios tuvo misericordia de ellos y los llamó a la redención por medio del Espíritu Santo. Tal y como ocurrió en nuestras vidas.

Hechos 15

13 Y después que hubieron callado, Jacobo respondió, diciendo: Varones hermanos, oidme:

1 Corintios 9

5 ¿No tenemos potestad de traer con nosotros una hermana mujer también como los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?

San Pablo nos dice que a los que el Señor predestinó, también llamó, justificó, y glorificó, Romanos 8.30. Los redimidos por Cristo, somos fortalecidos por el Espíritu Santo para perseverar en el camino de la vida eterna. De esta manera, Jacobo el hermano del Señor perseveró. Lo vemos en el concilio de Jerusalem, interpretando un pasaje hermoso acerca del tabernáculo de David, nos dice que fue una sombra de la gracia de salvación que se derrama tanto a judíos como a los gentiles.

El apóstol Pablo también dio testimonio que los hermanos del Señor predicaban el evangelio y lo hacían en compañía de sus esposas. El Espíritu Santo inspiró a Jacobo o Santiago, y a Judas, para escribir la Palabra de Dios, en nuestras Biblias tenemos sus cartas. En ellas se presentan como “esclavos” de Jesucristo. No había presunción en sus corazones, sino humildad por el privilegio de servir a su Señor, Dios y Redentor.

HERMANOS:

El Señor Jesús no tuvo novia, ni se casó; no porque esto sea malo. Mucho menos tuvo amante, ni tampoco engendró hijos. La novela del Código Da Vinci, dice que Jesucristo tuvo hijos; pero es importante señalar que se trata de una novela falsa, es decir, es ficción; la Palabra de Dios que es verdadera nos manda no prestar atención a fábulas y genealogías sin término, 1 Timoteo 1.4.

Pero, ¿Por qué el Señor Jesús no formó una familia? Porque las Escrituras nos dicen que el Mesías no tendría esposa ni hijos, Isaías 53.8. Continua la pregunta, ¿Verdad? Entonces es necesario decir que el Hijo de Dios, quien es Dios mismo, ya tiene una esposa, que somos nosotros, su iglesia, por quienes el Señor dio su vida, Efesios 5.25. Nosotros somos la familia del Señor. Por medio de Cristo, somos adoptados como hijos de Dios, y somos hechos herederos de Dios, y coherederos de Cristo, Romanos 8.16,17. Por eso nuestro Bendito Salvador dijo estas palabras:

 Marcos 3

32 Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.

33 Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

34 Y mirando á los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y hermanos.

35 Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

Como en todas las familias, en nuestra familia que es la Iglesia, los hermanos a veces nos disgustamos y tenemos problemas, pero es un consuelo saber que nada nos puede apartar del amor de Cristo, el Señor no permitirá que su familia sea disuelta. Vivamos en este amor, y valoremos la bendición tan grande de ser la Familia de Dios.

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