Archivos del mes: 20 mayo 2017

Escuela Bíblica de Vacaciones 2017

Gracias a Dios llevamos a cabo la EBV 2017, en la semana posterior a semana santa, compartimos algunos de los cantos.

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Esforzados en la gracia divina

 

“PUES tú, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” 2 Timoteo 2.1.

Hace algunos días celebramos el día de las madres. Festejamos a mamá con una comida, una oración, o un regalo. ¿Fue un día de gracia para ellas? No, porque se merecen mucho más de lo que podemos darles. La Palabra de Dios dice que nosotros hemos recibido gracia en Cristo. Veamos lo que esto implica, y lo que Dios pide de nosotros.

UN DON SUBLIME, Efesios 2.8.

Recibido sin merecerlo. El apóstol Pablo le dijo al joven Timoteo que se esforzara en la gracia que es en Cristo, ¿pero que es gracia? Es un don o regalo otorgado a una persona que no lo merece. Se aplica al regalo de la salvación divina, por medio de la cual hemos sido librados de nuestros pecados y la muerte eterna, gracias a la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo. Es gracia porque no merecíamos ser salvos, sino quedar en condenación por nuestros pecados que son detestables. Es un don sublime, admirable; pues Dios salva al que merecía el tormento eterno por sus pecados. Por medio de su gracia el Todopoderoso, declara inocente al culpable, a través de la obra justificadora de Jesucristo.

Irreversible y seguro. La gracia o salvación en Cristo, es dada conforme a la soberana voluntad de Dios, y de forma incondicional; se basa en el Señor, no en nosotros por eso no se puede perder. Tomemos en cuenta que Dios es inmutable, no cambia, por lo tanto, sus decisiones son firmes y seguras. Quien recibe la gracia salvadora del Señor, la recibe para siempre; Dios no le retirará su salvación, porque él no miente, ni se equivoca. Por ello quien tiene la gracia de Dios, tiene también la paz del Señor, pues está seguro en Él.

Para los pueblos sin distinción. Es por la gracia divina que Pablo le dice a Timoteo: “hijo mío”; pues el joven ministro era de padre griego. Antes de ser alcanzado por Cristo, Pablo le hubiera dicho a Timoteo, perro. Pero la misericordia de Dios es tan grande que da su gracia a los pueblos sin distinción; a judíos y gentiles. De esta manera las promesas y bendiciones de la Palabra de Dios son también para nosotros. Como podemos ver la Gracia de Dios es sublime.

POR GRATITUD A NUESTRO SALVADOR, 2 Corintios 9.15.

Conscientes de lo que hemos recibido. Si Dios no hubiera derramado su gracia en nuestra vida, seguiríamos muertos en nuestros delitos y pecados; estaríamos separados del Señor; tendríamos que pasar la eternidad sin Dios. Sin la gracia del Señor, estaríamos sin esperanza en las enfermedades, problemas y necesidades. Seríamos ajenos a las promesas y bendiciones de Dios. Ha sido tan grande la misericordia de Dios; por lo tanto, debemos estar profundamente agradecidos, y manifestar esta gratitud con esfuerzo en la gracia del Señor.

En adoración. La primera muestra de gratitud a Dios por su gracia debe ser la adoración a Él. Debemos adorarle de forma personal y con la familia; debemos leer la Palabra de Dios, orar, cantar. Y hacerlo también con la iglesia, y la organización a la que pertenecemos. Algunas veces fallamos en buscar la comunión con Dios en compañía de nuestros hermanos en Cristo; y nos privamos de grandes bendiciones. Que el Señor nos bendiga para ser fieles en la adoración; ya que, si no cumplimos con esta parte que es un privilegio, ¿cómo llevaremos a cabo deberes que requieren mayor acción, por ejemplo, predicar el evangelio fuera de nuestra ciudad?

De manera permanente. Además de salvarnos, el Señor nos fortalece y nos sostiene en nuestra vida espiritual, por medio del Espíritu Santo. Si no fuera así, hace tiempo que hubiéramos desmayado. Sin embargo, a los que Dios predestinó, también llamó, justificó, y glorificó, es decir, su obra es completa en nuestra vida. Por eso debemos dar gracias al Señor, y adorarle todos los días. Debemos ser esforzadores cristianos de todos los días, no solamente de domingo en los matutinos o en los devocionales por la tarde.

CON FRUTOS PARA LA GLORIA DEL SEÑOR, 1 Corintios 15.10.

En la predicación. La encomienda del apóstol Pablo a Timoteo, de esforzarse en la gracia que es en Cristo Jesús, significa esforzarse en los frutos que la salvación produce en la vida del cristiano. Por eso es que el apóstol se esforzó en la predicación del evangelio, y sirvió más que los otros apóstoles. De igual manera los esforzadores cristianos, deben hacer un esfuerzo por predicar más y más la Palabra de Dios, en la Escuela Dominical, en los devocionales de la sociedad, en los Cultos de la iglesia, en la escuela, en el trabajo, en la familia, con los amigos.

En el cuidado de los hermanos. Los devocionales en el esfuerzo cristiano, son muy importantes, pues ayudan al desarrollo espiritual de sus miembros. Pero una vez que los esforzadores han sido alimentados, deben ayudar y cuidar de los demás hermanos de la iglesia. Es tiempo de ver a los esforzadores en visita a los hermanos enfermos y que están en problemas; en oración sistemática por la iglesia; en la búsqueda de los que se resfrían en la vida espiritual.

En el servicio. En la vida de la iglesia se realizan muchas actividades, por ejemplo, ágapes, limpieza, remodelación, trabajos de pintura, ayuda a los necesitados, entre otras. ¿Quién se encarga de este servicio? Los esforzadores deben tomar parte activa en estas tareas. Servir al Señor, tiene un impacto en la vida espiritual personal y de la iglesia, porque es la evidencia de una fe viva. Los hermanos son fortalecidos cuando nos ven sirviendo; y se desalientan cuando observan que hablamos muy bonito, pero no servimos al pueblo de Dios.

HERMANOS: 

San Pablo le dijo a Timoteo que se esforzara en la gracia, como un soldado. Las principales características de un militar son la obediencia y la disciplina. Es necesario que adoptemos estas virtudes para esforzarnos en la gracia. Obedecer a la Palabra de Dios, y a los hermanos que dirigen su Obra. Y más que disciplina, tener placer por hacer las cosas lo mejor que podamos, porque todo lo que hacemos es para el Señor, y Él es Digno de toda obra excelente.

 

La familia del Señor Jesús

“LA FAMILIA DEL SEÑOR JESÚS”

La Palabra de Dios nos enseña que el Señor hizo al hombre para que viva en familia. Después de crear a Adam y Eva, Dios les bendijo y les mandó que se multiplicaran, que tuvieran una gran familia.

Dios existe en tres Personas, El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; esto quiere decir, que ha vivido por la eternidad en familia. Al hacer al hombre a su imagen y semejanza, lo creó para que también habite en familia.

Tan importante es la familia, que cuando Dios envió a su Hijo al mundo para salvarnos de nuestros pecados, le proveyó de una familia terrenal. Veamos algunos pasajes de las Santas Escrituras, acerca de la familia del Señor Jesucristo.

SUS PADRES TERRENALES.

Mateo 1

18 Y el nacimiento de Jesucristo fué así: Que siendo María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.

19 Y José su marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.

20 Y pensando él en esto, he aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

21 Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados.

José y María. La Palabra de Dios nos dice que María estaba comprometida para casarse con José. Ambos pertenecían a la familia del rey David, de esta manera el Señor Jesús fue el renuevo de la casa de David, el legítimo Rey de Israel. El Espíritu Santo engendró al Hijo de Dios en el vientre de María. El ángel del Señor confirmó esta noticia a José quien se casó con María, y no tuvieron relaciones sexuales hasta que nació el Señor Jesús. José y María sólo fueron padres o tutores terrenales de Jesucristo, pues Él es el Unigénito Hijo de Dios. No hubo imputación de pecado a Jesucristo, así Él llevó nuestras iniquidades, y las pagó en el Calvario.

Redimidos por Cristo. José y María eran descendientes de David, pero no eran personas de alta condición social porque la casa de David había sido olvidada. Dios envió a su Hijo en humildad, como un siervo para dar su vida en rescate de la nuestra. José y María fueron salvos, pero no por haber sido los padres terrenales de nuestro Señor, sino porque fueron tocados por la gracia de Dios, reconocieron sus pecados, y creyeron en Jesús como su Mesías Salvador. La fe de José se manifiesta en su obediencia a las instrucciones de Dios por medio del ángel; en todas las ocasiones que se le indicó algo, obedeció, (Esperó más de nueve meses para estar en intimidad con María; huyó a Egipto con María y Jesús; se fue a vivir a Galilea con su familia). También María dio testimonio de fe en Cristo como su Salvador; fue obediente a la voluntad de Dios; y expresó lo siguiente: “Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador”; ella reconoció que Jesús es su Dios. También, el libro de los Hechos nos dice que después de la ascensión de nuestro Redentor, María perseveraba en oración con otros creyentes en Cristo, Hechos 1.14.

Cumplieron su responsabilidad. José y María cuidaron bien del Hijo de Dios; lo instruyeron con fidelidad en las Santas Escrituras, por eso el Señor impresionó a los doctores en Jerusalem, Lucas 2.46,47; le enseñaron a cumplir las ordenanzas de la Ley, pues todos los años le llevaban a Jerusalem para celebrar la fiesta de la pascua, Lucas 1.41; José le enseñó el oficio de la familia, que era la carpintería, la gente reconoció a Jesús como “el Hijo del carpintero”, Mateo 13.55; como podemos ver nuestro Redentor también trabajó y ayudó al sostén de su familia. Recordemos que Dios envió a su Hijo en un estado de humillación, nació y creció como todos los hombres; necesitó de las atenciones y amor de una familia; José y María tuvieron el privilegio de cumplir esta responsabilidad. Oremos para que Dios nos dé sabiduría y fortaleza para desempeñar bien nuestro papel como padres, y podamos entregar buenas cuentas de nuestra mayordomía.

SUS HERMANOS UTERINOS.

Una gran familia.

Marcos 6

1 Y SALIO de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.

2 Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?

3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en él.

Algunos teólogos llaman a los hermanos del Señor Jesús, “hermanos uterinos”, porque ellos sí fueron engendrados por José. La enseñanza de la virginidad perpetua de María es una falsedad. Este pasaje nos demuestra que José y María tuvieron una familia numerosa. La familia del Señor estuvo integrada por cuatro hermanos, al menos dos hermanas, y sus padres. En este texto no se menciona a José, es posible que Dios lo llamara a su presencia durante la juventud de Jesús. Con una gran familia, el Señor Jesucristo, pasó buenos momentos de convivencia, juegos y diversión. También vivió los retos y pruebas que pasamos todas las familias. Por eso el Señor es Poderoso para socorrernos, Él comprende nuestras vivencias.

Al principio no creían en Él.

Marcos 3

21 Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decían: Está fuera de sí.

Juan 7

1 Y PASADAS estas cosas andaba Jesús en Galilea: que no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban matarle.

2 Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, la de los tabernáculos.

3 Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete á Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.

4 Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.

5 Porque ni aun sus hermanos creían en él.

Al llegar a los 30 años nuestro Señor Jesucristo comenzó su ministerio. Después de ser Ungido por el Espíritu Santo, llamó a sus discípulos. Entonces sus hermanos fueron por Él, porque pensaban que estaba fuera de sí, que tenía algún problema mental. Esto no es un punto en contra sino a favor de nuestro Redentor, es la evidencia de su humanidad y estado de humillación. La Biblia no nos dice mucho acerca de la infancia y juventud de Cristo, porque el Señor se desarrolló como todos los hombres, pero sin maldad ni pecado. Sus hermanos habían visto en él un crecimiento normal, con la excepción de pecado. Jesús no tenía súper poderes, ni había hecho milagros; esperó a ser Ungido para iniciar sus oficios de Profeta, Rey y Sacerdote. Los evangelios apócrifos enseñan que Jesús hacía maravillas desde su infancia; en estos escritos se plasman las enseñanzas de los que no creen en la humanidad de Jesucristo. Sin embargo, el Señor es hombre verdaderamente, y por ello pudo sustituirnos en la cruz.

Los hermanos del Señor no le pudieron regresar a casa. Con el tiempo tuvieron un rayo de luz en sus corazones, se dieron cuenta que Jesús no estaba mal de sus facultades mentales, su testimonio, enseñanzas y milagros, no corresponden a un enfermo mental. Pero, ¿si él era el Mesías, por qué no se manifestaba con claridad al mundo? La Palabra de Dios nos dice que esta pregunta revela que ni aun los hermanos del Señor creían en él. Jesús respondió que aún no era su tiempo. Este tiempo llegó cuando nuestro Redentor entró como Rey a Jerusalem, y unos días después murió por nuestros pecados, y resucitó victorioso. Fue una manifestación pública e innegable.

Redimidos por Cristo.

Hechos 1

13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, y Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón Zelotes, y Judas hermano de Jacobo.

14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Después de la resurrección y ascensión del Señor, sus hermanos fueron tocados por la gracia de Dios, y creyeron Él como su Mesías Salvador. El libro de los Hechos nos dice que ellos perseveran junto a su madre, en oración y ruego. No fueron salvos por ser hermanos uterinos del Cristo, sino porque Dios tuvo misericordia de ellos y los llamó a la redención por medio del Espíritu Santo. Tal y como ocurrió en nuestras vidas.

Hechos 15

13 Y después que hubieron callado, Jacobo respondió, diciendo: Varones hermanos, oidme:

1 Corintios 9

5 ¿No tenemos potestad de traer con nosotros una hermana mujer también como los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?

San Pablo nos dice que a los que el Señor predestinó, también llamó, justificó, y glorificó, Romanos 8.30. Los redimidos por Cristo, somos fortalecidos por el Espíritu Santo para perseverar en el camino de la vida eterna. De esta manera, Jacobo el hermano del Señor perseveró. Lo vemos en el concilio de Jerusalem, interpretando un pasaje hermoso acerca del tabernáculo de David, nos dice que fue una sombra de la gracia de salvación que se derrama tanto a judíos como a los gentiles.

El apóstol Pablo también dio testimonio que los hermanos del Señor predicaban el evangelio y lo hacían en compañía de sus esposas. El Espíritu Santo inspiró a Jacobo o Santiago, y a Judas, para escribir la Palabra de Dios, en nuestras Biblias tenemos sus cartas. En ellas se presentan como “esclavos” de Jesucristo. No había presunción en sus corazones, sino humildad por el privilegio de servir a su Señor, Dios y Redentor.

HERMANOS:

El Señor Jesús no tuvo novia, ni se casó; no porque esto sea malo. Mucho menos tuvo amante, ni tampoco engendró hijos. La novela del Código Da Vinci, dice que Jesucristo tuvo hijos; pero es importante señalar que se trata de una novela falsa, es decir, es ficción; la Palabra de Dios que es verdadera nos manda no prestar atención a fábulas y genealogías sin término, 1 Timoteo 1.4.

Pero, ¿Por qué el Señor Jesús no formó una familia? Porque las Escrituras nos dicen que el Mesías no tendría esposa ni hijos, Isaías 53.8. Continua la pregunta, ¿Verdad? Entonces es necesario decir que el Hijo de Dios, quien es Dios mismo, ya tiene una esposa, que somos nosotros, su iglesia, por quienes el Señor dio su vida, Efesios 5.25. Nosotros somos la familia del Señor. Por medio de Cristo, somos adoptados como hijos de Dios, y somos hechos herederos de Dios, y coherederos de Cristo, Romanos 8.16,17. Por eso nuestro Bendito Salvador dijo estas palabras:

 Marcos 3

32 Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.

33 Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

34 Y mirando á los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y hermanos.

35 Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

Como en todas las familias, en nuestra familia que es la Iglesia, los hermanos a veces nos disgustamos y tenemos problemas, pero es un consuelo saber que nada nos puede apartar del amor de Cristo, el Señor no permitirá que su familia sea disuelta. Vivamos en este amor, y valoremos la bendición tan grande de ser la Familia de Dios.

Un pacto y varias victorias en Canaán

Josué 9 y 10.

El pueblo de Israel con la gracia y poder de Dios, había destruido 4 ciudades con su gente. Esto generó mayor temor en los pueblos cananeos. Podían pasar muchas cosas, por ejemplo, que aquellos reinos se unieran para pelear contra Israel; que los cananeos se rindieran; o que quisieran llegar a un acuerdo. El pueblo del Señor tenía que estar muy atento a la Palabra de Dios, como se lo indicó a Josué, para proceder de manera correcta ante toda contingencia. Hoy veremos cómo Israel, hizo un pacto con los gabaonitas; y de qué forma el Señor encausó esto para dar gracia en la conquista de la tierra prometida.

CON LOS GABAONITAS, 9.

Un pueblo astuto. Cuando las noticias de la destrucción de Hai llegaron a los reyes paganos, se unieron para pelear contra Josué e Israel. Pero los gabaonitas, que vivían en la parte central de la tierra, no tomaron parte en esta alianza. Ellos con astucia, fingieron ser un pueblo lejano, que había mandado a sus embajadores, a realizar un largo viaje para hacer un pacto de paz con Israel. Mintieron al decir que su viaje había sido tan largo y prolongado en tiempo, que llegaron con sus cosas viejas y desgastadas. Realmente fueron sagaces, ellos sabían que morirían, que les esperaba un final como el de Hai, pues Jehová el Dios Poderoso daría su tierra a Israel. Lo mejor era hacer una alianza para salvar sus vidas. La Palabra de Dios nos dice que la sabiduría es mejor que la fuerza, Eclesiastés 9.16. Por eso el Señor Jesucristo nos manda ser prudentes como serpientes, Mateo 10.16. Para obtener esta prudencia o sabiduría el Señor nos ha dado su Palabra, y la oración, Proverbios 2.6; Santiago 1.5. Si leemos las Escrituras y oramos todos los días, el Señor nos dará sabiduría para todas las cosas que enfrentemos.

 Sin consultar a Dios. Josué y los príncipes del pueblo, al ver las provisiones viejas que los gabaonitas tenían, les creyeron, y pactaron paz con ellos, no los matarían. Hicieron esta promesa sin consultar al Señor, era la segunda vez que Josué procedía sin orar primero. Debemos aprender a consultar a Dios antes de hacer toda actividad; de lo contrario pecamos, pues no orar significa vivir independientes del Señor; además de que podemos tener resultados malos. Al tercer día los israelitas descubrieron que habían sido engañados, los gabaonitas eran gente que vivía en la tierra prometida. Josué y los príncipes, fueron criticados por el pueblo, pues por el pacto hecho, no podían tocar a los gabaonitas. Qué difícil momento para Josué, había fallado al no consultar a Dios, y ahora enfrentaba la presión de la murmuración del pueblo.

 Hechos siervos para la casa de Dios. El Señor mandó a su pueblo destruir de forma total a las gentes que habitaban la tierra de Canaán, porque estaban llenas de abominaciones, era un castigo para estos pueblos. Al mismo tiempo Dios no quería que sus hijos aprendieran las cosas malas de los cananeos, Deuteronomio 20.16-18. Pero ahora, Israel no podía tocar a los gabaonitas, porque habían hecho un pacto que no podían quebrantar. Josué y el pueblo de Israel, preservaron la vida de los gabaonitas, pero les hicieron sus esclavos para llevar agua y leña a las familias de Israel, así como a la Casa de Dios, ya que ellos habían mentido, al decir que venían de muy lejos. Es importante decir que el Señor permitió la alianza de Israel con los gabaonitas, para darles su gracia, porque nuestro Dios es grande en misericordia. Así los gabaonitas fueron librados de la muerte, recibieron el privilegio de servir en la casa del Señor; y tuvieron parte en Israel. Gabaón fue una ciudad levítica, Josué 21.17; hubo un gabaonita entre los valientes de David, 1 Crónicas 12.4; el Tabernáculo estuvo en Gabaón; los gabaonitas ayudaron en la reconstrucción de los muros de Jerusalem, Nehemías 3.7. Esta es la gracia que Dios también derramó en nuestras vidas; por medio de la cual nos libró de la muerte eterna; y nos ha dado el privilegio de ser sus siervos.

DE DIOS PARA SU PUEBLO, 10.

 Un ejército numeroso derrotado. Cuando Adonisec rey de Jerusalem se enteró que los moradores de Gabaón, habían hecho pacto con Israel, él y su pueblo tuvieron mucho miedo. Por lo tanto, Adonisec llamó a cuatro reyes para combatir contra Gabaón. Los gabaonitas pidieron ayuda de Israel quien no se pudo negar por el pacto que habían hecho. Eran cinco reyes y sus ejércitos contra Israel, al parecer Gabaón no salió a la batalla; sin embargo, aun cuando eran un numeroso ejército, fueron derrotados, porque el Señor Omnipotente peleó por su pueblo. En las batallas no estamos solos, Dios siempre se encuentra con nosotros y nos da la victoria en nuestro Señor Jesucristo. También tenemos el apoyo de la iglesia del Señor; cuando sepamos de un miembro que está enfrentando una prueba, debemos apoyar de inmediato con oración, y de manera material también.

 Por medio de la oración. Los reyes al verse derrotados huyeron, faltaba poco para que ellos y sus ejércitos fueran destruidos de forma total; pero el día estaba por terminar. Entonces Josué hizo lo mejor que pudo haber hecho, una oración con gran fe en Dios. Josué pudo pedir al Señor que les diera un infarto a sus enemigos; que los israelitas tuvieran visión nocturna; o que les diera súper poderes. Pero pidió algo que a pocos se nos hubiera ocurrido: que el sol y la luna se detuvieran, es decir, que el día se prolongara, y el Señor hizo esto, alargó el día, el tiempo necesario para que sus enemigos fueran destruidos. Al orar debemos hacerlo con fe, sin dudar en Dios. Este pasaje de las Escrituras nos enseña que orar con fe, implica pedir creyendo en la Infinitud de Dios en todas sus perfecciones, Él no tiene fronteras en su poder, sabiduría, ni presencia; no debemos orar como diciendo: “Dios, te pido algo fácil para que no tengas problemas en contestarlo”. Por ejemplo, si oramos por un hermano enfermo, en lugar de pedir a Dios: “bendice a este hijo tuyo para que se sienta mejor”; decir: “Señor, sánalo de manera total, y que no recaiga en esta enfermedad”.

 Un gran avance. Josué mató a los cinco reyes, y sus cuerpos fueron colgados como testimonio de la victoria de Dios. Esto fortaleció la fe de los israelitas, quienes continuaron con las batallas del Señor y conquistaron más reinos en la tierra prometida. Fueron destruidos 6 reyes: Adonisec, Oham, Phiream, Japhia, Debir, y Horam. Y 7 ciudades: Hebrón, Laquis, Eglón, Maceda, Libna, Gezer, y Debir. Esto significó un gran avance en la conquista de la tierra, en su región del centro-sur; y fue posible gracias a que Jehová peleaba por Israel. Hay enemigos de Dios, seres que se han rebelado contra él; pero ninguno de ellos es un rival para el Señor, porque sólo Él es Dios. Por eso San Pablo dice: “Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?”, Romanos 8.31. Vivamos tranquilos, no importa cuántos enemigos estén a nuestro alrededor, El Señor los quebrantará a su tiempo; para que nosotros sigamos avanzando en la Senda de Vida que es Cristo.

 HERMANOS:

 Este episodio de la historia de la Conquista de la tierra prometida, nos recuerda que antes de hacer alguna obra, debemos consultar a Dios en oración, y esperar que nos responda por medio de las Santas Escrituras. Si no oramos, estamos ocupando el lugar de Dios, digiriendo nuestra vida; y no obtendremos nada bueno.

Al orar debemos hacerlo con fe, debemos recordar que nuestro Dios es Omnipotente, puede hacer milagros, puede hacer todas las cosas conforme a su voluntad que es agradable y perfecta; Santiago dice: “Pero pida en fe, no dudando nada: porque el que duda es semejante á la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte á otra. No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor”, Santiago 1.6,7.

¿Se han confederado sus enemigos?, ¿se han justado varios problemas? No son rivales para nuestro Señor, No tenga temor, Jesucristo venció a todos nuestros enemigos cuando resucitó del sepulcro. Ya nada nos puede apartar de Dios, porque él pelea por Israel(nosotros).

La oración en el Gethsemaní

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Gethsemaní significa prensa de aceite. En el monte de los olivos existe un huerto llamado así, en donde el Señor Jesucristo solía pasar tiempo de oración, de intimidad con su Padre celestial. La oración es un asunto fascinante, sencillo y al mismo tiempo profundo. Hoy hablaremos un poco acerca de la oración que nuestro Bendito Salvador hizo en el Gethsemaní, antes de ser aprendido para ser “juzgado”(realmente no fueron juicios, sino farsas) y condenado a morir.

TIPIFICADA POR DAVID, Salmo 18.4-6.

4 Cercáronme dolores de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron. 5 Dolores del sepulcro me rodearon, Previniéronme lazos de muerte. 6 En mi angustia invoqué á Jehová, Y clamé á mi Dios: El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, á sus oídos.

Después de ser librado de sus enemigos. El título del Salmo 18 nos dice que David escribió este cántico cuando fue librado de la mano de sus enemigos, entre ellos el rey Saúl. Desde su juventud David, enfrentó muchas adversidades, recordemos algunas de ellas: 1. La desestima de su familia, al ser el hijo menor y estar confinado al cuidado de las ovejas. 2. Los peligros de las fieras del campo, él luchó contra leones y osos. 3. La envidia e ira del paranoico Saúl, quien en varias ocasiones quiso matarlo, y lo persiguió como un delincuente. 4. El menosprecio de su esposa Mical. 5. La inconstancia de su gente, quienes varias veces quisieron deshacerse de él. 6. La rebelión de Absalón. 7. Las muchas batallas contra los pueblos enemigos. Al presentarse estas luchas, David hizo lo correcto, orar al Señor. No buscó alianzas militares con otros reinos; tampoco actuó de forma unilateral de acuerdo a su parecer. David oró a Jehová de los ejércitos para que él le indicara su voluntad, la estrategia, y le librara de sus enemigos.

En los momentos de aflicción. En este Salmo David expresa lo que sufrió en las diferentes batallas que enfrentó. Él era un hombre de guerra, valiente, y con muchas capacidades, por ejemplo: era excelente músico, cantor, escritor, poeta, actor (se fingió loco ante Aquis el filisteo, y le creyeron); sin embargo, esto no significa que no se quebrantara en las pruebas. Experimentó dolores de muerte. Sintió temor por la perversidad de sus enemigos; perverso es el que se delita al hacer mal. También se sintió al borde del sepulcro. Todos los seres humanos en las pruebas tenemos sentimientos de angustia, miedo, de aflicción tan grande que nos sentimos morir; todo esto es la evidencia de la fragilidad de nuestra vida, y la necesidad que tenemos de Dios. David tipificó a nuestro Señor Jesucristo en su humanidad. Como hombre el Señor pasó por muchos momentos difíciles, por eso es llamado “Varón de dolores, experimentado en quebranto”. En medio de los sentimientos de angustia, tenemos la bendición de orar al Señor.

Quien fue escuchado por Dios. David nos da testimonio de que Dios oyó su clamor, y le contestó. El Señor se manifestó con poder y le libró de todos sus enemigos; también quitó los sentimientos de angustia y le dio gozo en su corazón. David enfrentó muchas batallas, pero no pereció en ninguna de ellas. El Señor atendió sus oraciones y cuidó de él. La oración es el medio para que Dios nos escuche y atienda conforme a su voluntad nuestras peticiones. No debemos menospreciar ni descuidar este hermoso instrumento que Dios nos ha dado. Algunos dirán lo que necesito es dinero, comida, ropa, medicina, salud, trabajo, no oraciones. Pero por medio de la oración Dios puede proveer de esto, y mucho más.

EN LA ANGUSTIA DEL SEÑOR, Lucas 22.41-44.

41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42 Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43 Y le apareció un ángel del cielo confortándole. 44 Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

El Anti-Tipo de David. David fue un tipo o figura del Mesías. El Señor Jesucristo, es el Anti-Tipo, o cumplimiento de lo representado por David. El prefijo anti, significa opuesto o en contra; entonces, ¿por qué se dice que Cristo es el Anti-tipo? Porque fuera de la similitud que existe entre los personajes del Antiguo Testamento y el Señor Jesucristo; él es contrario a los pecados, y defectos que las personas Tipo tuvieron; El Hijo de Dios vino y vivió sin pecado. David el Tipo, experimentó angustia en las pruebas y oró a Dios; fue una figura o sombra de Cristo en oración ante el Padre, por la terrible angustia, tristeza y temor que sufrió en el huerto de Gethsemaní.

Al saber que bebería la copa de la ira divina. El Señor Jesús se apartó de sus tres discípulos Pedro, Jacobo y Juan, a una distancia de un tiro de piedra, y oró puesto de rodillas. Esta distancia nos comunicaba que estaba solo en su angustia, nadie podía ayudarle, ni comprender lo que estaba sufriendo. Al estar de rodillas, el Señor nos predica su humildad, estaba humillado, para llevar la carga de nuestros pecados, delitos que él no cometió. Jesucristo estaba angustiado porque sabía que se acercaba el momento de sufrir el juicio e ira de Dios, para pagar nuestros pecados. El Señor hizo alusión a la copa de veneno que bebían algunos condenados a muerte. Esta copa implicaba las humillaciones que Jesús sufrió en los seis juicios que se realizaron para condenarle a muerte siendo inocente; el terrible dolor físico de la crucifixión; la horrible soledad en la cruz, al estar desamparado de su Padre, ya que Jesús ocupaba nuestro lugar como el más grande pecador; y la vergüenza de la muerte de cruz.

Agonía única. En su humanidad el Señor pidió al Padre, si pudiera no beber la copa; pero que no se hiciera su voluntad, sino la de su Padre. Esto es una evidencia de la verdadera agonía y temor del Señor. Se trata de una agonía que nadie jamás experimentará en este grado. Los dolores de muerte rodearon al Señor, por eso sudó sangre; esto no es una expresión retórica, sino un acontecimiento real del cual Lucas el médico tenía conocimiento. En estos terribles padecimientos nuestro Maestro hizo lo que enseñó a sus discípulos, orar intensamente. La oración no libró al Señor Jesús de beber la copa de la ira divina, pero sí lo fortaleció para tomar esta copa con poder, sin dejar una sola gota que tengamos que beber nosotros. Al ser fortalecido, el Señor no se resistió al injusto arresto, ni se defendió de los maltratos que le hicieron, fue al matadero como Codero para dar morir por nuestros pecados y pagarlos todos; por eso dijo: “Consumado es”, la copa había sido terminada.

CONTESTADA POR EL PADRE, Hebreos 5.7-9.

 5 Así también Cristo no se glorificó á sí mismo haciéndose Pontífice, mas el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy; 6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote eternamente, Según el orden de Melchîsedec. 7 El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fué oído por su reverencial miedo. 8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 Y consumado, vino á ser causa de eterna salud á todos los que le obedecen;

Por la humildad del Señor. El Señor Jesús, el Hijo de Dios, vino al mundo en humildad para poder ofrecerse en sacrifico perfecto por nuestros pecados. Él como Sumo Sacerdote y Cordero, se ofreció así mismo en sacrificio único y eficaz para lavar todas nuestras iniquidades. No se hizo Pontífice o Sumo Sacerdote así mismo, sino que este oficio le fue dado por su Padre, según el orden del sacerdote y rey Melquisedec, pues el Señor Jesús no perteneció a la tribu de Leví, sino a la de Judá y a la familia de David, para ser también legítimo Rey. El carácter humilde de nuestro Señor se manifiesta en sus oraciones, incluida la que realizó en el Gethsemaní la noche en que fue entregado. Él se postró a tierra, y ofreció ruegos y súplicas. Una oración sin humildad no puede ser atendida por Dios, porque él resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. Humildad significa postrarnos ante Dios al orar, además de hacerlo en lo físico, también con el corazón, reconociendo la Majestad e Infinitud del Señor. No debemos orar con vanagloria, “Escúchame a mí porque hago muchas cosas, o porque soy muy importante”; tampoco debemos pedir cosas para ensalzarnos, “Señor concédeme este trabajo para que todos vean mi gran capacidad”

Por el clamor y lágrimas de nuestro Salvador. El Señor Jesucristo oró con ruegos, no de manera autoritaria. Oró con clamor y lágrimas, de forma pasional, no de labios solamente, sino desde su corazón lleno de angustia y temor. Su Padre escuchó su oración y la respondió, pues las Escrituras nos dicen que fue confortado por un ángel. Debemos recordar que al orar debemos acercarnos a Dios con respeto, pues su nombre es santificado, no tenemos ninguna facultad para exigirle algo al Señor, ni para declarar cosas; tenemos el privilegio de rogar, eso sí. Pero al elevar nuestras oraciones Dios nos da la confianza de expresarle nuestros sentimientos de soledad, tristeza, angustia, desesperación, enojo o miedo. Si oramos abriendo nuestro corazón seremos fortalecidos por nuestro Dios.

Para nuestra salvación. La respuesta de Dios aparte de la fortaleza para nuestro Señor Jesús, fue que él continuara con el plan de salvación por medio de su muerte y resurrección. Por lo tanto, Jesucristo bebió la copa de la ira de Dios por nuestros pecados, este vaso o copa no pasó de Él. Dios hizo la promesa de un Salvador de nuestras vidas y la cumplió, al darnos a su Hijo Unigénito. Se requiere que reconozcamos que somos pecadores, que merecemos permanecer separados de Dios; y al mismo tiempo que creamos que Cristo pagó nuestros pecados con su muerte y resurrección; y por lo tanto que es el Único que puede lavarnos de nuestras maldades. Si creemos en Cristo como nuestro Salvador, tenemos la bendición de ser adoptados como hijos de Dios, de ser transformados a su imagen, y recibimos una herencia eterna en su reino. La obediencia a Dios, llevó a Cristo a cumplir su misión salvadora. Esto significa que todos los que creemos en él como nuestro Salvador debemos distinguirnos por una vida de obediencia al Señor.

Hermanos:

Si usted ya es salvo, obedezca a Cristo, y manténgase en oración y lectura de la Palabra de Dios. Respecto a la oración, no es una carga para el cristiano, es un momento deleitoso, porque la oración es la comunicación que tenemos con Dios. Debemos tomar en cuenta la importancia de orar con humildad. Orar de rodillas es algo poderoso para recibir la fortaleza divina, y la respuesta a nuestras peticiones conforme a la voluntad de Dios.

Si usted aun no es salvo. Le invitamos a hacer la oración más importante de su vida; platique con Dios para decirle que ha quebrantado su ley, que le perdone por medio de su Hijo quien pagó sus pecados; dígale a Jesucristo que cree en Él como su Salvador.

Como hijos de Dios, vivamos en obediencia a nuestro Señor, como testimonio de gratitud hacia Cristo, ya que él sufrió la horrenda cruz, para que nosotros ahora disfrutemos de la gracia, paz y amor de Dios. 

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