El Vencedor de la muerte

7 DOMINGO de Resurrección

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 “EL VENCEDOR DE LA MUERTE”, Isaías 53.8-12.

8 De la cárcel y del juicio fué quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fué de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fué herido.

9 Y dipúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fué en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca.

10 Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

11 Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo á muchos, y él llevará las iniquidades de ellos.

12 Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fué contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores.

Queridos hermanos en este día vamos a concluir nuestras meditaciones sobre el Cuarto Cántico del Siervo. En la semana aprendimos que este Cántico describe con detalle los sufrimientos y muerte del Mesías para pagar nuestros pecados. Los últimos cinco versículos nos dan más información sobre la muerte del Cristo, y también anuncian su portentosa resurrección. Todo esto también fue cumplido por el Señor Jesucristo, por eso Él es: “El Vencedor de la muerte”.

SIN UN JUICIO JUSTO.

8 De la cárcel y del juicio fué quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fué de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fué herido.

“De la cárcel y del juicio fue quitado”. La Palabra de Dios anunció que el Mesías tendría una muerte cruenta, sin haber sido encarcelado, y sin haber tenido un juicio justo. Así sucedió en la vida de nuestro Señor Jesús. Fue arrestado, y de inmediato llevado a Anás, Caifás, y al Sanedrín para ser juzgado; no fue llevado a la cárcel ni antes, ni después de los seis juicios que enfrentó (Anás, Caifás, Sanedrín, Pilato, Herodes, Pilato), Juan 18.12-14. El juicio al Mesías fue por demás ilegal e injusto, veamos algunas de las irregularidades. 1. Los que le juzgaron eran sus enemigos, por lo tanto, no podían ser jueces y parte en el proceso. 2. El arresto y juicio a Cristo se realizaron en la noche, lo cual quebrantaba una ley judía. 3. Los sacerdotes habían capturado al Señor, sobornando a Judas, eran culpables de soborno, eso los descalificaba como jueces, Mateo 26.14-16. 4. El Sanedrín aceptó la ayuda de Judas, “un cómplice de Jesús”, para arrestarle, lo cual contravenía la ley judía. 5. La sentencia de muerte fue unánime, lo cual impedía que se ejecutara; los judíos tenían una ley que determinaba que sólo podía aplicarse una sanción cuando la decisión del Sanedrín era por mayoría; ya que no se aceptaban abogados defensores ni acusadores; los jueces eran los mismos defensores, cuando había una sentencia unánime, se dejaba sin defensa al acusado. 6. El sumo sacerdote al escuchar la supuesta blasfemia de Cristo, rasgó sus vestiduras, Mateo 26.63-65, así quebrantó la Ley de Dios, Levítico 21.10. El sumo sacerdote, no podía rasgar sus vestiduras, porque eran sagradas; esto descalificó a Caifás como sumo sacerdote y juez. 7. El delito por el que condenaron a muerte al Señor, fue blasfemia; pero cuando le llevaron a Pilato, cambiaron la transgresión, le acusaron de sedición, sin tener pruebas, Lucas 23.1,2.  8. Pilato no solamente halló a Jesucristo, inocente; también encontró que era víctima de la envidia de los sacerdotes; aun así, le entregó para que fuera crucificado. 9. Los sacerdotes eran corruptos e hipócritas. Habían hecho del templo un gran negocio, por ejemplo, en la pascua vendían al pueblo de manera obligatoria, unos 20,000 corderos. No quisieron entrar al lugar donde estaba Pilato, para no contaminarse y poder comer la Pascua o fiesta de panes sin levadura; pero estaban llenos de maldad y envidia. No tenían autoridad moral ni espiritual para ser jueces. 10. Se daban 10 días a los condenados a morir; a Cristo le crucificaron el mismo día.

“y su generación ¿quién la contará?”. La Palabra de Dios nos dice que el Mesías no tendría una descendencia física; Él no se casaría, no tendría hijos físicos. La novela del Código da vinci, ya hecho creer a muchos que existe una descendencia de Jesucristo. Pero es una novela; qué necedad es creer a una novela en lugar de dar crédito a la Revelación de Dios; San Pablo nos dice que no debemos prestar atención a fábulas y genealogías sin término, que antes engendran cuestiones que la edificación de Dios que es por fe, 1 Timoteo 1.4. Jesús no tuvo necesidad de casarse, porque ya tiene una esposa que es su Iglesia; somos su esposa porque pactó hacernos su pueblo, y para cumplir su promesa dio su vida por nosotros. Además, todos los creyentes en Cristo somos hijos de Dios.

“Porque cortado fué de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fué herido”. La Palabra “cortado”, anunció una muerte violenta para el Mesías, por causa de nuestros pecados. Ya hemos explicado que la muerte de nuestro Señor Jesucristo fue cruenta y vergonzosa; así nuestro Salvador cumplió con el Cuarto cántico del Siervo. Jesús vino la primera vez humilde para pagar nuestros pecados.

UNA MUERTE REAL.

 9 Y dipúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fué en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca.

 “Y dipúsose con los impíos su sepultura”. Inspirado por el Espíritu Santo, Isaías profetizó que el Mesías sería muerto con los impíos. Esta profecía también fue cumplida por el Señor Jesús, pues fue crucificado entre dos ladrones, Marcos 15.27,28. El propósito de este acto fue comunicar que el Señor Jesús era el peor delincuente; y Dios lo permitió porque en realidad, en ese momento el Mesías era el más grande pecador, ya que estaba cargando todos nuestros pecados.

“mas con los ricos fué en su muerte”. Algunos dicen que el Señor no murió, y por lo tanto no resucitó; que su resurrección fue un acto fingido. Tal cosa es imposible. En primer lugar, la crucifixión dejó el cuerpo del Señor destrozado, sin posibilidades de sobre vivir; después de encomendar su Espíritu a su Padre, realmente murió. Segundo, uno de los soldados romanos perforó su costado con una lanza, y salió sangre y agua, evidencia medica de que estaba muerto, Juan 19.34,35. Tercero, Pilato, seguramente por remordimiento (porque la ley romana prohibía sepultar los cuerpos), permitió al senador José de Arimatea, descolgar el cuerpo del Señor para sepultarlo. Pilato se sorprendió de que el Señor ya hubiera muerto, porque normalmente las víctimas duraban dos o tres días; pero Jesucristo estaba muerto, porque su crucifixión no fue normal, allí él enfrentó la ira de Dios. Después de que el centurión romano confirmó a Pilato, que el Señor estaba muerto, entregó su cuerpo a José, Marcos, 15.43-46. Este discípulo de nuestro Salvador y Nicodemo, pusieron prepararon el cuerpo del Señor, conforme a la costumbre de los reyes; envolvieron todo su cuerpo de cabeza a pies con lienzos, ungiéndole con 33 kilos de un compuesto de mirra y áloes. Luego, pusieron su cuerpo en un sepulcro nuevo y lo cerraron con una piedra, Juan 19.38-41. Con este último acto se cumplió la profecía de Isaías. Si Jesucristo no estaba muerto, no había manera que sobreviviera a su mortaja, ni al sepulcro.

“porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca”. El Señor Jesús no murió por haber cometido pecados o delitos. Nuestro Salvador cumplió con el Cuarto Cántico del Siervo, nunca cometió maldad, por eso nadie le podría señalar una falta, Juan 8.46. Tampoco mintió, siempre habló con la verdad, Juan 1.14; 14.6. Por eso al venir al mundo, y vivir sin pecados; pudo lavar los nuestros en la Cruz del calvario. Si alguno de nosotros se ofreciera en sacrificio por los demás, no tendría ninguna utilidad porque somos pecadores. Un paño sucio no puede limpiar lo que está manchado.

VERÁ LINAJE.

10 Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

“Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento”. Aun cuando el Señor jamás cometió pecados, fue quebrantado por su Padre quien le sujetó a padecimientos, al derramar su juicio e ira en Él.  Dios Padre, cargó en su hijo nuestra cuenta de pecados, para que los pagara con sus sufrimientos y muerte en la cruz. Por eso la Palabra de Dios dice: “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”, 2 Corintios 5.21.

 “Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días”. Isaías anunció que después de que el Mesías diera su vida para lavar nuestros pecados, resucitaría; sólo así podría ver linaje y vivir por largos días. Este versículo de la Palabra de Dios nos enseña: 1. Que el Mesías resucitaría; lo que Jesucristo hizo al tercer día de su muerte; el primer día de la semana, muy temprano, Mateo 28.1-6. 2. Que el Mesías vería familia. Ya vimos que el Señor no se casó, ni tuvo hijos físicos. No hay contradicción en el Cuarto Cántico del Siervo, el linaje o familia del Señor Jesucristo somos los redimidos por Él. Por eso las Escrituras nos dicen, que los que recibimos al Señor Jesús, son hechos hijos de Dios, Juan 1.12. Por medio de Jesucristo somos adoptados como hijos de Dios, Romanos 8.15; y somos hechos coherederos de Cristo, Romanos 8.17. Qué privilegio tan grande nos da el Señor; bendición que nos da la responsabilidad de vivir conforme a esta nueva identidad.

 “y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada”. La voluntad de Dios fue redimirnos del pecado y la muerte eterna. Esta voluntad fue prosperada en el Mesías, es decir, Cristo llevó a cabo con éxito el plan salvador de su Padre. Gracias a esto la salvación en Cristo es segura. Ninguno que se arrepienta de sus pecados y crea en Cristo como su Salvador, se perderá.  Como lo mencionamos en un mensaje anterior, Dios no comete errores en nuestra vida. Y es importante tomar en cuenta que si somos salvos, debemos vivir como salvos, obedeciendo la Palabra de Dios; y no decir: “si ya soy salvo, puedo vivir como quiera”.

 JUSTIFICÓ A MUCHOS.

 11 Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo á muchos, y él llevará las iniquidades de ellos.

 “Del trabajo de su alma verá y será saciado”. Cuando Dios terminó su obra de creación, la miró, y todo era bueno, había satisfacción en el Señor porque su obra era perfecta. Al concluir la obra de Redención, el Mesías también se goza y se halla satisfecho; no hay en Él intranquilidad de haber dejado pendiente algún punto. Con su muerte y resurrección la obra está completa. Sus sufrimientos quedaron en la cruz; y ahora tiene el gozo de ser ensalzado con su resurrección y exaltación a la diestra de su Padre. El Señor conserva en su cuerpo las marcas de la cruz, pero ya no le causan dolor, son el testimonio de que él murió por nuestros pecados, y venció la muerte son su resurrección, Juan 20.27. Así también nosotros, mientras militamos en este mundo que está enemistado con Dios, sufrimos; pero no debemos desalentarnos; cuando estemos con el Señor, este sufrimiento será transformado en un gozo pleno y eterno. El Señor enjugará nuestras lágrimas, Apocalipsis 2.10,21.4.

 “con su conocimiento justificará mi siervo justo á muchos, y él llevará las iniquidades de ellos”. El Justo Cristo murió en la cruz, para justificarnos; es decir, para pagar nuestra cuenta de pecados, de modo que seamos declarados libres de toda culpa. Hemos sido perdonados de nuestros pecados; porque Jesús pagó por nosotros; la ley de Dios, no se abrogó, fue cumplida por el Señor en nuestro lugar. Esto es ser justificados. No todos los hombres son justificados por Cristo; sólo aquellos que Dios eligió de manera incondicional para vida eterna; por ellos Cristo pagó. Por eso escribió el profeta: “a muchos”. Debemos vivir profundamente agradecidos a Dios, ya que en su misericordia nos predestinarnos para vida eterna.

EL REY QUE REPARTE DESPOJOS.

12 Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fué contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores.

“Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos”. Esta frase nos habla de un Rey que vence a sus enemigos y toma el despojo para su pueblo. Este Rey es nuestro Señor Jesucristo, con su resurrección venció al pecado y la muerte para siempre. El despojo del Señor para nosotros su pueblo, es la Vida eterna y la victoria sobre todas aquellas cosas que se oponen al reino de Dios: “Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo”, 1 Corintios 15.54-58. Nuestro Redentor nos ha dado:

Victoria sobre la esclavitud del pecado; ahora somos libres para obedecer a Dios.

Victoria sobre la muerte; estamos unidos a Dios, y nada nos separará de Él.

Victoria sobre la enfermedad; podemos enfermar, pero cuando el Señor venga por su iglesia nos dará un cuerpo perfecto e incorruptible.

Victoria sobre la miseria; en Cristo tenemos riquezas en lugares celestiales.

Victoria en las pruebas; en el Nombre de Cristo Dios contesta nuestras oraciones y hace cosas maravillosas para que superemos las adversidades.

 “por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fué contado con los perversos”. La Palabra de Dios reitera que el Mesías, el Señor Jesús, derramó su vida en sacrificio por llevar nuestros pecados, pero no por delitos que él haya cometido. El Señor fue contado con los perversos, tenido por perverso; pero no fue perverso. Un perverso es una persona que hace maldad, y disfruta de hacerlo. El Señor no solamente no hizo maldad, sino que se enojó contra quienes la cometían, por ejemplo, con los que habían depravado su casa de oración, Mateo 21.12,13.

“habiendo él llevado el pecado de muchos”. El profeta Isaías nos confirma, que el Cristo, no llevó el pecado de toda la humanidad, sino de muchos. Sólo pagó los pecados de su pueblo, de sus elegidos para salvación; y a ellos el Espíritu Santo aplica la justificación de Cristo. El pago de Cristo es real, por lo tanto, si él hubiera pagado por todos; nadie se perdería. Esto no quiere decir que Dios sea injusto; Él es misericordioso, porque salvó a muchos de la humanidad que estaba muerta en el pecado.

“y orado por los transgresores”. El Señor cumplió esta última frase del cuarto cántico del Siervo, en su primera Palabra en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. La oración del Mesías fue contestada porque muchos de los judíos que le crucificaron, fueron salvos de sus pecados. La Palabra de Dios nos dice que muchos de ellos fueron tocados por la gracia de Dios, se arrepintieron de sus pecados y creyeron en Jesús, como su Salvador, Hechos 2.36-41; 6.7. También nosotros que traspasamos al Hijo de Dios, con nuestras maldades, hemos sido perdonados por medio del Señor Jesucristo.

 Él sigue intercediendo por nosotros, es nuestro Abogado ante el Padre, para que seamos perdonados, 1 Juan 2.1. Mencionamos que, en el sistema de justicia judía, no se permitían abogados defensores. Cuánto gozo les transmitió a aquellos hermanos, saber que Jesucristo es nuestro Perfecto y Eficaz Abogado. De igual manera es una bendición saber que nuestro Redentor intercede por nosotros ante su Padre, para que nuestras oraciones sean contestadas, y nuestros pecados perdonados.

Hermanos:

Hay muchísima evidencia de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Una de ellas, es la mortaja de nuestro Salvador. Juan y Pedro creyeron que el Mesías había resucitado, cuando vieron los lienzos con los que fue sepultado el cuerpo del Señor. Estaban envueltos en el sepulcro. Si se hubieran robado el cuerpo de Jesús, los lienzos no estarían ahí. Si los ladrones hubieran tenido el atrevimiento de quitar los lienzos del cuerpo de Cristo, estarían desenvueltos. Era indudable que el Señor había vencido la muerte.

Sin embargo, aun cuando las evidencias son contundentes, mientas el Espíritu Santo no toque el corazón de las personas, no creerán en el Señor Jesucristo, ni en su resurrección. Así sucedió con los sacerdotes, fueron incrédulos y necios, en lugar de aceptar la resurrección de Jesús; sobornaron a los soldados romanos, para que dijeran la mentira de que se quedaron dormidos, y los discípulos robaron el cuerpo del Señor, ¿si estaban dormidos como vieron a los discípulos?, Mateo 28.12-15. Unos días después, los sacerdotes fueron testigos de que un cojo, fue sanado en el Nombre de Jesús, lo que significa que Él está vivo. Pero volvieron a ser necios, dejaron al pueblo esperando una respuesta, y amenazaron a los apóstoles para que no predicaran a Jesucristo. Los discípulos no hicieron caso a las amenazas de los sacerdotes, porque estaban convencidos de la resurrección y verdad de su Maestro.

Creemos en el Mesías que venció la muerte, porque el Espíritu Santo ha puesto fe en nuestro corazón. Creemos por las evidencias. Pero también creemos que el Señor vive, porque ha redimido nuestras vidas del pecado y la miseria y nos ha dado vida.

Yo sirvo a Jesucristo

1. Yo sirvo a Jesucristo que ya resucitó,

No importa que lo nieguen, a mí me rescató.

Yo veo su mano herida, también oigo su voz,

Pues siempre está a mi lado mi buen Señor.

CORO: ¡Vive hoy! ¡Vive hoy! ¡Vive hoy mi Salvador!

Conmigo está doquier yo voy, mostrándome su amor

¡Vive hoy! ¡Vive hoy! Me da su salvación.

¿Cómo es que sé que vive hoy? ¡Está en mi corazón!

2. Yo sé que a cada instante me cuida con su amor,

Y aunque de pena llore, no desesperaré.

Yo sé que me conduce por pruebas y dolor,

Y el día de su venida iré con Él.

3. Con regocijo canta, entona su loor,

Eternas aleluyas a Cristo el Redentor.

Ayuda y esperanza en Él encuentro yo,

Ya nadie es tan amante cual mi Señor.

Margarita Nieto.

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