El Mesías ensalzado

1 DOMINGO DE RAMOS

“EL MESÍAS ENSALZADO”

De la Serie: “El Siervo de Dios”. Semana Santa 2017

cordero-pascual

Isaías 52.13-15.

13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y ensalzado, y será muy sublimado.

14 Como se pasmaron de ti muchos, en tanta manera fué desfigurado de los hombres su parecer; y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.

15 Empero él rociará muchas gentes: los reyes cerrarán sobre él sus bocas; porque verán lo que nunca les fué contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

En Isaías 52.13-15 y el capítulo 53 encontramos el cuarto cántico del Siervo. Este y los otros tres cánticos, anuncian la primera venida del Mesías como Siervo, para sufrir y morir con el propósito de pagar nuestros pecados y salvar nuestras vidas. Jesucristo nuestro Señor, cumplió de forma perfecta todas las profecías acerca del Mesías en su primera venida; y cumplirá las otras profecías cuando venga por segunda vez a la tierra; entonces establecerá un reino de justicia y paz.

Si es claro que Jesús es el Mesías ya que cumplió más de 300 profecías, ¿por qué la mayoría de los Israelitas no creen en él? La razón principal es que Dios ha permitido el endurecimiento de su entendimiento y corazón. La iglesia primitiva que estaba formada por judíos, iluminada por el Espíritu Santo, interpretó de forma correcta el Cuarto Cántico del Siervo, y lo aplicó a Jesús; ejemplo de esto es la enseñanza que Felipe dio al etíope, quien creyó en Jesucristo como el Hijo de Dios, Hechos 8.26-39.

No tenemos nada de qué jactarnos, la fe tenemos en Jesús como nuestro Salvador Personal, es un don que recibimos del Espíritu Santo, por la gracia de Dios. Comenzaremos nuestro restudio del Cuarto Cántico del Siervo con el tema “El Mesías ensalzado”

POR SU PADRE CELESTIAL, 13.

Prosperado. Esto significa que el Mesías-el Ungido tendría éxito en todo. El Padre habla en este versículo y anuncia la exaltación de su Siervo. Como Dios, nuestro Señor Jesucristo es Omnipotente; y como hombre, al ser Ungido por el Espíritu Santo, fue revestido de poder y autoridad; por eso tuvo éxito en sus oficios de Profeta, Sacerdote y Rey. Así como Profeta nos enseñó el mensaje de salvación por medio del arrepentimiento de pecados y la fe en él como el único Salvador. Como sacerdote se ofreció así mismo sin pecado en sacrificio único, perfecto, y eficaz para lavar todos nuestros pecados. Y como Rey, estableció un reino en el que la muerte ya no tiene potestad, pues en Jesucristo hemos resucitado espiritualmente y tenemos vida eterna. En nada falló nuestro bendito Salvador, cumplió el plan de salvación de forma perfecta. Su obra en nuestra vida no tiene errores, por eso podemos confiar de forma plena en Jesús como nuestro Salvador.

Engrandecido y alabado. Jesús murió en la cruz del calvario, porque tiene el poder para dar su vida y volverla a tomar; no por carecer de fuerzas para vencer a sus verdugos. Jesucristo no fue a la cruz derrotado, sino Poderoso para pagar nuestros pecados; pero fue un acto de humillación, porque el Señor sufrió la muerte maldita de cruz. Después de humillarse, Jesucristo fue engrandecido por el Padre, quien con el poder del Espíritu Santo, le resucitó al tercer día. La resurrección del Señor, es la garantía de que en él tenemos vida eterna. Nadie nunca ha hecho algo así. Por eso alabamos a Jesús, por vencer a la muerte y darnos vida eterna.

Muy exaltado. Después de resucitar y presentarse a sus discípulos durante cuarenta días, Jesucristo ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del Padre Celestial. Desde luego que también está con nosotros porque es Omnipresente. Toda potestad ha sido dada a Jesucristo, tanto en el cielo como en la tierra, por eso al orar en su nombre nuestras peticiones son contestadas. Esto es un acto de exaltación a Cristo, por cumplir de forma perfecta la voluntad de Dios. También ha sido dado al Señor Jesús, la facultad de ser el Juez, quien castigará a los impíos y recompensará a los justificados por él, en el juicio final.

POR SU SACRIFICIO PERFECTO, 14.

Los que se pasmaron al verle. El profeta Isaías escribió este cántico en tiempo pasado, como si ya hubieran acontecido estas cosas. Esto es una evidencia de la seguridad de la Palabra de Dios, ni una profecía, ni promesa, quedará sin cumplimiento. Antes que el Mesías fuera exaltado, tendría que humillarse y sufrir una muerte violenta y vergonzosa. Jesús cumplió esta profecía, pues aun sin comprobarse un delito en él, fue condenado a morir en una cruz. Antes de ser llevado al calvario, fue azotado y herido de forma brutal. Lo que Isaías anunció se cumplió, los que le vieron se pasmaron, es decir se asombraron al grado de no poder hablar; las mujeres lloraron y se lamentaron, la multitud hirieron sus pechos, Lucas 23.27,48.

Desfigurado. La crucifixión era el peor proceso de muerte. En el caso del Señor fue ejecutada por los romanos quienes gobernaban Judea. Ellos azotaron a Jesús sin piedad, no conforme a la ley judía de no dar más de 39 azotes; los látigos que tenían puntas de metal y hueso, laceraron tanto el cuerpo como el rostro del Señor. Además, los soldados romanos pusieron una corona de espinas sobre su cabeza, y también le hirieron con golpes en su cabeza. Todo esto causó laceraciones que desangraron al Señor, e hincharon su rostro y cuerpo. El rostro del Señor fue desfigurado, no quedó en él hermosura, ni parecer de hombre, realmente, fue terriblemente lastimado. Dice la Palabra de Dios: “Reúnete en bandas, oh hija de bandas: nos han sitiado: con vara herirán sobre la mejilla al juez de Israel”, Miqueas 5.1; “Dí mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban el cabello: no escondí mi rostro de las injurias y estupos”, Isaías 50.6. Esto echa por tierra la idolatría de la sábana santa, en donde se dice que quedó grabado el rostro del Señor Jesús. Cuánto sufrió nuestro Mesías para lavar nuestros pecados, además del terrible dolor físico, el dolor espiritual de ver y sentir el odio de las gentes; pero sobre todo de sufrir la ira del Padre sobre Él, ya que en ese momento Jesucristo llevaba nuestras iniquidades, y era el peor de los pecadores.

Cumplido con todos sus detalles. No cabe ninguna duda, Jesucristo es el Mesías, pues él cumplió a la perfección cada una de las profecías de la primera venida. Su sacrificio fue perfecto porque cumplió toda la ley, los tipos, y las profecías, sin faltar un detalle. El rostro y cuerpo del Señor fueron desfigurados, en ese sentido su cuerpo fue partido por nosotros. Por esto mismo los discípulos no creyeron que el Señor resucitaría; y no le reconocieron después de resucitar, pues la última imagen que tenían de Él, era la de un rostro que no tenía parecer de hombre. De esta manera se cumplió la Palabra de Dios, y tenemos un Salvador eficaz.

PARA SALVACIÓN DE MUCHOS, 15.

Rociados por Jesús. La expiación de pecados por el Mesías, se simbolizó en el Antiguo Testamento, por medio de sacrificios; la sangre de los animales que se ofrecían en holocausto, era rociada sobre el pueblo. La expresión: “Él rociará muchas gentes”, significa que por medio del sacrificio de Jesucristo, los pecados de muchos pueblos fueron pagados. No solamente los de Israel, sino también de las naciones gentiles. El Señor Jesús confirmó esta verdad, cuando dio la gran comisión a sus discípulos: “Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles”, Mateo 28.19. El apóstol Pedro comprendió la instrucción del Señor, cuando le fue ordenado matar y comer de todos los animales, reptiles y aves, porque Jesús los había limpiado; entonces el apóstol dijo: “Por verdad hallo que Dios no hace acepción de personas”, Hechos 10.34. Gracias a esto, nosotros sin ser judíos hemos recibido la gracia salvadora por medio de Jesucristo.

Aun de reyes. Dios no hace acepción, salva al judío, y al gentil; al rico, y al pobre; al culto, como al ignorante; al poderoso, y al más humilde. El profeta Isaías anunció que también los reyes sabrían del Mesías. De esta manera el evangelio ha sido predicado a reyes, emperadores, presidentes y gobernadores; y algunos de ellos han sido salvos por Cristo. El apóstol Pablo llevó el mensaje de Salvación al rey Agripa, al gobernador Festo, y seguramente que tuvo la oportunidad de predicar al emperador romano, ya que apeló al César en el juicio injusto al que fue sometido.

Que conocerán y entenderán lo que nunca habían oído. El apóstol San Pablo dijo que se esforzó por predicar el evangelio, en donde no había sido nombrado Cristo. Así interpretó y aplicó la profecía de Isaías, Romanos 15.20,21. Es necesario predicar el evangelio en donde las personas ya conocen del Señor, pero sobre todo, en donde no han oído de él; porque Dios ha anunciado que allí, conocerán y entenderán lo que no habían oído. Una persona dijo a un misionero: ¿desde cuando conocen este mensaje?, el misionero respondió que hacía un siglo; entonces el nuevo creyente le dijo: ¿por qué tardaron tanto en venir?. No debemos hacer labor proselitista entre denominaciones evangélicas, sino llevar el mensaje a quienes no conocen de Cristo.

HERMANOS: El Mesías fue exaltado, pero antes se humilló para salvar nuestras vidas. Nosotros como hijos de Dios, también nos debemos distinguir por ser humildes. La humildad es una bendición porque desactiva los conflictos; es un factor poderoso para perdonar, y vivir libres de resentimientos que dañan; nos hace agradables a los demás; en un recurso efectivo ante la delincuencia; y nos concede la gracia divina.  Seamos humildes.

Jesús sufrió de una manera que no podemos describir ni comprender en su totalidad; él enfrentó la ira del Padre Todopoderoso. Los sufrimientos de nuestro Salvador fueron infernales, pero Él no abandonó su misión. En muchos momentos enfrentamos pruebas, problemas, enfermedades, necesidades; entonces nos viene un deseo por dejarlo todo. Pero no debemos hacerlo porque en nuestro corazón vive el Señor que tiene poder para perseverar y hacernos perseverar.

Es interesante ver que el Cuarto Cántico del Siervo comienza con el final, con la exaltación del Mesías, que fue el resultado de la humildad, y obediencia de Jesucristo. Pensar en el final, en los resultados, en la cosecha, fue algo que fortaleció a nuestro Señor para llevar a cabo su misión, en medio del dolor, desprecio e incomprensión. ¿Qué nos espera a nosotros? Un final maravilloso; por lo tanto, seamos fieles a nuestro Dios, y a su iglesia amada.

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