El Rey entra a Jerusalem

“Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Mateo 21.9.

Dios nos hizo un regalo tan especial por medio de su hijo Jesucristo. Un regalo personal que nos manifiesta el especial amor de Dios por nosotros, la Salvación de nuestra vida. Para esto entre otras cosas el Rey entró triunfante a Jerusalem.

PARA CUMPLIR LO PREPARADO DESDE LA ETERNIDAD, Mateo 20.17-19.

Observemos el detallado conocimiento que nuestro Señor tenía de lo que ocurriría desde su entrada a Jerusalem; pues como Dios Él es Omnisciente, sabe todas las cosas.  Además de que todo fue planeado desde la eternidad. No fueron eventos casuales.

Es importante que tengamos en cuenta que nuestro Señor no cayó en una trampa, su muerte no fue un programa fallido. Todo fue planeado por Dios; anunciado por los actos ceremoniales y los profetas; así como cumplido al pie de la letra. Jesús fue a la cruz con victoria, para dar su vida por nosotros.

Si nuestro Señor quien es Omnipotente, preparó todo desde la eternidad, nosotros también debemos planear las cosas que realizamos. Pero no se trata de nuestros planes, sino del plan de Dios para nuestra vida. La forma correcta de programar algo, es orar a nuestro Señor para que por medio del Espíritu Santo, ilumine nuestro corazón, de modo que podamos saber la voluntad de Dios, y cómo llevarla a cabo.

COMO EL HIJO DEL HOMBRE, EL HIJO DE DAVID, Mateo 20.28, 21.9.

Jesucristo dio su vida en rescate por muchos. Como Dios tuvo el poder para lavar nuestros pecados, pero se requería que Jesús fuese hombre para ocupar nuestro lugar, para pagar por nosotros. Jesucristo es Dios y hombre, perfecto Salvador. Su humanidad se comunica en el título: “Hijo del Hombre”.

Por otra parte, el título “Hijo del Hombre”, comunica Poder y Autoridad. Cuando los judíos escucharon que Jesús es “el Hijo del Hombre”, lo relacionaron con Daniel 7.13,14, pasaje que anuncia que al Hijo del Hombre se le daría Señorío, Gloria y Reino para siempre que no se corromperá. Era la identificación de Jesús como el Mesías; sin embargo, su pueblo no creyó en él.

Este título encajaba bien con los milagros que Jesús hacía: sanar a los enfermos, resucitar, y echar demonios de muchas personas. Pero a los ojos de los hombres no era congruente con su mensaje de la cruz. Por eso los judíos lo rechazaron; ellos decían: “El Mesías no vendrá a sufrir ni morir”. Muchas veces nosotros también nos hacemos un tipo equivocado de Cristo.  Queremos un Mesías que nos haga ricos materialmente; o que resuelva todos nuestros problemas. Sin embargo, Jesús vino para atender nuestra necesidad de Redención; vino para dar su vida en nuestro rescate, y así salvarnos del pecado y condenación.

DESPUÉS DE UN DÍA DE DESCANSO, Lucas 4.16. 

¿Qué hizo nuestro Señor el último sábado de su ministerio terrenal, antes de su entrada a Jerusalem? Ningún evangelio nos dice qué actividad llevó a cabo nuestro Salvador. Seguramente que hizo lo que acostumbraba: reposar de acuerdo a la ley del sábado, ir a la sinagoga, y estar en comunión con el Padre.

Lo mismo debemos hacer nosotros para enfrentar los grandes desafíos que Dios permite en nuestras vidas: descansar, guardar el día del Señor para estar en comunión con él y ser fortalecidos. Algunos dirán que están demasiado ocupados, pero por ello mismo debemos emplear más tiempo en estar en comunión con el Señor, para que él nos guíe en las múltiples tareas. Debemos considerar que el cristiano que no descansa del trabajo, y disfruta del tiempo de reposo para edificar su vida espiritual en lectura de la Biblia, oración, y participación de la adoración con la iglesia, es como un vehículo sin frenos; que se dirige a un choque, a un desastre.

Nuestros hermanos que nos antecedieron, tenían el hermoso hábito de disfrutar de los días de semana santa, en adoración en la casa del Señor. Hoy muchos hermanos ocupan estos días para recreación familiar; existen templos que permanecen cerrados porque los oficiales y la iglesia se van de vacaciones. Pero nosotros no debemos dejar de recordar la Obra Redentora de Jesucristo, y darle gracias de forma especial en esta semana, a más de hacerlo todos los días de nuestra vida.

HERMANOS: El día de la entrada triunfal, una persona prestó su burrito para que el Rey Jesucristo entrara a Jerusalem. Podemos entender que aquel hombre cuyo nombre no sabemos ofreció con gusto su burrito. ¿Qué vamos a ofrecer a nuestro Rey para se siga llevando a cabo su plan eterno? Sin duda que tenemos algo qué ofrecer: recursos que él nos na dado, dones, servicio, tiempo. Rindamos todo al Señor; pues el Rey de reyes, nos ha dado un lugar seguro en su reino eterno.

 

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