Bendiciones de Cristo en nuestra vida

BENDICIONES DE CRISTO EN NUESTRA VIDA

De la serie

“YO Y MI CASA SERVIREMOS A JEHOVÁ”

Josué 5 y 6.

Después de cruzar el río Jordán, Israel estaba ansioso por iniciar la conquista de la tierra prometida. Sin embargo, Dios no permitió que comenzaran, porque hacía falta que el pueblo celebrara cosas muy importantes. Veamos de qué se trataba.

NUEVA IDENTIDAD Y LA PRESENCIA DE DIOS.

Algunas observaciones sobre el capítulo 5.

1. Los amorreos y cananeos estaban muertos de miedo. Al oír que Jehová cruzó a su pueblo en seco por el Jordán, desfalleció el corazón de estas naciones paganas, no hubo en ellas espíritu para enfrentar a Israel. Ya estaban derrotadas psicológicamente; y esto era muy importante por lo que veremos en seguida.

2. Josué circuncidó al pueblo. Dios mandó a Josué hacer cuchillos filosos para circuncidar a los hijos de Israel. La circuncisión era una cirugía en la que se retiraba el prepucio. Fue una medida de higiene física; el pueblo hebreo hasta nuestros días es muy sano. La circuncisión también simbolizó la limpieza de corazón. Dios instituyó a Abraham y a toda su descendencia, la circuncisión, como una señal de que eran su pueblo; una nación diferente a las demás.

Durante su peregrinaje por el desierto, Israel vivió en tal desobediencia, que no practicó la circuncisión. Por eso Josué circuncidó al pueblo, de manera que recordaran que eran un pueblo especial. Esto implicó dolor, y tiempo de recuperación; consideremos que los varones somos más sensibles al dolor; ¿verdad que al leer esto nos dan ganas de decir: “ouch”? Israel estuvo vulnerable ante sus enemigos. Pero no tenían que preocuparse; ni los amorreos, ni los cananeos, se acercarían a atacarlos, porque les tenían miedo.

3. Israel celebró la Pascua. Después de ser circuncidados, los hijos de Israel, celebraron la Pascua, comieron cordero asado, con hierbas amargas y panes sin levadura; para recordar su liberación de Egipto. Era el 14 de Abib, el primer mes del año, habían pasado 4 días desde que cruzaron el Jordán. Esta fiesta también hacía reflexionar a Israel, que era un pueblo libre gracias al poder salvador de Dios; y anunciaba su total redención por medio del Mesías.

4. Comieron del fruto de su nueva tierra. Los hijos de Israel comenzaron a comer el fruto de la tierra prometida, y el maná dejó de caer. Llegó el momento de disfrutar de la promesa de Dios, de una tierra que fluye leche y miel. El Señor siempre cumple su Palabra de manera fiel y oportuna.

5. Josué vio a un Varón con su espada desenfundada. Cerca de Jericó, el Siervo de Dios, vio al Príncipe de los ejércitos de Jehová. Se trata de nuestro Señor Jesucristo. Lo sabemos porque: 1. Aceptó la adoración de Josué. 2. Le dijo a Josué que se quitara sus zapatos; pues su presencia santifica. 3. Cuando Josué le preguntó si era de ellos o sus enemigos, respondió: No; Dios no le pertenece a ningún pueblo en particular. La presencia del Señor, anunciaba su triunfo sobre las naciones paganas.

 ¿Qué significa esto para nuestra vida?

Por medio de la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo hemos sido circuncidados en nuestro corazón; pues el Salvador ha lavado nuestros pecados y nos ha dado vida eterna. Ahora somos parte del pueblo de Dios.

Por medio del bautismo damos testimonio de que creemos en Cristo como nuestro Salvador, que hemos sido lavados; y pertenecemos a la familia de Dios.

Por eso ahora celebramos la Santa Cena, el sacramento que nos recuerda que Jesús pagó nuestros pecados con sus sufrimientos, y muerte cruenta en la cruz, además de que resucitó y volverá por segunda vez. La Santa Cena nos ayuda a recordar nuestra identidad en Cristo. Somos nuevas criaturas, somos hijos de Dios. Y por lo tanto debemos vivir en esta nueva identidad.

Ser salvos, significa que tenemos una herencia en los cielos, pero también quiere decir que desde ahora gozamos de la presencia permanente del Dios Trino en nuestra vida. La presencia del Señor en nuestro corazón es una fuente de bendiciones espirituales y materiales. Como Israel en la tierra prometida, nosotros disfrutamos de los frutos de las bondades de nuestro Dios.

VICTORIA SOBRE TODAS LAS COSAS, Capítulo 6.

Algunas observaciones sobre el capítulo 6.

1. Jericó estaba atemorizada. Las Escrituras hacen énfasis en que la ciudad estaba bien cerrada. La gente estaba tras las murallas y puertas cerradas, llena de temor ante Israel, de manera que nadie salía ni entraba. Sabían que Jericó era el primer blanco.

2. La estrategia del Señor. Seguro que los hombres de guerra preguntaron a Josué cuál sería la estrategia militar. Él les transmitió las indicaciones de Jehová. La estrategia del Señor era que organizaran marchas. El escuadrón estaría formado de hombres de guerra al frente, luego sacerdotes con cuernos, después sacerdotes llevando el Arca del Pacto, y otros hombres de guerra en la retaguardia. Ellos tenían que dar una vuelta a Jericó durante 6 días tocando las trompetas de cuernos. En el séptimo día tenían que dar siete vueltas; y en la séptima vuelta, además de tocar los cuernos, a la indicación de Josué tenían que gritar. Seguramente que los habitantes de Jericó se preguntaban: ¿qué traman estos hebreos?; y su miedo creció, al no entender nada de lo que veían. Al seguir la estrategia del Señor, los muros de la ciudad cayeron, y los israelitas destruyeron Jericó; pero guardaron la vida de Rahab y su familia, como lo habían prometido.

3. El anatema. Anatema, significa dedicado, en este caso dedicado o apartado para destrucción. Dios mandó que todo fuera destruido, solamente debían guardar para el tesoro del Señor, el oro, plata, y vasos de bronce y hierro. ¿Por qué destruir todas las demás cosas, si bien les servían a Israel después de tantos años en el desierto? El mensaje de Dios era: “Ustedes dependen de mí, no necesitan estas cosas”.

4. No reconstruir Jericó. Josué mandó que Jericó no debía ser reconstruida. Era un mensaje de destrucción de la idolatría y la maldad. Exclamó una maldición para quien la reconstruyera, de manera que quien lo hiciera, en su hijo primogénito sólo podría poner los cimientos; y las puertas en su último hijo. Esto se cumplió en días del rey Acab, unos 550 años después, 1 Reyes 16.34.

5. Un tema difícil. Aquí nos encontramos con un asunto complicado para nuestra mente finita, ¿Cómo pudo Dios mandar la destrucción de los pueblos amorreos y cananeos? El libro de Deuteronomio en su capítulo 20, establece leyes de guerra. El Señor mandó a Israel que si una nación se sometía de manera pacífica, deberían ponerles tributo, sin pelear con ella. Del pueblo que saliera a combatir, deberían matar los varones, y dejar con vida a las mujeres y niños. Pero de los pueblos amorreos y cananeos, debían destruir todo. ¿Por qué? Fue un acto de justicia ante la maldad tan grande en que vivían estos pueblos. Algo que nos muestra esto, es el hecho de que ellos quemaban vivos a sus hijos como parte de sus rituales religiosos. ¿No debería el Señor castigar esta maldad?

¿Qué significa para nosotros?

Aún tenemos cosas qué conquistar. Somos hijos de Dios, pero aun no somos perfectos. Todavía tenemos aspectos para conquistar. Puede ser un pecado en particular como el alcoholismo, o algún otro vicio. Tal vez el mal carácter. O algún aspecto negativo de nuestra persona, como ser incumplido, perezoso, o chismoso. No podemos justificarnos y decir: “Así soy yo”, o “yo no cambio”. No hay ciudad o cosa que Cristo no pueda conquistar.

En Cristo ya tenemos la victoria. Es interesante saber que las trompetas o cuernos que Israel tocó, se tocaban cuando se consumaba una victoria; los israelitas las tocaron antes, porque por medio de Cristo simbolizado en el Arca, la victoria era segura. Cristo venció al pecado y la muerte al resucitar, al levantarse de la sepultura. Así nos hizo vencedores. De tal manera que en su Nombre, con oración, lectura de su Palabra, y consagración, podemos superar todas las cosas.

Tenemos que recordar que el mundo es anatema para nosotros. Dios nos dice que no amemos al mundo, ni las cosas del mundo. Son anatema para nosotros, estas cosas serán destruidas. No las necesitamos, nuestra vida depende del Señor, y al tenerle a Él, lo tenemos todo. Alejémonos, de la corrupción, del engaño, del oportunismo, avaricia, de la maldad.

Tenemos que tener cuidado para no reedificar lo destruido. No tenemos que volver a las cosas sobre las cuales Dios nos ha dado la victoria. No tenemos que regresar a aquello de lo que el Señor nos ha sacado. Seamos muy cuidadosos.

HERMANOS:

Recordemos que ahora somos hijos de Dios, vivamos como nuevas criaturas. El Señor siempre está con nosotros y nos bendice. Por eso debemos ir de gloria en gloria. Sigamos conquistando las cosas que faltan, Cristo ya nos ha dado la victoria.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: