LA DÁDIVA QUE UNE

Romanos 6.23.

“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

¿Cuántas veces te has separado de personas que amas? Ya sea porque se fueron a vivir a un lugar distante; por un problema; o porque Dios las llamó a su presencia. Estas separaciones significan tristeza y dolor.

La Palabra de Dios nos dice que la causa de las separaciones es el pecado; y que Cristo es la solución a todo esto porque Él es Vida, es Unión. Veamos algo más sobre este tema.

EL PECADO ES SEPARACIÓN.

Génesis 2.

16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás;

17 Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás.

Génesis 3.

6 Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también á su marido, el cual comió así como ella.

7 Y fueron abiertos los ojos de entrambos, y conocieron que estaban desnudos: entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

23 Y sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fué tomado.

24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, entre otras cosas, esto significa, que Dios le dio personalidad; le dotó de las facultades de pensar o razonar; sentir; y de escoger, o de ejercer su voluntad de forma libre.

El Señor puso en medio del huerto de Edén, un árbol llamado “de ciencia del bien y del mal”; y dio al hombre la indicación de no comer su fruto, porque si Adam comía moriría. Comer de este árbol, era pecar; el pecado es la desobediencia a la Palabra de Dios. El Señor puso en medio del huerto el árbol de ciencia del bien y del mal, para no privar al hombre de usar su voluntad de manera libre.

Adam y Eva, desobedecieron a Dios, pecaron, y murieron. No fueron desintegrados en el momento de pecar; de forma equivocada algunos piensan que muerte significa que se termina todo. Mas bien, la muerte es separación; el pecado es separación.

Adam y Eva por causa de su pecado, fueron separados de Dios; por eso el Señor les sacó del huerto, y la relación entre el hombre y Dios quedó rota. El pecado también les separó de una vida eterna y feliz; de un cuerpo perfecto, sin enfermedades; y aun de una sana relación entre ellos, pues la Palabra de Dios, dice que una vez que pecaron, tuvieron pena uno del otro, y se hicieron delantales.

El pecado separa. Cuando descubrimos que nos han mentido, ¿qué es lo que sucede?, hay separación en la relación, sea familiar o laboral. Si somos soberbios, la soberbia que es pecado, nos separará de los demás, ¿quién tolera a los soberbios? El pecado de la fornicación, ha separado a personas de tener un hogar; cuántos niños crecen con un solo progenitor. El adulterio ha separado matrimonios y hogares. La violencia ha separado a muchas familias de sus seres amados.

La separación causa dolor. Toda la separación que genera el pecado, produce destrucción, dolor, tristeza, y muchas lágrimas. Por lo tanto, Dios que es Justo, no deja al pecado, sin castigo; su paga es muerte. Esta muerte es la separación definitiva de Dios; toda persona no lavada de sus pecados, está desterrada de Dios, y se dirige al lugar de tormento eterno que el Señor hizo para castigar el pecado y la maldad. El pecado separa; y su castigo es separación de Dios.

CRISTO JESÚS

Mateo 27.

45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

46 Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Dios nos ama, y en base a su misericordia nos ha dado un medio para lavar nuestros pecados, y librarnos de la separación definitiva de Él. Este medio es Jesucristo, no hay otro.

Sólo Jesús puede lavarnos de nuestros pecados, porque él nació sin pecado, y jamás cometió pecados. Además, llevó sobre sí nuestros pecados, y los pagó con sus sufrimientos y muerte en la cruz del calvario.

Mencionamos que la paga del pecado es muerte o separación de Dios. Pues Jesucristo en verdad sufrió la paga de todos nuestros pecados, ya que en la cruz estuvo separado del Padre.

Las Escrituras nos dicen que el viernes de la crucifixión, de 12 a las 3 de la tarde hubo tinieblas, esto fue la manifestación de la ira del Padre, sobre Jesús quien pagaba nuestros pecados.

El Señor Jesús con gran voz dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Fue un clamor de dolor por la soledad que Jesucristo enfrentaba; el Padre no podía estar con él, porque en ese momento Jesucristo, al ocupar nuestro lugar, era el más grande pecador, sufría la separación en nuestro lugar. Jesús siempre llamó a la primera Persona Divina, “Padre”, pero en los momentos de separación, le llamó Dios. Qué dolor no poder llamarle como siempre: “Padre”, pues estaba sufriendo por nuestras maldades.

Jesús cumplió la tipología del macho cabrío, que se llevaba al desierto en el día de la expiación, y ahí se dejaba en soledad, Levítico 16. Pensemos en los gritos de dolor, de hambre y sed, de aquel animal, simbolizando el indescriptible sufrimiento de Jesucristo por nuestras maldades.

Cristo resucitó al tercer día y con ello garantizó el pago de nuestros pecados. Ahora está en el cielo, preparándonos lugar.

ESTIMADOS:

Romanos 8.

35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo?

36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero.

37 Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó.

38 Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39 Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Si usted reconoce sus pecados, le pide perdón a Dios, y le dice a Jesucristo, que cree en él, que cree en su sacrificio, y que sea su Salvador personal. Entonces Dios lavará sus pecados, y no tendrá que morir o ser separado de él. En lugar de esto gozará de la presencia de Dios por siempre. Recuerde que mientras que el pecado separa, Cristo nos da vida eterna, y nos une a Dios.

Si usted ya es cristiano, no se aparte de la comunión con Dios, piense en todo lo que Jesucristo sufrió al estar separado del Padre, para que nosotros, ahora estemos unidos a él. El apóstol Pablo nos dice que ya nada nos puede separar de Dios, demos gracias al Señor por esto, por medio de una adoración fiel, y un servicio consagrado.

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