Archivos del mes: 11 marzo 2017

Los niños miembros de la iglesia.

“LOS NIÑOS MIEMBROS DE LA IGLESIA”

Hechos 2

  1. Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que á éste Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo.
  2. Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
  3. Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
  4. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Dos niños jugaban sobre un lago congelado. Entonces sucedió que el hielo se rompió, y uno de ellos cayó al agua, siendo arrastrado por la corriente. Su amigo, sin demora, golpeó el hielo con sus zapatos de patinar, lo rompió y le rescató. Cuando los adultos se preguntaban, cómo un niño pudo romper el hielo tan grueso, un anciano respondió: “Lo hizo porque no había nadie que le dijera que no lo lograría”.

Cuántas veces en el hogar hacemos menos a los niños, y además limitamos sus capacidades. Esto también sucede en la iglesia, sin embargo, debemos cambiar esta mala mentalidad y actitud, porque ellos también son miembros de la Iglesia de Cristo; y si son miembros son útiles, y pueden hacer grandes cosas. Analicemos algunos aspectos de este asunto.

¿Qué es la iglesia?

La Palabra de Dios presenta a la Iglesia de diferentes maneras.

Es el reino de Dios, formado de los elegidos para vida eterna, de todos los tiempos y lugares, Colosenses 1.12,13, 1 Tesalonicenses 2.12. Etimológicamente “iglesia”, significa los que han sido llamados fuera. Fuera del mundo de pecado y perdición, al reino de Dios. La iglesia es una sola, y se compone de todos elegidos para salvación, y que son redimidos en Jesucristo. Por lo tanto, la iglesia tiene un sólo Rey: Cristo nuestro Señor. Esto significa que, si somos cristianos, no nos conduciremos solos, sino que Jesucristo gobernará nuestra vida. Debemos obedecer a nuestro Rey, guardando lo que nos dice en su Palabra.

Es el cuerpo de Cristo, 1 Corintios 12.12,27; Romanos 12.5. Algunas veces nos preguntamos por qué tenemos que llevar la culpa de la desobediencia de Adam, quien comió del árbol de ciencia del bien y del mal, si nosotros aun no nacíamos. La respuesta es que al ser él la raíz de toda la humanidad, era nuestro representante. Una vez que pecó y falló dejó de serlo, y sus demás pecados no fueron cargados a nuestra cuenta.

Para salvarnos, Dios escogió a su Hijo como el segundo y último Adam, es decir nuestro nuevo representante. Por eso la obra Redentora de Cristo, por medio de la cual nuestros pecados son lavados; es aplicada a nuestras vidas. Entonces, Cristo es nuestra Cabeza. La iglesia somos el cuerpo de Cristo, y entre otras cosas, significa que por medio de nuestras vidas el mundo ve a Cristo. Como Tomás, todo aquel que duda de la resurrección de Cristo, debe mirar y tocar el cuerpo del Señor, el cuál es su Iglesia. A menudo vemos milagros de salvación, transformación, sanidad, de provisión, y protección en la Iglesia; ¿Cómo podría ocurrir todo esto en el nombre de Cristo, si Él no está vivo? La iglesia, el cuerpo de Cristo, damos testimonio de su realidad y verdad.

Es la esposa de Jesucristo, Efesios 5.25; Apocalipsis 19.6-8. La iglesia somos la esposa de Cristo, porque él ha pactado-prometido tomar nuestras vidas para que seamos suyos por siempre, sin que nada, ni nadie, nos separe de Él. Ha prometido amarnos y bendecirnos, con iniciativa y de manera incondicional. Este pacto de bodas entre Dios y nosotros, depende totalmente de él. El catecismo infantil dice que un pacto es un concierto hecho entre dos o más personas; y debemos entender que esta respuesta está elaborada para la comprensión de nuestros niños. Porque en el pacto de Dios, no hay concierto entre dos, es decir, no entre Dios y el hombre, pues esto colocaría al hombre a la altura de Dios; o quebrantaría el pacto, pues los hombres somos incapaces de cumplir totalmente un pacto. El pacto de gracia o salvación es un pacto de Dios enteramente. Por eso podemos estar confiados que él jamás nos abandonará; cumplirá con fidelidad sus promesas.

¿Por qué los niños son miembros de la Iglesia?

Por la gracia de Dios, Mateo 20.1-7. Salvación por gracia significa que Dios mismo reúne en nuestro lugar, los requisitos para tener vida eterna en el cielo, que son el arrepentimiento de pecados y la fe en Cristo como nuestro único Salvador. Es el Espíritu Santo quien hace esto en nuestro corazón. La gracia de Dios se aplica en la vida de las personas conforme a su plan eterno; para algunos sucede en la edad madura, o en la vejez; y a otros en la juventud, y aun en la niñez. Esto es ilustrado en la parábola de los obreros de la viña que fueron llamados a diferentes horas del día, y que recibieron un denario. Dios llama a su iglesia a personas siendo niños; por eso no podemos excluirlos.

Por la promesa del Señor. El apóstol Pedro inspirado por el Espíritu Santo nos dice que para nosotros y para nuestros hijos es la promesa de Salvación. El hecho de que el Señor nos haya elegido de forma libre, no significa que lo haya hecho al azar. Dios nos escogió de modo que se cumpla su promesa. Por eso también dice la Palabra de Dios: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa”, Hechos 16.31. Dios cumplirá esta promesa conforme a su voluntad sabia y perfecta.

Por su inclusión a través de los sacramentos. En el Antiguo Testamento la circuncisión que se aplicaba a los ocho días del nacimiento, fue la señal por medio de la cual los hijos de Israel, fueron incluidos en el pueblo de Dios. Ahora por medio de bautismo que ha sustituido a la circuncisión, los niños son incluidos como miembros de una iglesia local. Todos los niños bautizados son miembros no comulgantes de la iglesia local. Esto significa un compromiso de los padres, para evangelizarlos, y educarlos en la vida cristiana. También implica una responsabilidad de la Iglesia para amar a los niños e instruirles en la Palabra de Dios. Los niños tienen los privilegios de ser atendidos y cuidados en su vida espiritual; y el deber de obedecer a los hermanos que dirigen la Iglesia.

Queridos niños:

Les invito a dar gracias a Dios porque ustedes son miembros de la iglesia, pertenecen al equipo del Señor, a la familia de Dios.

En la iglesia tienen a hermanos, amigos, padres y madres, que les aconsejarán, guiarán y enseñarán conforme a la Palabra de Dios; mantengan un oído y corazón atentos y obedientes a estas indicaciones que serán una bendición en sus vidas.

Ustedes pueden hacer muchas y grandes cosas, porque tenemos a un Dios Omnipotente. Recuérdenlo siempre, y sirvan al Señor de la mejor manera, hagan cosas grandiosas para él.

Bendiciones de Cristo en nuestra vida

BENDICIONES DE CRISTO EN NUESTRA VIDA

De la serie

“YO Y MI CASA SERVIREMOS A JEHOVÁ”

Josué 5 y 6.

Después de cruzar el río Jordán, Israel estaba ansioso por iniciar la conquista de la tierra prometida. Sin embargo, Dios no permitió que comenzaran, porque hacía falta que el pueblo celebrara cosas muy importantes. Veamos de qué se trataba.

NUEVA IDENTIDAD Y LA PRESENCIA DE DIOS.

Algunas observaciones sobre el capítulo 5.

1. Los amorreos y cananeos estaban muertos de miedo. Al oír que Jehová cruzó a su pueblo en seco por el Jordán, desfalleció el corazón de estas naciones paganas, no hubo en ellas espíritu para enfrentar a Israel. Ya estaban derrotadas psicológicamente; y esto era muy importante por lo que veremos en seguida.

2. Josué circuncidó al pueblo. Dios mandó a Josué hacer cuchillos filosos para circuncidar a los hijos de Israel. La circuncisión era una cirugía en la que se retiraba el prepucio. Fue una medida de higiene física; el pueblo hebreo hasta nuestros días es muy sano. La circuncisión también simbolizó la limpieza de corazón. Dios instituyó a Abraham y a toda su descendencia, la circuncisión, como una señal de que eran su pueblo; una nación diferente a las demás.

Durante su peregrinaje por el desierto, Israel vivió en tal desobediencia, que no practicó la circuncisión. Por eso Josué circuncidó al pueblo, de manera que recordaran que eran un pueblo especial. Esto implicó dolor, y tiempo de recuperación; consideremos que los varones somos más sensibles al dolor; ¿verdad que al leer esto nos dan ganas de decir: “ouch”? Israel estuvo vulnerable ante sus enemigos. Pero no tenían que preocuparse; ni los amorreos, ni los cananeos, se acercarían a atacarlos, porque les tenían miedo.

3. Israel celebró la Pascua. Después de ser circuncidados, los hijos de Israel, celebraron la Pascua, comieron cordero asado, con hierbas amargas y panes sin levadura; para recordar su liberación de Egipto. Era el 14 de Abib, el primer mes del año, habían pasado 4 días desde que cruzaron el Jordán. Esta fiesta también hacía reflexionar a Israel, que era un pueblo libre gracias al poder salvador de Dios; y anunciaba su total redención por medio del Mesías.

4. Comieron del fruto de su nueva tierra. Los hijos de Israel comenzaron a comer el fruto de la tierra prometida, y el maná dejó de caer. Llegó el momento de disfrutar de la promesa de Dios, de una tierra que fluye leche y miel. El Señor siempre cumple su Palabra de manera fiel y oportuna.

5. Josué vio a un Varón con su espada desenfundada. Cerca de Jericó, el Siervo de Dios, vio al Príncipe de los ejércitos de Jehová. Se trata de nuestro Señor Jesucristo. Lo sabemos porque: 1. Aceptó la adoración de Josué. 2. Le dijo a Josué que se quitara sus zapatos; pues su presencia santifica. 3. Cuando Josué le preguntó si era de ellos o sus enemigos, respondió: No; Dios no le pertenece a ningún pueblo en particular. La presencia del Señor, anunciaba su triunfo sobre las naciones paganas.

 ¿Qué significa esto para nuestra vida?

Por medio de la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo hemos sido circuncidados en nuestro corazón; pues el Salvador ha lavado nuestros pecados y nos ha dado vida eterna. Ahora somos parte del pueblo de Dios.

Por medio del bautismo damos testimonio de que creemos en Cristo como nuestro Salvador, que hemos sido lavados; y pertenecemos a la familia de Dios.

Por eso ahora celebramos la Santa Cena, el sacramento que nos recuerda que Jesús pagó nuestros pecados con sus sufrimientos, y muerte cruenta en la cruz, además de que resucitó y volverá por segunda vez. La Santa Cena nos ayuda a recordar nuestra identidad en Cristo. Somos nuevas criaturas, somos hijos de Dios. Y por lo tanto debemos vivir en esta nueva identidad.

Ser salvos, significa que tenemos una herencia en los cielos, pero también quiere decir que desde ahora gozamos de la presencia permanente del Dios Trino en nuestra vida. La presencia del Señor en nuestro corazón es una fuente de bendiciones espirituales y materiales. Como Israel en la tierra prometida, nosotros disfrutamos de los frutos de las bondades de nuestro Dios.

VICTORIA SOBRE TODAS LAS COSAS, Capítulo 6.

Algunas observaciones sobre el capítulo 6.

1. Jericó estaba atemorizada. Las Escrituras hacen énfasis en que la ciudad estaba bien cerrada. La gente estaba tras las murallas y puertas cerradas, llena de temor ante Israel, de manera que nadie salía ni entraba. Sabían que Jericó era el primer blanco.

2. La estrategia del Señor. Seguro que los hombres de guerra preguntaron a Josué cuál sería la estrategia militar. Él les transmitió las indicaciones de Jehová. La estrategia del Señor era que organizaran marchas. El escuadrón estaría formado de hombres de guerra al frente, luego sacerdotes con cuernos, después sacerdotes llevando el Arca del Pacto, y otros hombres de guerra en la retaguardia. Ellos tenían que dar una vuelta a Jericó durante 6 días tocando las trompetas de cuernos. En el séptimo día tenían que dar siete vueltas; y en la séptima vuelta, además de tocar los cuernos, a la indicación de Josué tenían que gritar. Seguramente que los habitantes de Jericó se preguntaban: ¿qué traman estos hebreos?; y su miedo creció, al no entender nada de lo que veían. Al seguir la estrategia del Señor, los muros de la ciudad cayeron, y los israelitas destruyeron Jericó; pero guardaron la vida de Rahab y su familia, como lo habían prometido.

3. El anatema. Anatema, significa dedicado, en este caso dedicado o apartado para destrucción. Dios mandó que todo fuera destruido, solamente debían guardar para el tesoro del Señor, el oro, plata, y vasos de bronce y hierro. ¿Por qué destruir todas las demás cosas, si bien les servían a Israel después de tantos años en el desierto? El mensaje de Dios era: “Ustedes dependen de mí, no necesitan estas cosas”.

4. No reconstruir Jericó. Josué mandó que Jericó no debía ser reconstruida. Era un mensaje de destrucción de la idolatría y la maldad. Exclamó una maldición para quien la reconstruyera, de manera que quien lo hiciera, en su hijo primogénito sólo podría poner los cimientos; y las puertas en su último hijo. Esto se cumplió en días del rey Acab, unos 550 años después, 1 Reyes 16.34.

5. Un tema difícil. Aquí nos encontramos con un asunto complicado para nuestra mente finita, ¿Cómo pudo Dios mandar la destrucción de los pueblos amorreos y cananeos? El libro de Deuteronomio en su capítulo 20, establece leyes de guerra. El Señor mandó a Israel que si una nación se sometía de manera pacífica, deberían ponerles tributo, sin pelear con ella. Del pueblo que saliera a combatir, deberían matar los varones, y dejar con vida a las mujeres y niños. Pero de los pueblos amorreos y cananeos, debían destruir todo. ¿Por qué? Fue un acto de justicia ante la maldad tan grande en que vivían estos pueblos. Algo que nos muestra esto, es el hecho de que ellos quemaban vivos a sus hijos como parte de sus rituales religiosos. ¿No debería el Señor castigar esta maldad?

¿Qué significa para nosotros?

Aún tenemos cosas qué conquistar. Somos hijos de Dios, pero aun no somos perfectos. Todavía tenemos aspectos para conquistar. Puede ser un pecado en particular como el alcoholismo, o algún otro vicio. Tal vez el mal carácter. O algún aspecto negativo de nuestra persona, como ser incumplido, perezoso, o chismoso. No podemos justificarnos y decir: “Así soy yo”, o “yo no cambio”. No hay ciudad o cosa que Cristo no pueda conquistar.

En Cristo ya tenemos la victoria. Es interesante saber que las trompetas o cuernos que Israel tocó, se tocaban cuando se consumaba una victoria; los israelitas las tocaron antes, porque por medio de Cristo simbolizado en el Arca, la victoria era segura. Cristo venció al pecado y la muerte al resucitar, al levantarse de la sepultura. Así nos hizo vencedores. De tal manera que en su Nombre, con oración, lectura de su Palabra, y consagración, podemos superar todas las cosas.

Tenemos que recordar que el mundo es anatema para nosotros. Dios nos dice que no amemos al mundo, ni las cosas del mundo. Son anatema para nosotros, estas cosas serán destruidas. No las necesitamos, nuestra vida depende del Señor, y al tenerle a Él, lo tenemos todo. Alejémonos, de la corrupción, del engaño, del oportunismo, avaricia, de la maldad.

Tenemos que tener cuidado para no reedificar lo destruido. No tenemos que volver a las cosas sobre las cuales Dios nos ha dado la victoria. No tenemos que regresar a aquello de lo que el Señor nos ha sacado. Seamos muy cuidadosos.

HERMANOS:

Recordemos que ahora somos hijos de Dios, vivamos como nuevas criaturas. El Señor siempre está con nosotros y nos bendice. Por eso debemos ir de gloria en gloria. Sigamos conquistando las cosas que faltan, Cristo ya nos ha dado la victoria.

Bendiciones en Cristo

Josue 5 y 6, “Yo y mi casa serviremos a Jehová”

 

LA DÁDIVA QUE UNE

Romanos 6.23.

“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

¿Cuántas veces te has separado de personas que amas? Ya sea porque se fueron a vivir a un lugar distante; por un problema; o porque Dios las llamó a su presencia. Estas separaciones significan tristeza y dolor.

La Palabra de Dios nos dice que la causa de las separaciones es el pecado; y que Cristo es la solución a todo esto porque Él es Vida, es Unión. Veamos algo más sobre este tema.

EL PECADO ES SEPARACIÓN.

Génesis 2.

16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás;

17 Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás.

Génesis 3.

6 Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también á su marido, el cual comió así como ella.

7 Y fueron abiertos los ojos de entrambos, y conocieron que estaban desnudos: entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

23 Y sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fué tomado.

24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, entre otras cosas, esto significa, que Dios le dio personalidad; le dotó de las facultades de pensar o razonar; sentir; y de escoger, o de ejercer su voluntad de forma libre.

El Señor puso en medio del huerto de Edén, un árbol llamado “de ciencia del bien y del mal”; y dio al hombre la indicación de no comer su fruto, porque si Adam comía moriría. Comer de este árbol, era pecar; el pecado es la desobediencia a la Palabra de Dios. El Señor puso en medio del huerto el árbol de ciencia del bien y del mal, para no privar al hombre de usar su voluntad de manera libre.

Adam y Eva, desobedecieron a Dios, pecaron, y murieron. No fueron desintegrados en el momento de pecar; de forma equivocada algunos piensan que muerte significa que se termina todo. Mas bien, la muerte es separación; el pecado es separación.

Adam y Eva por causa de su pecado, fueron separados de Dios; por eso el Señor les sacó del huerto, y la relación entre el hombre y Dios quedó rota. El pecado también les separó de una vida eterna y feliz; de un cuerpo perfecto, sin enfermedades; y aun de una sana relación entre ellos, pues la Palabra de Dios, dice que una vez que pecaron, tuvieron pena uno del otro, y se hicieron delantales.

El pecado separa. Cuando descubrimos que nos han mentido, ¿qué es lo que sucede?, hay separación en la relación, sea familiar o laboral. Si somos soberbios, la soberbia que es pecado, nos separará de los demás, ¿quién tolera a los soberbios? El pecado de la fornicación, ha separado a personas de tener un hogar; cuántos niños crecen con un solo progenitor. El adulterio ha separado matrimonios y hogares. La violencia ha separado a muchas familias de sus seres amados.

La separación causa dolor. Toda la separación que genera el pecado, produce destrucción, dolor, tristeza, y muchas lágrimas. Por lo tanto, Dios que es Justo, no deja al pecado, sin castigo; su paga es muerte. Esta muerte es la separación definitiva de Dios; toda persona no lavada de sus pecados, está desterrada de Dios, y se dirige al lugar de tormento eterno que el Señor hizo para castigar el pecado y la maldad. El pecado separa; y su castigo es separación de Dios.

CRISTO JESÚS

Mateo 27.

45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

46 Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Dios nos ama, y en base a su misericordia nos ha dado un medio para lavar nuestros pecados, y librarnos de la separación definitiva de Él. Este medio es Jesucristo, no hay otro.

Sólo Jesús puede lavarnos de nuestros pecados, porque él nació sin pecado, y jamás cometió pecados. Además, llevó sobre sí nuestros pecados, y los pagó con sus sufrimientos y muerte en la cruz del calvario.

Mencionamos que la paga del pecado es muerte o separación de Dios. Pues Jesucristo en verdad sufrió la paga de todos nuestros pecados, ya que en la cruz estuvo separado del Padre.

Las Escrituras nos dicen que el viernes de la crucifixión, de 12 a las 3 de la tarde hubo tinieblas, esto fue la manifestación de la ira del Padre, sobre Jesús quien pagaba nuestros pecados.

El Señor Jesús con gran voz dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Fue un clamor de dolor por la soledad que Jesucristo enfrentaba; el Padre no podía estar con él, porque en ese momento Jesucristo, al ocupar nuestro lugar, era el más grande pecador, sufría la separación en nuestro lugar. Jesús siempre llamó a la primera Persona Divina, “Padre”, pero en los momentos de separación, le llamó Dios. Qué dolor no poder llamarle como siempre: “Padre”, pues estaba sufriendo por nuestras maldades.

Jesús cumplió la tipología del macho cabrío, que se llevaba al desierto en el día de la expiación, y ahí se dejaba en soledad, Levítico 16. Pensemos en los gritos de dolor, de hambre y sed, de aquel animal, simbolizando el indescriptible sufrimiento de Jesucristo por nuestras maldades.

Cristo resucitó al tercer día y con ello garantizó el pago de nuestros pecados. Ahora está en el cielo, preparándonos lugar.

ESTIMADOS:

Romanos 8.

35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo?

36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero.

37 Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó.

38 Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39 Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Si usted reconoce sus pecados, le pide perdón a Dios, y le dice a Jesucristo, que cree en él, que cree en su sacrificio, y que sea su Salvador personal. Entonces Dios lavará sus pecados, y no tendrá que morir o ser separado de él. En lugar de esto gozará de la presencia de Dios por siempre. Recuerde que mientras que el pecado separa, Cristo nos da vida eterna, y nos une a Dios.

Si usted ya es cristiano, no se aparte de la comunión con Dios, piense en todo lo que Jesucristo sufrió al estar separado del Padre, para que nosotros, ahora estemos unidos a él. El apóstol Pablo nos dice que ya nada nos puede separar de Dios, demos gracias al Señor por esto, por medio de una adoración fiel, y un servicio consagrado.

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