Ministerio en matrimonio.

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Hechos 18.1,2.

En la ciudad de Corinto, durante su segundo viaje misionero, el apóstol Pablo conoció a Priscila y Aquila, quienes se convirtieron en sus grandes amigos. Priscila significa anciana, y Aquila, águila. Ellos se encontraban en Corinto porque habían sido expulsados de Roma, desde luego que esto fue providencial. Este fue un matrimonio ejemplar, tuvieron características muy especiales, una de ellas fue que ministraron juntos. Analicemos lo que implica servir al Señor en matrimonio.

¿Qué es un ministerio?

Un ministerio es el servicio que se da a Cristo y a su iglesia, aplicando los dones espirituales que el Espíritu Santo nos ha dado, con el propósito de glorificar a Dios, edificar a la iglesia, y dar testimonio de Cristo. Por ejemplo: Predicar es un don espiritual; y alimentar por medio de la Palabra de Dios a una congregación es un ministerio. Dar mantenimiento a la casa de Dios, es un don espiritual; y ser diácono, es un ministerio en la iglesia.

Priscila y Aquila tenían un ministerio en matrimonio, porque servían juntos, hacían equipo. Un ministerio puede realizar diferentes operaciones o actividades. Por ejemplo, ser pastor es un ministerio; pero los pastores realizan diferentes operaciones, como: predicar, enseñar, orar, aconsejar, visitar, presidir, ayudar, entre otros.

¿Cuál era el ministerio de Priscila y Aquila? Ellos tenían un ministerio de apoyo a los siervos de Dios. De esta manera ayudaron al apóstol Pablo, brindándole hospedaje, alimentación y trabajo; es interesante ver que ellos trabajaban en el mismo oficio de hacer tiendas, y seguro que con los recursos que obtenían podían dar ayuda a los hermanos. También acompañaron al apóstol en su viaje misionero, Hechos 18.18,19; y cuidaron de él, al grado de poner sus vidas por Pablo, Romanos 16.3,4. Priscila y Aquila también se desempeñaron como maestros, pusieron al día al elocuente predicador Apolos, Hechos 18.26. Y prestaron su casa para que la Iglesia de Corinto se reuniera para alabar al Señor. Es importante resaltar que todo esto lo realizaron juntos.

Todos los redimidos por Cristo tenemos dones espirituales, y la responsabilidad de un ministerio. No se requiere estar casados para realizar un ministerio. Pero si somos casados, tenemos la bendición de servir en matrimonio.

¿Cuáles son sus beneficios?

Fuerza en el ministerio. El ministerio no es fácil. Por ejemplo: Dios mandó a Moisés a Egipto para liberar a Israel, pero le anticipó que Faraón se resistiría. El Señor permite dificultades en el ministerio para que le sirvamos dependiendo de él siempre. El ministerio en matrimonio nos da fuerza porque significa, que contamos con la compañía de nuestro cónyuge que nos alienta, consuela y nos toma del brazo para continuar. Cuando estamos solos o nos sentimos solos, viene el desánimo.

Mejores resultados y Desarrollo del ministerio. Con la práctica, estudio, y experiencia, vamos realizando mejor nuestro ministerio. Pero es de mucha ayuda la participación de nuestro cónyuge, con sus observaciones, sugerencias, ideas, y comentarios, para realizar un mejor servicio. Dos siempre piensan mejor que uno. Si servimos en matrimonio podemos realizar actividades con mayores bendiciones.

San Pablo le dijo a Timoteo que no descuidara el don de predicar, esto implica una exhortación a crecer en su ministerio pastoral. Nunca podremos decir que ya no hay más que hacer en nuestro ministerio. Tampoco diremos que ya hemos llegado a la perfección; siempre tendremos la bendición de crecer. Nuestro cónyuge es la persona ideal para hacer una crítica constructiva que nos permita crecer en nuestro servicio al cuerpo de Cristo.

Un legado para nuestros hijos y hermanos de la iglesia. 2 Timoteo 4.19. Cuando San Pablo escribió la segunda carta a Timoteo, al estar consciente de que su partida estaba cercana, al despedirse envió saludos; y comenzó con Priscila y Aquila. Lo que manifiesta que él quedó impresionado y agradecido con este matrimonio, que realizó su ministerio de forma unida, en equipo. Al servir en matrimonio, impactamos positivamente la vida de nuestros hijos, y hermanos de la iglesia, y los motivamos para servir al Señor.

¿Cómo se realiza?

En algunos matrimonios ambos cónyuges tienen el mismo ministerio, ya sea el de predicación, alabanza o consejería, entre otros. Hay matrimonios en los que los cónyuges tienen diferentes ministerios, uno tiene el de enseñanza, y otro el de atención a los necesitados. Sin embargo, siempre podemos realizar nuestro ministerio en matrimonio.

Con oración y estudio. Tenemos que orar el uno por el otro, y orar juntos. La iglesia ora por nuestro ministerio, pero es de mucha bendición y fortaleza cuando nuestro cónyuge ora por nosotros. Cuando los hermanos le decían a un pastor: “qué buen sermón predicó”; él decía: “predicamos”; los hermanos le preguntaban qué quería decir, entonces él respondía: “predicamos, porque mientras su servidor predica, mi esposa se mantiene en oración por mí”.

Ningún ministerio puede prescindir del estudio de la Palabra de Dios, todos dependen del conocimiento y práctica de las Escrituras. Priscila y Aquila, eran unos estudiosos de las Escrituras, por eso instruyeron bien a Apolos. Tenemos que estudiar juntos la Palabra de Dios, y motivar a nuestro cónyuge a leer las Santas Escrituras, dándole el tiempo y espacio para esto. También es muy edificante compartir las cosas que vamos aprendiendo de la Palabra de Dios.

Con compañía. Procuremos acompañar a nuestro cónyuge. Tal vez no siempre podamos estar a su lado en la ejecución del ministerio, por ejemplo, si su esposo es Anciano gobernante, y se encuentra en una reunión de consistorio. Pero debemos esforzarnos por acompañarle lo más que se pueda, tanto en la preparación de las cosas como en la realización del ministerio, ya que la compañía alienta muchísimo en el servicio. Priscila y Aquila son un ejemplo de esto, notemos que siempre se les menciona juntos.

Con ayuda. Uno de los propósitos del matrimonio es la ayuda mutua. Y esto es una bendición en el ministerio. Muchas veces se realiza el ministerio sin el apoyo de los hermanos. Pero que no sea sin la ayuda de nuestro cónyuge, ya sea de forma directa, o indirecta, cuando se encarga de algunas cosas para que podamos prepararnos en el servicio al Señor.

Con motivación. La iglesia tenemos la tendencia a no ser agradecidos, tampoco se nos da mucho el motivar a los hermanos en su ministerio, debemos cambiar esto. Pero es muy fortalecedor cuando nuestro cónyuge nos motiva, con palabras de bendición y afirmación, por ejemplo: “Que Dios te bendiga mucho en tu clase”; “Fue de mucha bendición escucharte cantar”; “Gracias a Dios lo hiciste muy bien”; “Estaré orando por ti”; “Estoy contigo”.

Con crítica respetuosa y amorosa. No es correcto preguntar a la iglesia, cómo estuvo nuestro servicio, porque si la respuesta no es objetiva, nos afectará; además de que daremos la impresión de que no estamos buscando agradar en primer lugar al Señor. Pero sí podemos hacerlo con nuestro cónyuge. Al recibir la respuesta no debemos enojarnos, sino tomarla en cuenta para crecer. Cuando nos toque hacer una crítica o comentario, debemos hacerlo con mucho respeto, y sazonar nuestras palabras con amor, de manera que sea de bendición.

Hermanos:

En algunos de los matrimonios, sólo uno de los cónyuges, es cristiano y desarrolla un ministerio. La Palabra de Dios dice que en el marido o esposa creyente en Cristo, el cónyuge no cristiano es santificado. Si recibe apoyo, agradézcalo profundamente; siga orando para que Dios salve a su esposa o esposo, y dele buen testimonio.

Si ambos son cristianos, tienen la responsabilidad de ministrar juntos. Si no lo hacemos no contaremos con el poder, ni la autoridad, que da el servir juntos. Además de que el ministerio será más difícil, y no se tendrán los mejores frutos.

Que el Señor nos ilumine y dé fuerzas para poner en práctica la enseñanza de su Palabra, y el ejemplo de Priscila y Aquila, de manera que todos los matrimonios de la iglesia estemos ministrando juntos.

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