Entrar a la Tierra prometida

“ENTRAR A LA TIERRA PROMETIDA”

De la serie

“YO Y MI CASA SERVIREMOS A JEHOVÁ”

En esta ocasión haremos una reflexión acerca de lo que la Palabra de Dios nos narra en los capítulos tres y cuatro del libro de Josué. Ahí encontramos el sorprendente evento del cruce del río Jordán, para entrar a la tierra prometida.

 AL CRUZAR AL REINO DE DIOS POR MEDIO DE JESUCRISTO, Josué 3.14-16.

Después de cuarenta años de peregrinar en el desierto, Israel estaba punto de entrar a la tierra prometida por Dios. Los israelitas habían asentado su campamento en Sittim, frente a Jericó, de ahí se acercaron al río Jordán, y esperaron tres días. ¿Por qué Dios no introdujo a su pueblo por el sur, sin tener que enfrentar el problema del cruce del rio? Israel necesitaba conocer a Dios. recordemos que el pueblo era una generación nueva; los que salieron de Egipto, habían muerto en el desierto, excepto Josué y Caleb. Ellos habían escuchado de sus padres, que Dios partió las aguas del mar rojo; pero necesitaban tener la experiencia personal del poder de Dios.

Sin duda que todo el pueblo se preguntaba, ¿Cómo cruzaremos el río? En ese momento el Jordán tenía unos 1500 metros de ancho, y una profundidad de dos metros. Era el 10 del primer mes, en el tiempo de la siega, cuando la nieve del monte Líbano comenzaba a derretirse, y el Jordán se volvía caudaloso. Construir un puente, llevaría mucho tiempo, y ¿cómo conseguir los materiales?; ¿hacer balsas?, sería muy complicado cruzar a familias enteras y su ganado. ¿Cómo cruzar el río? Dios ya tenía la respuesta, sería por medio del Arca del Pacto. Aquella caja de madera, forrada de oro, y con una tapa con querubines de oro macizo, que representaba a nuestro Señor Jesucristo.

Los sacerdotes cargando el arca del pacto deberían tomar la delantera, y el pueblo debía seguirles dejando una distancia de un kilómetro. Cuando los sacerdotes pusieron sus pies en las aguas frescas del río, el agua se detuvo a la altura de la ciudad de Adam, a unos 45 kilómetros al norte. Así se formó un camino ancho para que el pueblo formado de unos dos millones, pudiera pasar en seco, sin hacer filas de personas, y sin tener que esperar demasiado. ¿Qué significa esto? Significa que Israel cruzó el Jordán y entró a la tierra prometida por medio de nuestro Señor Jesucristo, tipificado en el arca del pacto; de otra manera hubiera sido imposible.

De igual manera sólo por medio de Jesucristo, podemos cruzar al reino de Dios, únicamente por medio del Señor Jesús podemos ingresar a la familia del Todopoderoso. Cristo es el único medio para ser salvos del pecado y la muerte eterna. No importa cuántas cosas “buenas” haga la gente, sin Cristo están perdidos. Algunas veces nos preguntan si los vecinos que son buenas personas, serán salvos, nos preguntan si Dios tomará en cuenta sus buenas acciones; porque se piensa que deben “entrar al cielo hasta con sus zapatos”. Pero sin Cristo están perdidos. Ya que ninguna obra que hagamos lava los pecados; pues nuestras obras están llenas de maldad y son imperfectas. Solamente la obra redentora perfecta y eficaz de Cristo en su crucifixión y resurrección, puede lavarnos de nuestros pecados, 1 Juan 1.7. Por lo tanto, la única manera de cruzar el río para entrar al reino de Dios, es con arrepentimiento de pecados, y fe Jesucristo como nuestro único Salvador, Juan 14.6.

Por otra parte, todo el servicio y adoración al Señor, es agradable, si es realizado en Cristo. Lo “mejor” que podamos ofrecer de nosotros mismos a Dios, sin Cristo, es como trapo de inmundicia a los ojos de Dios. Pensemos en lo que ocurre en un culto; algunos hermanos se duermen, otros se aburren, hay quienes murmuran si el mensaje se alarga, o si el coro desentonó; no falta el que critica cómo van vestidos los hermanos. Un culto con estas acciones, ¿es agradable a Dios? De nuestra parte no lo es, porque es imperfecto; sin embargo, en Cristo es aceptado por Dios.

Visitar a los hermanos, ayudar, consolar, predicar, servir en el templo, cantar en el coro, es bueno; todos los que hemos cruzado el Jordán debemos servir al Señor. Pero es importante que recordemos que para que este servicio sea agradable a Dios, debe ser en Cristo, es decir, debe surgir de un corazón en el que Jesucristo es su Salvador.

Si todo lo hacemos en y para Cristo, en primer lugar, será para la gloria de Dios, será para la edificación de la iglesia, y tendrá recompensa hermosa de Dios, quien no es injusto para olvidar la obra que hacemos asistiendo a sus santos, Hebreos 6.10.

CON GRATITUD POR LO QUE JESUCRISTO HA HECHO POR NOSOTROS, Josué 4.18-22.

Josué mandó que cada tribu de Israel escogiera a un hombre para llevar una piedra del río. Así que fueron 12 hombres y doce piedras. Seguramente que los hombres seleccionados eran muy fuertes, pues llevarían estas piedras del medio del río hasta Gilgal, cerca de Jericó. Estas piedras fueron colocadas en Gilgal como testimonio de que Dios cruzó a su pueblo en seco por el Jordán.

El corazón del hombre tiende a ser incrédulo, por eso Dios mandó que se realizara este montículo de piedras. Cuando los niños preguntaran acerca se estas piedras, los padres deberían enseñarles que eran el testimonio de que ellos cruzaron el río Jordán en seco. Si algún niño, o adolescente dijo: ¿de verdad papi?, los padres podían mostrar que las piedras eran de río, por su forma redonda y estado pulido por el agua; podemos pensar en aquellos niños tocando las piedras, y diciendo: es verdad papito. Queridos jóvenes podemos creer en Dios, y en las maravillas que nos relata la Palabra de Dios, porque ella es verdadera; pero además porque Dios sigue haciendo milagros. Nuestra salvación es un milagro del Señor; estábamos muertos espiritualmente, y hemos sido resucitados por medio de Jesucristo. Observemos a la iglesia de Cristo, y encontraremos milagros, hermanos que son sanados, problemas que son resueltos, necesidades que son suplidas.

Las piedras en Gilgal, tenían el propósito de que Israel recordara lo que Dios había hecho por él. Nosotros también debemos recordar siempre lo que Dios ha hecho por nosotros, no debemos ser olvidadizos. Jesucristo por medio de sus sufrimientos y muerte vergonzosa en la cruz: nos lavó de nuestros pecados y nos dio vida eterna; nos hizo hijos de Dios, nos dio un lugar en su familia y reino; además nos bendice todos los días. Gracias a Dios no vivimos sin esperanza, ni iremos a aquel lugar de tormento eterno.

Recordar es importante para estar agradecidos, así como para demostrar nuestra gratitud en servicio y adoración. ¿Cómo muestras tu gratitud a Dios? Muchas veces nuestras acciones no reflejan un verdadero agradecimiento al Señor; más bien parece que nos olvidamos de lo que él ha hecho. Llegamos tarde a los cultos, no participamos de forma ferviente; no predicamos el evangelio, no estamos ocupados en un ministerio en la iglesia; no oramos, ni leemos nuestra Biblia como debe ser; no tratamos con amor a los demás.

Pero no podemos seguir así. Querido hermano: Recuerda lo que Cristo hizo por ti, sé agradecido, y tu corazón estará motivado a hacer lo mejor por Cristo y su iglesia.

HERMANOS:

Será muy bueno que nosotros también tomemos piedras para hacer un recordatorio, no en Gilgal sino en nuestros corazones. Escojamos un texto de la Palabra de Dios, o la estrofa de un himno, para poner en la sala de nuestra casa, en la recamara, o en el trabajo; para que nos recuerde lo que el Señor hizo por nosotros.

Cuando nuestros familiares o amigos nos pregunten el significado de esto, les diremos: “Significa que Cristo me cruzó de forma poderosa y  segura a la familia y reino de Dios”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: