Confiar en Dios para avanzar

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“El temor del hombre pondrá lazo:

Mas el que confía en Jehová será levantado”, Proverbios 29.25.

El temor es una emoción de angustia por un riesgo real o imaginario; puede ser producido por la sospecha de un daño futuro.

El temor es bueno cuando nos sirve de mecanismo de cuidado, por ejemplo, cuando, tenemos la atención de cerrar las llaves de gas, por temor a que ocurra un accidente.

Pero el pecado que ha afectado todo nuestro ser, ha hecho que el temor en nuestra vida, degenere y se convierta en un freno para hacer cosas que son buenas, como viajar, o incluso salir de casa. Muchas personas se detienen por temor a que todo acabe mal. Pero la Palabra de Dios nos llama a confiar en Dios para avanzar.

 EL TEMOR ES PARALIZANTE.

Detuvo a Abraham para no vivir su matrimonio en plenitud, Génesis 12.10-16; 20.1-3. Por el temor a morir Abraham le pidió a su esposa que al llegar a Egipto, dijera que era su hermana y no su esposa. Este temor no era imaginario, muchos hombres habían sido asesinados por egipcios para quedarse con su esposa. Lo mismo hizo Abraham en Gerar. Pensemos en lo difícil que fue para Abraham y Sara, tener que vivir aparentando que eran hermanos; sin poder besarse, ni acariciarse. Muchos matrimonios por temor pasan momentos similares, no viven con una entrega total.

Muchos esposos temen dar todo y no recibir lo mismo; temen ser lastimados, si es que al final quedan solos; incluso existe el temor a no tener los recursos suficientes para vivir, y entonces se pasa más tiempo en el trabajo que con el cónyuge, y esto afecta al matrimonio.

Pero es necesario superar este temor y vivir el matrimonio de forma plena. Para que exista un buen matrimonio se requiere que sucedan dos funerales y una boda; los esposos deben morir a sí mismos, y vivir para su cónyuge, sin temor. Si no vivimos de forma plena en el matrimonio, lo exponemos a que ocurra lo que tememos. Un pastor decía: si usted es de los que dicen: “ni todo el amor, ni todo el dinero”, quiero preguntarle: ¿quién le dará el resto a su cónyuge?

Detuvo a Job de disfrutar de la paz, Job. 3.24-26. Job era un hombre a quien no su pastor, ni la sociedad, sino Dios, le describió como perfecto. Job, estaba bien en el área espiritual, tenía una gran familia, era rico, lo tenía todo. ¿De qué podía preocuparse? Sin embargo, este pasaje de las Escrituras, nos revela que en aquellos tiempos de prosperidad, Job llegó a estar intranquilo, por el temor a que todo terminara. Él se preguntaba, ¿algún día esto acabará?, ¿ocurrirá algo malo? Vemos que cuando fue probado, y perdió a sus hijos, hacienda, salud, respeto, dijo: “me ha acontecido lo que temía”.

El temor no permitió a Job tener paz, ni disfrutar de los tiempos de prosperidad. Muchas veces, en especial en las madrugadas, cuando perdemos el sueño, solemos pensar en las cosas que pueden ocurrir en nuestra vida, nos preguntamos, qué pasara: “si enfermo”, “si sucede un accidente”, “si me quedo sin trabajo”, “si los hermanos no me apoyan”. Ante esto es necesario confiar en Dios, como veremos en unos momentos.

Impidió a Pedro seguir su caminata sobre las aguas, Mateo 14.26-32.

Como sabemos, el apóstol Pedro, fue a Jesús sobre las aguas, él caminó sobre el mar de Galilea. Hasta que arreció el viento, y Pedro cambió su mirada del Señor a la tempestad. Entonces comenzó a hundirse, y tuvo que ser rescatado por Jesús.

Cuando llegan las tempestades, cuando nos hallamos en medio de ellas, nuestro corazón se llena de temor. El temor es paralizante. Cuando tememos, nos detenemos, por eso dice el proverbista, que el temor del hombre pondrá lazo. Pero a propósito del testimonio del apóstol Pedro, notemos que en medio de la más terrible tempestad, el secreto para no detenernos, es seguir mirando a Cristo, es decir, mantener nuestra comunión con él. Ya que cuando nos empapamos de la presencia de Dios podemos mirar la tempestad como nada.

Querido hermano, ¿se encuentra paralizado en algo?, ¿se ha detenido porque tiene temor a que las cosas no salgan bien?, ¿Qué podemos hacer?

CONFIAR DE FORMA PRÁCTICA

En la Palabra de Dios, Salmo 23; Isaías 41.10, 43.1,5;

JEHOVÁ es mi pastor; nada me faltará. 

En lugares de delicados pastos me hará yacer: Junto á aguas de reposo me pastoreará. 

Confortará mi alma; Guiárame por sendas de justicia por amor de su nombre. 

Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. 

Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: Ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. 

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Un hermano dice que podemos encontrar 365 veces en la Palabra de Dios: “No temas”. Lo que significa que hay un: “no tengas miedo”, para cada día del año. Y podemos confiar en las Escrituras, David, nos da testimonio de la fidelidad de Dios. Recordemos que el Señor proveyó siempre todo lo necesario su vida; lo cuidó en todos los combates, él fue hombre de guerra, y no fue herido de manera grave; incluso el Señor le dio alimento en medio de sus enemigos, cuando estuvo entre los filisteos, mientras huía del rey Saúl.

 En el plan perfecto de Dios, Romanos 8.28.

Nosotros no sabemos lo que ocurrirá, pero Dios sí. De tal manera que no debemos angustiarnos por lo que ocurrirá mañana. Dios no será sorprendido, ni dirá: “ahora qué voy hacer”. Mantengamos la paz en nuestro corazón, confiando en que Dios realmente sabe todas las cosas, y que ya anticipó cómo resolverlas.

Además, el Señor tiene un plan perfecto trazado desde la eternidad, de modo que todo lo que sucede está determinado por él, y dirigido para su gloria. Dios ha establecido las cosas que sucederán, y los medios para que se lleven a cabo, nada puede frustrar el plan del Señor. Aun eventos malos, están contemplados en este plan, y dirigidos para la manifestación de su gloria. Por ejemplo: La esclavitud de Israel en Egipto, y la dureza del corazón de Faraón, sirvieron para que el Señor manifestara su poder libertador. La tempestad que sufrieron los discípulos en el mar de Galilea, fue un medio para que conocieran a Cristo como el Dios Omnipotente, que con su Palabra puede calmar el mar más agitado.

El plan de Dios, debe infundirnos paz. San Pablo nos dice que no sabemos lo que sucederá mañana, pero una cosa sí sabemos: “que todo será para bien de nuestras vidas”. Entonces no debemos temer, sino estar tranquilos, lo que ocurra será para bendición de nuestra vida, sin importar lo que acontezca.

En oración, Mateo 26.41.

Otra forma de confiar en Dios es por medio de la Oración. Cuando oramos, es posible que nuestra situación difícil, no sea resuelta de inmediato por el Señor, porque él tiene sus tiempos. Pero seremos fortalecidos. Al orar estamos pasando momentos en la presencia de Dios, y él nos fortalece; entonces el temor ya no nos afecta, pues se topa con un corazón fuerte en el Señor.

La oración también transforma nuestra visión. El temor nubla nuestra visión, de manera que vemos los problemas tan grandes, que sentimos que no hay manera de superarlos. Pero cuando oramos, el Espíritu Santo, nos muestra que tenemos un Dios infinito, y que toda situación es nada ante el Señor. Cuando Goliat, el gigante filisteo, desafió a Israel, el pueblo estaba muerto de miedo, pues estaban enfocados en su gran estatura, y abultados músculos. Pero David, quien era un hombre de oración, lo sabemos porque los salmos que escribió son oraciones; llegó al campo, su vista estaba en nuestro Dios Omnipotente. David vio en el filisteo, a un hombre chaparro y debilucho, que no representaba ningún peligro, ante el poderío de Jehová de los ejércitos.

Por esto nuestro Señor Jesucristo nos manda orar, para no desmayar, para no ceder ante el temor.

HERMANOS:

Vivimos tiempos difíciles y peligrosos. Todos los días ocurren cosas terribles. Pero, no solamente debemos tener paz en nuestro corazón. Sino que debemos avanzar con gozo, haciendo nuestro trabajo secular, y realizando nuestro servicio en nuestra familia e iglesia, sin paralizarnos. Ya que todo lo que sucede es el testimonio de que nuestro Señor está más cerca de venir por nosotros a las nubes. Entonces avancemos con plena confianza y gran gozo en el Señor.

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