Clausura III Convención

Bosquejo, mensaje clausura III Convención General. PNOCM.

14601092_542142982641366_7667476303016021867_n

“REFORMADOS PARA EXPERIMENTAR LA VOLUNTAD DE DIOS AGRADABLE Y PERFECTA”

Romanos 12.2.

“Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Las Santas Escrituras nos enseñan que Dios es inmutable, él no cambia. Los hombres estamos en constante cambio. Como hijos de Dios debemos atender el llamado del Señor a cambiar para mejorar. Debemos ser reformados, es decir, volver a la imagen de Dios; y no volvernos a la forma del mundo pecaminoso.

Veamos algunas de los principios que podemos seguir para ser reformados de modo que podamos experimentar la voluntad de Dios.

POR MEDIO DE UN COMPROMISO FIEL CON EL SEÑOR.

Mateo 10.37,38.

“El que ama padre ó madre más que á mí, no es digno de mí; y el que ama hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí.

Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí”.

Desde sus inicios la iglesia cristiana sufrió persecución. Primero por parte de los judíos; posteriormente los emperadores romanos trataron de exterminar al cristianismo. Los cristianos eran desterrados, quemados vivos, llevados a la arena romana para luchar como gladiadores, confinados a vivir en catacumbas, entre otros sufrimientos. Hasta que en el año 313 d.C., el emperador Constantino promulgó el edicto de tolerancia, en el cual se abolió la persecución contra los cristianos. Este emperador también estableció como religión del imperio, la fe cristiana. El mundo romano se acercó a la iglesia, y fue más fuerte su influencia, de tal manera que el paganismo se introdujo a la iglesia. Para el siglo V, ya había imágenes en los templos, y la Santa Cena se celebraba como un sacrificio.

Gracias a Dios el evangelio en nuestros tiempos está llegando a muchas vidas. En algunos lugares los templos evangélicos rebosan de personas. Un pastor comentó que si miramos a los cristianos podemos vernos como un océano de personas; pero con poca profundidad. Es decir, que son pocos los que tienen un compromiso verdadero con el Señor Jesucristo. Si las personas del mundo se acercaran a los templos, ¿tendríamos la presión necesaria para influir en sus vidas; o nos ocurriría lo que a los hermanos del siglo IV?

Para ser reformados a la imagen de Dios, necesitamos un compromiso fiel con Jesucristo, el cual comienza con el hecho de que él sea nuestro Salvador. Es fundamental que cada uno de nosotros en verdad se haya arrepentido de sus pecados, y crea en Jesucristo como su Salvador. También es necesario que Jesucristo ocupe el primer lugar en nuestras vidas. El Hijo de Dios nos dice que el que ama más a sus padres, o hijos, no es digno del Señor.

No es que nuestro Salvador sea egoísta, sino que, si Cristo ocupa el primer lugar en nuestro corazón, será de bendición, pues la voluntad de Dios es agradable y perfecta. Veámoslo de esta manera: cuando nuestro cónyuge, padres, hijos, o hermanos de la iglesia hacen algo que nos lastima; nuestra respuesta es una reacción para desquitarnos; pero cuando el Señor ocupa el primer lugar, obedeceremos su Palabra que manda: a los esposos amar; a las esposas respetar; a los padres no irritar a los hijos; a los hijos obedecer; a los hermanos de la iglesia a hacer todo como al Señor; todo esto sin condiciones. De esta forma si Cristo está en primer lugar, actuaremos de forma correcta y mantendremos relaciones sanas en la familia y la iglesia.

El Señor Jesucristo también nos dice que quien no toma su cruz y le sigue no es digno de él. En algunos momentos y lugares, ser cristiano ha significado morir; por eso el Jesucristo dice que debemos tomar la cruz. Nuestro compromiso con el Señor debe ser fiel, al grado que estemos dispuestos a dar la vida por la fe en Cristo. Los apóstoles, muchos hermanos a través de los siglos, y varios pre-reformadores, murieron por ser creyentes en Cristo. Dios ha utilizado esto para dar testimonio de la realidad del evangelio; si la Palabra de Dios no fuera cierta, ¿los apóstoles hubieran dado sus vidas?

Por otra parte, el Señor nos dice que debemos tomar nuestra cruz y seguirle. Además de estar listos a morir para dar testimonio de nuestra fe en Cristo; debemos estar dispuestos a vivir para el Señor. Un compromiso fiel implica que vivamos no nuestros planes, o deseos, sino lo que Jesucristo tiene planeado para nuestras vidas; recordemos que su voluntad es agradable y perfecta; el plan del Señor para nosotros siempre será lo mejor que podamos hacer. Si vivimos de esta manera podremos, ser reformados cada día por el Espíritu Santo, y seremos luz y sal a los que nos rodean, de modo que se conviertan a nosotros, y no nosotros a ellos.

POR MEDIO DE LA PALABRA DE DIOS.

Juan 5.39.

“Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

Antes de terminar el primer siglo, Dios ya había dado toda su revelación escrita. Juan escribió por inspiración del Espíritu Santo el libro de Apocalipsis en el año 96 d.C. En el año 383 Jerónimo tradujo la Biblia al latín, a esta traducción se le conoce como la Vulgata Latina, y es muy importante, porque fue la que leyeron los pre-reformadores y los reformadores. En el año 393, en el concilio de Hipona, se ratificaron los 27 libros del Nuevo Testamento, como Escritura canónica. Es importante aclarar que no fue la iglesia quien le dio autoridad a estos libros. La Palabra de Dios tiene autoridad por sí sola. Lo que aquellos hermanos hicieron, fue un reconocimiento, y separación de los Libros inspirados, de los que no lo son; pues los evangelios o cartas no inspiradas, tienen errores y contradicciones doctrinales. Para el año 1455, ya se tenían ejemplares impresos de la Palabra de Dios, gracias a la invención de la imprenta por Gutenberg.

Sin la lectura y estudio de la Palabra de Dios, la verdad no se hubiera predicado a través de los siglos. Sin la Palabra de Dios, los reformadores no hubieran hecho esta obra tan importante. Martín Lutero, fue alcanzado por Cristo, cuando leyó Romanos 1.17, y entendió que somos justificados o perdonados en la justicia de Cristo, es decir, en el pago que él hizo de nuestros pecados, y solamente por medio de la fe en él como nuestro Salvador. No por medio de indulgencias, ni por obras. Él se dio cuenta que las enseñanzas romanas estaban en contra de las Escrituras; por ello el 31 de octubre de 1517, dio a conocer sus 95 tesis en contra de las indulgencias.

Por todo esto nuestro Señor Jesucristo nos manda estudiar las Santas Escrituras. En los Estados Unidos, unos pastores hicieron una investigación en mil iglesias, para saber qué es lo que hace prosperar espiritualmente a una iglesia. Encontraron que las iglesias que prosperan en su vida espiritual, y en otras áreas, son las que leen más la Palabra de Dios. Aquellos pastores concluyeron que es deber de los siervos de Dios velar para que la iglesia se alimente con los sermones dominicales; así como motivar a que los hermanos se alimenten con la lectura y estudio diarios de las Santas Escrituras.

El próximo año, Dios mediante, celebraremos 500 años de la reforma religiosa. Si usted no está llevando a cabo un plan de lectura, le invito a que ahora inicie uno. De tal manera que para el próximo año haya leído toda la Palabra de Dios, y presente esto como una ofrenda al Señor. Que podamos decirle: Gracias Dios por tu Palabra, gracias porque la puedo leer en mi idioma, gracias porque me diste la bendición de leerla en este año.

Si leemos todos los días nuestra Biblia, podremos ser reformados a la imagen del Señor; porque la Palabra de Dios nos limpia del pecado, ella es un espejo en el cual podemos ver lo que tenemos que cambiar en nuestras vidas, y lo que tenemos que hacer para agradar al Señor.

POR MEDIO DE LA UNIDAD EN LA IGLESIA.

Romanos 12.5.

“Así muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros”.

El catolicismo romano no se quedó quieto ante el movimiento de reforma religiosa. Lanzó la contra-reforma. Llevó a cabo el concilio de Trento, entre los años 1545-1563, de donde entre otras cosas surgió la inquisición, y el acuerdo de “evangelizar” a América. Pero la iglesia evangélica no pudo unificarse, surgieron desacuerdos en algunos asuntos teológicos. Tuvieron lugar las denominaciones. Las diferencias de gobierno, y liturgia, han sido motivo de separación y burlas hasta nuestros días.

La Iglesia de Cristo es una sola. Es el número de elegidos para vida eterna de todos los tiempos y lugares. San Pablo nos dice que somos un cuerpo, no muchos cuerpos, sino uno solo en Cristo. Somos miembros los unos de los otros. El Señor Jesucristo, no planeó que los creyentes en él, viviéramos aislados, sino en una familia espiritual, porque la unidad con la iglesia nos ayuda a seguir en el Señor. Qué hermoso es cuando los hermanos se preocupan por nosotros y nos motivan a seguir fieles.

 Debemos comenzar a unirnos en nuestra iglesia local. Lo que más daña la unidad de la iglesia, es el chisme. La Palabra de Dios dice que el chismoso separa los mejores amigos; y que donde se acaba el chisme, se terminan los problemas. Para vivir en unidad no debemos permitir que los hermanos nos platiquen chismes; tampoco debemos divulgar las cosas que llegamos a saber, porque no conocemos lo que realmente está pasando, y si somos chismosos podemos generar problemas y heridas difíciles de superar.

Otro factor que atenta contra la unidad de la iglesia es el espíritu de inconformidad por todo. Vivimos tiempos en que muchos hermanos toman una actitud infantil en la que por nada están contentos. Si hay o no proyectos, si se hacen cosas, o no se hacen; por todo critican y murmuran. Debemos recordar que al ser recibidos como miembros de la iglesia prometimos, conducirnos gustosos en las reglas de la iglesia, y seguir a los hermanos que dirigen la iglesia. Por lo tanto, debemos apoyar en lugar de criticar.

Vivir en unidad, significa que los miembros de la iglesia, debemos ayudarnos, debemos ser compañeros fieles. Debemos vivir en amistad, en amor fraternal y con mucho respeto. Si los hermanos del siglo XVI, se hubieran unido, la reforma hubiera tenido mayor impacto. Pensemos en practicar la unidad en nuestra iglesia local, de manera que podamos hacer lo que expuso el Salmista: “En Dios haremos proezas”.

HERMANOS:

Gálatas 2.20.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí”.

El resultado de una vida que va siendo reformada a la imagen de Dios, es esto que expuso el apóstol Pablo: “vivo, no yayo, mas vive Cristo en mí”.

Las publicaciones en las redes sociales, que nos muestran mensajes como: “Mi vida”, “Mis planes”, “mis proyectos”. Son evidencia de que tenemos que ser reformados a la imagen de Dios, y no a la del mundo.

Se dice que cuando alguien tocaba la puerta de la casa de Martín Lutero, él preguntaba: ¿a quien busca?, Le respondían al hermano Martín; él entonces decía: ya no vive aquí. Cuando le contestaban, ¿cómo, si esta es su dirección?, Martín decía: le digo que él ya no vive aquí, aquí vive Jesucristo.

Que este sea nuestro testimonio también, para vivir la voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: