A LA MESA CON EL SEÑOR JESUCRISTO

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“A LA MESA CON EL SEÑOR JESUCRISTO”

Mateo 26.

20 Y como fué la tarde del día, se sentó á la mesa con los doce.

21 Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.

22 Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor?

23 Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me ha de entregar.

24 A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.

25 Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo. ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú lo has dicho.

26 Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo.

27 Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dió, diciendo: Bebed de él todos;

28 Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.

29 Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

PROPÓSITO:

Enseñar que la Santa Cena es un privilegio que tenemos por la gracia de Dios; que debemos participar orando para que el Espíritu Santo examine nuestro corazón; con una consagración total a Dios; y con el conocimiento de que, al disfrutar de este banquete espiritual, renovamos nuestros votos o promesas al Señor. Para que, al tomar la Santa Cena, sea de gran edificación en la vida espiritual de toda la iglesia.

INTRODUCCIÓN:

 En el mes de octubre celebramos la reforma religiosa del siglo XVI. Por ello el primer domingo de este mes, la mayoría de las iglesias cristianas celebramos la Santa Cena, es el día de Comunión Universal; pues la iglesia del Señor Jesús es una sola.

En el contexto de esta celebración es oportuno que meditemos en el pasaje de las Escrituras que nos habla del momento en el que el Señor Jesucristo, instituyó la Santa Cena. Era una noche de pascua cuando los discípulos estaban a la mesa con el Salvador.

REQUIERE UN EXAMEN DE NUESTRO CORAZÓN PARA SANTIFICACIÓN, 20-22.

Conscientes de que es un privilegio que tenemos por la gracia de Dios. Los discípulos no eran las mejores personas, de manera que por sus méritos ganaran un lugar en la mesa con el Hijo de Dios. Estuvieron allí por gracia, porque recibieron el regalo de la Salvación por Cristo. Nosotros también tenemos la bendición de estar a la mesa con el Señor Jesús por gracia. Si estamos convencidos de esto, daremos un valor muy especial a esta bendición, y participaremos con mucho interés, y gratitud; no menospreciando la mesa del Señor.

Realizado por el Espíritu Santo. El Señor Jesús les dijo a sus discípulos que uno de ellos lo iba a entregar. Entonces comenzaron a preguntarle: ¿soy yo, Señor? Ellos examinaron su corazón. Lo mismo debemos hacer. Pero, si el examen lo realizamos nosotros mismos, es muy seguro que nos encontremos “bien”. Por eso debemos pedir al Espíritu Santo, que examine nuestro corazón, de manera que él nos haga ver lo que estamos haciendo quebrantando la Palabra de Dios; o lo que no estamos realizando, y que Dios pide de nosotros. Una vez que el Espíritu Santo nos muestre nuestros pecados, debemos pedir perdón a Dios, y apartarnos de los actos pecaminosos para crecer en santidad. Esto es necesario porque la limpieza es indispensable cuando vamos a la mesa, ¿cierto? A nadie le gusta comer sucio, o en un lugar sin higiene. El Señor demanda limpieza al estar en su mesa. No hagamos lo que algunos, que prefieren no participar de la Santa Cena, que renunciar a sus pecados.

Un examen personal. No nos dice la Palabra de Dios que algún discípulo haya dicho: “Seguramente el Señor habla de Pedro, porque él hace dice y hace cosas sin pensar”. O que Mateo dijera: “Yo creo que será Juan, porque tiene mal carácter”. Tampoco dijo Mateo: “Puede ser Tomás porque es un tanto incrédulo”. Se trató de un examen personal. Un maestro del Seminario, nos dijo que cuando él dirigía la Santa Cena, después de tomar los elementos, se ocupada de orar, sin mirar quienes tomaban la Cena del Señor, o no lo hacían; porque dijo él, es un asunto entre los miembros y Dios. Sin embargo, algunos hermanos en lugar de enfocarse en el examen su vida; se la pasan examinando la vida de los demás. No falta quien durante la celebración de la Santa Cena dice: ¿Por qué no participó el hermano, en qué pecado andará?; pero fulano, ¿tomó la cena?, no debería hacerlo, se saben cosas feas de él. No es correcto examinar la vida de los hermanos, porque como dijo nuestro Salvador, vemos la paja que hay en ellos, y perdemos de vista la viga que hay en nuestra vida (Lucas 6.42). Debe interesarnos la vida de nuestros hermanos, para orar por ellos y con ellos, pero no para examinar sus vidas.

CON UNA CONSAGRACIÓN TOTAL, 23-25.

Con amor al Señor Jesús y no a las cosas materiales. Judas Iscariote nunca se arrepintió de sus pecados, tampoco creyó en el Señor Jesús como el Salvador de vida. ¿Por qué esta Judas con Cristo? Por interés material. Por ello mismo había acordado vender a su Maestro, a precio de esclavo, le entregaría por unas cuantas monedas, como tres mil pesos de nuestros días. Cuan terrible es el amor al dinero, a las cosas materiales, que son pasajeras. Amemos a Dios y no lo que es vanidad.

Por el amor del Señor. Nuestro bendito Salvador, dijo que el Padre decretó salvar a los escogidos por medio de la muerte de su Hijo. Sin embargo, también declaró que, le sería mejor al que le entregaría, no haber nacido. Judas en el día del juicio final, no podrá justificarse diciendo que él solo siguió el plan de Dios. Judas es responsable del pecado de rechazar a Jesús como el Mesías, y de vender al Hijo de Dios. Y tiene una gran responsabilidad, porque recibió mucho de Cristo. El Señor escogió a Judas, de Judea, él no era galileo como los demás; el sobre nombre Iscariote, no es porque era feo, sino porque procedía de Queriot, una aldea cerca de Jerusalem. A Judas el Señor le dio la tesorería, le mostró confianza. Pero especialmente le dio un amor grande. Nuestro Señor Jesús permitió a Judas meter el pan a la vinagreta de frutas que se ponía al centro, al mismo tiempo que él lo hacía. También le dio pan en la boca. ¿Qué significa esto? El mensaje del Señor para Judas fue: Te amo. La respuesta de Judas en sus acciones, fue: Yo no te amo Señor, solamente me interesa lo que pueda obtener de ti. ¿Nosotros amamos realmente a Cristo, o sólo buscamos obtener algo?

Rindiendo todo a nuestro Señor. Un episodio que no podemos olvidar, es aquel en el que una mujer, lavó los pies del Señor Jesús con un ungüento que valía aproximadamente un año de salario. Judas dijo: ¿Por qué se desperdicia esto, se podría vender y ayudar a los pobres? Por la gracia de Dios, no estamos en la situación de Judas, ya que Dios ha tocado nuestro corazón, de tal manera que nos hemos arrepentido de nuestros pecados, creemos en Cristo como nuestro Salvador, y somos salvos. Pero la vida de Judas, nos debe llevar a la reflexión si nuestra vida está totalmente consagrada a Dios. Ya que algunas veces nos podemos oír diciendo: ¿Por qué se gasta tanto en el templo? ¿por qué piden mucho tiempo? ¿acaso no hay otro que haga las cosas? Dios demanda un amor total. Debemos estar a la mesa con el Señor diciendo: “Te ofrendo toda la vida que me das; todo el dinero, pues es tuyo; los dones; todo es para ti Señor”. A nosotros no nos gusta recibir amor en parte, ¿verdad? Entonces, demos todo al Señor.

EN UN PACTO NUEVO, 26-29.

Una conmemoración. Después de celebrar la última pascua con sentido (después de la muerte de Cristo, ya no se requiere), el Señor estableció la Santa Cena. Tomó pan y lo dio a sus discípulos. Este pan simboliza su cuerpo partido para pagar nuestros pecados. Luego tomó la copa y la dio a sus discípulos; representa su sangre derramada para lavar nuestros pecados. La Santa Cena es una ceremonia que el Señor estableció para recordar su muerte para pagar todos nuestros pecados. Por ello la Santa Cena es el sello del pacto de gracia. Es el comprobante que da testimonio que la realidad de nuestra salvación. ¿Cómo sabemos que en verdad somos salvos en Cristo? Porque él ya murió y pagó nuestros pecados; y porque resucitó como garantía de un pago efectivo.

La copa, el nuevo pacto. Algo interesante es que cuando el Señor estableció la pascua, que fue el sacramento del Antiguo Testamento, que simbolizó y anunció la muerte de nuestro Señor Jesús para lavamiento de nuestros pecados; no indicó qué debería tomarse para acompañar el cordero asado. Por medio del misná, que son las tradiciones judías, sabemos que durante la pascua se tomaba vino mezclado con agua. Cuando el Señor dio el segundo elemento a sus discípulos, no dijo: “este vino, es el nuevo pacto en mi sangre”; sino que dijo: “Esta copa…”. El Hijo de Dios usó la Palabra copa, porque beber la copa implica un acto voluntario. Si bien es cierto, que el Padre, determinó entregar a su Hijo; también es verdad, que Jesucristo, entregó su vida de forma voluntaria, por amor a nosotros, Juan 10.17,18. Él quiso tomar la copa de la ira de Dios, y beberla en nuestro lugar; es decir llevar sobre sí nuestros pecados, y sufrir lo que nosotros merecíamos por ellos.

Un pacto confirmado. El misná, también describe un protocolo para celebrar la pascua. Seguramente que el Señor Jesús como un judío, lo siguió. Entre otras cosas dice que durante la pascua deberían tomarse 4 copas. La primera era para recordar la salida de Egipto. La segunda para recordar la salvación de Egipto. La tercera se llamaba la copa de redención, y con ella se recordaba la salvación a través de la historia de Israel. La cuarta se llamaba, la copa de la consumación, y en realidad no se tomaba, porque se decía que se tomará hasta que venga el Señor. Muchos estudiosos dicen que fue la tercera copa, la que el Señor dio para establecer la Santa Cena. El Señor al referirse al vaso o copa dijo que es su sangre del nuevo pacto. El pacto de gracia, o promesa de Salvación en el Mesías, se vivió antes de que viniera Cristo, por medio de las leyes ceremoniales. Pero una vez que vino el Mesías, y fue ofrecido en sacrificio perfecto en la Cruz, la promesa de Salvación se confirmó, se consumó; por eso se le llama nuevo pacto. San Pablo al escribir a los Hebreos nos explica que la promesa de Salvación antes de que Cristo fuera ofrecido, era un testamento; una vez que el Testador, que es el Mesías, murió, el testamento se confirmó, Hebreos 9.15-17.

Promesa cumplida. Un nuevo pacto, quiere decir entre otras cosas, una promesa cumplida. Un pacto confirmado. Porque Dios jamás miente. Cuando estamos a la mesa con el Señor, renovamos nuestros votos, o promesas. Y al considerar que tenemos el privilegio de vivir en el Nuevo Testamento, es decir un testamento confirmado; al tomar la Santa Cena debemos comprometernos, a cumplir con todo lo que el Señor demanda de nosotros, es la manera de expresarle nuestro amor y gratitud.

HERMANOS:

Es posible que nuestro Señor también dejara sin tomar la cuarta copa. Y si fue así, tiene un sentido especial lo que dijo: Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Un día estaremos física y espiritualmente, cara a cara con nuestro Dios; y él cumplirá su palabra de beber con nosotros, en el reino del Padre celestial. Entre tanto llega ese día, sigamos fieles a Jesucristo, participando de su Cena, cada vez que tenemos este privilegio. Porque de esta manera seremos fortalecidos espiritualmente; tendremos la seguridad de nuestra salvación; y renovaremos cada promesa hecha al Señor, para cumplirla, honrando y glorificando su Nombre.

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