Archivos del mes: 19 octubre 2016

32 ANIVERSARIO CORO SALEM

32 ANIVERSARIO CORO JUVENIL SALEM

DIRECTOR DANIEL ALVAREZ PADILLA

 

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PRIMERA PARTICIPACION

MENSAJE

SEGUNDA PARTICIPACION

“JUVENTUD SANA Y FUERTE EN DIOS” Proverbios 3.5-8.

5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia.

6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.

7 No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal;

8 Porque será medicina á tu ombligo, Y tuétano á tus huesos.

Se piensa que ser joven implica estar sano y ser fuerte. Cuando un joven nos dice que se siente mal o que está cansado, decimos: ¿cómo?, deja eso para los de más edad.

Estar en la juventud, no necesariamente significa gozar de salud y fortaleza. Por eso las Escrituras nos dicen que es en Dios en donde podemos hallar estas cosas necesarias para la vida.

Veamos cómo podemos recibir del Señor salud y fuerza, para realizar nuestras tareas y compromisos.

CONFIANDO PLENAMENTE EN JEHOVA, 5.

Confiamos en que Jehová o el Señor Jesucristo, es Poderoso para lavar nuestros pecados y salvarnos de la muerte eterna. Pero no mostramos la misma confianza cuando se trata de resolver un problema; aprobar un examen; ingresar a una escuela; superar un noviazgo que no prosperó; resolver un asunto económico; o superar alguna otra adversidad.

Pero la Palabra de Dios nos llama a confiar en el Señor con todo el corazón, de una forma plena, en todo asunto. Cuando San Pablo escribió a los romanos, dice que si Dios entregó a su Hijo por todos nosotros; ¿cómo no nos dará con él todas las cosas?, Romanos 8.32. Y el Salmo 121, nos hace reflexionar en que, si Dios hizo los cielos y la tierra, entonces puede socorrernos en todo lugar, tiempo y situación. Si el Señor tiene el poder para salvar nuestras vidas del tormento eterno, también es Poderoso para resolver todo en nuestra vida conforme a su voluntad.

No confiar en Dios, o no creer que Él puede resolver las cosas que enfrentamos en el día a día, es olvidarlo. Cuando no confiamos en Dios corremos el peligro de actuar como si no le conociéramos. Quien no conoce a Dios ante una adversidad, reniega del Señor, habla mal de Dios; y recurre a medios ilícitos para resolver las cosas. Pero los que confiamos en Dios no podemos hacer esto, porque hemos probado la fidelidad de Dios, hemos visto su poder y amor infinitos.

No cometas el pecado de confiar en ti, o en los hombres en lugar de Dios. No estribes de tu prudencia. Confiar en algo o alguien fuera de Dios, es como cambiar un manantial de agua, por una cisterna rota, Jeremías 2.13. Sólo de Dios procede toda dádiva y don perfecto, confiemos solamente en Él.

DEPENDIENDO DEL SEÑOR EN TODO, 6.

Tenemos la tendencia a vivir en extremos; ya sea que vivamos de forma unilateral, sin tomar en cuenta consejos de nuestros padres y personas mayores; o que esperemos que ellos dirijan nuestra vida, que nos digan qué hacer. Lo correcto es tomar decisiones, guiados por Dios; es bueno escuchar consejos, pero nosotros debemos tomar las decisiones con la dirección del Espíritu Santo.

En la juventud hay que tomar decisiones importantes, por ejemplo: qué estudiar; a qué dedicarse en la vida; con quien casarse; en dónde trabajar. En estas decisiones importantes, como en aquellas que tomamos todos los días, no podemos prescindir de la dirección del Señor, debemos depender de Él siempre. Porque Dios tiene un plan para nuestra vida; Él sabe lo que es bueno para nosotros; y porque el Señor es Sabio, Amoroso, Perfecto y Poderoso.

Para vivir dependiendo de Dios, es necesario que todo lo pongamos en oración. Debemos orar por todas las cosas. Dios nos va a contestar por medio de su Palabra, las Santas Escrituras. Por eso es importante que siempre leamos nuestra Biblia, y pongamos atención a los mensajes de la Palabra de Dios, en nuestra Sociedad, e Iglesia; así conoceremos la voluntad del Señor para nuestras vidas. Muchas veces Dios enderezará nuestra vereda; es decir, nos llevará por un rumbo distinto al que habíamos pensado; entonces debemos sujetarnos al plan del Señor, Él nunca se equivoca.

APARTÁNDONOS DEL MAL

La Palabra de Dios nos dice que el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Temer a Dios significa, aborrecer el mal, la soberbia, la arrogancia, y el mal camino, Proverbios 8.13. Dios nos manda dejar todo pecado, porque la consecuencia del pecado siempre es muerte. De hecho, si somos hijos de Dios, debemos aborrecer el pecado; por todo el daño que hace a las personas, familias, sociedad, e iglesia.

El pecado es atractivo a nuestra carne. Tomar alcohol, fumar, fornicar, chismear; son cosas deleitosas a nuestra carne; pero su fin es dolor, enfermedad, tristeza, y llanto. Algunas veces pensamos que podemos pecar, y que nada malo nos va a pasar. Qué barbaridad, estamos declarando que somos más sabios que Dios, quien nos dice que el pecado genera muerte. No debemos ser sabios en nuestra opinión; sino ser sabios temiendo a Dios y apartándonos de lo malo.

Apliquemos el principio de sustitución. Sustituyamos las obras de la carne por las obras del Espíritu. En lugar de ir de antro, invita a jóvenes de la sociedad a convivir en tu casa. En lugar de ceder a los deseos sexuales, construye buenas y sanas amistades; el amor fraternal maravilloso. Sustituye, los vicios, con lectura, ejercicio, aprende a tocar un instrumento musical. Todo cristiano es una persona libre del pecado, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Y dotado del poder del Espíritu Santo para obedecer a Dios. Así es que tú puedes apartarte del mal.

QUERIDOS JÓVENES: La Palabra de Dios dice que los jóvenes se fatigan y se cansan, flaquean y caen; pero los que confían en Jehová tendrán nuevas fuerzas, Isaías 40.30,31. Si hacemos lo que Dios pide de nosotros dice que será medicina a nuestro ombligo, es decir salud en nuestros órganos; y tuétano a nuestros huesos, que quiere decir fortaleza.

Confiar en el Señor, depender de Dios, y apartarse del mal, darán salud y fuerza a nuestra vida; tanto porque traen frutos buenos, como porque Dios recompensa nuestra obediencia a él.

Es necesario aclarar que algunos jóvenes fieles a Dios, han padecido enfermedades muy delicadas. Sin embargo, la Palabra del Señor no se quebranta, porque Dios, ha sostenido su fe; y en medio de la enfermedad les ha dado paz en su corazón.

El propósito de una vida sana y llena de fuerza, es que el mundo conozca a Jesucristo por medio de nuestro testimonio. Bien se dice que nuestra vida, será la única Biblia que muchos leerán. Que nuestra vida glorifique a Dios siempre.

LA VIDA DEL JOVEN CRISTIANO

“LA VIDA DEL JOVEN CRISTIANO”

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“Y Daniel, cuando supo que la escritura estaba firmada, entróse en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que estaban hacia Jerusalem, hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y confesaba delante de su Dios, como lo solía hacer antes”. Daniel 6.10.

Dios hizo grandes cosas en la vida, y a través del profeta Daniel. Cuando leemos su testimonio, encontramos a un joven de buen testimonio. Hablemos de algunos aspectos de la vida de los jóvenes cristianos, es decir, de aquellos que creen en el Mesías como su Salvador personal.

UNA VIDA DE OBEDIENCIA, 1.1-6.

Aporta prosperidad. Daniel fue gobernador en dos imperios ajenos, el Caldeo, que conquistó y deportó al reino de Judá a Babilonia; y el Medo Persa, que decretó el regreso de los judíos a su tierra. En tiempos difíciles para Judá, Daniel fue prosperado, ¿Qué hizo de Daniel una persona sobresaliente?, la Obediencia.

A la Palabra de Dios. El profeta Jeremías predicó al pueblo de Judá, que deberían someterse a Babilonia, pues Dios había determinado llevarlos a cautiverio por 70 años, para disciplinarles. El pueblo no escuchó a Dios, y consideraron a Jeremías un traidor; así que se resistieron. Muchos murieron a filo de espada; otros de hambre y sed. Sin embargo, entre otros jóvenes, Daniel obedeció y fue a Babilonia, allí Dios le bendijo, como lo había prometido, pues el Señor nunca quebranta su Palabra.

A la autoridad que Dios ha puesto. Tus padres, los superintendentes, consejeros, los Ancianos Gobernantes, el gobierno civil, tus maestros; son la autoridad que Dios te ha dado; y tu responsabilidad es obedecerlos. La única razón para no obedecer es que la autoridad te pida hacer algo que no sea conforme a la Palabra de Dios. Daniel no obedeció cuando hubo un edicto para demandar solamente al rey; él siguió orando al Señor; y él lo protegió. Pero fuera de esto, si obedeces vas a evitar muchos problemas, y serás bendecido por Dios al honrarle con obediencia. Cada vez que obedeces a las autoridades, obedeces a Dios, y traes múltiples bendiciones a tu vida, por ejemplo: aprendes a hacer las cosas; ganas confianza para que te den tareas importantes; preparas el camino para que otros te escuchen; evitas amargas experiencias.

UNA VIDA DE COMUNIÓN CON DIOS, 1.8-9; 6.10; 9.1-2,23.

Por medio de la oración diaria. Querido joven, recuerda que la oración no es únicamente para recibir la respuesta a nuestras peticiones, como si fuera una máquina despachadora de bendiciones. La oración es un medio relacional; es para disfrutar de la presencia, y de la comunión con Dios nuestro Padre Celestial.  Por ello es necesario practicarla todos los días. Daniel era un varón de oración, y esto trajo a su vida fortaleza, dirección, visión en medio de momentos difíciles, y tranquilidad. Es hermoso poder platicar con Dios siempre.

Por medio de la lectura diaria de la Palabra de Dios. El profeta Daniel era un lector de la Palabra de Dios.  Así conoció el propósito del Señor para su pueblo; supo que el tiempo del cautiverio estaba por terminar; y tuvo el deseo de saber lo que sucedería posteriormente; el Señor se lo reveló. Cuando oramos Dios nos escucha; cuando leemos la Biblia, nosotros escuchamos al Señor; y su Palabra es alimento para nutrir nuestra vida espiritual, y para ser guiados en la vida diaria. Disfruta de la Palabra de Dios todos los días.

En compañía de la Iglesia. Daniel en Babilonia fue un medio de bendición para el pueblo cautivo; de manera que vemos que a Judá se le permitió practicar su religión, e incluso tener casas propias. Como creyentes en Cristo no podemos estar aislados del resto de cristianos; la Iglesia somos un solo cuerpo. La comunión con Dios implica también relación con la iglesia. Aquí en la iglesia tienes a tu familia espiritual. Hermanos adultos: “es importante que establezcamos vínculos fuertes con nuestros niños y jóvenes, para que no se aparten de la comunión de la Iglesia”.

UNA VIDA DE BUEN TESTIMONIO, 2.46-47; 6.20-23; 25-28.

Es un perfume. En realidad, no es necesario que te esfuerces mucho para dar buen testimonio; ya que, si eres cristiano, Cristo vive en tu corazón, y Él es olor grato en tu vida, 2 Corintios 2.15. Ser cristiano es como ponerse perfume, los que están a nuestro alrededor lo notarán de inmediato. Daniel dio buen testimonio en una tierra lejana a Jerusalem; así también debemos hacerlo siempre.

Para dar a conocer el Nombre del Señor. Haz lo que Daniel en tierra de Babilonia; con su buen comportamiento puso en alto el nombre de Dios. Con la deportación de Judá, mucha gente pensaba que los dioses de los caldeos eran más poderosos que el Dios de los hebreros. Pero Daniel le demostró a los babilónicos y a los persas, que Jehová es el único Dios Vivo y Verdadero. De la misma manera por medio de nuestra vida, las personas deben saber que nuestro Señor Jesucristo, es el Único Salvador de nuestros pecados.

Para la gloria de Dios. Recuerda que fuimos hechos para la gloria de Dios. Por ello cuando el Señor te bendiga y te haga sobresalir, recuerda decir que todo es gracias a Dios. Si sacas buena calificación; si tu equipo gana el torneo; cuando termines un trabajo; siempre da la gloria a Dios. La gloria es algo que no debemos llevar, porque nos hace daño, nos vuelve soberbios; y nadie tolera a una persona soberbia, ¿verdad? El buen testimonio es para que Dios sea exaltado.

HERMANOS: Daniel significa Dios es mi Juez. Este nombre habla de la misión de Daniel. Dios le justificó o perdonó de sus pecados en Cristo; y Daniel vio al Señor juzgando al mundo, a Judá, y a los Caldeos. Estimados jóvenes, que su nombre y vida, anuncien al mundo, al Dios vivo y verdadero, que ha enviado a Jesucristo para salvación de nuestra vida.

 

DISCIPULADO OCTUBRE 2016

“CRECIENDO JUNTOS” “DISCIPULANDO A LA IGLESIA”

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OCTUBRE 2016

“LOS OFICIALES DE LA IGLESIA”

 “Y él mismo dió unos, ciertamente apóstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y doctores; Para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo”, (Efesios 4.11,12).

El apóstol San Pablo nos enseña que el Señor Jesucristo ha dado diferentes tipos de oficiales, con dones espirituales especiales, para la edificación de la Iglesia.

Hoy nos corresponde estudiar acerca de los oficiales de la Iglesia. Un oficial es una persona que tiene facultad o autoridad para algo. Los oficiales de la iglesia, son los hermanos han recibido autoridad de la iglesia, quien a su vez la recibió del Señor Jesucristo, quien es nuestro único Jefe y Cabeza.

Los oficiales de la iglesia, tienen autoridad para dirigir y administrar en la iglesia del Señor Jesús.

CAPITULO VIII DE LA CONSTITUCIÓN DE LA IGLESIA.

Veamos lo que nuestra constitución nos enseña de manera general sobre los oficiales de la iglesia, ya que hay otros capítulos dedicados a los oficiales en particular.

Artículo 26.- Nuestro bendito Salvador, al fundar su Iglesia, la escogió de entre las diferentes naciones (Sal. 2.8; Ap. 7.9), formándola en un cuerpo (1 Co. 12.12-27; Ef. 4.16; Col. 2.19), por la misión de hombres dotados del poder de hacer milagros, los cuales han cesado desde hace tiempo, (Mt. 10.1-8).

 Como ya lo hemos señalado en otro estudio, la Iglesia de Cristo, es el número de elegidos para vida eterna de todos los tiempos y lugares. La Iglesia del Señor fue propagada por medio de hombres dotados del poder de hacer milagros, que fueron los apóstoles del Señor Jesucristo. Apóstol significa, enviado con una comisión.

Los apóstoles son los oficiales extraordinarios de la Iglesia, porque solamente fueron los 12 que el Señor llamó, más el apóstol Pablo. Para ser apóstol se requiere entre otras cosas, ser testigo de la resurrección del Señor Jesús, Hechos 1.21,22; por lo tanto, hoy no tenemos apóstoles. Debemos descartar a los que actualmente se llaman apóstoles.

Dios sigue haciendo milagros, nosotros hemos visto algunos de ellos en la iglesia local. Pero nuestra constitución dice que han cesado, porque los apóstoles y algunos hermanos fueron dotados del poder de hacer milagros como hablar nuevos idiomas, beber cosas mortíferas sin ser dañados, poner las manos para sanar, Marcos 1.17,18, con el propósito de demostrar que el mensaje que predicaban es real, ya que ellos no contaban con la Palabra de Dios completa. Hoy nosotros tenemos un ejemplar de las Santas Escrituras, y ellas son testimonio suficiente de la veracidad del evangelio. Es importante saber esto, para no ser engañados por los “obradores de milagros”, quienes son mercaderes de la Palabra. Dios sigue haciendo milagros conforme a su voluntad por medio de la oración de su Iglesia; pero los hermanos no tenemos el don de poner las manos en los enfermos y que sanen de forma inmediata.

Artículo 27.- Los oficiales ordinarios y perpetuos de la Iglesia son:

  • Los Obispos o Pastores, (I Tim. 3.1; Ef. 4.11,12).
  • Los representantes del pueblo, llamados comúnmente Ancianos Gobernantes, (I Tim. 5.17).
  • Los Diáconos, (Fil. 1.1).

Estos oficios son para varones, y no es por machismo, porque la Palabra de Dios nos enseña que hombres y mujeres tenemos el mismo valor ante el Señor Jesucristo. Se trata de ejercer ministerios de acuerdo a las características especiales que Dios puso en cada quien. Pues el Señor nos hizo a hombres y mujeres con funciones distintas.

Estos oficios son para toda la vida. Un oficial permanente por cambio de domicilio, edad avanzada, enfermedad, o alguna otra situación, puede entrar en receso de su oficio, pero seguirá siendo ministro, anciano gobernante o diácono. A no ser que se aplique disciplina de deposición por alguna falta cometida.

Los oficiales permanentes de la Iglesia, son escogidos por Dios, por medio del voto de la iglesia, en las reuniones congregacionales convocadas para la elección de oficiales. Por eso debemos seguirles en el Señor.

Los ancianos gobernantes forman el Honorable Consistorio, que es el primer Tribunal eclesiástico, y que ejerce su ministerio de forma colegiada; es decir que toma acuerdos en consenso de todos o la mayoría de sus miembros. Un solo anciano gobernante no puede tomar determinaciones.

Artículo 28.- Los Ancianos Docentes o Ministros de la Palabra, están comisionados para predicar el Evangelio, administrar los Sacramentos e impartir la Bendición Apostólica, (Hch. 6.2,4). Los Ancianos Gobernantes tienen por oficio ocuparse en el gobierno y cuidado espiritual de la Iglesia, (Hch. 20.28). Los Diáconos tienen por oficio colectar, recibir y administrar las ofrendas del pueblo para sostener la Obra de la Iglesia y socorrer a los necesitados, bajo la vigilancia del Consistorio, (Hch. 6.3), y cuidar de la conservación del templo y de los útiles para el culto.

Este artículo es bastante claro, y es importante que todos los oficiales lo tengamos presente, para cumplir con nuestros deberes, de esta manera la iglesia tendrá una mejor marcha.

Artículo 29.- Ninguno que tenga algún cargo en organizaciones de la Iglesia, debe usurpar la autoridad o títulos que corresponden a oficiales de la misma.

Nuestra Constitución reconoce que existen otros oficiales. Se trata de los oficiales temporales, que son los directivos de las Organizaciones, los cuales son electos para fungir un año.

Deben tener cuidado de no usurpar las funciones de los oficiales permanentes. Su servicio es administrativo. No pueden desempeñar las funciones del Consistorio, por ejemplo, el ejercicio de la disciplina.

Las hermanas miembros de la Iglesia, sí pueden desempeñar cargos como oficiales temporales en las organizaciones.

Debemos dar gracias a Dios cuando somos electos como oficiales temporales. Y si no nos toca un cargo, no debemos enojarnos, pues el Señor tiene un propósito en nuestras vidas. Tampoco debemos dejar de apoyar a los oficiales, cuando no nos tocó un cargo en la directiva, pues todos somos miembros del cuerpo de Cristo.

 SIERVOS DEL SEÑOR, (Romanos 1.1; Santiago 1.1).

Como podemos ver, tanto el apóstol Pablo, como Santiago el hermano uterino del Señor Jesucristo, que ocupaban cargos importantes en la Iglesia del primer siglo, se presentan como siervos del Señor Jesús. La palabra siervo, significa esclavo. Los oficiales de la Iglesia somos esclavos de Jesucristo, porque le pertenecemos, así como toda la iglesia. Los oficiales permanentes o temporales no somos dueños de la iglesia, ni del templo, no debemos tomar señorío, sino ser siervos del Señor, y servir a la Iglesia con amor, (1 Pedro 5.2,3). Recordemos que no existen los grandes hombres de Dios, sino hombres pecadores y miserables con un Dios Grande y Omnipotente.  Veamos algunos aspectos de lo que implica ser siervos del Señor.

Una vida consagrada a Dios, (Gálatas 2.20). 

La vida de un siervo, le pertenece a otra persona. Nuestra vida es del Señor porque él nos compró con su sangre, para que no muriéramos a causa del pecado. Pero ser siervos de Jesucristo, no significa esclavitud, sino libertad, pues mientras servimos al Señor somos librados de desperdiciar la vida, dones y recursos que él nos da.

Los oficiales somos llamados a una vida consagrada a Dios, como Pablo que decía: vivo no ya yo, mas Cristo vive en mí. Es verdad que toda la iglesia estamos llamados a la perfección, (Mateo 5.48). Pero especialmente los oficiales tenemos el compromiso de una vida consagrada a Dios, manifestada en el cumplimiento fiel, puntual, responsable, lleno de amor, de cada uno de nuestros deberes; ya sea como ministros, ancianos gobernantes, diáconos, o directivos de alguna organización.

También es importante guardar un equilibrio. Debemos servir a la Iglesia, pero sin descuidar el cultivo de nuestra propia vida espiritual; San Pablo le dijo al ministro Timoteo, que tuviera cuidado de su vida, (1 Timoteo 4.16). Si colapsamos, afectaremos a la iglesia. Y sin desatender la vida espiritual, emocional y material de nuestra familia; pues el que no tiene cuidado de su casa, la fe negó, (1 Timoteo 5.8); además de que quien no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?, (1 Timoteo 3.4,5).

 Motivados por el Señor Jesucristo, (Colosenses 3.23,24).

 La Palabra de Dios nos dice que debemos hacer todo, con ánimo, como al Señor y no a los hombres. Los oficiales debemos estar motivados a realizar nuestro ministerio, solamente por el Señor. La iglesia no siempre agradecemos, no valoramos, no siempre apoyamos a los oficiales. Si la iglesia es la motivación de los oficiales, seguramente, en algún momento desmayaremos.

Pero si nuestra motivación es el Señor Jesús, podremos realizar un servicio fiel. Porque nuestro Salvador siempre está presente en lo que realizamos, (2 Corintios 2.17); y porque él nunca nos falla. Pensar en el amor, salvación, y bendiciones que Cristo nos ha dado, nos llena de gratitud y del deseo de servirle siempre.

San Pablo dice, que cuando predicamos, lo hacemos delante del Señor, cuando estamos conscientes de esto hacemos las cosas bien. Por esto el Señor debe ser nuestra motivación; para hacer todo con ánimo, y bien ejecutado. Es oportuno pensar en lo que no hemos realizado de forma correcta, o con una buena actitud. Para pedir perdón al Señor, pues los malos modos, o malas maneras, en realidad han sido contra nuestro Salvador. Después de tantas bendiciones del Señor, ¿nos comportaremos mal para con él?

En el espíritu, (Romanos 1.9).

 El apóstol Pablo al escribir a los romanos, nos dice que servía al Señor en su espíritu. Lo que el Siervo de Dios nos quiere decir es que no servía a Dios de manera sentimental o emocional, sino con inteligencia. Actualmente vivimos en una sociedad de gente sentimental. Un siervo de Dios no puede ser emocional, o sentimental, sino firme como un soldado.

En Josué 1.6, encontramos que Dios le dijo a Josué que se esforzara, porque él repartiría la tierra que el Señor prometió a su pueblo. Sabemos que Josué era un hombre valiente, así lo demostró cuando participó en el grupo de espías que fueron a reconocer la tierra de Canaán. ¿Por qué le dijo Dios que se esforzara? Porque Josué estaba viviendo un momento difícil. Nos dice el primer versículo del libro de Josué, que Moisés había muerto. Ellos pasaron al menos 40 años juntos, compartiendo muchas experiencias. En medio de la tristeza, del dolor, y tal vez la inseguridad, Dios le pidió a Josué, que conquistara la tierra prometida. Esto es servir con el espíritu. Josué no le dijo al Señor que le diera tiempo para reponerse.

Muchas veces los oficiales de la iglesia enfrentamos pruebas, para que realicemos un servicio en dependencia de Dios por medio de la oración y lectura de la Palabra de Dios. En medio de los problemas, necesidades o enfermedades, nuestra alma siente deseos de dejarlo todo. Pero debemos ser oficiales que en medio de las pruebas, sirvamos en el espíritu, es decir, que realicemos un ministerio inteligente, firme, perseverante, en humildad y fidelidad; porque sólo así recibiremos la corona de vida y victoria, además de que nuestro Señor es digno de todo esto.

Escuche a un oficial que le decía a un pastor de experiencia: “Estoy pasando momentos difíciles, estoy pensando en retirarme”. El pastor le contestó: ¿Tú crees que si te retiras, van a mejorar las cosas? Lejos del lugar donde Dios te puso, nada será mejor. Retirarse pensando que estaremos mejor, no es nada inteligente.

HERMANOS:

Es necesario orar siempre por nuestros oficiales, agradeciendo a Dios por sus vidas. Pedir al Señor que los dirija por medio del Espíritu Santo.

También es importante que participemos activamente en los planes y trabajos que nos propongan nuestros oficiales. No debemos ser hermanos “contreras”. Porque cuando hay oposición, los oficiales realizan el servicio, pero con preocupaciones innecesarias; además que se detiene la buena marcha de la obra de Dios, Hebreos 13.17.

 Sirvamos en unión oficiales e iglesia, pues somos el mismo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo.

 GUIA DE ESTUDIO

  1. ¿Qué son los oficiales de la Iglesia?
  2. ¿En la actualidad tenemos apóstoles?
  3. ¿Cuáles son los oficiales ordinarios de la Iglesia?
  4. ¿Puede un anciano gobernante tomar decisiones de forma personal?
  5. ¿Quiénes son los oficiales temporales de la Iglesia?
  6. ¿Qué no deben hacer lo oficiales temporales?
  7. ¿Qué significa la palabra siervo?
  8. ¿Quién debe ser la motivación de los oficiales, y por qué?
  9. ¿Qué significa servir en el espíritu?
  10. ¿Qué debemos hacer por los oficiales de la Iglesia?

A LA MESA CON EL SEÑOR JESUCRISTO

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“A LA MESA CON EL SEÑOR JESUCRISTO”

Mateo 26.

20 Y como fué la tarde del día, se sentó á la mesa con los doce.

21 Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.

22 Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor?

23 Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me ha de entregar.

24 A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.

25 Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo. ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú lo has dicho.

26 Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo.

27 Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dió, diciendo: Bebed de él todos;

28 Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.

29 Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

PROPÓSITO:

Enseñar que la Santa Cena es un privilegio que tenemos por la gracia de Dios; que debemos participar orando para que el Espíritu Santo examine nuestro corazón; con una consagración total a Dios; y con el conocimiento de que, al disfrutar de este banquete espiritual, renovamos nuestros votos o promesas al Señor. Para que, al tomar la Santa Cena, sea de gran edificación en la vida espiritual de toda la iglesia.

INTRODUCCIÓN:

 En el mes de octubre celebramos la reforma religiosa del siglo XVI. Por ello el primer domingo de este mes, la mayoría de las iglesias cristianas celebramos la Santa Cena, es el día de Comunión Universal; pues la iglesia del Señor Jesús es una sola.

En el contexto de esta celebración es oportuno que meditemos en el pasaje de las Escrituras que nos habla del momento en el que el Señor Jesucristo, instituyó la Santa Cena. Era una noche de pascua cuando los discípulos estaban a la mesa con el Salvador.

REQUIERE UN EXAMEN DE NUESTRO CORAZÓN PARA SANTIFICACIÓN, 20-22.

Conscientes de que es un privilegio que tenemos por la gracia de Dios. Los discípulos no eran las mejores personas, de manera que por sus méritos ganaran un lugar en la mesa con el Hijo de Dios. Estuvieron allí por gracia, porque recibieron el regalo de la Salvación por Cristo. Nosotros también tenemos la bendición de estar a la mesa con el Señor Jesús por gracia. Si estamos convencidos de esto, daremos un valor muy especial a esta bendición, y participaremos con mucho interés, y gratitud; no menospreciando la mesa del Señor.

Realizado por el Espíritu Santo. El Señor Jesús les dijo a sus discípulos que uno de ellos lo iba a entregar. Entonces comenzaron a preguntarle: ¿soy yo, Señor? Ellos examinaron su corazón. Lo mismo debemos hacer. Pero, si el examen lo realizamos nosotros mismos, es muy seguro que nos encontremos “bien”. Por eso debemos pedir al Espíritu Santo, que examine nuestro corazón, de manera que él nos haga ver lo que estamos haciendo quebrantando la Palabra de Dios; o lo que no estamos realizando, y que Dios pide de nosotros. Una vez que el Espíritu Santo nos muestre nuestros pecados, debemos pedir perdón a Dios, y apartarnos de los actos pecaminosos para crecer en santidad. Esto es necesario porque la limpieza es indispensable cuando vamos a la mesa, ¿cierto? A nadie le gusta comer sucio, o en un lugar sin higiene. El Señor demanda limpieza al estar en su mesa. No hagamos lo que algunos, que prefieren no participar de la Santa Cena, que renunciar a sus pecados.

Un examen personal. No nos dice la Palabra de Dios que algún discípulo haya dicho: “Seguramente el Señor habla de Pedro, porque él hace dice y hace cosas sin pensar”. O que Mateo dijera: “Yo creo que será Juan, porque tiene mal carácter”. Tampoco dijo Mateo: “Puede ser Tomás porque es un tanto incrédulo”. Se trató de un examen personal. Un maestro del Seminario, nos dijo que cuando él dirigía la Santa Cena, después de tomar los elementos, se ocupada de orar, sin mirar quienes tomaban la Cena del Señor, o no lo hacían; porque dijo él, es un asunto entre los miembros y Dios. Sin embargo, algunos hermanos en lugar de enfocarse en el examen su vida; se la pasan examinando la vida de los demás. No falta quien durante la celebración de la Santa Cena dice: ¿Por qué no participó el hermano, en qué pecado andará?; pero fulano, ¿tomó la cena?, no debería hacerlo, se saben cosas feas de él. No es correcto examinar la vida de los hermanos, porque como dijo nuestro Salvador, vemos la paja que hay en ellos, y perdemos de vista la viga que hay en nuestra vida (Lucas 6.42). Debe interesarnos la vida de nuestros hermanos, para orar por ellos y con ellos, pero no para examinar sus vidas.

CON UNA CONSAGRACIÓN TOTAL, 23-25.

Con amor al Señor Jesús y no a las cosas materiales. Judas Iscariote nunca se arrepintió de sus pecados, tampoco creyó en el Señor Jesús como el Salvador de vida. ¿Por qué esta Judas con Cristo? Por interés material. Por ello mismo había acordado vender a su Maestro, a precio de esclavo, le entregaría por unas cuantas monedas, como tres mil pesos de nuestros días. Cuan terrible es el amor al dinero, a las cosas materiales, que son pasajeras. Amemos a Dios y no lo que es vanidad.

Por el amor del Señor. Nuestro bendito Salvador, dijo que el Padre decretó salvar a los escogidos por medio de la muerte de su Hijo. Sin embargo, también declaró que, le sería mejor al que le entregaría, no haber nacido. Judas en el día del juicio final, no podrá justificarse diciendo que él solo siguió el plan de Dios. Judas es responsable del pecado de rechazar a Jesús como el Mesías, y de vender al Hijo de Dios. Y tiene una gran responsabilidad, porque recibió mucho de Cristo. El Señor escogió a Judas, de Judea, él no era galileo como los demás; el sobre nombre Iscariote, no es porque era feo, sino porque procedía de Queriot, una aldea cerca de Jerusalem. A Judas el Señor le dio la tesorería, le mostró confianza. Pero especialmente le dio un amor grande. Nuestro Señor Jesús permitió a Judas meter el pan a la vinagreta de frutas que se ponía al centro, al mismo tiempo que él lo hacía. También le dio pan en la boca. ¿Qué significa esto? El mensaje del Señor para Judas fue: Te amo. La respuesta de Judas en sus acciones, fue: Yo no te amo Señor, solamente me interesa lo que pueda obtener de ti. ¿Nosotros amamos realmente a Cristo, o sólo buscamos obtener algo?

Rindiendo todo a nuestro Señor. Un episodio que no podemos olvidar, es aquel en el que una mujer, lavó los pies del Señor Jesús con un ungüento que valía aproximadamente un año de salario. Judas dijo: ¿Por qué se desperdicia esto, se podría vender y ayudar a los pobres? Por la gracia de Dios, no estamos en la situación de Judas, ya que Dios ha tocado nuestro corazón, de tal manera que nos hemos arrepentido de nuestros pecados, creemos en Cristo como nuestro Salvador, y somos salvos. Pero la vida de Judas, nos debe llevar a la reflexión si nuestra vida está totalmente consagrada a Dios. Ya que algunas veces nos podemos oír diciendo: ¿Por qué se gasta tanto en el templo? ¿por qué piden mucho tiempo? ¿acaso no hay otro que haga las cosas? Dios demanda un amor total. Debemos estar a la mesa con el Señor diciendo: “Te ofrendo toda la vida que me das; todo el dinero, pues es tuyo; los dones; todo es para ti Señor”. A nosotros no nos gusta recibir amor en parte, ¿verdad? Entonces, demos todo al Señor.

EN UN PACTO NUEVO, 26-29.

Una conmemoración. Después de celebrar la última pascua con sentido (después de la muerte de Cristo, ya no se requiere), el Señor estableció la Santa Cena. Tomó pan y lo dio a sus discípulos. Este pan simboliza su cuerpo partido para pagar nuestros pecados. Luego tomó la copa y la dio a sus discípulos; representa su sangre derramada para lavar nuestros pecados. La Santa Cena es una ceremonia que el Señor estableció para recordar su muerte para pagar todos nuestros pecados. Por ello la Santa Cena es el sello del pacto de gracia. Es el comprobante que da testimonio que la realidad de nuestra salvación. ¿Cómo sabemos que en verdad somos salvos en Cristo? Porque él ya murió y pagó nuestros pecados; y porque resucitó como garantía de un pago efectivo.

La copa, el nuevo pacto. Algo interesante es que cuando el Señor estableció la pascua, que fue el sacramento del Antiguo Testamento, que simbolizó y anunció la muerte de nuestro Señor Jesús para lavamiento de nuestros pecados; no indicó qué debería tomarse para acompañar el cordero asado. Por medio del misná, que son las tradiciones judías, sabemos que durante la pascua se tomaba vino mezclado con agua. Cuando el Señor dio el segundo elemento a sus discípulos, no dijo: “este vino, es el nuevo pacto en mi sangre”; sino que dijo: “Esta copa…”. El Hijo de Dios usó la Palabra copa, porque beber la copa implica un acto voluntario. Si bien es cierto, que el Padre, determinó entregar a su Hijo; también es verdad, que Jesucristo, entregó su vida de forma voluntaria, por amor a nosotros, Juan 10.17,18. Él quiso tomar la copa de la ira de Dios, y beberla en nuestro lugar; es decir llevar sobre sí nuestros pecados, y sufrir lo que nosotros merecíamos por ellos.

Un pacto confirmado. El misná, también describe un protocolo para celebrar la pascua. Seguramente que el Señor Jesús como un judío, lo siguió. Entre otras cosas dice que durante la pascua deberían tomarse 4 copas. La primera era para recordar la salida de Egipto. La segunda para recordar la salvación de Egipto. La tercera se llamaba la copa de redención, y con ella se recordaba la salvación a través de la historia de Israel. La cuarta se llamaba, la copa de la consumación, y en realidad no se tomaba, porque se decía que se tomará hasta que venga el Señor. Muchos estudiosos dicen que fue la tercera copa, la que el Señor dio para establecer la Santa Cena. El Señor al referirse al vaso o copa dijo que es su sangre del nuevo pacto. El pacto de gracia, o promesa de Salvación en el Mesías, se vivió antes de que viniera Cristo, por medio de las leyes ceremoniales. Pero una vez que vino el Mesías, y fue ofrecido en sacrificio perfecto en la Cruz, la promesa de Salvación se confirmó, se consumó; por eso se le llama nuevo pacto. San Pablo al escribir a los Hebreos nos explica que la promesa de Salvación antes de que Cristo fuera ofrecido, era un testamento; una vez que el Testador, que es el Mesías, murió, el testamento se confirmó, Hebreos 9.15-17.

Promesa cumplida. Un nuevo pacto, quiere decir entre otras cosas, una promesa cumplida. Un pacto confirmado. Porque Dios jamás miente. Cuando estamos a la mesa con el Señor, renovamos nuestros votos, o promesas. Y al considerar que tenemos el privilegio de vivir en el Nuevo Testamento, es decir un testamento confirmado; al tomar la Santa Cena debemos comprometernos, a cumplir con todo lo que el Señor demanda de nosotros, es la manera de expresarle nuestro amor y gratitud.

HERMANOS:

Es posible que nuestro Señor también dejara sin tomar la cuarta copa. Y si fue así, tiene un sentido especial lo que dijo: Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Un día estaremos física y espiritualmente, cara a cara con nuestro Dios; y él cumplirá su palabra de beber con nosotros, en el reino del Padre celestial. Entre tanto llega ese día, sigamos fieles a Jesucristo, participando de su Cena, cada vez que tenemos este privilegio. Porque de esta manera seremos fortalecidos espiritualmente; tendremos la seguridad de nuestra salvación; y renovaremos cada promesa hecha al Señor, para cumplirla, honrando y glorificando su Nombre.

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