ROCA DE AGUA DE VIDA

 

prismas63

Éxodo 17.

1 Y TODA la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, por sus jornadas, al mandamiento de Jehová, y asentaron el campo en Rephidim: y no había agua para que el pueblo bebiese.

2 Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿por qué tentáis á Jehová?

3 Así que el pueblo tuvo allí sed de agua, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed á nosotros, y á nuestros hijos y á nuestros ganados?

4 Entonces clamó Moisés á Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? de aquí á un poco me apedrearán.

5 Y Jehová dijo á Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara, con que heriste el río, y ve:

6 He aquí que yo estoy delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y herirás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.

7 Y llamó el nombre de aquel lugar Massah y Meribah, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron á Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, ó no?

La historia que vamos a ver, es una muy interesante e importante, es la historia de una peña de la que por el poder de Dios, brotó agua de vida, agua de salvación  para todo el pueblo de Israel. Analicemos esto.

LA EXPERIENCIA DE ISRAEL

Recién el pueblo de Israel había emprendido el camino hacia la tierra prometida, y Dios permitió que enfrentara la prueba de la falta de agua. Algo muy difícil para una población de alrededor de 2 millones de personas. Israel se encontraba en Rephidim, cerca del Monte Sinaí. De la misma manera desde que comenzamos la vida cristiana, desde que iniciamos el Camino hacia la patria celestial, enfrentamos pruebas, porque necesitamos conocer el poder de Dios, para resolver toda dificultad.

Israel estaba en el desierto. Por lo tanto la falta de agua ponía en peligro de muerte a todo el pueblo. Por ello los israelitas murmuraron contra Moisés diciendo: ¿por qué nos trajiste al desierto a morir de sed?. Así es la condición del hombre sin Dios, una situación de muerte. El pecado hace de este mundo un desierto, y sin Jesucristo, nadie podrá vivir.

Moisés oró al Señor. Moisés hizo lo correcto ante el reclamo del pueblo; dirigió el problema a Dios. El Señor le indicó que se trasladara junto con los ancianos de Israel a la peña de Horeb. Moisés hirió la peña con su vara y brotaron aguas que libraron de la muerte a los hijos de Israel y su ganado. Recordemos que ante toda prueba, si oramos Dios responderá con poder y resolverá nuestras pruebas conforme a su voluntad.

JESÚS ES LA ROCA

La peña de Horeb, simbolizó a Jesucristo. Jesús es la Roca porque Él como Dios no cambia, es firme como una Roca. Notemos que Dios no pidió a Moisés que hiriera la tierra, sino la roca por ser firme. Podemos confiar en Jesús porque él no cambia, sus promesas son fieles y verdaderas, así como sus juicios. Así mismo Jesús es la Roca porque Él es el único medio de salvación segura; así como las rocas son un lugar seguro en inundaciones, temblores y otros siniestros.

Jesús es la Roca herida para librarnos de morir de sed o de ausencia de Dios en nuestras vidas. Todos los hombres somos pecadores y el pecado nos separa de Dios; esto es estar condenados a morir de sed espiritual. Jesús vino a pagar nuestros pecados en la cruz con sus sufrimientos y muerte; Él vino a borrar lo que nos impide estar en y con Dios, que es el pecado. Jesucristo es el puente que nos conecta con Dios y quita nuestra sed espiritual o necesidad de Dios.

Jesús es la Roca de agua de vida y limpieza. Aquel día en que Moisés hirió la peña, no solamente los hijos de Israel bebieron, sino que seguramente también se bañaron, y fueron librados de morir por alguna enfermedad producida por la falta de higiene. Cuando reconocemos nuestros pecados, le pedimos perdón a Dios, nos apartamos de ellos y creemos en Jesús como nuestro Salvador; somos lavados con su sangre derramada en la cruz. Somos lavados para poder vivir eternamente en la presencia de Dios.

Jesús es la Roca herida en su sacrificio perfecto en la cruz, para ser nuestro escondedero de la ira de Dios. Sin duda que la abertura de la peña de Horeb era lo suficientemente grande para que brotaran  aguas bastas para todo el pueblo. Sin duda que en ella podía esconderse una persona. Dios tiene un día de juicio, revelará los pecados no perdonados y dictará sentencia de muerte, será algo vergonzoso y terrible. Pero ese día Jesús será nuestra Roca de salvación, porque será nuestro escondedero ya que él ya pagó y lavó nuestros pecados con sus heridas de la cruz. Por eso dice el himnógrafo:

Roca de la eternidad.

  1. Roca de la eternidad,

Fuiste abierta tu por mí;

Sé mi escondedero fiel,

Sólo encuentro paz en Ti.

Rico limpio manantial,

En el cual lavado fui.

  1. Aunque sea siempre fiel,

Aunque llore sin cesar,

Del pecado no podré,

Justificación lograr.

Sólo en ti, teniendo fe,

Deuda tal podré pagar.

  1. Mientras haya de vivir,

Y al instante de expirar,

Cuando vaya a responder,

En tu augusto tribunal,

Sé mi escondedero fiel,

Roca de la eternidad.

 Augustus M. Toplady

NUESTRA NECESIDAD DE ELLA

Israel tenía claro sin agua iba a morir. Para ser salvos por Cristo, primero, es indispensable que cada uno de nosotros reconozca que tenemos un problema mortal que se llama pecado. Y que de no ser quitado de nuestra vida, no podremos ir a vivir con Dios, ya que él es perfectamente santo, y nada contaminado de pecado, puede estar ante su presencia.

Además es necesario Reconocer que el único medio para lavar nuestros pecados es Jesucristo. porque solamente él pago por nosotros con su muerte y resurrección. No hay otro medio. No podemos lavar nuestros pecados haciendo buenas obras. Es bueno ayudar a los que nos rodean, pero esto no lava nuestros pecados. Tampoco se puede comprar un lugar en el reino de Dios; porque de hecho nada es nuestro, ¿con qué le pagaríamos a Dios? Solo Jesús puede darnos acceso al cielo.

Fe en Jesucristo. Después de reconocer que somos pecadores, y que sólo Jesús puede lavarnos de nuestras maldades; es necesario creer en Jesús, tener fe en él como nuestros Salvador Persona. Por ello le invitamos a decirle a Jesús que perdone sus pecados, que cree en él. Cristo le lavará, y le hará un hijo de Dios, un heredero del reino del Señor. Jesucristo será un su vida agua que saciará su sed espiritual, y que le lavará de toda maldad.

ESTIMADO LECTOR:

Venga a la Roca de agua de Vida que es Cristo, beba para vivir, sea lavado en ella para vida. Cristo no le rechazará él dice: “Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana”. (Isaías 1.18).

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