Archivos diarios: 1/09/16

CARA A CARA

“Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel: porque vi á Dios cara á cara,

y fué librada mi alma”. Génesis 32.30.

Dios es espíritu, es decir, no tiene cuerpo o materia como nosotros. Pero en su poder infinito, cuando él se manifestó a algunas personas en el Antiguo Testamento, se presentó en forma física, con un cuerpo. Así se manifestó a Jacob, para indicarle que sin Dios, estaba muerto; Jacob por gracia lo comprendió, por eso pidió al Señor que le bendijera, y Dios lo hizo, incluyendo un cambio de nombre. A partir de ese momento Jacob fue llamado Israel, como un testimonio de que era un hombre salvo por Dios y transformado por su poder.

Jacob tuvo la bendición de ver a Dios cara a cara, y vivir. Veamos cómo sucedió esto.

NO POR BUENO, JACOB NO FUE EL MEJOR HOMBRE, Génesis 27.19,20.

Para muestra, un botón. La Palabra de Dios nos dice que cuando Isaac pidió a Esaú, que le llevara de comer para bendecirle; Jacob tomó su lugar. Él engañó a su padre, para tomar la bendición de su hermano mayor. Jacob no califica como un buen hombre. Así es que no vió a Dios cara a cara y vivó, por ser una buena persona.

Realmente, nadie ir a gozar de la presencia de Dios, por ser una buena persona, porque todos somos pecadores, y la paga del pecado es muerte o separación de Dios. No importa cuantas acciones buenas realicemos, ellas no pueden limpiar nuestras vidas del pecado. Además solamente Dios es bueno y justo; los hombres somos malos, nuestras obras buenas siempre están manchadas de interés, deseo de reconocimiento, egolatría, y soberbia.

NO POR ASTUCIA, AUNQUE JACOB FUE UN HOMBRE ASTUTO, Génesis 25.31.

La Palabra de Dios nos dice que un día Esaú regresó del campo cansado y hambriento, le pidió a Jacob le diera de la comida que había guisado. Jacob le pidió a su hermano su primogenitura; Esaú aceptó, entonces recibió de su hermano pan y del guisado de lentejas. Así con astucia, Jacob tomó los derechos de primogenitura. Sin embargo, él no vio a Dios cara a cara por su astucia.

Es bueno ser astutos e inteligentes; es bueno ser sabios, tener muchos conocimientos. Pero esto no puede lavarnos de nuestros pecados, ni de su paga. Algunos piensan que por leer la Biblia, y tener conocimientos de ella, irán a morar con Dios. Ciertamente la Biblia, nos habla de Dios, pero el conocimiento de la Palabra de Dios es útil, sólo cuando hacemos lo que ella nos dice: “que nos arrepintamos de nuestros pecados, y creamos en Cristo para ser salvos de nuestros pecados”, Hechos 16.31.

POR LA GRACIA DE DIOS,  Romanos 9.10-16.

¿Cómo es que Jacob pudo ver a Dios y vivir? Por la gracia del Señor; es decir, que Dios tocó  el corazón de Jacob para que pudiera viera sus pecados y la necesidad de que el Señor lo salvara, no pudiendo hacer nada por sí mismo. Por gracia, porque Dios puso fe en Jacob, para creer en el Señor como su único Salvador; por ello él le rogó que le bendijera. De hecho, Jacob no recibió la bendición de Dios por su astucia, sino que la recibió por gracia; pues no fue en el momento cuando engañó a su padre tomando el lugar de su hermano; sino posteriormente cuando Isaac llamó a Jacob para bendecirle, Génesis 28.1-4.

Las Santas Escrituras nos dicen que Dios amó a Jacob. También nos dicen que Dios amó al mundo, por eso nos dio a su Hijo, para que todo aquel que crea en él, no se pierda, mas tenga vida eterna, Juan 3.16. Esto nos incluye a nosotros. La deuda que hemos adquirido con Dios por nuestros pecados es tan grande, que no hay nada que podamos hacer para ser salvos. Sin embargo, Dios que nos ama, envió a su Hijo Jesucristo, quien con su muerte y resurrección pagó todos nuestros pecados.

Esto es gracia, el regalo de la salvación en Cristo. Es gracia, porque lo único que tenemos que hacer, es arrepentirnos de nuestros pecados y creer en Cristo; y aun esto es algo que Dios obra en nuestro corazón.

Estimado lector:

Dios se revela como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, Mateo 22.32. Esto es evidencia de que al dejar este mundo, Jacob se fue e vivir con Dios, y a disfrutar de la bendición de ver al Señor cara cara.

Reconozca sus pecados, apártese de ellos, y dígale a Jesucristo que cree en él como su Salvador. Si lo hace, cuando se encuentre con Dios cara a cara, será para vida eterna, para gozar de su presencia. Si no cree en el Señor, tendrá que pasar la eternidad separado de Dios, y pagando por sus pecados.

Por otra parte, la noche que Jacob vio a Dios cara a cara, fue herido por el Señor, quedó cojo por el resto de sus días aquí en la tierra; desde ese momento él comenzó a depender del Señor. Si usted ya es creyente en Cristo, recuerde que puede y debe depender sólo de Dios, él será siempre nuestro Salvador y sustentador.

SIERVOS FIELES

Romanos 1.

5 Por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe en todas las naciones en su nombre,

9 Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,

16 Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud á todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego.

Al escribir a los hermanos de Roma, el apóstol San Pablo, se presenta como un siervo de nuestro Señor Jesucristo. Debemos entender que siervo, quiere decir esclavo; no se trata de un empleado con un salario, horario fijo, derechos y prestaciones. Un esclavo es propiedad de su amo.

Nosotros también somos siervos del Señor Jesús, porque Él nos compró con su sangre preciosa, nos redimió del pecado y la muerte eterna, 1 Corintios 6.20. Y es muy importante que seamos siervos fieles; veamos algunos aspectos que la Palabra de Dios nos presenta.

EN EL NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, 5.

Él debe ser nuestra motivación. El apóstol Pablo les dijo a los romanos, que al recibir la gracia salvadora, y el llamado a predicar las buenas nuevas de salvación en Cristo, lo hacía en obediencia a todas las naciones, en el nombre del Señor. La motivación del apóstol para predicar fue nuestro Señor Jesucristo.

No en el nombre de la iglesia. Desde luego que San Pablo amaba a los creyentes en Jesucristo, pero ellos no eran su principal motivación para servir. De la misma manera la razón por la que debemos servir a la iglesia debe ser el Señor. Si servimos motivados en la iglesia, encontraremos motivos para resfriarnos en el servicio; porque la iglesia, muchas veces somos ingratos, indiferentes, fríos, desconsiderados, chismosos, criticones, murmuradores. Por el contrario el Señor Jesucristo solamente nos ha hace bien: nos salvó, es nuestro proveedor, protector, intercesor, sustentador. Cuando pensamos en esto tenemos motivos para agradecer al Señor con un servicio fiel.

Por otra parte servir en el nombre del Señor Jesús, garantiza que haremos las cosas con excelencia. Por ello la Palabra de Dios dice que debemos hacer todo como al Señor, y no a los hombres, Colosenses 3.23,24. Cuántas veces hemos observado a hermanos sirviendo, enojados, con caras alargadas, refunfuñando, con malos modos, haciendo las cosas mal. Pues todo esto lo han hecho al Señor. Es momento de pedir perdón a Dios, y servir pensando que en realidad todo lo hacemos para él.

CON NUESTRO ESPÍRITU, 9.

Con inteligencia. Cuando la Palabra de Dios usa la palabra espíritu, se refiere a la parte elemento inmaterial que él puso en nuestro cuerpo, y que nos hace pensar, razonar. Las palabras del apóstol San Pablo, nos hacen ver que él, servía a Dios, de una manera inteligente, y no basado en los sentimientos o emociones que son volubles y engañosos.

Es importante que sirvamos no en las emociones o sentimientos. Esto no significa que no estemos contentos al servir al Señor; sino que debemos servir en el espíritu, de forma inteligente. Cuando servimos en las emociones, nuestro servicio se vuelve voluble, por ejemplo: un día queremos hacer todo en la iglesia, y al siguiente nos molesta que nos busquen para preguntarnos algo; si enfrentamos adversidad, pensamos en dejar todo; si algo nos enoja queremos retirarnos; o si somos honrados, tendemos a llenarnos de soberbia y queremos ser servidos.

Por medio de la Palabra de Dios. Para servir de forma inteligente es necesario, que todos los servos de Dios, estemos en un contacto estrecho con la Palabra de Dios. Tenemos el privilegio y la responsabilidad, de leer, meditar, estudiar, memorizar, y aplicar la Palabra de Dios, todos los días de nuestra vida. Solamente así podremos estar preparados para servir con nuestro espíritu.

SIN SENTIR VERGÜENZA, 16.

San Pablo también expresa que no se avergonzaba del evangelio. Para los judíos el evangelio es tropezadero; porque ellos el Mesías vendrá a establecer el reino de David, no a morir en una cruz. Ellos no han comprendido las profecías que nos hablan del Mesías, como un Siervo Redentor. Para los gentiles, el evangelio es una locura; ellos piensan, ¿un Dios que muere en un madero? ¿Cómo puedo ser salvo en alguien que no pudo evitar la crucifixión? Pero la Palabra del Señor nos muestra, que en la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, se manifiesta el poder de Dios para pagar nuestros pecados, y librarnos de la muerte eterna.

Porque el evangelio es potencia divina. Pablo no estaba avergonzado de los judíos o gentiles, él predicaba el evangelio con seguridad, porque el mensaje de Salvación es poderoso para salvar a los judíos y a los gentiles. Si eres creyente en Cristo, eres testigo de cómo el evangelio salva y transforma la vida de las personas que creen en Jesucristo como su Salvador personal.

Porque tenemos un alto privilegio. Por eso no debemos servir al Señor avergonzados; tal vez, algunas veces, nerviosos, pero nunca con vergüenza. Tenemos el alto honor de ser embajadores del reino celestial en la tierra, por eso no debemos servir con vergüenza, sino con seguridad, firmeza, fe, amor, lealtad y poder. Si la gente ve en esto en nosotros, daremos testimonio de la realidad de nuestro Señor y nuestra confianza en él.

HERMANOS:

Que Dios nos bendiga para que seamos siervos fieles, es decir, siervos que le agrademos, que reunamos las cosas que él demanda y desea de nosotros. Seamos siervos fieles, en gratitud por lo que él ya ha hecho en nuestras vidas, además de que el Señor promete la corona de vida, a todos los que seamos fieles hasta la muerte, Apocalipsis 2.10.

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