Archivos del mes: 21 septiembre 2016

FE PRACTICA

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“Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora á los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente. Y creyó á Jehová, y contóselo por justicia”, Génesis 15.5,6.

La Palabra de Dios nos dice que Abraham es padre de los creyentes, Romanos 4.12. También nos dice que es amigo de Dios, Santiago 2.23.  Esto es debido a que Abraham se distinguió por tener fe en Dios, por creer en el Señor. Veamos cómo demostró fe.

Dejó su tierra y parentela. Génesis 12.1.  “EMPERO Jehová había dicho á Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré”

Los historiadores dicen que, por aquella época, mucha gente estaba saliendo de Ur de los Caldeos, la ciudad de Abraham, debido a la maldad, caos y desorden que imperaba en la ciudad. Pero Abraham salió por fe en Dios, quien le pidió que dejara su tierra y parentela, debido a la gran idolatría de la ciudad, Josué 24.2.

 Dejó elegir a Lot la tierra. Génesis 13.9.  “¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres á la mano izquierda, yo iré á la derecha: y si tú á la derecha, yo iré á la izquierda”.

Una vez en Canaán, Abraham demostró su fe al pedir a su sobrino Lot que escogiera la tierra para habitar; de manera que hubiera independencia entre ellos, y evitaran problemas. Abraham confió en que en la parte que le tocara Dios, lo bendeciría.

 Salió a pelear. Génesis 14.14.  “Y oyó Abram que su hermano estaba prisionero, y armó sus criados, los criados de su casa, trescientos dieciocho, y siguiólos hasta Dan”.

Lot fue tomado prisionero por los reyes que hicieron guerra contra Sodoma y Gomorra. Abraham salió a pelear con sus siervos para librar a su sobrino. Confió que Dios le daría la victoria, porque se trataba de la tierra que Dios le había prometido.  Abraham luchó con fe en Dios, y él le dio la victoria sobre poderosos reyes.

 Dio los diezmos. Génesis 14.20.  “Y bendito sea el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano. Y dióle Abram los diezmos de todo”.

Cuando Abraham regresó de la guerra, dio los diezmos a Melquisedec rey y sacerdote de Salem. Abraham nuevamente mostró fe, reconoció que Dios fue quien le había provisto de sus bienes y cuidados, además de que no temió quedar en necesidad; pues el Señor seguiría bendiciéndole.

 Reusó el botín de guerra. Génesis 14.23 “Que desde un hilo hasta la correa de un calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, porque no digas: Yo enriquecí á Abram”

Otra muestra de fe, fue el hecho de que Abraham rehusara tomar del botín de guerra. Sabía que Dios lo bendecía, y no tenía necesidad de despojo. La honestidad es una evidencia de confianza en Dios.

Creyó en la promesa divina. Génesis 15.6 “Y creyó a Jehová, y contoselo por justicia”.

Abraham y su esposa ya eran avanzados en edad, además Sara era estéril. Pero el Señor le prometió una simiente tan numerosa que no se podría contar. Abraham tuvo fe en Dios, aun cuando en ese momento no tenía ni un hijo. Por este acto de fe Abraham fue justificado.

 Subió a ofrecer a Isaac. Génesis 22.10,11. “Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar á su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dió voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí”.

Una prueba grande de fe, fue cuando Abraham en obediencia a Dios, subió al monte para ofrecer a su hijo. Abraham sabía que aun de las cenizas Dios podía levantar a su hijo, por eso no desobedeció, Hebreos 11.19. Sabemos que el Señor solamente estaba probando a Abraham, por lo que le detuvo antes de sacrificar a Isaac, y le proveyó de un carnero.

 Fe debilitada. Las Escrituras nos dicen que la fe es un don que recibimos de Dios, Efesios 2.8. Pero cuando descuidamos la comunión con Dios, la fe se debilita. Abraham también pasó por momentos en los que mermó en fe.

 Fue a Egipto. Génesis 12.10.  “Y hubo hambre en la tierra, y descendió Abram á Egipto para peregrinar allá; porque era grande el hambre en la tierra”.

Al parecer Abraham olvidó que el Señor lo podía sustentar en Canaán, y fue a Egipto en busca de alimento. Allí las cosas no estuvieron del todo bien, pues su esposa fue presentada al Faraón. Cuando buscamos las cosas materiales, casi siempre tenemos que sacrificar la comunión con la familia. Tenemos que considerar esto, pues la familia no debe ser reemplazada.

Mintió diciendo que su mujer era su hermana. Génesis 12.13  “Ahora pues, di que eres mi hermana, para que yo haya bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de ti”.

Por aquellos años, En Egipto ya se habían asesinado hombres por causa de sus mujeres. Abraham temió a los hombres, en lugar de confiar en Dios, y mintió acerca de su esposa.

No esperó a la promesa. Génesis 16.4.  “Y él cohabitó con Agar, la cual concibió: y cuando vió que había concebido, miraba con desprecio á su señora”.

Abraham y Sara no esperaron a que el Señor les diera un hijo. Abraham y Agar, la sierva de su esposa, tuvieron un bebé, al que llamaron Ismael. Las consecuencias fueron desastrosas; pues cuando nació Isaac, Abraham tuvo que echar de su casa a Agar y a su hijo; y esto generó una enemistad entre Israelitas y árabes, que perdura y cobra vidas hasta nuestros días.

 Estimados Hermanos:

El Señor se presenta como el Dios de Abraham, Dios de vivos y no de muertos, Mateo 22.32. Este personaje fue salvo, y ahora vive en la presencia del Señor, porque Dios puso fe en su corazón para creer en él.

Como podemos ver Abraham demostró fe en las acciones que realizó, se trata de una fe práctica. Así es que, si somos creyentes en Cristo, debemos dar evidencia de una fe viva en obras acordes a los mandamientos de Dios.

Si usted aún no sabe si es salvo. Es necesario que reconozca sus pecados, se aparte de ellos, y crea que Jesucristo es el único medio para lavar sus pecados y librarle del tormento eterno. Dígale a Jesucristo que cree en él y que desea que sea su Salvador. Posteriormente vivía una fe práctica como el creyente Abraham.

DISCIPULADO SEPTIEMBRE 2016

“CRECIENDO JUNTOS” “DISCIPULANDO A LA IGLESIA”

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 SEPTIEMBRE 2016

“LOS DEBERES DE LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA”

 “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos a los otros”, Juan 13.14.

“En el cuidado no perezosos; ardientes en espíritu, sirviendo al Señor”, Romanos 12.11.

“Comunicando a las necesidades de los santos; siguiendo la hospitalidad”, Romanos 12.13.

DISCIPULADO AGOSTO 2016

“CRECIENDO JUNTOS”, “Discipulando a la Iglesia”

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“LOS PRIVILEGIOS DE LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA”

Discipulado del mes de AGOSTO 2016.

“Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo”. Efesios 1.3.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo, si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. Romanos 8.17

ROCA DE AGUA DE VIDA

 

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Éxodo 17.

1 Y TODA la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, por sus jornadas, al mandamiento de Jehová, y asentaron el campo en Rephidim: y no había agua para que el pueblo bebiese.

2 Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿por qué tentáis á Jehová?

3 Así que el pueblo tuvo allí sed de agua, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed á nosotros, y á nuestros hijos y á nuestros ganados?

4 Entonces clamó Moisés á Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? de aquí á un poco me apedrearán.

5 Y Jehová dijo á Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara, con que heriste el río, y ve:

6 He aquí que yo estoy delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y herirás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.

7 Y llamó el nombre de aquel lugar Massah y Meribah, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron á Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, ó no?

La historia que vamos a ver, es una muy interesante e importante, es la historia de una peña de la que por el poder de Dios, brotó agua de vida, agua de salvación  para todo el pueblo de Israel. Analicemos esto.

LA EXPERIENCIA DE ISRAEL

Recién el pueblo de Israel había emprendido el camino hacia la tierra prometida, y Dios permitió que enfrentara la prueba de la falta de agua. Algo muy difícil para una población de alrededor de 2 millones de personas. Israel se encontraba en Rephidim, cerca del Monte Sinaí. De la misma manera desde que comenzamos la vida cristiana, desde que iniciamos el Camino hacia la patria celestial, enfrentamos pruebas, porque necesitamos conocer el poder de Dios, para resolver toda dificultad.

Israel estaba en el desierto. Por lo tanto la falta de agua ponía en peligro de muerte a todo el pueblo. Por ello los israelitas murmuraron contra Moisés diciendo: ¿por qué nos trajiste al desierto a morir de sed?. Así es la condición del hombre sin Dios, una situación de muerte. El pecado hace de este mundo un desierto, y sin Jesucristo, nadie podrá vivir.

Moisés oró al Señor. Moisés hizo lo correcto ante el reclamo del pueblo; dirigió el problema a Dios. El Señor le indicó que se trasladara junto con los ancianos de Israel a la peña de Horeb. Moisés hirió la peña con su vara y brotaron aguas que libraron de la muerte a los hijos de Israel y su ganado. Recordemos que ante toda prueba, si oramos Dios responderá con poder y resolverá nuestras pruebas conforme a su voluntad.

JESÚS ES LA ROCA

La peña de Horeb, simbolizó a Jesucristo. Jesús es la Roca porque Él como Dios no cambia, es firme como una Roca. Notemos que Dios no pidió a Moisés que hiriera la tierra, sino la roca por ser firme. Podemos confiar en Jesús porque él no cambia, sus promesas son fieles y verdaderas, así como sus juicios. Así mismo Jesús es la Roca porque Él es el único medio de salvación segura; así como las rocas son un lugar seguro en inundaciones, temblores y otros siniestros.

Jesús es la Roca herida para librarnos de morir de sed o de ausencia de Dios en nuestras vidas. Todos los hombres somos pecadores y el pecado nos separa de Dios; esto es estar condenados a morir de sed espiritual. Jesús vino a pagar nuestros pecados en la cruz con sus sufrimientos y muerte; Él vino a borrar lo que nos impide estar en y con Dios, que es el pecado. Jesucristo es el puente que nos conecta con Dios y quita nuestra sed espiritual o necesidad de Dios.

Jesús es la Roca de agua de vida y limpieza. Aquel día en que Moisés hirió la peña, no solamente los hijos de Israel bebieron, sino que seguramente también se bañaron, y fueron librados de morir por alguna enfermedad producida por la falta de higiene. Cuando reconocemos nuestros pecados, le pedimos perdón a Dios, nos apartamos de ellos y creemos en Jesús como nuestro Salvador; somos lavados con su sangre derramada en la cruz. Somos lavados para poder vivir eternamente en la presencia de Dios.

Jesús es la Roca herida en su sacrificio perfecto en la cruz, para ser nuestro escondedero de la ira de Dios. Sin duda que la abertura de la peña de Horeb era lo suficientemente grande para que brotaran  aguas bastas para todo el pueblo. Sin duda que en ella podía esconderse una persona. Dios tiene un día de juicio, revelará los pecados no perdonados y dictará sentencia de muerte, será algo vergonzoso y terrible. Pero ese día Jesús será nuestra Roca de salvación, porque será nuestro escondedero ya que él ya pagó y lavó nuestros pecados con sus heridas de la cruz. Por eso dice el himnógrafo:

Roca de la eternidad.

  1. Roca de la eternidad,

Fuiste abierta tu por mí;

Sé mi escondedero fiel,

Sólo encuentro paz en Ti.

Rico limpio manantial,

En el cual lavado fui.

  1. Aunque sea siempre fiel,

Aunque llore sin cesar,

Del pecado no podré,

Justificación lograr.

Sólo en ti, teniendo fe,

Deuda tal podré pagar.

  1. Mientras haya de vivir,

Y al instante de expirar,

Cuando vaya a responder,

En tu augusto tribunal,

Sé mi escondedero fiel,

Roca de la eternidad.

 Augustus M. Toplady

NUESTRA NECESIDAD DE ELLA

Israel tenía claro sin agua iba a morir. Para ser salvos por Cristo, primero, es indispensable que cada uno de nosotros reconozca que tenemos un problema mortal que se llama pecado. Y que de no ser quitado de nuestra vida, no podremos ir a vivir con Dios, ya que él es perfectamente santo, y nada contaminado de pecado, puede estar ante su presencia.

Además es necesario Reconocer que el único medio para lavar nuestros pecados es Jesucristo. porque solamente él pago por nosotros con su muerte y resurrección. No hay otro medio. No podemos lavar nuestros pecados haciendo buenas obras. Es bueno ayudar a los que nos rodean, pero esto no lava nuestros pecados. Tampoco se puede comprar un lugar en el reino de Dios; porque de hecho nada es nuestro, ¿con qué le pagaríamos a Dios? Solo Jesús puede darnos acceso al cielo.

Fe en Jesucristo. Después de reconocer que somos pecadores, y que sólo Jesús puede lavarnos de nuestras maldades; es necesario creer en Jesús, tener fe en él como nuestros Salvador Persona. Por ello le invitamos a decirle a Jesús que perdone sus pecados, que cree en él. Cristo le lavará, y le hará un hijo de Dios, un heredero del reino del Señor. Jesucristo será un su vida agua que saciará su sed espiritual, y que le lavará de toda maldad.

ESTIMADO LECTOR:

Venga a la Roca de agua de Vida que es Cristo, beba para vivir, sea lavado en ella para vida. Cristo no le rechazará él dice: “Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana”. (Isaías 1.18).

LIBRES EN CRISTO

“LIBRES EN CRISTO”

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Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Juan 8. 36.

 Estas son palabras que el Señor Jesús dirigió a los judíos que se pensaban libres, pero en realidad vivían una esclavitud espiritual y civil, porque estaban bajo el dominio del pecado, y del imperio romano.

Gracias a Dios nosotros somos una nación libre en el aspecto civil. Pero muchos aún viven esclavizados por el pecado, los vicios, la maldad, y la corrupción. El Único que puede darnos verdadera o total libertad es Jesucristo, el Hijo de Dios. Veamos por qué.

DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO, Romanos 6.20. “Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia”.

Al principio el hombre era libre. La Palabra de Dios nos dice que el Señor hizo al hombre libre; libre de pecados, de maldad, de corrupción, libre para escoger el bien; libre para decidir, libre de enfermedades, de la muerte y de todo tipo de males.  Pero cuando el hombre usando de esta libertad desobedeció a Dios y comió del árbol de ciencia del bien y del mal, quedó totalmente contaminado por el pecado.

Una condición universal. Como todos descendemos de Adam y Eva, su condición pecaminosa pasó a todos nosotros. Todo el género humano somos pecadores, con excepción de Cristo, quien fue engendrado por el Espíritu Santo. Esto significa que constantemente quebrantamos la ley de Dios, cometiendo muchos pecados. No existe en el hombre un deseo sincero por agradar a Dios, sino por hacer lo malo; de tal manera que como dijo el apóstol Pablo a la iglesia de Roma, las gentes son siervos o esclavos del pecado.

Cuya consecuencia es la separación de Dios. De la esclavitud al pecado, han surgido todos los males espirituales, morales, enfermedades, esclavitud civil, y muertes físicas. Pero la consecuencia más terrible es la separación de Dios. Por eso la sociedad no quiere nada con el Señor, de hecho huye de Él. Si Dios no resuelve esto, el pecado genera una separación total de Dios, en un lugar de tormento, y sin retorno.

POR MEDIO DE SU MUERTE Y RESURRECCIÓN, 1 Corintios 6.20,  “Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Por el amor de Dios. El Señor amó de una manera grande al mundo que nos dio a su Hijo Jesucristo, para que nos libre de ir al tormento eterno, si creemos en él como nuestro Salvador. Las Santas Escrituras nos dicen que Dios amó al mundo, es decir, a los hombres y mujeres, sin hacer acepción de pueblos, condiciones sociales, ni económicas, esto nos incluye a nosotros.

Eventos reales, históricos. Para librarnos de nuestros pecados y de la condenación, Dios cargó o puso todos nuestros pecados, en el Señor Jesucristo, quien pagó lo que nosotros merecíamos, con sus sufrimientos y muerte en la cruz del Calvario; por eso dice San Pablo que fuimos comprados por Cristo. El pago que Cristo hizo fue efectivo, por ello Él resucitó y regresó al cielo para prepararnos morada. La Biblia es prueba suficiente de la realidad de la obra salvadora de Cristo; pero además existen muchos documentos que son evidencia de la veracidad de ella.

En lo cual debemos creer. Para que la obra libertadora de Jesucristo se cargue a nuestra cuenta, para ser librados de nuestros pecados y su paga, es necesario hacer lo siguiente: Primero,  reconocer que somos pecadores, pedir perdón a Dios, y apartarnos de nuestros pecados. Segundo, creer en Jesucristo, creer que su sacrificio y resurrección son el único medio para ser lavados de nuestros pecados; es necesario decirle a Jesucristo que creemos en Él como nuestro Salvador.

PARA SER SUS SIERVOS, Romanos 6.22,  “Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna”.

Con goce de libertad. Al ser librados del pecado por Cristo, nos convertimos en sus siervos. Sin embargo, ser siervos de Jesucristo no significa esclavitud, sino libertad. Porque al servir al Señor Jesús, obedeciendo su Palabra, y mandamientos, somos librados de todas las consecuencias malas que vienen del pecado, como son enfermedades, miseria, problemas, muerte.

Con capacidad para obedecer. Todos los creyentes en Cristo, al ser liberados de las ataduras del pecado, tenemos ahora la capacidad de obedecer, de cumplir con las cosas que Dios nos pide, o alejarnos de lo que nos prohíbe. Por eso dijo el Señor, que solamente él nos puede hacer libres. Si somos verdaderos cristianos, podemos y debemos obedecer a nuestro Señor por amor y como testimonio de fe en él.

Y disfrutar de la vida eterna. San Pablo nos dice que al ser siervos de Dios, somos santificados por el Espíritu Santo, es decir, que la Tercera persona de la Trinidad, nos va transformando para que cada día seamos más como nuestro Señor. Hasta que llegue el día que dejemos este mundo, y el Espíritu de Dios haga perfectas nuestras vidas para presentarnos ante de Dios y estar con Él por siempre. Esto significa que la libertad de Cristo es perfecta y no se puede perder.

ESTIMADO LECTOR:  Si usted ya ha sido liberado por Cristo, disfrute de esta libertad en obediencia al Señor. Si aún vive esclavizado por el pecado, acuda a Jesucristo, pídale perdón por sus pecados, apártese de ellos, y dígale a Cristo que le acepte, que él sea su Salvador.

MENSAJE DE CONSAGRACIÓN

POR EL PBRO. DAVID GARFIAS GONZÁLEZ

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ESCUELA PARA PADRES

TEMA IMPARTIDO POR EL ANC. GOB. RODOLFO ESPÍNDOLA HEREDIA

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CARA A CARA

“Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel: porque vi á Dios cara á cara,

y fué librada mi alma”. Génesis 32.30.

Dios es espíritu, es decir, no tiene cuerpo o materia como nosotros. Pero en su poder infinito, cuando él se manifestó a algunas personas en el Antiguo Testamento, se presentó en forma física, con un cuerpo. Así se manifestó a Jacob, para indicarle que sin Dios, estaba muerto; Jacob por gracia lo comprendió, por eso pidió al Señor que le bendijera, y Dios lo hizo, incluyendo un cambio de nombre. A partir de ese momento Jacob fue llamado Israel, como un testimonio de que era un hombre salvo por Dios y transformado por su poder.

Jacob tuvo la bendición de ver a Dios cara a cara, y vivir. Veamos cómo sucedió esto.

NO POR BUENO, JACOB NO FUE EL MEJOR HOMBRE, Génesis 27.19,20.

Para muestra, un botón. La Palabra de Dios nos dice que cuando Isaac pidió a Esaú, que le llevara de comer para bendecirle; Jacob tomó su lugar. Él engañó a su padre, para tomar la bendición de su hermano mayor. Jacob no califica como un buen hombre. Así es que no vió a Dios cara a cara y vivó, por ser una buena persona.

Realmente, nadie ir a gozar de la presencia de Dios, por ser una buena persona, porque todos somos pecadores, y la paga del pecado es muerte o separación de Dios. No importa cuantas acciones buenas realicemos, ellas no pueden limpiar nuestras vidas del pecado. Además solamente Dios es bueno y justo; los hombres somos malos, nuestras obras buenas siempre están manchadas de interés, deseo de reconocimiento, egolatría, y soberbia.

NO POR ASTUCIA, AUNQUE JACOB FUE UN HOMBRE ASTUTO, Génesis 25.31.

La Palabra de Dios nos dice que un día Esaú regresó del campo cansado y hambriento, le pidió a Jacob le diera de la comida que había guisado. Jacob le pidió a su hermano su primogenitura; Esaú aceptó, entonces recibió de su hermano pan y del guisado de lentejas. Así con astucia, Jacob tomó los derechos de primogenitura. Sin embargo, él no vio a Dios cara a cara por su astucia.

Es bueno ser astutos e inteligentes; es bueno ser sabios, tener muchos conocimientos. Pero esto no puede lavarnos de nuestros pecados, ni de su paga. Algunos piensan que por leer la Biblia, y tener conocimientos de ella, irán a morar con Dios. Ciertamente la Biblia, nos habla de Dios, pero el conocimiento de la Palabra de Dios es útil, sólo cuando hacemos lo que ella nos dice: “que nos arrepintamos de nuestros pecados, y creamos en Cristo para ser salvos de nuestros pecados”, Hechos 16.31.

POR LA GRACIA DE DIOS,  Romanos 9.10-16.

¿Cómo es que Jacob pudo ver a Dios y vivir? Por la gracia del Señor; es decir, que Dios tocó  el corazón de Jacob para que pudiera viera sus pecados y la necesidad de que el Señor lo salvara, no pudiendo hacer nada por sí mismo. Por gracia, porque Dios puso fe en Jacob, para creer en el Señor como su único Salvador; por ello él le rogó que le bendijera. De hecho, Jacob no recibió la bendición de Dios por su astucia, sino que la recibió por gracia; pues no fue en el momento cuando engañó a su padre tomando el lugar de su hermano; sino posteriormente cuando Isaac llamó a Jacob para bendecirle, Génesis 28.1-4.

Las Santas Escrituras nos dicen que Dios amó a Jacob. También nos dicen que Dios amó al mundo, por eso nos dio a su Hijo, para que todo aquel que crea en él, no se pierda, mas tenga vida eterna, Juan 3.16. Esto nos incluye a nosotros. La deuda que hemos adquirido con Dios por nuestros pecados es tan grande, que no hay nada que podamos hacer para ser salvos. Sin embargo, Dios que nos ama, envió a su Hijo Jesucristo, quien con su muerte y resurrección pagó todos nuestros pecados.

Esto es gracia, el regalo de la salvación en Cristo. Es gracia, porque lo único que tenemos que hacer, es arrepentirnos de nuestros pecados y creer en Cristo; y aun esto es algo que Dios obra en nuestro corazón.

Estimado lector:

Dios se revela como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, Mateo 22.32. Esto es evidencia de que al dejar este mundo, Jacob se fue e vivir con Dios, y a disfrutar de la bendición de ver al Señor cara cara.

Reconozca sus pecados, apártese de ellos, y dígale a Jesucristo que cree en él como su Salvador. Si lo hace, cuando se encuentre con Dios cara a cara, será para vida eterna, para gozar de su presencia. Si no cree en el Señor, tendrá que pasar la eternidad separado de Dios, y pagando por sus pecados.

Por otra parte, la noche que Jacob vio a Dios cara a cara, fue herido por el Señor, quedó cojo por el resto de sus días aquí en la tierra; desde ese momento él comenzó a depender del Señor. Si usted ya es creyente en Cristo, recuerde que puede y debe depender sólo de Dios, él será siempre nuestro Salvador y sustentador.

SIERVOS FIELES

Romanos 1.

5 Por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe en todas las naciones en su nombre,

9 Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,

16 Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud á todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego.

Al escribir a los hermanos de Roma, el apóstol San Pablo, se presenta como un siervo de nuestro Señor Jesucristo. Debemos entender que siervo, quiere decir esclavo; no se trata de un empleado con un salario, horario fijo, derechos y prestaciones. Un esclavo es propiedad de su amo.

Nosotros también somos siervos del Señor Jesús, porque Él nos compró con su sangre preciosa, nos redimió del pecado y la muerte eterna, 1 Corintios 6.20. Y es muy importante que seamos siervos fieles; veamos algunos aspectos que la Palabra de Dios nos presenta.

EN EL NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, 5.

Él debe ser nuestra motivación. El apóstol Pablo les dijo a los romanos, que al recibir la gracia salvadora, y el llamado a predicar las buenas nuevas de salvación en Cristo, lo hacía en obediencia a todas las naciones, en el nombre del Señor. La motivación del apóstol para predicar fue nuestro Señor Jesucristo.

No en el nombre de la iglesia. Desde luego que San Pablo amaba a los creyentes en Jesucristo, pero ellos no eran su principal motivación para servir. De la misma manera la razón por la que debemos servir a la iglesia debe ser el Señor. Si servimos motivados en la iglesia, encontraremos motivos para resfriarnos en el servicio; porque la iglesia, muchas veces somos ingratos, indiferentes, fríos, desconsiderados, chismosos, criticones, murmuradores. Por el contrario el Señor Jesucristo solamente nos ha hace bien: nos salvó, es nuestro proveedor, protector, intercesor, sustentador. Cuando pensamos en esto tenemos motivos para agradecer al Señor con un servicio fiel.

Por otra parte servir en el nombre del Señor Jesús, garantiza que haremos las cosas con excelencia. Por ello la Palabra de Dios dice que debemos hacer todo como al Señor, y no a los hombres, Colosenses 3.23,24. Cuántas veces hemos observado a hermanos sirviendo, enojados, con caras alargadas, refunfuñando, con malos modos, haciendo las cosas mal. Pues todo esto lo han hecho al Señor. Es momento de pedir perdón a Dios, y servir pensando que en realidad todo lo hacemos para él.

CON NUESTRO ESPÍRITU, 9.

Con inteligencia. Cuando la Palabra de Dios usa la palabra espíritu, se refiere a la parte elemento inmaterial que él puso en nuestro cuerpo, y que nos hace pensar, razonar. Las palabras del apóstol San Pablo, nos hacen ver que él, servía a Dios, de una manera inteligente, y no basado en los sentimientos o emociones que son volubles y engañosos.

Es importante que sirvamos no en las emociones o sentimientos. Esto no significa que no estemos contentos al servir al Señor; sino que debemos servir en el espíritu, de forma inteligente. Cuando servimos en las emociones, nuestro servicio se vuelve voluble, por ejemplo: un día queremos hacer todo en la iglesia, y al siguiente nos molesta que nos busquen para preguntarnos algo; si enfrentamos adversidad, pensamos en dejar todo; si algo nos enoja queremos retirarnos; o si somos honrados, tendemos a llenarnos de soberbia y queremos ser servidos.

Por medio de la Palabra de Dios. Para servir de forma inteligente es necesario, que todos los servos de Dios, estemos en un contacto estrecho con la Palabra de Dios. Tenemos el privilegio y la responsabilidad, de leer, meditar, estudiar, memorizar, y aplicar la Palabra de Dios, todos los días de nuestra vida. Solamente así podremos estar preparados para servir con nuestro espíritu.

SIN SENTIR VERGÜENZA, 16.

San Pablo también expresa que no se avergonzaba del evangelio. Para los judíos el evangelio es tropezadero; porque ellos el Mesías vendrá a establecer el reino de David, no a morir en una cruz. Ellos no han comprendido las profecías que nos hablan del Mesías, como un Siervo Redentor. Para los gentiles, el evangelio es una locura; ellos piensan, ¿un Dios que muere en un madero? ¿Cómo puedo ser salvo en alguien que no pudo evitar la crucifixión? Pero la Palabra del Señor nos muestra, que en la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, se manifiesta el poder de Dios para pagar nuestros pecados, y librarnos de la muerte eterna.

Porque el evangelio es potencia divina. Pablo no estaba avergonzado de los judíos o gentiles, él predicaba el evangelio con seguridad, porque el mensaje de Salvación es poderoso para salvar a los judíos y a los gentiles. Si eres creyente en Cristo, eres testigo de cómo el evangelio salva y transforma la vida de las personas que creen en Jesucristo como su Salvador personal.

Porque tenemos un alto privilegio. Por eso no debemos servir al Señor avergonzados; tal vez, algunas veces, nerviosos, pero nunca con vergüenza. Tenemos el alto honor de ser embajadores del reino celestial en la tierra, por eso no debemos servir con vergüenza, sino con seguridad, firmeza, fe, amor, lealtad y poder. Si la gente ve en esto en nosotros, daremos testimonio de la realidad de nuestro Señor y nuestra confianza en él.

HERMANOS:

Que Dios nos bendiga para que seamos siervos fieles, es decir, siervos que le agrademos, que reunamos las cosas que él demanda y desea de nosotros. Seamos siervos fieles, en gratitud por lo que él ya ha hecho en nuestras vidas, además de que el Señor promete la corona de vida, a todos los que seamos fieles hasta la muerte, Apocalipsis 2.10.

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