La resurrección de nuestro Redentor

“EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y OBRA DEL SEÑOR JESUCRISTO”

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DOMINGO                         “LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO REDENTOR”

 TEXTO: 1 Corintios 15.20.

 PROPÓSITO: Enseñar que el Señor Jesucristo resucitó por el poder del Espíritu Santo. Y que el mismo Espíritu de Dios, habrá de resucitar a los que hayan muerto en Cristo. Para que demos al Espíritu Santo la honra y la gloria, pues hemos aprendido durante esta semana que sin su obra no seríamos salvos. Y demos gracias a Dios que nos redimió en alma y cuerpo.

 INTRODUCCIÓN: Desde el mismo día de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, muchos  han negado que Jesucristo se levantó de la sepultura; pero como se trata de un hecho real, fundamentado con muchas evidencias; realmente no se puede refutar. San Pablo en su primer carta a los Corintios nos da pruebas de la resurrección del Señor, y nos dice que por lo tanto debemos creer con firmeza que nuestro Salvador venció la muerte, y que es primicia de los que han muerto creyendo en el Mesías como su Salvador. Veamos algunos aspectos importantes de la resurrección de nuestro Redentor.

LA MUERTE DEL SEÑOR JESÚS, Juan 19.30-34.  

Después de que el Señor dijo la séptima palabra, inclinó la cabeza y dio el espíritu. Él no murió como todos los hombres, que dan el espíritu y luego inclinan la cabeza; porque Jesús puso su vida, no le fue arrebatada. Algunos han dicho que el Señor Jesucristo no murió realmente, sino que quedó desmayado, y al recobrar la consciencia dijo haber resucitado. Pero tal cosa es imposible. La crucifixión siempre terminaba con la muerte. Recordemos que el Señor fue crucificado por soldados romanos expertos en éste horrendo método de muerte.

 Además la Palabra de Dios dice que como ya se acercaba el sábado, y la ley impedía que los cuerpos quedaran en la cruz, Deuteronomio 21.13; los judíos pidieron a Pilato que se quebraran las piernas a los crucificados. Así lo hicieron los soldados romanos a los dos hombres que fueron crucificados a los lados del Señor, con el propósito de que sus cuerpo se vencieran y murieran asfixiados. Pero no lo hicieron al Señor Jesús porque vieron que estaba muerto. Pero también un soldado abrió el costado del Señor con una lanza, causando una herida grande, Juan 20.27.

El apóstol Juan, señala que al ser traspasado el cuerpo de nuestro Salvador, salió sangre y agua, evidencia médica de que el Señor realmente había muerto; sino fuera así solo hubiera brotado sangre. El proceso de crucifixión que comenzaba con los azotes, hacía de la piel y tendones fueran destrozados, que brotaran los órganos internos; muchos morían siendo azotados. No se puede decir que el Señor solamente quedó desmayado en la cruz.

Por otra parte, el cuerpo de nuestro Salvador fue sepultado conforme a la costumbre judía. Se ungía el cuerpo con ungüento, y se envolvía completo con lienzos; esto se repetía varias veces. El cuerpo del Señor fue sepultado con la dignidad de Rey, fue ungido con unos 37 litros de ungüento, y envuelto en lienzos. Posteriormente fue colocado en un sepulcro el cual fue sellado con una gran piedra, Juan 19.38-42. Todo esto es evidencia de que el Señor Jesús, sí murió para pagar nuestros pecados.

 EL PRIMER DÍA DE LA SEMANA, Juan 20.1-8.

Este pasaje nos enseña que el primer día de la semana, cuando todavía estaba obscuro, María Magdalena fue al sepulcro, y vio que la piedra había sido quitada. Se requería de unos 10 hombres para remover una de estas piedras. La piedra no estaba porque el Señor Jesús había resucitado. Algunos dicen que el Señor no cumplió con el tiempo de sepultura de tres días y tres noches como dijo, Mateo 12.38-40. Es verdad que su cuerpo estuvo en el sepulcro una fracción del viernes, el sábado completo, y una fracción del primer día de la semana. Pero debemos contar el tiempo como lo hacían los judíos, una fracción del día se contaba como el día completo.

María Magdalena informó a Pedro y Juan que se habían llevado el cuerpo del Señor, y no sabían donde se encontraba. No habían escuchado al Señor que les dijo que iba a morir, pero que resucitaría al tercer día. No escucharon porque en sus mentes no cupo la doctrina de la muerte y resurrección del Señor, ya que ellos también estaban confundidos como los demás judíos que esperaban que Jesús daría un golpe de estado. Es importante que oremos para que entendamos la Palabra de Dios de la manera como él la ha revelado, y no ajustándola a nuestros paradigmas. La Palabra de Dios, no es una revelación subjetiva, sino la revelación objetiva de Dios.

Juan llegó primero al sepulcro, y vio los lienzos echados. Luego Pedro vio los lienzos echados, y el sudario que había estado en la cabeza del Señor, envuelto en un lugar aparte. Posteriormente Juan entró y al ver nuevamente los lienzos, creyó que el Señor había resucitado. ¿Por qué?.  Si alguien hubiera robado el cuerpo del Señor, los lienzos no estarían en el sepulcro. Si le habían robado, quitando al Señor los lienzos, estarían desenredados, pero estos seguían envueltos. Así es que Juan pudo ver que el Señor realmente había vencido a la muerte y había salido del sepulcro.

 POR EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO, Romanos 8.11.

 La resurrección del Señor Jesús es un hecho grandemente portentoso. Ya que el cuerpo del Señor fue destrozado en la cruz del calvario. Sin embargo, nuestro Señor se levantó del sepulcro con su mismo cuerpo, pero transformado, perfecto, glorificado. Solamente con las marcas en sus manos y costado para que sus discípulos vieran que realmente era su Maestro. Incluso vemos que al principio María Magdalena no le reconoció, porque la última imagen que tenía en su mente del Señor, era la de su cuerpo herido, Juan 20.11-16.

¿Cómo pudo suceder el milagro de la resurrección del Señor? El apóstol san Pablo, al escribir a los romanos, nos enseña que fue el Espíritu Santo, quien con su poder levantó a nuestro Señor Jesús de los muertos. La resurrección de Jesucristo es muy importante, ya que si no hubiera ocurrido, significaría que su muerte no sirvió para pagar nuestros pecados. Pero toda vez que su sacrificio satisfizo toda la ley de Dios. El Espíritu Santo, quien le engendró, también le resucitó.

El apóstol agrega que el Espíritu Santo también resucitará a todos los que mueran, teniendo su presencia en sus vidas, es decir a todos los creyentes en Cristo. Será cuando Cristo venga a las nubes por su iglesia. Entonces los cuerpos de los que murieron en Cristo, serán levantados y unidos a las almas de los redimidos. Serán cuerpos perfectos, sin corrupción, glorificados. Los que estén vivos también serán hechos perfectos en alma y cuerpo, para disfrutar de la presencia del Señor, 1 Tesalonicenses 4.13.18. Por lo tanto los creyentes no debemos temer a la muerte, pues Cristo ya la venció, 1 Corintios 15.54-58.

 HERMANOS: A lo largo de esta semana hemos aprendido que el Espíritu Santo tuvo una participación muy activa en la vida y ministerio de nuestro Redentor Jesucristo. También aprendimos que el Espíritu Santo, es quien aplicó en nuestra vida la obra redentora del Hijo de Dios, para que podamos ser salvos.

Hay motivos para vivir agradecidos al Dios Trino y uno que nos rescató con poder y amor. La forma de demostrar este agradecimiento en llenando nuestras vidas del Espíritu del Señor, y no contristarlo, sino que Él sea juntamente con el Padre y el Hijo, Honrado, Adorado, y Glorificado por medio de nuestra vida.

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