El mensaje de las 7 Palabras

“EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y OBRA DEL SEÑOR JESUCRISTO”

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VIERNES                                              “EL MENSAJE DE LAS 7 PALABRAS”

Propósito: Predicar que el mensaje de nuestro Salvador Jesucristo en la Cruz nos enseña que su sacrificio es eficaz para lavar nuestros pecados y darnos vida eterna. Para que todos los creyentes tengamos la paz de saber que realmente en Cristo hemos sido reconciliados con Dios.

Introducción: Los sacrificios del Antiguo Testamento solamente fueron figuras del sacrificio perfecto de Cristo. Por eso es que se tenían que repetir todos los días. En cambio el sacrificio de Cristo es perfecto, por eso sólo fue necesario una vez; pues es eficaz para lavar todo pecado, Hebreos 9.28. El sacrifico de Jesús es eficaz porque en el hallamos:

  1. PERDÓN.

 “PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” (Lucas 23.34)

Había muchos a quienes condenar. A los sacerdotes y ancianos, los autores intelectuales de su muerte. A los judíos por rechazarle. A los romanos por condenarle de manera injusta, y por llevar a cabo la crucifixión. A Pilato por su falta de valor. A Judas por traicionarle y venderle. A sus discípulos por abandonarle. Ninguno de ellos sabía lo que hacía pues no habían entendido que Jesús era el Cristo que vino a perdonar nuestros pecados con su muerte cruenta. Aunque sí eran culpables de sus actos, pues Jesús les dio muchas evidencias de su divinidad y propósito. Por otra parte la ignorancia no quita la responsabilidad a nadie, porque todos tenemos el deber de investigar para no errar.

Sin embargo el Señor oró al Padre que los perdonara. Jesucristo había enseñado a sus discípulos a perdonar aun setenta veces siete, y este era el momento exacto para predicar con el ejemplo. Dios escuchó la oración de su Hijo, él perdonó a muchos de aquellos culpables. Muchos de ellos se convirtieron después, según Hechos 2. Qué maravilla cuando el Señor intercede, es escuchado. Jesús tiene poder para perdonar pecados, 1 Juan 2.1; y para ayudarnos a perdonar. Su muerte es eficaz porque con ella tenemos el perdón de nuestros pecados. El fundamento por el que el Señor pidió a su Padre que perdonara a los que no saben lo que hacen, es que Él estaba pagando esos pecados.

  1. SALVACIÓN.

 “DE CIERTO TE DIGO, QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO” (Lucas 23.43)

El Señor fue crucificado entre dos malhechores, dando a entender que era el peor de los criminales. Al principio los dos también le injuriaban; pero posteriormente uno de ellos le pidió que cuando estuviera en su reino de acordara de Él. Con estas palabras este hombre reconoció que era pecador, que Cristo era su Rey, y que podía darle un lugar en su Reino. Son palabras que dan testimonio de que aquel malhechor creía en Cristo como su Salvador, y que tenía poder para librarle de la muerte eterna.

La respuesta de Cristo ofreció esperanza y salvación a aquel hombre arrepentido. Pero notemos el poder tan grande que hay en Jesús para salvar; el Señor le dijo que en ese mismo día, estaría con él en el paraíso. La salvación que Cristo da al hombre que cree en Él como su Salvador personal es: inmediata, pues a partir de ese momento ya es salvo, su nombre es escrito en el libro de la vida; y es segura, ya que la salvación no se pierde; pues se basa en la promesa de Dios, y Él no es hombre que mienta o se arrepienta.

  1. AMOR.

 “MUJER, HE AHÍ TU HIJO, HE AHÍ TU MADRE” (Juan 19.26,27)

Cuando el Señor fue arrestado sus discípulos huyeron llenos de temor. Sin embargo en el momento de la crucifixión, al pie de la cruz estuvieron entre otras personas, María la madre del Señor, y Juan su discípulo. Allí el Señor veló por no dejar desamparada a la mujer que fue el medio para que él se encarnara. Seguramente que José ya había sido llamado por Dios a su presencia; y como los hermanos del Señor no creían en él; Cristo dejó encargada a su madre con uno de sus discípulos, con su familia espiritual.

El Señor movido por el amor cumplió con un deber filial. Y lo mismo debemos hacer nosotros. La Palabra de Dios dice que si alguien no tiene cuidado de los de su casa, es peor que un incrédulo, y la fe negó. Debemos  atender por amor la vida de nuestros familiares. Si no lo hacemos y decimos que amamos a Dios somos mentirosos. Si Jesucristo estando en la Cruz pudo cumplir con este deber, nosotros también podemos y debemos cuidar, y amar a la familia que Dios nos ha dado. Este cuidado del Señor manifiesta que estaba en la cruz por amor a nosotros, no eran los clavos los que le sostenían, sino su amor. El sacrificio del Señor es eficaz porque fue por amor y para que por medio de él experimentemos el amor de Dios hacia nosotros los pecadores.

  1. SUSTITUCIÓN.

 “ELI, ELI, ¿LAMA SABACTANI? ESTO ES: DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO?” (Mateo 27.46)

A partir de las doce del día y hasta las tres de la tarde hubieron tinieblas, no había luz solar. Era la manifestación de que el Padre había dejado al Hijo. Debemos recordar que Cristo estaba pagando el infierno que nuestros pecados merecían; y debemos saber que uno de los castigos del infierno es la separación de Dios. Por ello el Padre dejó al Hijo.

Fue entonces cuando el Señor preguntó ¿por qué me has desamparado? Qué dolor para Cristo separarse del Padre cuando han estado juntos por la eternidad. La pregunta de Cristo refleja además dos cosas. Primero la convicción de Cristo de que era del Padre. Y segundo que su muerte tenía un propósito que mantuvo al Señor firme. Sustitución. El Señor estaba ocupando nuestro lugar. La pregunta de Jesús pide una respuesta nuestra, y la respuesta es: gracias Señor, estuviste solo en la cruz por mí, porque llevaste mis pecados y los borraste. Otra razón por la cual su sacrificio es eficaz para nuestra salvación; es porque nos sustituyó; porque nosotros no podíamos hacer el pago por nosotros mismos, pues somos pecadores. Un paño sucio no puede limpiar la suciedad.

  1. PAGO.

 “SED TENGO” (Juan 19.28)

El Señor había sido arrestado la noche anterior. Y toda la noche estuvo siendo llevado a varios lugares; fue azotado, escarnecido con la corona de espinas, y clavado en un madero. Todo lo anterior produjo una terrible sed en el Señor. Era una sed insoportable; el Señor no era un hombre que se quejara; pero esto era infernal y dijo: sed tengo. Lo mismo dijo el rico en el infierno. Aquí una prueba más de que realmente el Señor estaba ocupando nuestro lugar, y estaba pagando por nuestros pecados; sufriendo el infierno de la cruz.

La sed del Señor también era espiritual; como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti el alma mía, Salmo 42.1,2. El Señor ya ansiaba estar nuevamente con el Padre. Sin embargo no abandonaba su misión por amor a nosotros, pues quiso pagar completamente nuestros pecados. Es interesante ver que Dios, para perdonar nuestros pecados, los pagó por medio del sacrificio de su Hijo Jesucristo; de esta manera su ley fue cumplida. Por eso en Cristo somos justificados, es decir hechos cumplidores de la ley de Dios. Por eso su muerte es eficaz, todo esta pagado.

  1. CUMPLIMIENTO.

 “CONSUMADO ES” (Juan 19.30)

Al Señor le dieron a beber una bebida de soldados, un vino agrio. Una vez que el Señor tomó dijo: Consumado es. Estas palabras declaraban que el Señor ya había cumplido su misión. Estaba satisfecha la ley contra nuestros pecados. También estaban cumplidas al pie de la letra todas las leyes ceremoniales. Habían sido cumplidas todas las profecías tocante al Mesías Salvador en su primera venida. Y  por lo tanto estaba terminada la obra de expiación de nuestros pecados.

Cristo había cumplido con la voluntad de su Padre. El primer hombre no pudo guardar obediencia; pero Cristo, el segundo Adam sí pudo, y fue obediente hasta la muerte de cruz. De esta manera la salvación que Cristo nos ofrece es total, no a medias. Cristo no salva parcialmente, cuando él salva, nos asegura una nueva identidad como hijos de Dios, y un lugar en el reino de su Padre. Por eso la muerte de Cristo es eficaz porque el Señor cumplió con todo, si en algo el Señor hubiera fallado, si alguna ley o profecía hubiera quedado sin cumplir, todo hubiera sido un fracaso. Pero gracias a Dios que no fue así.

  1. CASA ETERNA.

 “PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lucas 23.46)

Antes de morir nuestro Salvador dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Luego inclinó la cabeza, y expiró. Cuando una persona muere las cosas suceden de manera invertida. Pero nuestro Señor inclinó primero su cabeza para que entendamos que él murió porque quiso dar su vida por nosotros. Cristo no fue derrotado en la cruz, sino que Cristo fue Vencedor en ella, tuvo el poder para dar su vida en rescate de la nuestra, Juan 10.17-18.

El Señor al encomendar su espíritu al Padre nos enseña que al morir fue al cielo, a cumplir la promesa hecha al malhechor arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Qué maravillosa habrá sido la entrada del Señor al reino celestial, sin duda que fue llena de alabanza de los ángeles y santos. Por otra parte el Señor encargó su espíritu porque sabía que había de regresar para levantarse de la sepultura, y culminar la obra de redención. Lo que aprendemos de estas palabras es que por medio de Jesús tenemos la bendición de saber que nuestro espíritu está seguro, y que realmente llegaremos a nuestra morada en la Casa del Padre Celestial; o que vivamos, o que muramos, del Señor somos, Romanos 8.14. En Cristo podemos decir: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Conclusión:

Si estamos enfermos y nos recetan un medicamento eficaz, es un hecho de que no seremos sanados por muy bueno que sea el medicamento, sino hasta el momento en que se nos administre.

El sacrificio del Cordero de Dios es eficaz, para salvar nuestras vidas, porque sirve para:

  • Perdonar nuestros pecados
  • Experimentar el amor de Dios
  • Salvarnos
  • Pagar nuestros pecados,
  • Sustituirnos, ocupar nuestro lugar.
  • Cumplir la ley de Dios.
  • Darnos seguridad de que llegaremos a nuestra casa eterna.

Pero es necesario que cada uno de nosotros reconozca sus pecados, los confiese a Dios, le pida perdón y se aparte de sus pecados. Es necesario que creamos en Cristo como el Único Medio provisto por Dios para lavarnos de nuestros pecados y darnos vida eterna. Que le digamos de todo corazón a Cristo que nos acepte, que creemos en él, que deseamos que nos salve. Entonces Dios aplicará los beneficios de la obra salvadora de Jesucristo en nuestras vidas.

Le invitamos a que disfrute de esta bendición. Si usted ya es salvo, le invitamos a que siempre tengamos presente esta obra de amor de Dios. De manera que vivamos en humildad y gratitud, adorando y sirviendo siempre al Señor que nos ha dado vida eterna

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