Archivos diarios: 25/03/16

La resurrección de nuestro Redentor

“EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y OBRA DEL SEÑOR JESUCRISTO”

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DOMINGO                         “LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO REDENTOR”

 TEXTO: 1 Corintios 15.20.

 PROPÓSITO: Enseñar que el Señor Jesucristo resucitó por el poder del Espíritu Santo. Y que el mismo Espíritu de Dios, habrá de resucitar a los que hayan muerto en Cristo. Para que demos al Espíritu Santo la honra y la gloria, pues hemos aprendido durante esta semana que sin su obra no seríamos salvos. Y demos gracias a Dios que nos redimió en alma y cuerpo.

 INTRODUCCIÓN: Desde el mismo día de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, muchos  han negado que Jesucristo se levantó de la sepultura; pero como se trata de un hecho real, fundamentado con muchas evidencias; realmente no se puede refutar. San Pablo en su primer carta a los Corintios nos da pruebas de la resurrección del Señor, y nos dice que por lo tanto debemos creer con firmeza que nuestro Salvador venció la muerte, y que es primicia de los que han muerto creyendo en el Mesías como su Salvador. Veamos algunos aspectos importantes de la resurrección de nuestro Redentor.

LA MUERTE DEL SEÑOR JESÚS, Juan 19.30-34.  

Después de que el Señor dijo la séptima palabra, inclinó la cabeza y dio el espíritu. Él no murió como todos los hombres, que dan el espíritu y luego inclinan la cabeza; porque Jesús puso su vida, no le fue arrebatada. Algunos han dicho que el Señor Jesucristo no murió realmente, sino que quedó desmayado, y al recobrar la consciencia dijo haber resucitado. Pero tal cosa es imposible. La crucifixión siempre terminaba con la muerte. Recordemos que el Señor fue crucificado por soldados romanos expertos en éste horrendo método de muerte.

 Además la Palabra de Dios dice que como ya se acercaba el sábado, y la ley impedía que los cuerpos quedaran en la cruz, Deuteronomio 21.13; los judíos pidieron a Pilato que se quebraran las piernas a los crucificados. Así lo hicieron los soldados romanos a los dos hombres que fueron crucificados a los lados del Señor, con el propósito de que sus cuerpo se vencieran y murieran asfixiados. Pero no lo hicieron al Señor Jesús porque vieron que estaba muerto. Pero también un soldado abrió el costado del Señor con una lanza, causando una herida grande, Juan 20.27.

El apóstol Juan, señala que al ser traspasado el cuerpo de nuestro Salvador, salió sangre y agua, evidencia médica de que el Señor realmente había muerto; sino fuera así solo hubiera brotado sangre. El proceso de crucifixión que comenzaba con los azotes, hacía de la piel y tendones fueran destrozados, que brotaran los órganos internos; muchos morían siendo azotados. No se puede decir que el Señor solamente quedó desmayado en la cruz.

Por otra parte, el cuerpo de nuestro Salvador fue sepultado conforme a la costumbre judía. Se ungía el cuerpo con ungüento, y se envolvía completo con lienzos; esto se repetía varias veces. El cuerpo del Señor fue sepultado con la dignidad de Rey, fue ungido con unos 37 litros de ungüento, y envuelto en lienzos. Posteriormente fue colocado en un sepulcro el cual fue sellado con una gran piedra, Juan 19.38-42. Todo esto es evidencia de que el Señor Jesús, sí murió para pagar nuestros pecados.

 EL PRIMER DÍA DE LA SEMANA, Juan 20.1-8.

Este pasaje nos enseña que el primer día de la semana, cuando todavía estaba obscuro, María Magdalena fue al sepulcro, y vio que la piedra había sido quitada. Se requería de unos 10 hombres para remover una de estas piedras. La piedra no estaba porque el Señor Jesús había resucitado. Algunos dicen que el Señor no cumplió con el tiempo de sepultura de tres días y tres noches como dijo, Mateo 12.38-40. Es verdad que su cuerpo estuvo en el sepulcro una fracción del viernes, el sábado completo, y una fracción del primer día de la semana. Pero debemos contar el tiempo como lo hacían los judíos, una fracción del día se contaba como el día completo.

María Magdalena informó a Pedro y Juan que se habían llevado el cuerpo del Señor, y no sabían donde se encontraba. No habían escuchado al Señor que les dijo que iba a morir, pero que resucitaría al tercer día. No escucharon porque en sus mentes no cupo la doctrina de la muerte y resurrección del Señor, ya que ellos también estaban confundidos como los demás judíos que esperaban que Jesús daría un golpe de estado. Es importante que oremos para que entendamos la Palabra de Dios de la manera como él la ha revelado, y no ajustándola a nuestros paradigmas. La Palabra de Dios, no es una revelación subjetiva, sino la revelación objetiva de Dios.

Juan llegó primero al sepulcro, y vio los lienzos echados. Luego Pedro vio los lienzos echados, y el sudario que había estado en la cabeza del Señor, envuelto en un lugar aparte. Posteriormente Juan entró y al ver nuevamente los lienzos, creyó que el Señor había resucitado. ¿Por qué?.  Si alguien hubiera robado el cuerpo del Señor, los lienzos no estarían en el sepulcro. Si le habían robado, quitando al Señor los lienzos, estarían desenredados, pero estos seguían envueltos. Así es que Juan pudo ver que el Señor realmente había vencido a la muerte y había salido del sepulcro.

 POR EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO, Romanos 8.11.

 La resurrección del Señor Jesús es un hecho grandemente portentoso. Ya que el cuerpo del Señor fue destrozado en la cruz del calvario. Sin embargo, nuestro Señor se levantó del sepulcro con su mismo cuerpo, pero transformado, perfecto, glorificado. Solamente con las marcas en sus manos y costado para que sus discípulos vieran que realmente era su Maestro. Incluso vemos que al principio María Magdalena no le reconoció, porque la última imagen que tenía en su mente del Señor, era la de su cuerpo herido, Juan 20.11-16.

¿Cómo pudo suceder el milagro de la resurrección del Señor? El apóstol san Pablo, al escribir a los romanos, nos enseña que fue el Espíritu Santo, quien con su poder levantó a nuestro Señor Jesús de los muertos. La resurrección de Jesucristo es muy importante, ya que si no hubiera ocurrido, significaría que su muerte no sirvió para pagar nuestros pecados. Pero toda vez que su sacrificio satisfizo toda la ley de Dios. El Espíritu Santo, quien le engendró, también le resucitó.

El apóstol agrega que el Espíritu Santo también resucitará a todos los que mueran, teniendo su presencia en sus vidas, es decir a todos los creyentes en Cristo. Será cuando Cristo venga a las nubes por su iglesia. Entonces los cuerpos de los que murieron en Cristo, serán levantados y unidos a las almas de los redimidos. Serán cuerpos perfectos, sin corrupción, glorificados. Los que estén vivos también serán hechos perfectos en alma y cuerpo, para disfrutar de la presencia del Señor, 1 Tesalonicenses 4.13.18. Por lo tanto los creyentes no debemos temer a la muerte, pues Cristo ya la venció, 1 Corintios 15.54-58.

 HERMANOS: A lo largo de esta semana hemos aprendido que el Espíritu Santo tuvo una participación muy activa en la vida y ministerio de nuestro Redentor Jesucristo. También aprendimos que el Espíritu Santo, es quien aplicó en nuestra vida la obra redentora del Hijo de Dios, para que podamos ser salvos.

Hay motivos para vivir agradecidos al Dios Trino y uno que nos rescató con poder y amor. La forma de demostrar este agradecimiento en llenando nuestras vidas del Espíritu del Señor, y no contristarlo, sino que Él sea juntamente con el Padre y el Hijo, Honrado, Adorado, y Glorificado por medio de nuestra vida.

El mensaje de las 7 Palabras

“EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y OBRA DEL SEÑOR JESUCRISTO”

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VIERNES                                              “EL MENSAJE DE LAS 7 PALABRAS”

Propósito: Predicar que el mensaje de nuestro Salvador Jesucristo en la Cruz nos enseña que su sacrificio es eficaz para lavar nuestros pecados y darnos vida eterna. Para que todos los creyentes tengamos la paz de saber que realmente en Cristo hemos sido reconciliados con Dios.

Introducción: Los sacrificios del Antiguo Testamento solamente fueron figuras del sacrificio perfecto de Cristo. Por eso es que se tenían que repetir todos los días. En cambio el sacrificio de Cristo es perfecto, por eso sólo fue necesario una vez; pues es eficaz para lavar todo pecado, Hebreos 9.28. El sacrifico de Jesús es eficaz porque en el hallamos:

  1. PERDÓN.

 “PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” (Lucas 23.34)

Había muchos a quienes condenar. A los sacerdotes y ancianos, los autores intelectuales de su muerte. A los judíos por rechazarle. A los romanos por condenarle de manera injusta, y por llevar a cabo la crucifixión. A Pilato por su falta de valor. A Judas por traicionarle y venderle. A sus discípulos por abandonarle. Ninguno de ellos sabía lo que hacía pues no habían entendido que Jesús era el Cristo que vino a perdonar nuestros pecados con su muerte cruenta. Aunque sí eran culpables de sus actos, pues Jesús les dio muchas evidencias de su divinidad y propósito. Por otra parte la ignorancia no quita la responsabilidad a nadie, porque todos tenemos el deber de investigar para no errar.

Sin embargo el Señor oró al Padre que los perdonara. Jesucristo había enseñado a sus discípulos a perdonar aun setenta veces siete, y este era el momento exacto para predicar con el ejemplo. Dios escuchó la oración de su Hijo, él perdonó a muchos de aquellos culpables. Muchos de ellos se convirtieron después, según Hechos 2. Qué maravilla cuando el Señor intercede, es escuchado. Jesús tiene poder para perdonar pecados, 1 Juan 2.1; y para ayudarnos a perdonar. Su muerte es eficaz porque con ella tenemos el perdón de nuestros pecados. El fundamento por el que el Señor pidió a su Padre que perdonara a los que no saben lo que hacen, es que Él estaba pagando esos pecados.

  1. SALVACIÓN.

 “DE CIERTO TE DIGO, QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO” (Lucas 23.43)

El Señor fue crucificado entre dos malhechores, dando a entender que era el peor de los criminales. Al principio los dos también le injuriaban; pero posteriormente uno de ellos le pidió que cuando estuviera en su reino de acordara de Él. Con estas palabras este hombre reconoció que era pecador, que Cristo era su Rey, y que podía darle un lugar en su Reino. Son palabras que dan testimonio de que aquel malhechor creía en Cristo como su Salvador, y que tenía poder para librarle de la muerte eterna.

La respuesta de Cristo ofreció esperanza y salvación a aquel hombre arrepentido. Pero notemos el poder tan grande que hay en Jesús para salvar; el Señor le dijo que en ese mismo día, estaría con él en el paraíso. La salvación que Cristo da al hombre que cree en Él como su Salvador personal es: inmediata, pues a partir de ese momento ya es salvo, su nombre es escrito en el libro de la vida; y es segura, ya que la salvación no se pierde; pues se basa en la promesa de Dios, y Él no es hombre que mienta o se arrepienta.

  1. AMOR.

 “MUJER, HE AHÍ TU HIJO, HE AHÍ TU MADRE” (Juan 19.26,27)

Cuando el Señor fue arrestado sus discípulos huyeron llenos de temor. Sin embargo en el momento de la crucifixión, al pie de la cruz estuvieron entre otras personas, María la madre del Señor, y Juan su discípulo. Allí el Señor veló por no dejar desamparada a la mujer que fue el medio para que él se encarnara. Seguramente que José ya había sido llamado por Dios a su presencia; y como los hermanos del Señor no creían en él; Cristo dejó encargada a su madre con uno de sus discípulos, con su familia espiritual.

El Señor movido por el amor cumplió con un deber filial. Y lo mismo debemos hacer nosotros. La Palabra de Dios dice que si alguien no tiene cuidado de los de su casa, es peor que un incrédulo, y la fe negó. Debemos  atender por amor la vida de nuestros familiares. Si no lo hacemos y decimos que amamos a Dios somos mentirosos. Si Jesucristo estando en la Cruz pudo cumplir con este deber, nosotros también podemos y debemos cuidar, y amar a la familia que Dios nos ha dado. Este cuidado del Señor manifiesta que estaba en la cruz por amor a nosotros, no eran los clavos los que le sostenían, sino su amor. El sacrificio del Señor es eficaz porque fue por amor y para que por medio de él experimentemos el amor de Dios hacia nosotros los pecadores.

  1. SUSTITUCIÓN.

 “ELI, ELI, ¿LAMA SABACTANI? ESTO ES: DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO?” (Mateo 27.46)

A partir de las doce del día y hasta las tres de la tarde hubieron tinieblas, no había luz solar. Era la manifestación de que el Padre había dejado al Hijo. Debemos recordar que Cristo estaba pagando el infierno que nuestros pecados merecían; y debemos saber que uno de los castigos del infierno es la separación de Dios. Por ello el Padre dejó al Hijo.

Fue entonces cuando el Señor preguntó ¿por qué me has desamparado? Qué dolor para Cristo separarse del Padre cuando han estado juntos por la eternidad. La pregunta de Cristo refleja además dos cosas. Primero la convicción de Cristo de que era del Padre. Y segundo que su muerte tenía un propósito que mantuvo al Señor firme. Sustitución. El Señor estaba ocupando nuestro lugar. La pregunta de Jesús pide una respuesta nuestra, y la respuesta es: gracias Señor, estuviste solo en la cruz por mí, porque llevaste mis pecados y los borraste. Otra razón por la cual su sacrificio es eficaz para nuestra salvación; es porque nos sustituyó; porque nosotros no podíamos hacer el pago por nosotros mismos, pues somos pecadores. Un paño sucio no puede limpiar la suciedad.

  1. PAGO.

 “SED TENGO” (Juan 19.28)

El Señor había sido arrestado la noche anterior. Y toda la noche estuvo siendo llevado a varios lugares; fue azotado, escarnecido con la corona de espinas, y clavado en un madero. Todo lo anterior produjo una terrible sed en el Señor. Era una sed insoportable; el Señor no era un hombre que se quejara; pero esto era infernal y dijo: sed tengo. Lo mismo dijo el rico en el infierno. Aquí una prueba más de que realmente el Señor estaba ocupando nuestro lugar, y estaba pagando por nuestros pecados; sufriendo el infierno de la cruz.

La sed del Señor también era espiritual; como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti el alma mía, Salmo 42.1,2. El Señor ya ansiaba estar nuevamente con el Padre. Sin embargo no abandonaba su misión por amor a nosotros, pues quiso pagar completamente nuestros pecados. Es interesante ver que Dios, para perdonar nuestros pecados, los pagó por medio del sacrificio de su Hijo Jesucristo; de esta manera su ley fue cumplida. Por eso en Cristo somos justificados, es decir hechos cumplidores de la ley de Dios. Por eso su muerte es eficaz, todo esta pagado.

  1. CUMPLIMIENTO.

 “CONSUMADO ES” (Juan 19.30)

Al Señor le dieron a beber una bebida de soldados, un vino agrio. Una vez que el Señor tomó dijo: Consumado es. Estas palabras declaraban que el Señor ya había cumplido su misión. Estaba satisfecha la ley contra nuestros pecados. También estaban cumplidas al pie de la letra todas las leyes ceremoniales. Habían sido cumplidas todas las profecías tocante al Mesías Salvador en su primera venida. Y  por lo tanto estaba terminada la obra de expiación de nuestros pecados.

Cristo había cumplido con la voluntad de su Padre. El primer hombre no pudo guardar obediencia; pero Cristo, el segundo Adam sí pudo, y fue obediente hasta la muerte de cruz. De esta manera la salvación que Cristo nos ofrece es total, no a medias. Cristo no salva parcialmente, cuando él salva, nos asegura una nueva identidad como hijos de Dios, y un lugar en el reino de su Padre. Por eso la muerte de Cristo es eficaz porque el Señor cumplió con todo, si en algo el Señor hubiera fallado, si alguna ley o profecía hubiera quedado sin cumplir, todo hubiera sido un fracaso. Pero gracias a Dios que no fue así.

  1. CASA ETERNA.

 “PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lucas 23.46)

Antes de morir nuestro Salvador dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Luego inclinó la cabeza, y expiró. Cuando una persona muere las cosas suceden de manera invertida. Pero nuestro Señor inclinó primero su cabeza para que entendamos que él murió porque quiso dar su vida por nosotros. Cristo no fue derrotado en la cruz, sino que Cristo fue Vencedor en ella, tuvo el poder para dar su vida en rescate de la nuestra, Juan 10.17-18.

El Señor al encomendar su espíritu al Padre nos enseña que al morir fue al cielo, a cumplir la promesa hecha al malhechor arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Qué maravillosa habrá sido la entrada del Señor al reino celestial, sin duda que fue llena de alabanza de los ángeles y santos. Por otra parte el Señor encargó su espíritu porque sabía que había de regresar para levantarse de la sepultura, y culminar la obra de redención. Lo que aprendemos de estas palabras es que por medio de Jesús tenemos la bendición de saber que nuestro espíritu está seguro, y que realmente llegaremos a nuestra morada en la Casa del Padre Celestial; o que vivamos, o que muramos, del Señor somos, Romanos 8.14. En Cristo podemos decir: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Conclusión:

Si estamos enfermos y nos recetan un medicamento eficaz, es un hecho de que no seremos sanados por muy bueno que sea el medicamento, sino hasta el momento en que se nos administre.

El sacrificio del Cordero de Dios es eficaz, para salvar nuestras vidas, porque sirve para:

  • Perdonar nuestros pecados
  • Experimentar el amor de Dios
  • Salvarnos
  • Pagar nuestros pecados,
  • Sustituirnos, ocupar nuestro lugar.
  • Cumplir la ley de Dios.
  • Darnos seguridad de que llegaremos a nuestra casa eterna.

Pero es necesario que cada uno de nosotros reconozca sus pecados, los confiese a Dios, le pida perdón y se aparte de sus pecados. Es necesario que creamos en Cristo como el Único Medio provisto por Dios para lavarnos de nuestros pecados y darnos vida eterna. Que le digamos de todo corazón a Cristo que nos acepte, que creemos en él, que deseamos que nos salve. Entonces Dios aplicará los beneficios de la obra salvadora de Jesucristo en nuestras vidas.

Le invitamos a que disfrute de esta bendición. Si usted ya es salvo, le invitamos a que siempre tengamos presente esta obra de amor de Dios. De manera que vivamos en humildad y gratitud, adorando y sirviendo siempre al Señor que nos ha dado vida eterna

Los milagros del Hijo de Dios

“EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y OBRA DEL SEÑOR JESUCRISTO”

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JUEVES                                        “LOS MILAGROS DEL HIJO DE DIOS”

TEXTO: Mateo 12.22-30.

PROPÓSITO: Enseñar que el Señor Jesucristo realizó milagros con el poder del Espíritu Santo, para dar evidencia de que es el Hijo de Dios quien vino para darnos entrada al reino de Dios. De forma que siempre recordemos que el Señor tiene poder infinito para hacer maravillas, todo lo pongamos en sus manos por medio de la oración, y esperemos la manifestación de su poder para honra y gloria de su Nombre.

INTRODUCCIÓN: Durante su ministerio terrenal, el Señor Jesucristo realizó muchos milagros. El primero de ellos fue el transformar el agua en buen vino, en las bodas de Caná. Antes, durante su infancia y adolescencia el Señor no realizó milagros como algunos dicen. Pero, ¿Cuál es la fuente de poder del Señor Jesús para hacer maravillas? Este es el tema de hoy.

UN ACTO DE SANACIÓN, 22-23.

Nuestro Salvador realizó diversos milagros. Sanó ciegos, paralíticos, gente con extremidades secas, resucitó muertos, multiplicó los alimentos, calmó la tempestad, entre otros. Pero en esta ocasión el Señor sanó a un endemoniado, echando de él al espíritu maligno. El espíritu inmundo hacía que aquella persona estuviera ciega y muda, qué condición tan limitada y triste. Cabe decir, que aunque los hombres no estén endemoniados, están ciegos y mudos espiritualmente. Además la Palabra de Dios nos dice que los hombres sin Dios, andan conforme al príncipe de este mundo, Efesios 2.2.

Los milagros  como este, que consistieron en expulsar demonios de las gentes, tuvieron un propósito particular. Fueron realizados por el Señor para demostrar, que él vino a destruir la obra de Satanás, que es el pecado y la muerte eterna. Destruir su obra; porque recordemos que Maligno y sus demonios, al revelarse contra Dios, ya fueron condenados, de hecho el fuego eterno fue preparado para el diablo y sus ángeles, Mateo 25.41.

Las gentes quedaron asombradas, al presenciar el milagro de nuestro Señor. Este milagro les dio luz para ver que Jesús no era un hombre común, de manera que preguntaron, si era el Hijo de David. Sin embargo, no hubo en ellos un reconocimiento contundente de Jesús como el Mesías de Israel. Porque a parte de que sus corazones estaban endurecidos, como la gente esperaba un Mesías que fuera un rico y poderoso libertador civil, que los librara del yugo romano; y como el Señor no encajaba en esto; no le reconocieron como su Cristo.

LA INCREDULIDAD DE LOS FARISEOS, 24-27.

Los fariseos, maestros de Israel, no podían negar la realidad del milagro de Jesús. Y la gente esperaba una respuesta de ellos, que confirmara si Jesús era el Mesías o no. Pero ellos movidos por la envidia, y porque veían en Jesús una amenaza para su prestigio y ganancias; respondieron de forma irrespetuosa y blasfema: “Este” no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub (señor de las moscas), príncipe de los demonios. Aquí vemos cuán duro, incrédulo, y necio es el corazón del hombre. Demos gracias a Dios porque así era nuestro corazón, pero el Espíritu de Dios nos transformó.

El Señor Jesús respondió que la declaración de los fariseos carecía de lógica. Si Satanás echa fuera a Satanás… ¿cómo, pues, permanecerá su reino?. El Maligno no lucha en contra de su reino de tinieblas, mas bien, los demonios se asocian para luchar en contra del pueblo de Dios, Efesios 6.12. Por lo tanto Jesús no echa demonios en nombre de Beelzebub. Los fariseos como maestros estaban reprobados, y avergonzados ante el pueblo. Es importante aprender la lección de nuestro Señor: una casa dividida no permanecerá. De manera que siempre procuremos la unidad de la iglesia por medio de la práctica del amor y respeto mutuos.

Las palabras de los fariseos también carecían de verdad. En aquellos días habían personas que echaban fuera demonios en el nombre de Jehová. Los fariseos enseñaban que estos actos de liberación, eran realizados por el Espíritu de Dios. Por eso el Señor preguntó: ¿vuestros hijos por quien los echan? Si los fariseos reconocían que aquellas personas echaban fuera demonios por el poder del Espíritu de Dios; entonces, ¿por qué cuando Cristo echaba fuera espíritus inmundos, atribuían estos milagros al príncipe de los demonios? Vemos que quedó manifiesta la falta de verdad, e hipocresía de los fariseos.

POR EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO, 28-30.

El Señor demostró que todos sus milagros, incluido el echar fuera demonios, fueron realizados por el poder del Espíritu Santo. Así también nuestro Salvador lo declaró con sus palabras, y todo esto fue el cumplimiento de la Palabra de Dios, Lucas 4.18. Los milagros fueron actos que dieron evidencia de que el Señor Jesucristo, es verdaderamente el Hijo de Dios, el Ungido enviado para salvar nuestras vidas del pecado y la muerte eterna. Por eso dijo el Señor que el reino de Dios ha llegado a nosotros.

Nuestro Salvador agregó que para saquear una casa, primero es necesario prender al valiente. Así el Señor Jesús echó fuera demonios, pero esto fue sólo el principio de su labor, pues a los liberados el Señor también les perdonó sus pecados y les dio vida eterna. Los milagros no fueron un fin en el ministerio del Señor, sino un medio para que la gente tuviera evidencia de que Jesucristo es el Único Salvador, y para que creyeran en Él y tuvieran vida eterna, Juan 3.16.

El que no es con el Señor, contra él es. Los fariseos no estaban con el Señor, aun cuando fueron testigos de los milagros e identidad de Jesús como el Mesías, prefirieron blasfemar atribuyendo sus maravillas al maligno. ¿Qué haremos nosotros ante el testimonio fiel de Jesucristo como el Único Salvador para nuestras vidas? Dios nos bendiga para creer en Jesucristo, de manera que seamos con él y no contra Él. Estar en Cristo es creer en él como nuestro Salvador y seguirle fielmente, ser sus discípulos.

HERMANOS:

El Señor Jesús sigue haciendo milagros. Pero No como las sectas enseñan, ellas hablan de milagros a nuestro gusto y placer; sino milagros conforme a la voluntad de Dios, y para testimonio de la realidad y veracidad de nuestro Señor Jesucristo.

Si usted requiere de algún milagro, pida con fe al Señor, y espere en el poder y soberanía de Dios. Él le contestará conforme a su voluntad, pues para el Espíritu Santo todas las cosas son posibles.

Por otra parte, el más grande milagro, que el Señor desea hacer en nuestras vidas, por medio del Espíritu Santo, es transformar nuestro corazón y darnos vida eterna. Dios le llama a apartarse de sus pecados y creer en Cristo como su Salvador, para librarle del pecado y de la separación eterna de Dios. Le invitamos a que atienda con sinceridad este llamado de Dios y sea salvo, sea parte de la familia de Dios, y tenga una morada en el reino de Dios.

Al igual que en el Señor Jesucristo. El Espíritu Santo da a los hijos de Dios o creyentes en Cristo, poder, y dones para servir a Dios, 1 Corintios 12.4-11. Use los dones que ha recibido para la honra y gloria de Dios.

El bautizo del Señor Jesús

“EL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y OBRA DEL SEÑOR JESUCRISTO”

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MIERCOLES                                          “EL BAUTIZO DEL SEÑOR JESÚS”

TEXTO: Mateo 3.13-17

PROPÓSITO: Enseñar que el Señor Jesús fue bautizado de Juan como un símbolo del Bautizo del Espíritu Santo, para Ungirle de poder en su ministerio terrenal. Y que nosotros somos bautizados como símbolo de que hemos sido lavados por el Espíritu Santo con la sangre de Jesucristo. Para motivar a los que aun no han sido bautizados a que cumplan con este privilegio.

INTRODUCCIÓN: La palabra bautizo, ha sido transliterada, del griego al español. En español decimos “yo bautizo”; en griego se dice “baptizo”; como vemos no se ha traducido. La palabra Bautizo, tiene varios significados: lavar, mojar, rociar, sumergir. Pero se emplea más en el sentido de lavar. Hoy veremos que el Señor Jesucristo también fue bautizado, y aprenderemos el propósito de este acto.

EL BAUTIZO DE JUAN, 13-15.

Los judíos tenían la tradición del bautizo, o lavamiento, de las manos y objetos, no solamente como un acto de higiene física sino también de purificación espiritual; por eso mientras se lavaban las manos elevaban oración. Recordemos que los discípulos fueron criticados por comer sin lavarse las manos, Marcos 7.1-4. Cuando Juan comenzó su ministerio predicando arrepentimiento de pecados porque el reino de los cielos se ha acercado,  preparando así el camino para el Señor Jesús; usó el bautizo o lavamiento en agua para los arrepentidos, como una figura del bautismo que el Señor Jesús establecería más adelante.

El Señor Jesús se trasladó de Galilea al desierto de Judea donde Juan bautizaba, para ser bautizado. Entendiendo Juan que Jesús es Dios, se reusaba bautizarle. Nos preguntamos, ¿por qué Jesús fue a Juan para ser bautizado, si él no tenía pecado?. Jesús no fue bautizado para ser lavado de pecados, sino como él dijo para cumplir toda justicia o ley de Dios, Mateo 5.17. La Palabra del Señor nos enseña que los reyes, profetas y sacerdotes debían ser ungidos con aceite para iniciar su oficio, 1 Reyes 19.15-16; Éxodo 30.30. Jesús sería ungido no con aceite, sino por el Espíritu Santo; el bautizo de Juan a Jesús fue un símbolo del bautizo del Espíritu de Dios. Por eso se llama al Señor Jesús, el Mesías o Cristo, que significa Ungido.

Así el Señor Jesucristo fue bautizado por Juan en el río Jordán. Algunos dicen que el Señor fue sumergido y que por eso el bautismo cristiano debe hacerse por inmersión. Pero si la forma fuera determinante para dar validez al bautismo, la Palabra de Dios lo especificaría. Como hemos dicho, la palabra bautizo, tiene varios significados. Y en todo caso la Palabra de Dios nos da luz sobre el bautismo por rociamiento, por las siguientes razones: 1, Israel fue bautizado por rociamiento en el mar rojo, 1 Corintios 10.2; 2, la sangre de los becerros, que simbolizó la sangre de Cristo, se rociaba sobre el pueblo, Hebreos 9.19; 3, el Espíritu Santo, vino al Señor Jesús y a la iglesia, de arriba, en figura de rociamiento, Marcos 1.10, Hechos 2.3.  Pero como ya lo dijimos la forma no es determinante; lo importante es que se realice en en nombre de la Trinidad, Mateo 28.19.

POR EL ESPÍRITU SANTO, 16-17.

En el momento que el Señor Jesucristo fue bautizado en el Jordán, los cielos fueron abiertos, y el Espíritu Santo descendió como paloma sobre Él. Esto fue para ungir al Señor, entre otros, con los propósitos siguientes: 1, facultarle para iniciar sus oficios. 2, darle poder para predicar la Palabra de Dios, y realizar milagros. El Espíritu Santo descendió como paloma, para anunciar: 1, Gracia. La paloma desciende de forma lenta en comparación del águila que lo hace de forma abrupta. Cristo vino lleno de gracia, para librarnos de la dureza de la ley. 2, Sustitución. La paloma era el ave aceptada como sacrificio; Cristo vino para morir en nuestro lugar. 3, Paz. La paloma es símbolo de paz, Cristo vino para reconciliarnos con Dios y darnos paz, Romanos 5.1.

También se escuchó la voz del Padre que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento. El bautismo también es una señal de identidad. Como podemos ver el bautizo del Señor Jesús, también sirvió para anunciar su identidad, Él es el Hijo amado de Dios. Son una satisfacción para nosotros las palabras: “en el cual tengo contentamiento”; porque significan que todo marchaba bien, Jesús estaba cumpliendo bien la voluntad de su Padre, estaba realizando bien su misión. El bautizo del Señor Jesús nos recuerda que él vino para que nosotros seamos lavados de todo pecado. Y es grato saber que el Señor cumplió de forma perfecta con este propósito.

Jesús es el Hijo amado de Dios. Para que nosotros seamos agradables a Dios, para que él tome contentamiento en nuestras vidas, necesitamos de Jesucristo. Solamente si el Hijo de Dios mora en nosotros, podremos agradar al Padre Celestial. No es por medio de obras que se agrada a Dios, ni de una vida religiosa; sino por medio de Jesucristo. Ninguna persona sin Cristo es agradable a Dios, Efesios 1.6.

ANUNCIÓ EL BAUTIZO PARA NOSOTROS, Juan 1. 29-34.

Juan el Bautista, tuvo la misión de preparar el camino para el Señor. Su bautizo fue una figura del bautismo que el Señor estableció después. Por ello es que los que fueron bautizados por Juan, volvieron a ser bautizados, Hechos 19.1-5. Juan reconoció y enseñó que él solamente era el precursor de Jesús. En Juan 1.29-34, podemos ver que el Bautista reconoció la divinidad de Jesucristo, y que él bautizaría con Espíritu Santo.

El bautizo del Señor Jesucristo fue también un anuncio del bautizo por el Espíritu Santo para nosotros. Antes de ascender nuestro Salvador, estableció el bautismo en el nombre de la Trinidad, como un símbolo de que los creyentes son bautizados-lavados por el Espíritu Santo de sus pecados, Marcos 16.16. El Espíritu Santo nos bautiza o lava de nuestros pecados con la sangre de Cristo, en el momento que nos llama eficazmente, cuando nos regenera, implanta vida en nosotros, nos lleva a arrepentimiento de pecados, pone fe para que creamos en Cristo; y aplica a nuestra vida el pago que Jesucristo hizo de todos nuestros pecados.

El bautizo con agua que se administra a los creyentes, es un símbolo de lo que el Espíritu Santo ya hizo la vida de los hermanos. Sirve para confirmar la fe, y para afirmar la nueva identidad de los bautizados; somos hijos de Dios, pertenecemos a la familia del Señor. Se realiza en el nombre de la Trinidad porque cada una de las Personas divinas participan activamente en el plan de redención. El Padre nos dio a su Hijo; el Señor Jesús murió y resucitó pagando nuestros pecados. El Espíritu Santo, aplica la obra de Cristo en nuestras vidas y nos sostiene hasta llegar a las moradas eternas.

HERMANOS: El Señor Jesucristo fue bautizado para ser dotado de poder por el Espíritu Santo y llevar a cabo la obra de Redención en su muerte y resurrección.

Somos salvos porque hemos sido bautizados por el Espíritu de Dios. Pero si alguno no ha sido bautizado con agua en el nombre de la Trinidad, como un símbolo del lavamiento del Señor. Está pasando por alto un privilegio muy especial. No se prive de esta bendición

Si ya hemos sido bautizados por el Espíritu Santo, y se nos ha administrado el bautismo cristiano, vivamos conforme a nuestra identidad, somos hijos de Dios, criados en Cristo para buenas obras, Efesios 2.10.

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