CULTIVANDO…

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“CULTIVANDO LA FE EN CRISTO Y AMOR AL PRÓJIMO”

Del tema general “Cultivando el fruto del Espíritu Santo en nuestros hogares”.

Gálatas 5.22.

“Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe”

EL ESPÍRITU SANTO, Juan 14.16.

 El Espíritu Santo es Dios, por lo tanto tiene las mismas perfecciones que el Padre y el Hijo; la Palabra de Dios nos presenta la Divinidad del Espíritu Santo, (Hechos 5.3,4). El Espíritu Santo es Infinito, es decir que no tiene límites, (Salmo 139.7,8). Es eterno, no tiene principio ni fin, (Hebreos 9.14). Es inmutable, es decir que no cambia, (1 Juan 5.7 y Santiago 1.17).

El Espíritu Santo es una persona divina. Las sectas dicen que el Espíritu Santo es una fuerza o energía de Dios, que no es una persona divina. Pero las Escrituras con toda claridad nos enseñan que Él es una persona. Las personas tenemos tres cualidades: sentimos, pensamos, y elegimos. San Pablo nos dice que no debemos contristar al Espíritu Santo porque Él es una persona, tiene sentimiento, (Efesios 4.30). El Espíritu Santo también elige, por ejemplo escogió a Pablo y Bernabé para la obra misionera, (Hechos 13.1,2). Y es inteligente, pues Él es nuestro Maestro, (Juan 16.13).

El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Trinidad, (Mateo 28.19). Así lo presenta la Revelación de Dios. Pero esto no significa que Él sea inferior al Padre o al Hijo.  Pues las tres personas divinas tienen las mismas perfecciones. Simplemente es la forma como la Trinidad se ha organizado para hacer todo en armonía. Algunos dicen que fue el hombre quien creo a Dios. Es verdad que los hombres han creado dioses; pero éstos son tan imperfectos como sus hacedores: se pelean entre ellos, tienen esposas, pasiones y debilidades. El Dios Verdadero Trino y Uno es perfecto. Un Dios perfecto no puede venir de una mente imperfecta. La Trinidad ha existido por la eternidad en perfecta unidad y armonía.

El Espíritu Santo es el Vicario de Cristo, es decir quien está con nosotros en lugar del Señor Jesús, (Juan 14.26). Por lo tanto todo aquel que dice estar en lugar de Cristo en la tierra es un blasfemo, pues se está haciendo pasar por Dios.

EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO, Romanos 8.30.

El Espíritu Santo se encarga de aplicar la obra redentora de Cristo en la vida de los predestinados por Dios para salvación. Él nos llama eficazmente a la vida eterna con Dios. Para esto  implanta vida en los elegidos (Ezequiel 36.26,27; Juan 3.3); renueva su voluntad (Filipenses 2.13); da entendimiento de la Palabra de Dios (1 Corintios 2.10; 2 Corintios 4.6); y capacita para recibir la gracia salvadora de Dios (Hechos 16.13-15). De esta manera el Espíritu Santo nos lleva al reconocimiento y arrepentimiento de pecados; y pone fe en nosotros para creer en Cristo como nuestro Salvador de nuestros pecados y la muerte eterna.

El Espíritu Santo también nos justifica para que seamos perdonados por medio de la justicia o cumplimento de la ley que Cristo hizo para nosotros, (Romanos 5.1;8.1). Nos adopta como hijos de Dios, y nos hace herederos de su reino, (Romanos 8.15-17). Nos santifica, es decir que día a día el Espíritu Santo nos aparta del pecado, (2 Corintios 3.18). Así mismo el Espíritu Santo nos ha de glorificar, es decir nos hará perfectos para entrar a la presencia de Dios.

Por otra parte dice el apóstol Pablo en la Carta a los hermanos de Galacia, que el Espíritu Santo pone su fruto en nuestra vidas. Observemos que no dice frutos, sino fruto. Algunas veces nosotros decimos, los frutos del Espíritu Santos son… Pero la palabra “fruto” nos habla de Poder. Es como decir, mira lo que un fruto del Espíritu Santo produce en nosotros: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, fe… El Espíritu Santo es Poder en nuestras vidas (Hechos 1.8). Por lo tanto no podemos justificarnos y decir “no puedo”; no puedo perdonar, pedir perdón, servir, ayudar, dar; con el Poder del Espíritu Santo, sí podemos.

CULTIVANDO EL AMOR FRATERNAL, 1 Juan 4.7.

Parte del fruto del Espíritu Santo es caridad. Caridad es amor. Se refiere al amor de Dios. Las Escrituras nos dicen que una de las perfecciones de Dio es el amor, Él es amor, (1 Juan 4.16). Su amor se manifiesta en todas sus obras, y en especial en su obra salvadora. Porque siendo nosotros pecadores, Dios nos dio a su Hijo para que muriera en nuestro lugar y nos diera vida eterna (Juan 3.17; Romanos 5.8).

Si somos sus hijos entonces también debemos amar a nuestros prójimos. El amor fraternal es una evidencia de salvación en la vida de los cristianos. Veamos como debemos practicar este amor:

  1. El amor es una respuesta al mandamiento de Dios. Él nos manda amar porque ha puesto por medio del Espíritu Santo su fruto que produce amor en nuestro corazón. Nos pide amar porque sabe que ahora podemos hacerlo. El amor es un sentimiento, pero también es obediencia, es una decisión de hacer lo que Dios nos pide.
  2. El amor es con iniciativa. Dios nos amó primero (1 Juan 4.19). Como sus hijos debemos ser proactivos, no esperar a que los demás nos den muestras de amor.
  3. El amor fraternal es incondicional. Si alguien nos ofende o lastima no podemos decir: “ya no te amo”. El verdadero amor nunca deja de ser.
  4. El amor fraternal se demuestra con hechos. Así como una fe sin obras es muerta; también el amor sin hechos es muerto. El amor debe manifestarse en palabras de afirmación, en servicio, en ayuda, en respeto, entre otros.

Mientras más ferviente sea nuestra comunión con Dios, mejor podremos practicar el amor fraternal, pues es parte del fruto del Espíritu del Señor en nuestras vidas.

CULTIVANDO LA FE EN CRISTO, Efesios 2.8.

La fe también es parte del fruto del Espíritu Santo. La fe es un don que Él pone en nosotros para creer que Jesucristo como nuestro Salvador; para creer en Dios y su Palabra.

La fe es un medio para salvación y para que Dios haga maravillas en nuestras vidas, (Hebreos 11.6). Por eso el Maligno  ataca la fe. Lo hace sembrando falsas enseñanzas; y dudas acerca de Dios y su Palabra que genera especialmente por medio de la tribulación. En momentos difíciles es cuando solemos preguntarnos si es verdad lo que Dios nos promete en la Biblia. Con toda razón san Pablo nos dice que debemos tener listo el escudo de la fe, (Efesios 6.16).

Para bendición nuestra la fe puede fortalecerse, cultivarse. Por medio de la lectura, meditación y estudio de la Palabra de Dios, (Romanos 10.17). A través de la oración, por ello los discípulos pidieron a Cristo que les aumentara la fe, (Lucas 17.5; Mateo 26.41; Lucas 18.1). También podemos fortalecer la fe por medio del canto, pues los himnos tienen contenido bíblico y doctrinal, (Colosenses 3.16).

En otras palabras la fe se fortalece por medio de la comunión con Dios disfrutando de todos los medios de gracia, porque es parte del fruto del Espíritu Santo.

HERMANOS:

La Palabra de Dios nos dice que si vivimos en el Espíritu, también debemos andar en Él. Practiquemos el amor fraternal con los hermanos de la Iglesia y con nuestros prójimos. No debemos continuar con pleitos, indiferencias, chismes, enviadas; pues estas cosas son obras de la carne. Pero nosotros tenemos el fruto del Espíritu Santo, que es infinitamente más poderoso que las obras de la carne.

Vivamos en fe. No queremos escuchar más: “no se va a poder”, “quien sabe”, “tal vez Dios no cumpla su Palabra”. Pero es necesario fortalecer esta fe; por lo tanto seamos responsables y disfrutemos de la bendición de todos los cultos y actividades que son medios para tener listo el escudo de la fe con que podamos apagar los darnos de fuego del maligno.

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