Corazones agradecidos

 

gratitud

Mensaje en Audio 31 de diciembre 2015

1 Tesalonicenses 5.18.

“Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”

Una noche nos detuvimos para comprar unos antojos en un puesto a pie de carretera. Al agradecer a la persona que nos atendió y decirle que había estado muy rico, nos volvió a servir. Al pagar no nos cobró lo segundo; la gratitud tiene un gran impacto.

Al estar en el último día del año, es momento de agradecer. ¿Qué tan agradecidos somos? Hace cuánto, o cada cuanto decimos:

Gracias por la comida. Gracias por trabajar fuerte y proveer para nuestras vidas. Gracias por acompañarme en este viaje de la vida. Gracias por las enseñanzas. Gracias por ayudarme.

Hoy es un día para agradecer y aprender a tener un corazón agradecido toda la vida.

GRATITUD A DIOS Colosenses 4.2.

En primer lugar debemos dar gracias a Dios en oración. Con palabras sinceras siempre al orar debemos agradecer a Dios por todo lo que permite en nuestras vidas; debe ser por TODO. Por las cosas buenas, por ejemplo: Por la salvación (motivo para estar agradecidos y contentos todos los días); su presencia en nuestras vidas; su Palabra, sus cuidados; su provisión.

Debemos estar agradecidos porque no merecemos estas cosas, las recibimos de gracia. Como un regalo inmerecido.

Pero también debemos dar gracias por las situaciones difíciles que Dios permite en nuestras vidas, por ejemplo: las enfermedades; los problemas; las necesidades; todas estas cosas nos permiten conocer el poder de Dios, pulen nuestra fe; y nos hacen humildes. Todas las situaciones difíciles son encausadas por el Señor para nuestro bien (Romanos 8.28).

Pero además de orar un corazón en verdad agradecido comparte lo que recibe de Dios. El evangelio de salvación, la Palabra de Dios, sus bendiciones, esperanza, una palabra de ánimo fe o amor. Recibimos de gracia debemos dar de gracia.

GRATITUD A NUESTRA FAMILIA TERRENAL Y ESPIRITUAL Efesios 5.20.

Dios existe en tres personas, se ha revelado como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios en sí mismo es una familia. Dios no estaba solo antes de hacer el universo. Al hacernos a su imagen, nos creó para vivir en familia. Dios creó a Adam y Eva, los bendijo y les mandó multiplicarse.

La Palabra de Dios nos presenta al hombre pleno habitando en familia, veamos el Salmo 128 y  Eclesiastés 9.9. Así es que la familia es vital para nuestro desarrollo. Dios nos dio a la familia; el que no cuida de ella, es peor que un incrédulo. Una forma de cuidar de nuestros seres amados es ser agradecidos. Debemos ser agradecidos con nuestra familia por todo lo que implica en nuestra vida; y no debemos pensar que lo que hacen con nosotros es su deber; no debemos preguntar: ¿por qué tengo que agradecer?. A todos debemos dar gracias, a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a nuestros padres.

El Señor nos ha dado una familia espiritual que es la iglesia. Aquí hay un solo Padre que es Dios, y todos somos hermanos.

Hoy algunos quieren hablar de la maternidad de Dios, porque quieren tener un apoyo para el feminismo y lesbianismo, con la justificación de que la sociedad de hoy no entiende la paternidad. Pero Dios se ha presentado en su Palabra como el Padre que nos ha dado una familia y una casa celestial. Dios como Padre es esperanza para todos los que no han tenido la bendición de un padre.

Sin nuestra familia espiritual que es la iglesia, sería muy complicado avanzar en nuestro caminar en la vida cristiana. La iglesia es una bendición en nuestra vida en estos puntos: Nos motiva a la adoración a Dios; ayuda a nuestra edificación espiritual; nos fortalece en oración; nos permite crecer al poner en servicio nuestros dones, Efesios 4. 11,12. Por eso debemos AGRADECER a la Iglesia, al H. Consistorio, a los diáconos, a las Mesas Directivas, Comisiones, Directores, maestros, a todos los hermanos.

EN CRISTO JESÚS

La Palabra de Dios dice que es la voluntad de Dios que seamos agradecidos porque la gratitud trae bendición a nuestras vidas. La gratitud nos libera de la inconformidad con Dios y la amargura; nos ayuda a estar contentos con lo que recibimos. La gratitud nos libera de la soberbia de la vida, pues es es  el reconocimiento de que lo que recibimos no lo merecemos, es un favor del Señor. La gratitud prepara el camino para más bendiciones.

Nuestro Señor Jesucristo nos dio el ejemplo de un corazón agradecido (Mateo 11.25,26). Es importante considerar que el Señor se encontraba en circunstancias difíciles, la predicación del evangelio y los milagros no habían tenido éxito en Bethsaida, ni en Capernaum. Su siervo más grande, Juan el Bautista, no había entendido la misión del Señor (por eso mandó preguntar si Jesús era el Mesías). Pero Señor dio gracias a Dios por la gracia que ha dado a los pequeñitos. Vemos un corazón agradecido.

El corazón ingrato está lleno de amargura, soberbia, inconformidad y con muchas puertas cerradas. (ilustración de los dos hijos y su regalo de navidad). Como creyentes en Cristo debemos ser como el Señor y ser agradecidos.

Hermanos:

Hoy al reunirnos en familia, agradezcamos a Dios y a la familia. Los resultados serán buenos. Tal vez no vengan tan rápido. Pero hay que obedecer al Señor y él hará que su Palabra no vuelva vacía.

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