El sacerdocio en la familia

High-Priest1

Éxodo 13.3-10.

Se cuenta que cuando Alejandro Magno fue a la tierra de Israel, los sacerdotes salieron a recibirle, entonces el conquistador, se puso de rodillas ante el sumo sacerdote. Uno de sus generales le preguntó por qué hacía esto. Él respondió que no se postraba ante el sacerdote, sino ante el nombre que llevaba en su mitra: “Santidad a Jehová”.

El mundo de los sacerdotes de Israel es muy interesante, hablaremos un poco de esto; y en especial del sacerdocio en la familia.

LAS FIESTAS EN EL HOGAR. Al liberar a Israel de la esclavitud en Egipto, estableció fiestas con dos propósitos. El primero fue que Israel no olvidara que Dios lo había rescatado y no el pueblo así mismo. El segundo propósito fue simbolizar a Cristo, el redentor de nuestras vidas del pecado y condenación. Estas fiestas eran llamadas “santas convocaciones”; porque eran las fiestas de Dios, y el pueblo no podía darse la libertad de no participar. Igualmente en la actualidad los Cultos son convocaciones de Dios y a menos que exista una razón legítima como enfermedad, u obras de misericordia, no podemos faltar.

La mayoría de estas fiestas se celebraban en el hogar. El pasaje que citamos al principio nos habla de dos fiestas: la pascua y los panes sin levadura; estas fiestas se llevaban a cabo en cada hogar israelita. Esto no fue casualidad; Dios quiso que fuera así para que cada hogar se convirtiera en un templo a Dios. Israel tuvo un Tabernáculo y posteriormente un Templo; pero cada casa debería ser un templo del Dios vivo y verdadero.

Un templo es un lugar consagrado para la adoración a Dios. Los hogares Israelitas fueron consagrados en la primera pascua, cuando la sangre del cordero pascual se puso en las ventanas y puertas. ¿Es su casa un templo para Dios? Le invitamos a que reúna a su familia y realice una oración de consagración de su casa. Pida a Dios que llene con su presencia cada rincón y que aleje todo mal espíritu. Posteriormente con frecuencia, al menos una vez a la semana junte a su familia para adorar a Dios.

POR PARTE DE LOS PADRES. Hubieron en Israel muchos sacerdotes. La población de ellos a lo largo de la historia de Israel fue de unos 20,000. Eran tantos que para ofrecer el perfume en el lugar santo, se echaban suertes, sólo uno tenía este privilegio. Lucas 1 nos habla de que Zacarías tuvo este privilegio. Hubieron muchos sacerdotes, pero ellos no iban a las casas a ministrar a las familias.

De la puerta hacía adentro era responsabilidad de los padres ser sacerdotes para sus hijos. Ellos debían enseñar a los niños que el Dios Vivo y Verdadero es Jehová. Los padres enseñaban a los hijos a relacionarse con el Señor por medio de la Oración, la Palabra de Dios, y culto, incluyendo los rituales ceremoniales, que anunciaban a Cristo.

De esta manera el culto a Dios, podía ser una experiencia práctica, vivencial; en donde los hijos realmente conocían a Dios y aprendían a amarle, adorarle y servirle. El que los padres ministraran a los hijos de forma practica los alejaba de un culto mecánico. Por eso el Señor dijo que los padres debían enseñar su Palabra al levantarse, al ir por el camino; es decir aprovechando las experiencias del día a día. Nuestro Señor Jesucristo enseñó así a sus discípulos, por ejemplo cuando dio la parábola del sembrador; fueron momentos maravillosos.

PARA CONECTARLA CON DIOS. La función del sacerdote era interceder ante Dios a favor del pueblo. Los sacerdotes eran un puente para conectar al pueblo con el Señor. Los sacerdotes fueron una figura de Cristo, quien es el Verdadero Pontífice que nos conecta con Dios. El pecado nos ha separado de Dios, (Romanos 3.23); pero como Cristo pagó nuestros pecados con su muerte y resurrección, al recibirle solos lavados de pecados y conectados a Dios.

La función principal de los padres como sacerdotes es conectar a la familia con Dios. Es decir ser un medio para que nuestros hijos conozcan a Cristo y sean salvos por él. La paternidad de éxito es que nuestros hijos cumplan el propósito de Dios en sus vidas; y el primer propósito de Dios es que sean salvos.

Para cumplir con nuestra función, debemos evangelizar a nuestros hijos y llamarlos a reconocer sus pecados, apartarse de ellos y creer en Jesucristo como su Salvador. También debemos enseñarles a tener comunión con el Señor por medio de la oración y lectura de la Palabra de Dios. Será una gran bendición el día que nuestros hijos por sí solos mantengan una comunión firme con el Señor.

HERMANOS:

Ser sacerdote del Dios vivo era un privilegio. Pero también implicaba responsabilidades. Ellos tenían una vestimenta particular, con dignidad, por ejemplo: los sacerdotes de Israel usaban túnicas largar y calzones para evitar la promiscuidad. Su alimentación era de lo mejor y saludable. Ellos no podían contaminarse, de modo que por ejemplo el sumo sacerdote no podía ir a un funeral, aunque fuera el de sus padres.

Así también como padres tenemos la responsabilidad de dar buen ejemplo, vestirnos bien, procurar una buena alimentación y alejarnos de todo lo que pueda contaminar nuestras vidas.

Los sacerdotes de Israel, antes de ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, primero ofrecían por los suyos. Esto nos enseña que para guiar a nuestros hijos a Cristo, primero nosotros debemos estar en él.

Solamente si nos hemos arrepentido del pecado y creemos firme y sinceramente en Cristo como el único y suficiente Salvador; podremos ser sacerdotes fieles en nuestra familia.

Que Dios nos bendiga para que nuestra familia sea de Dios, disfrute de la vida eterna; y de muchas bendiciones en esta vida.

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