Pacto seguro y triunfante

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Un Pacto seguro y triunfante

Éxodo 32.1-14.

INTRODUCCIÓN

Se cuenta que a un pastor que llegó a una iglesia por un cambio de pastorado; después de su primer mensaje, los hermanos le felicitaron y le dijeron que era lo que la iglesia necesitaba. Entonces el pastor predicó cuatro veces el mismo mensaje. Cuando le preguntaron porque predicaba el mismo sermón, contestó: “porque ustedes me dijeron que es lo que la iglesia necesita”.

Lo que vamos a ver en unos momentos, es algo que necesitamos sin importar en que nivel nos encontremos en nuestra vida espiritual; o en nuestro caminar como cristianos. Un pacto seguro y triunfante:

ANTE NUESTRA FLAQUEZA, 1-6

Para llevar a cabo su plan salvador, Dios prometió a Abraham una simiente numerosa y una tierra con bendiciones en abundancia. Al liberar a Israel de la esclavitud de Egipto y conducirlo por el desierto, el Señor estaba cumpliendo su promesa.

Pero la actitud de los israelitas es rara, tan pronto como salieron de Egipto manifestaron una actitud que podemos llamar de flaqueza. Cuando Moisés subió al monte para recibir la ley de Dios, y pasaron 40 días; los hijos de Israel, pensaron que Moisés ya no regresaría, entonces pidieron a Aarón que les hiciera un ídolo; él accedió. Tal vez su intención era representar a Jehová, y no cambiarle; sin embargo el Señor ya había dicho que no quiere que le representemos con nada. El pueblo fue despojado para hacer un becerro de oro; así es el pecado despoja la vida del hombre.

Nuestra vida como cristianos se parece mucho a Israel. Hemos sido rescatados de la esclavitud del pecado, y somos conducidos por el Señor a una patria celestial; pero muchas veces tenemos flaquezas y pecamos ante el Señor. Pasamos por flaqueza espiritual; un día estamos entregados a la comunión con Dios, o en otro no tenemos ánimo de orar. Flaqueza en servicio, estamos haciendo muchas cosas en la Iglesia, y de repente no queremos saber nada de los hermanos. Flaqueza en santidad, andamos bien ante el Señor, y un día nos hallamos diciendo obscenidades o practicando algún otro pecado.

PORQUE SE BASA EN DIOS 7-13 a.

Después de fallar al Señor, cuando nos damos cuenta de que hemos pecado; nos preguntamos ¿qué va a pasar conmigo? Moisés después de tantas flaquezas de Israel, llegó a dudar si el pueblo realmente podría llegar a la tierra prometida; esto lo podemos ver cuando más tarde en lugar de hablar a la peña para que salieran aguas, la golpeó. El apóstol Pablo al ver su condición, dijo: Miserable hombre de mí. Ante nuestras flaquezas, ¿existe alguna esperanza de que lleguemos al cielo?

Sí. Porque la promesa de salvación no se basa, ni depende de nosotros, sino que se basa totalmente en Dios. El Señor juró por sí mismo salvarnos en su gracia bendita. Recordemos que Dios no cambia de planes, ni de parecer, él es Inmutable. Así mismo el Señor es perfecto, así es que no se equivoca. Por lo tanto su pacto o promesa es segura y triunfante.

¿Por qué entonces el diálogo con Moisés parece indicar que Dios iba a cambiar de planes y destruir a Israel? Son palabras para probar a Moisés; y este siervo del Señor entendió y superó la prueba. Por eso Moisés le dijo a Dios que si Israel era destruido, los Egipcios hablarían mal de Dios y no de Israel; porque todo dependía de él. Este diálogo prueba que Dios no cambia su plan salvador.

DE UNA SIMIENTE Y UNA TIERRA, 13b-14.

El pacto o promesa de Dios a Abraham, fue de una simiente numerosa y una tierra para esta simiente. En esta promesa estaba incluida la promesa de un Salvador no solo para Israel, sino para los elegidos de Dios de otras naciones. Por eso el Señor le dijo a Abraham que en su simiente, serían bendecidas las naciones; esta simiente es Cristo.

Por otra parte en esta promesa estábamos contados nosotros. Sin llevar sangre israelita somos hijos de Abraham por la fe. La promesa del Señor es: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo… (Hechos 16.31). Dios nos ha salvado por medio de Jesucristo del pecado y de ir al tormento eterno; el Señor tiene un lugar para nosotros en su morada celestial.

¿Pero realmente llegaremos?

Sí, porque la promesa o pacto de salvación se basa en Dios.

Esto lo podemos comprobar en la historia de Israel. El Señor cumplió su promesa y el pueblo de Israel entró a poseer la tierra que fluye leche y miel. También tenemos el testimonio de los hermanos que han sido llamados por el Señor a su presencia. Son momentos de tristeza, pero también de triunfo; podemos ver cómo el Señor triunfa y traslada al hogar eterno a sus hijos.

HERMANOS:

Dios cumplirá su promesa. Esto no es una licencia para pecar o vivir descuidados. Mas bien es una motivación para esforzarnos y vivir de victoria en victoria. No debemos ser como Israel en el desierto; sino como Israel en Canaán, de conquista en conquista, poseyendo lo que Dios apartó para nosotros. No debemos vivir de flaqueza en flaqueza; sino de gloria en gloria; de triunfo en triunfo (2 Corintios 3.17-18).

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