Fe triunfante

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“FE TRIUNFANTE”

“Sadrach, Mesach, y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: No cuidamos de responder sobre este negocio. He aquí nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado”. Daniel 3.16-18.

Como sabemos estos jóvenes eran príncipes de Judá, llevados a Babilonia, por instrucción de Nabucodonosor; pero también por su obediencia a la voz del Señor por medio del profeta Jeremías.

Eran nobles, guapos, sabios y funcionarios. Pero también eran jóvenes llenos de fe en Dios.

CREYENDO EN EL PODER DE DIOS

El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro de 27 metros; al sonido de la música todos debían postrarse y adorarla; el que no lo hiciera sería lanzado en un horno de fuego. Sadrach, Mesach y Abed-nego, no lo hicieron. Ellos eran verdaderos creyentes en Dios como él único Dios vivo. Tomemos en cuenta que venían de una nación que había sido castigada por su idolatría; ellos destacan como jóvenes fieles al Señor.

Fueron denunciados y se les dio la oportunidad de retractarse. Sabiendo que serían echados al horno, permanecieron fieles a Dios. ¿Por qué lo hicieron? Porque su fe era tan grande que creían firmemente que el Señor podía hacer un milagro y librarlos del horno y de la mano de Nabucodonosor; tomemos en cuenta que son dos cosas diferentes.

¿Has sido fiel al Señor, y aun así te encuentras en una situación que solamente un milagro de Dios podría sacarte? ¿La enfermedad no cede; tu matrimonio esta de mal en peor; llevas mucho tiempo sin trabajo; no encuentras pareja?. Es momento de echar a andar tu fe. Como los amigos de Daniel cree firmemente que Dios tiene poder para hacer un milagro y salvarte. Para Dios todas las cosas son posibles, cree.

CREYENDO EN LA SOBERANIA DE DIOS

Es fabuloso ver toda la respuesta de los amigos de Daniel: “Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos…”. La fe de estos jóvenes era total, de manera que creían firmemente en la Soberanía de Dios; es decir, sabían que el Señor actuaría conforme a su voluntad, y que ésta podía ser que ellos murieran por su fe.

La fe madura, cree que el Señor tiene poder para hacer milagros. Pero también cree que Dios es Soberano para hacer todo conforme a su voluntad la cual siempre es sabia, perfecta y llena de amor; aunque nosotros no la comprendamos.

Si Dios no hace el milagro; el Señor no nos sana, no nos regresa al trabajo, no nos da una pareja, no concede el hijo que deseamos, o no resuelve nuestro problema; no significa que Dios no haya podido resolver las cosas. Tampoco será una razón para que nuestra fe desmaye; sino que debemos seguir creyendo en Dios, pues Él es Omnipotente pero también Soberano.

CREYENDO EN LA SALVACIÓN DEL SEÑOR

Sadrach, Mesach y Abed-nego, no estaban enojados, tristes o temerosos de ser lanzados al horno de fuego. Podemos entender que estaban felices al enfrentar esta situación. Su fe les llevó a creer en la Salvación del Señor. Ellos podían morir en medio del fuego, pero sus almas estaban aseguradas en Dios.

Una fe triunfante hace al hijo de Dios, creer en el poder de Dios y en su soberanía; pero también le hace afrontar la adversidad con gozo; porque si la voluntad de Dios es que no seamos librados de las cosas que enfrentamos sabemos que nuestra vida está a salvo con el Señor. Tenemos la gracia salvadora de Dios. Esta fue la experiencia del apóstol Pablo, cuando sufriendo por un aguijón, el Señor le dijo: “Bástate mi gracia”.

No debemos estar tristes por las cosas que tenemos, o no tenemos; porque lo que nos da identidad es nuestra relación con el Señor Jesucristo. Mientras más íntima sea nuestra relación con Dios por medio de la oración, lectura de su Palabra y adoración, más se fortalecerá nuestra fe y podremos disfrutar de paz y gozo.

HERMANOS:

Dios escogió la vía más difícil, salvó a éstos jóvenes del horno de fuego. Igualmente lo ha hecho el Señor con nosotros, nos ha librado del lago de fuego eterno. Tengamos fe, disfrutemos de gozo en la salvación que tenemos, aunque algunas cosas por la voluntad de Dios, no sucedan en nuestra vida; hagamos nuestras las Palabras del Profeta Habacuc, en su capítulo 3:

16 Oí, y tembló mi vientre; A la voz se batieron mis labios; Pudrición se entró en mis huesos, y en mi asiento me estremecí; Si bien estaré quieto en el día de la angustia, Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.

17 Aunque la higuera no florecerá, Ni en las vides habrá frutos; Mentirá la obra de la oliva, Y los labrados no darán mantenimiento. Y las ovejas serán quitadas de la majada, Y no habrá vacas en los corrales;

18 Con todo yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salud.

19 Jehová el Señor es mi fortaleza,

El cual pondrá mis pies como de ciervas,

Y me hará andar sobre mis alturas

 

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