El amor de los hijos de Dios

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“EL AMOR DE LOS HIJOS DE DIOS”

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” 1 Juan 2.15.

El amor es necesario en nuestra vida. Es hermoso saber que somos amados; pero es mas grande dar amor.

Pero ¿A quién ama nuestro corazón?. La Palabra de Dios nos enseña a quién debe estar dirigido nuestro amor como hijos del Señor, y lo que no debemos amar.

NO AL MUNDO, NI A LAS COSAS QUE HAY EN EL, 1 Juan 2.16.

Mundo, no se refiere a nuestro planeta, ni a sus habitantes. Pues de hecho el Señor hizo al hombre para cuidar de la tierra, (Génesis 1.28-29). Así mismo Dios nos pide amar a nuestros prójimos. Por lo tanto debemos amar nuestro mundo y a cada uno de nuestros semejantes.

El versículo 16 de 1 Juan 2, nos aclara a qué se refiere la palabra mundo que no debemos amar. Nos dice que lo que hay en el mundo es la concupiscencia o codicia de la carne, de los ojos y la soberbia de la vida. El apóstol Pablo en su carta a los Gálatas en el capítulo 5, nos menciona cuáles son las obras de la carne; todo esto es lo que no debemos amar, es decir que no debemos practicar estas cosas.

Las cosas del mundo son una gran tentación para los hijos de Dios; nuestro Señor Jesús también fue tentado con estas cosas. En la codicia de la carne, cuando el maligno le dijo que transformara las piedras en pan. En la codicia de los ojos, cuando le ofreció todos los reinos, si postrado le adoraba. Y en la soberbia de la vida, cuando el diablo llevó al Señor a lo más alto del templo y le pidió que se aventará, y exhibiera su majestad al ser recatado por los ángeles.

Igual que nuestro Señor podemos vencer si no amamos al mundo. Si amamos las cosas del mundo, estamos demostrando que aun no tenemos el amor de Dios en nuestro corazón. Y si esto fuera así tenemos un problema pues aun no tenemos vida eterna. Es necesario arrepentirnos y consagrarnos al Señor.

AL SEÑOR Y A LA FAMILIA 1 Juan 4.16-21.

La Palabra de Dios nos enseña a quién debe amar nuestro corazón. En primer lugar debemos amar a Dios. Damos amor al Señor porque él nos amó primero y ha puesto su amor en nuestro corazón. Debemos demostrar nuestro amor a Dios con palabras como el salmista que dice “Amo a Jehová”, (Salmo 116.1). También con nuestra adoración y servicio; recordemos que el Señor le dijo a Pedro que si le amaba debería cuidar de sus ovejas y corderos.

También debemos amar a nuestra familia carnal. Si no los amamos somos mentirosos al decir que amamos a Dios. Este amor debe demostrarse con palabras, abrazos, caricias; pero también atendiendo cada una de nuestras responsabilidades en casa; hechos son amores.

También debemos amar a nuestra familia espiritual que es la Iglesia de Cristo. No podemos amar a Cristo y no amar a la iglesia, porque ella es su cuerpo. El Señor Jesús dio su vida por la Iglesia por amor. Por lo tanto debemos amar en Cristo a los hermanos en la fe; debemos ser respetuosos y atender las necesidades de cada miembro de la iglesia.

Así mismo debemos amar a nuestro prójimos como a nosotros mismos.

NOS HACE ENEMIGOS DEL MUNDO, Santiago 4.4.

Santiago nos dice que el que es amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Así que los amigos de Dios son enemigos del mundo. El cristiano verdadero será rechazado y maltratado por el mundo, porque chocará con su cultura pecaminosa.

A medida que pase el tiempo esta enemistad será mayor. Cuando los hijos de Dios manifestamos al mundo, que la fornicación, el adulterio, el aborto, la homosexualidad, las tradiciones como el Halloween, son pecado y merecen la ira de Dios; por lo que es necesario arrepentirse de estas cosas y dejar de practicarlas. Seremos rechazados. Seremos tachados de intolerantes; seremos juzgados y castigados.

Al ser enemigos del mundo seremos ridiculizados y perseguidos. Si no vivimos como cristianos verdaderos, si participamos de estas cosas, vamos a caer bien a la gente; pero recordemos que el Señor dijo que cualquiera que quiera salvar su vida, la perderá. Es necesario obedecer a Dios, y no agradar al mundo.

HERMANOS:

Lamentablemente muchos pretenden amar a Dios, amando las cosas del mundo. Es increíble escuchar en estos días a predicadores invitando a realizar fiestas paganas como las celebraciones de los días de muerto; alegando que no tienen nada de malo.

Si hemos dado amor al mundo, pidamos perdón al Señor. Consagrémonos a Dios, de tal manera que nuestro amor se solamente al Señor, a nuestra familia y a nuestros prójimos.

Seamos fieles al Señor hasta la muerte, y él nos dará la corona de la vida, (Apocalipsis 2.10).

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