Archivos del mes: 30 noviembre 2015

El sacerdocio en la familia

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Éxodo 13.3-10.

Se cuenta que cuando Alejandro Magno fue a la tierra de Israel, los sacerdotes salieron a recibirle, entonces el conquistador, se puso de rodillas ante el sumo sacerdote. Uno de sus generales le preguntó por qué hacía esto. Él respondió que no se postraba ante el sacerdote, sino ante el nombre que llevaba en su mitra: “Santidad a Jehová”.

El mundo de los sacerdotes de Israel es muy interesante, hablaremos un poco de esto; y en especial del sacerdocio en la familia.

LAS FIESTAS EN EL HOGAR. Al liberar a Israel de la esclavitud en Egipto, estableció fiestas con dos propósitos. El primero fue que Israel no olvidara que Dios lo había rescatado y no el pueblo así mismo. El segundo propósito fue simbolizar a Cristo, el redentor de nuestras vidas del pecado y condenación. Estas fiestas eran llamadas “santas convocaciones”; porque eran las fiestas de Dios, y el pueblo no podía darse la libertad de no participar. Igualmente en la actualidad los Cultos son convocaciones de Dios y a menos que exista una razón legítima como enfermedad, u obras de misericordia, no podemos faltar.

La mayoría de estas fiestas se celebraban en el hogar. El pasaje que citamos al principio nos habla de dos fiestas: la pascua y los panes sin levadura; estas fiestas se llevaban a cabo en cada hogar israelita. Esto no fue casualidad; Dios quiso que fuera así para que cada hogar se convirtiera en un templo a Dios. Israel tuvo un Tabernáculo y posteriormente un Templo; pero cada casa debería ser un templo del Dios vivo y verdadero.

Un templo es un lugar consagrado para la adoración a Dios. Los hogares Israelitas fueron consagrados en la primera pascua, cuando la sangre del cordero pascual se puso en las ventanas y puertas. ¿Es su casa un templo para Dios? Le invitamos a que reúna a su familia y realice una oración de consagración de su casa. Pida a Dios que llene con su presencia cada rincón y que aleje todo mal espíritu. Posteriormente con frecuencia, al menos una vez a la semana junte a su familia para adorar a Dios.

POR PARTE DE LOS PADRES. Hubieron en Israel muchos sacerdotes. La población de ellos a lo largo de la historia de Israel fue de unos 20,000. Eran tantos que para ofrecer el perfume en el lugar santo, se echaban suertes, sólo uno tenía este privilegio. Lucas 1 nos habla de que Zacarías tuvo este privilegio. Hubieron muchos sacerdotes, pero ellos no iban a las casas a ministrar a las familias.

De la puerta hacía adentro era responsabilidad de los padres ser sacerdotes para sus hijos. Ellos debían enseñar a los niños que el Dios Vivo y Verdadero es Jehová. Los padres enseñaban a los hijos a relacionarse con el Señor por medio de la Oración, la Palabra de Dios, y culto, incluyendo los rituales ceremoniales, que anunciaban a Cristo.

De esta manera el culto a Dios, podía ser una experiencia práctica, vivencial; en donde los hijos realmente conocían a Dios y aprendían a amarle, adorarle y servirle. El que los padres ministraran a los hijos de forma practica los alejaba de un culto mecánico. Por eso el Señor dijo que los padres debían enseñar su Palabra al levantarse, al ir por el camino; es decir aprovechando las experiencias del día a día. Nuestro Señor Jesucristo enseñó así a sus discípulos, por ejemplo cuando dio la parábola del sembrador; fueron momentos maravillosos.

PARA CONECTARLA CON DIOS. La función del sacerdote era interceder ante Dios a favor del pueblo. Los sacerdotes eran un puente para conectar al pueblo con el Señor. Los sacerdotes fueron una figura de Cristo, quien es el Verdadero Pontífice que nos conecta con Dios. El pecado nos ha separado de Dios, (Romanos 3.23); pero como Cristo pagó nuestros pecados con su muerte y resurrección, al recibirle solos lavados de pecados y conectados a Dios.

La función principal de los padres como sacerdotes es conectar a la familia con Dios. Es decir ser un medio para que nuestros hijos conozcan a Cristo y sean salvos por él. La paternidad de éxito es que nuestros hijos cumplan el propósito de Dios en sus vidas; y el primer propósito de Dios es que sean salvos.

Para cumplir con nuestra función, debemos evangelizar a nuestros hijos y llamarlos a reconocer sus pecados, apartarse de ellos y creer en Jesucristo como su Salvador. También debemos enseñarles a tener comunión con el Señor por medio de la oración y lectura de la Palabra de Dios. Será una gran bendición el día que nuestros hijos por sí solos mantengan una comunión firme con el Señor.

HERMANOS:

Ser sacerdote del Dios vivo era un privilegio. Pero también implicaba responsabilidades. Ellos tenían una vestimenta particular, con dignidad, por ejemplo: los sacerdotes de Israel usaban túnicas largar y calzones para evitar la promiscuidad. Su alimentación era de lo mejor y saludable. Ellos no podían contaminarse, de modo que por ejemplo el sumo sacerdote no podía ir a un funeral, aunque fuera el de sus padres.

Así también como padres tenemos la responsabilidad de dar buen ejemplo, vestirnos bien, procurar una buena alimentación y alejarnos de todo lo que pueda contaminar nuestras vidas.

Los sacerdotes de Israel, antes de ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, primero ofrecían por los suyos. Esto nos enseña que para guiar a nuestros hijos a Cristo, primero nosotros debemos estar en él.

Solamente si nos hemos arrepentido del pecado y creemos firme y sinceramente en Cristo como el único y suficiente Salvador; podremos ser sacerdotes fieles en nuestra familia.

Que Dios nos bendiga para que nuestra familia sea de Dios, disfrute de la vida eterna; y de muchas bendiciones en esta vida.

PRIMER CULTO ALABANZA NAVIDEÑA

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PARTICIPACIÓN CORO JUVENIL “SALEM”

PARTICIPACIÓN CORO VARONIL “ICTUS”

MENSAJE DE NAVIDAD

“PROMESA CUMPLIDA”

“No será quitado el cetro de Judá,

Y el legislador de entre sus pies,

Hasta que venga Shiloh;

Y a él se congregarán los pueblos”

Génesis 49.10.

Después de que Dios creó a Adam y Eva, como Padre el Señor los bendijo, (Génesis 1.28). Esta bendición fue la base para que en las familias de Dios, se practicara la bendición paternal. El padre ponía sus manos sobre la cabeza de sus hijos y transmitía la bendición de Dios.

En Génesis 49, encontramos que Jacob llamó a sus hijos para bendecirles (1800 a. C., aproximadamente); la bendición que dio a Judá confirma la promesa de Dios de darnos un Salvador de nuestros pecados y de la muerte eterna.

Dios ha cumplido su promesa en Jesucristo, analicemos más sobre este importante e interesante asunto.

LA PROMESA DE DIOS

La promesa del Señor de un Redentor, incluye varias promesas:

  1. El Señor prometió a la casa de Israel que ellos serían un reino. Dicen las Escrituras, no será quitado el “cetro”; los cetros son bastones cortos, bastones de mando, usados por los reyes como símbolo de dignidad y poder. Así es que Dios prometió que la familia de Israel sería un reino. Esta promesa incluye el crecimiento de la casa de Israel y la posesión de una tierra propia; recordemos que en ese momento eran extranjeros en Egipto.
  2. Dios prometió que el rey sería de la la tribu de Judá. Este derecho le correspondería a la tribu de Rubén por ser el primogénito, pero como él se metió con Bilha concubina de su padre, (Génesis 35.22), perdió este privilegio. Judá fue escogido, no por ser el mejor hijo, de él fue la idea de vender a José; fue escogido por gracia de Dios.
  3. La tercera promesa del Señor. Dios dice que un día sería quitado el cetro de Judá, es decir que alguien diferente estaría gobernando. Así mismo dice que sería quitado el legislador de entre sus pies, lo cual confirma que llegaría el día en que un extranjero gobernaría al pueblo de Dios.
  4. Dios prometió que entonces vendría Shiloh, que significa Pacificador. El Príncipe de Paz es Jesucristo (Isaías 9..6,7); aquí tenemos ratificada la promesa de un Salvador que traería paz al redimirnos del pecado y la condenación eterna (Juan 27).
  5. La quinta promesa es que los pueblos se congregarán a Shiloh, al Mesías Salvador.

EL CUMPLIMIENTO

  1. La primera promesa se cumplió, Israel fue transformado en un reino. Primero el Señor hizo crecer a su pueblo en medio de la esclavitud en Egipto, lo cual es un milagro. Después Dios los libertó y llevó a la Tierra que fluye leche y miel (1446 a. C. aproximadamente). Por 400 años Israel fue gobernado por jueces, hasta que el pueblo pidió un rey, y fue ungido Saúl, así comenzó la monarquía en el 1050 a. C., aproximadamente.
  2. Dios prometió que el rey de su pueblo sería de Judá; pero Saúl era de Benjamín. Sabemos que Saúl fue rechazado como rey por su desobediencia (1 Samuel 13.13-14;15.22-26); entonces fue ungido David como rey, quien era de la tribu de Judá, (1010 a. C. aproximadamente). A este rey, Dios le prometió un reino para siempre, (2 Samuel 7.1-17). Así se cumplió la segunda promesa.
  3. El Señor dijo que sería quitado el cetro de Judá. Después de la muerte de David sus hijos siguieron gobernando; pero pasaron muchas cosas terribles: el reino fue dividido en dos; el reino del norte fue deportado a Asiria en el 722 a. C.; el del Sur, Judá, fue deportado a Babilonia en el 606, y retornado en el 536 A. C. Posteriormente Judá estuvo bajo el dominio de los imperios, Medo-Persa, y Greco-Macedónico; hasta que en el año 40 a. C., el imperio Romano puso fin a las luchas entre Ptolomeos y Seleucos por las tierras de Israel, y nombró como Rey a Herodes el Grande, quien no era judío sino Idumeo, es decir descendiente de Esaú hermano de Jacob. Así fue quitado el cetro de Judá.
  4. En el año 4 a. C., y esto porque nuestro calendario es incorrecto; nació en Bethlehem Shiloh, el Pacificador, nuestro Mesías; cuando había sido quitado el cetro de Judá y el legislador. Cumpliéndose con precisión la Palabra de Dios. Mateo 2.1; y Lucas 2.1-3, nos hablan de este momento histórico.
  5. La quinta promesa se ha cumplido en parte. El Señor dijo que los pueblos se congregarán al Mesías. Se ha cumplido en parte porque de todos los pueblos el Señor tiene creyentes o discípulos. Jesucristo mandó que el evangelio sea predicado a todos los gentiles, no solamente a Judíos (Mateo 28.19). La iglesia de Cristo, esta formada por elegidos de todos los pueblos. Esta promesa se cumplirá totalmente cuando Jesucristo venga por segunda vez y establezca un reino de mil años en la tierra (Apocalipsis 20.4).

HERMANOS:

Pasaron 1800 años pero Dios ha cumplido en tiempo y forma su promesa de darnos un Salvador. Jesucristo ya vino y pagó nuestros pecados en la cruz con sus sufrimientos, muerte, resurrección y exaltación.

Así es que el mensaje de la NAVIDAD es un mensaje de fe y seguridad. FE porque podemos creer en todas las promesas de Dios, él es fiel para cumplirlas. SEGURIDAD, porque podemos ver que nada frustró el plan de Dios, por lo tanto estamos seguros en Él. Por eso disfrutamos de la paz que nos da la promesa salvadora de Dios: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo… (Hechos 16.31)

Jesucristo ha prometido venir en breve por nosotros a las nubes para llevarnos en alma y cuerpos transformados, al reino celestial. Mantengamos firme nuestra fe, y estemos preparados para este momento, el SEÑOR COMO SIEMPRE CUMPLIRÁ SUS PROMESAS.

Pacto seguro y triunfante

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Un Pacto seguro y triunfante

Éxodo 32.1-14.

INTRODUCCIÓN

Se cuenta que a un pastor que llegó a una iglesia por un cambio de pastorado; después de su primer mensaje, los hermanos le felicitaron y le dijeron que era lo que la iglesia necesitaba. Entonces el pastor predicó cuatro veces el mismo mensaje. Cuando le preguntaron porque predicaba el mismo sermón, contestó: “porque ustedes me dijeron que es lo que la iglesia necesita”.

Lo que vamos a ver en unos momentos, es algo que necesitamos sin importar en que nivel nos encontremos en nuestra vida espiritual; o en nuestro caminar como cristianos. Un pacto seguro y triunfante:

ANTE NUESTRA FLAQUEZA, 1-6

Para llevar a cabo su plan salvador, Dios prometió a Abraham una simiente numerosa y una tierra con bendiciones en abundancia. Al liberar a Israel de la esclavitud de Egipto y conducirlo por el desierto, el Señor estaba cumpliendo su promesa.

Pero la actitud de los israelitas es rara, tan pronto como salieron de Egipto manifestaron una actitud que podemos llamar de flaqueza. Cuando Moisés subió al monte para recibir la ley de Dios, y pasaron 40 días; los hijos de Israel, pensaron que Moisés ya no regresaría, entonces pidieron a Aarón que les hiciera un ídolo; él accedió. Tal vez su intención era representar a Jehová, y no cambiarle; sin embargo el Señor ya había dicho que no quiere que le representemos con nada. El pueblo fue despojado para hacer un becerro de oro; así es el pecado despoja la vida del hombre.

Nuestra vida como cristianos se parece mucho a Israel. Hemos sido rescatados de la esclavitud del pecado, y somos conducidos por el Señor a una patria celestial; pero muchas veces tenemos flaquezas y pecamos ante el Señor. Pasamos por flaqueza espiritual; un día estamos entregados a la comunión con Dios, o en otro no tenemos ánimo de orar. Flaqueza en servicio, estamos haciendo muchas cosas en la Iglesia, y de repente no queremos saber nada de los hermanos. Flaqueza en santidad, andamos bien ante el Señor, y un día nos hallamos diciendo obscenidades o practicando algún otro pecado.

PORQUE SE BASA EN DIOS 7-13 a.

Después de fallar al Señor, cuando nos damos cuenta de que hemos pecado; nos preguntamos ¿qué va a pasar conmigo? Moisés después de tantas flaquezas de Israel, llegó a dudar si el pueblo realmente podría llegar a la tierra prometida; esto lo podemos ver cuando más tarde en lugar de hablar a la peña para que salieran aguas, la golpeó. El apóstol Pablo al ver su condición, dijo: Miserable hombre de mí. Ante nuestras flaquezas, ¿existe alguna esperanza de que lleguemos al cielo?

Sí. Porque la promesa de salvación no se basa, ni depende de nosotros, sino que se basa totalmente en Dios. El Señor juró por sí mismo salvarnos en su gracia bendita. Recordemos que Dios no cambia de planes, ni de parecer, él es Inmutable. Así mismo el Señor es perfecto, así es que no se equivoca. Por lo tanto su pacto o promesa es segura y triunfante.

¿Por qué entonces el diálogo con Moisés parece indicar que Dios iba a cambiar de planes y destruir a Israel? Son palabras para probar a Moisés; y este siervo del Señor entendió y superó la prueba. Por eso Moisés le dijo a Dios que si Israel era destruido, los Egipcios hablarían mal de Dios y no de Israel; porque todo dependía de él. Este diálogo prueba que Dios no cambia su plan salvador.

DE UNA SIMIENTE Y UNA TIERRA, 13b-14.

El pacto o promesa de Dios a Abraham, fue de una simiente numerosa y una tierra para esta simiente. En esta promesa estaba incluida la promesa de un Salvador no solo para Israel, sino para los elegidos de Dios de otras naciones. Por eso el Señor le dijo a Abraham que en su simiente, serían bendecidas las naciones; esta simiente es Cristo.

Por otra parte en esta promesa estábamos contados nosotros. Sin llevar sangre israelita somos hijos de Abraham por la fe. La promesa del Señor es: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo… (Hechos 16.31). Dios nos ha salvado por medio de Jesucristo del pecado y de ir al tormento eterno; el Señor tiene un lugar para nosotros en su morada celestial.

¿Pero realmente llegaremos?

Sí, porque la promesa o pacto de salvación se basa en Dios.

Esto lo podemos comprobar en la historia de Israel. El Señor cumplió su promesa y el pueblo de Israel entró a poseer la tierra que fluye leche y miel. También tenemos el testimonio de los hermanos que han sido llamados por el Señor a su presencia. Son momentos de tristeza, pero también de triunfo; podemos ver cómo el Señor triunfa y traslada al hogar eterno a sus hijos.

HERMANOS:

Dios cumplirá su promesa. Esto no es una licencia para pecar o vivir descuidados. Mas bien es una motivación para esforzarnos y vivir de victoria en victoria. No debemos ser como Israel en el desierto; sino como Israel en Canaán, de conquista en conquista, poseyendo lo que Dios apartó para nosotros. No debemos vivir de flaqueza en flaqueza; sino de gloria en gloria; de triunfo en triunfo (2 Corintios 3.17-18).

Edificados sobre la Roca

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Mateo 7.24-27.

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace,

le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña;

Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos,

y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.

Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace,

le compararé á un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa;

y cayó, y fué grande su ruina.

 Hace poco veíamos en las noticias que en la zona de Santa Fe, unos derrumbes de tierra han puesto en riesgo a unos hermosos edificios. ¿por qué la gente edifica sobre algo inseguro? ¿por qué hay quienes compran este tipo de departamentos? Es la vanidad de un lugar alto y costoso, sin importar si es seguro o no. Cuidado nos puede pasar lo mismo. Por eso el Señor nos habla de la importancia de edificar nuestra vida sobre la roca.

LA PEÑA ES CRISTO

La Peña de Horeb. Éxodo 17.1-7. La peña de Horeb que Moisés hirió con su vara, para que salieran aguas por la orden de Dios, aguas que salvaron al pueblo de morir, tipificó a Cristo. Ya que el Señor Jesús fue herido en la cruz del calvario para que nosotros tengamos vida.

La Peña para ver a Dios. Moisés fue puesto por el Señor en una peña que tenía una hendidura, con el propósito de que este siervo pudiera ver las espaldas del Señor, es decir un poco de su gloriosa presencia. Esta peña también simboliza a Cristo, ya que al ser lavados del pecado por medio de su muerte vicaria y resurrección, nos ha dado la bendición de saber que vamos a ver a Dios.

La Piedra angular. Mateo 16.18. El Señor dijo: sobre esta piedra edificaré mi iglesia. No se refirió a Pedro, sino a él mismo. En Efesios 2.20, el apóstol Pablo dice que Jesucristo es la piedra angular sobre la que está edificada la Iglesia. Entonces la Peña sobre la cual debe estar edificada nuestra vida es Cristo. Para esto es necesario reconocer nuestros pecados, arrepentirnos de ellos y creer en Cristo como nuestro Salvador Personal.

POR MEDIO DE LA PALABRA DE DIOS

Si creemos en Cristo como nuestro único Salvador y le seguimos; ya estamos edificados en él. Pero como todavía quedan en nosotros residuos del viejo hombre, o del pecado; además de que vivimos en un mundo lleno de tentaciones al pecado; necesitamos ser enraizados en Cristo, ser fortalecidos en él. Dios nos ha dado medios de gracia para esto. Somos como una casa construida en la Peña que necesita mantenimiento.

Uno de estos medios es la Palabra de Dios. Hoy tenemos un privilegio que la gente de los tiempos bíblicos soñó. Se necesitaba que un escriba trabajara 10 años para tener una copia del Antiguo Testamento. Por esto la mayoría tenía que conformarse con escuchar; la instrucción del Señor para recibir su Palabra, es oír. Ahora cada miembro de la familia tiene un ejemplar de la Palabra de Dios. Leer es un acto de amor. Cuando leemos estamos manifestando interés, atención. Es indispensable que leamos la Palabra de Dios.

Pero también se requiere que la practiquemos. Los cristianos de tiempo llegamos a ser soberbios y pensar que ya sabemos mucho de la Palabra de Dios, y que tenemos un buen nivel de práctica. El resultado de esta soberbia es cristianos que están fundamentando su vida en sus propios pensamientos, palabras o parecer.

PARA EVITAR UNA GRANDE RUINA

Quien no está en Cristo, ya está en una grande ruina porque está perdido. No importa cuanta fama, respeto, dinero o posesiones tenga. El Señor dice: ¿de qué aprovechará a un hombre si compra el mundo y pierde su alma?.

Si se desprecia la Palabra de Dios, es decir no se lee, estudia, medita, ni memoriza; la vida es como una casa edificada en la arena. No tiene la fortaleza para permanecer cuando vienen las tempestades. Pero cuando sí se recibe la Palabra, entonces en medio de las batallas, podemos tener pensamientos, palabras y acciones adecuadas para no ser destruidos por la tempestad. Recordemos que las batallas siempre nublan la visión.

Quien recibe la Palabra pero no la practica, igualmente edifica sobre la arena. Muchos ante la batalla, que pueden ser enfermedades, necesidades problemas, pleitos; prefieren responder basados en sus sentimientos o pensamientos; con venganza, con ira, usando medios ilegítimos como brujería. Practicar la Palabra del Señor significa responder en la batalla con oración, perdón, amor, valor, firmeza, fe, dependencia de Dios.

HERMANO:

Los tiempos que nos tocan vivir son muy difíciles, cada vez serán más complicados. Es necesario edificar en la Roca que es Cristo, y ser fortalecidos por medio de su Palabra.

Para que al venir las tormentas, permanezcamos firmes. No dejemos que nuestros sentimientos o pensamientos, sean el fundamento de nuestra vida, sino solamente Cristo.

La Vida de éxito en Dios

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Éxodo 15.20,21.

“Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas; Y María respondía: Cantad a Jehová; porque en extremo se ha engrandecido, echando en la mar al caballo, y al que en él subía”.

Hace algunos años, salía un comercial en donde un joven iba a visitar a su novia, y gritaba: “María”; entonces muchas señoritas se asomaban a su balcón.

Si las mujeres de la Biblia estuvieran en su solo lugar, y gritáramos: “María”, de igual manera muchas mujeres responderían, ya que este era el nombre de muchas de ellas.

Pero en esta ocasión hablaremos de María, la hermana de Moisés y Aarón; quien fue una mujer exitosa en el Señor; ¿en qué consiste la vida de éxito en Dios?

UN MILAGRO DE DIOS, primero necesitamos reconocer que la vida es un milagro.

Es más conocida la historia de Moisés hermano menor de María, quien por medio de milagros fue librado de morir. Él nació cuando el pueblo de Israel era esclavo en Egipto. Faraón dio la orden de que los bebés israelitas fueran asesinados, si eran varones; y se reservara la vida a las mujeres. El primer milagro sucedió en el hecho de que Moisés no fue asesinado, sus padres le pudieron ocultar hasta los tres meses. El siguiente milagro ocurrió cuando su madre le puso en una canastilla y luego le colocó sobre las aguas del río; entonces fue encontrado por la hija de Faraón quien lo adoptó. No fue casualidad, sino la mano milagrosa de Dios.

Pero la vida de María también fue un milagro de Dios. El pueblo de Israel llegó a Egipto, en días de José, con 70 personas. Fueron esclavizados por 400 años; y al ser liberados por Dios, eran un pueblo de 2 millones de personas aproximadamente. Durante el tiempo de esclavitud, Faraón puso a los Israelitas a trabajos forzados, para evitar que se multiplicaran. Es un milagro que en medio de la esclavitud, en condiciones inhumanas un pueblo haya nacido y crecido. María fue parte de este milagro, ella nació en esos tiempos difíciles.

Lo anterior prueba que nuestra vida es un milagro de Dios. No somos producto de un accidente, ni de la casualidad. De hecho hecho a los que “creen” en la teoría de la evolución, es necesario recordarles que la casualidad no es una fuerza, ni ser personal que pueda hacer que suceda algo tan maravilloso como la vida. Somos creación de Dios, la perfección de nuestro cuerpo es evidencia de que fuimos creados por Dios con sabiduría y amor. Esto le da sentido a nuestra vida, somos un milagro del Señor.

CUMPLIR EL PROPÓSITO DEL SEÑOR

Si la vida es un milagro de Dios, entonces tiene un propósito. El primer propósito del Señor en nuestra vida, es un propósito salvador. Mucha gente ha tenido una vida terrible, muchos de ellos quisieran no haber nacido. Surge una pregunta si la vida viene de Dios, ¿por qué muchos sufren tanta violencia y maldad? Es porque el hombre ha dado lugar al pecado en su vida. Todo lo malo que vivimos es el resultado del pecado que hay en nuestro ser. Lo más terrible es que la consecuencia final del pecado es quedar separados de Dios por la eternidad.

Dios nos ama tanto que nos ha dado un medio para librarnos del pecado y sus consecuencias. Este medio es Jesucristo quien llevó sobre sí nuestros pecados y los lavó al sufrir y morir en la cruz en nuestro lugar. Él también resucitó y esta nuevamente en el cielo para recibirnos. Para ser librados o salvados del pecado, es necesario reconocer que somos pecadores, pedir perdón a Dios, y decirle a Jesucristo que sea nuestro Salvador, porque creemos en firmemente en él. Jesús transforma la vida de todo el que cree en él; él da vida en abundancia.

Así mismo el Señor tiene una misión de vida para cada quien. La Misión de María fue ser profetisa o predicadora de la Palabra de Dios, una maestra. Una vida de éxito consiste en ser y hacer lo que Dios ha planeado para nosotros. Éxito es cumplir el propósito del Señor para nuestra vida. Éxito no es tener mucho dinero, fama, sabiduría o placer; estas cosas son vacías y pasajeras; se viene al mundo sin ellas, y tampoco se pueden llevar al morir.

¿Cómo saber cual es la misión de Dios para nuestra vida?

Nos enfrentamos a una presión tremenda de parte de nuestro padres, tíos, hermanos, abuelitos, y amigos. Cada uno de ellos cree saber cual es la misión de Dios para nuestra vida.

Por lo tanto lo que tenemos que hacer es preguntarle a Dios en oración, ¿cuál es la misión que tienes para mí? ¿qué quieres que sea y haga? Dios por medio de su Espíritu Santo pone en nuestro corazón el querer como el hacer; por lo tanto el Espíritu del Señor nos indicará cuál es nuestra misión.

Un pastor cuenta que antes de ingresar al Seminario, se acercó a un pastor de experiencia para pedirle consejo, porque tenía varias opciones en relación a qué se dedicaría en la vida, entre ellas, ser pastor. Aquel hermano le dijo, que quitara de su lista ser pastor. Sorprendido el joven, le preguntó al pastor, por qué. La respuesta fue: para ser pastor no debes tener opciones. Cuando no puedas pensar en otra cosa que no sea ser pastor, entonces ven.

Así es, la misión de vida no tiene opciones. La fuera área mexicana tiene una máxima: “Haz lo que te gusta para que no tengas que trabajar”. Si hacemos lo que Dios quiere para nosotros, incluso será algo deleitoso.

Una vez que sabemos cuál es nuestra misión, necesitamos prepararnos. El apóstol Pablo le dijo al joven Timoteo, no descuides el don que está en ti. Para nuestra misión Dios nos da dones, talentos, pero esto no nos exime de la responsabilidad de pulirnos por medio de una buena preparación con estudio y práctica.

OCUPAR EL LUGAR QUE EL SEÑOR TE HA DADO

El hombre en su naturaleza pecadora, a través de los tiempos ha denigrado a la mujer. Los griegos aun con toda su sabiduría, ponían a las mujeres en la misma posición que los esclavos. Con tristeza tenemos que decir que los judíos también denigraban a la mujer: ellos al lavarse las manos oraban y decían, Dios te doy gracias que no soy mujer ni gentil. Por eso muchas personas piensan que la Biblia es un libro machista.

Pero la Palabra de Dios dignifica a la mujer, la pone un lugar de igualdad con el hombre, pues la reconoce como heredera juntamente de la gracia, (1 Pedro 1.7). Nuestro Señor Jesucristo, en su ministerio rompió los protocolos judíos, y se acercó a las mujeres para hablarles del reino de Dios y salvarles.

Hombres y mujeres somos iguales en cuanto a valor. Somos diferentes en funciones, gracias a Dios fuimos hechos diferentes, en lo físico, emocional y sicológico. Pero ninguno es mejor que otro. Tenemos el mismo valor como personas, los mismos derechos y también ambos tenemos responsabilidades. Por lo tanto el machismo como el feminismo están errados en querer encontrar una mejor sociedad.

Dios llama a cada mujer a ocupar su lugar, en su familia, iglesia y sociedad, sin permitir que ningún hombre las haga menos, o las ponga en segundo plano, mucho menos que las maltrate. María en sus tiempos, fue profetisa, directora musical y coral, fue una líder para las mujeres. María fue una mujer que desde pequeña ocupó su lugar con valor y responsabilidad.

Dios usó a María para algo muy importante. Ella se detuvo a ver qué pasaría con su hermanito, cuando su madre le puso en el río. Al ver que fue encontrado por la hija de Faraón, se acercó y le preguntó a la princesa si quería que le buscara una nana. Gracias a Dios por medio de María, Moisés pasó sus primeros años en su hogar, sostenido con recursos del imperio Egipcio; y posteriormente creció en el palacio de Faraón, donde tuvo la preparación necesaria para ser usado como libertador.

Veamos que una mujer puede hacer grandes cosas si ocupa el lugar que Dios le ha dado.

HERMANA:

Deseamos que su vida sea de éxito, que sea y haga lo que Dios ha planeado para su gloria.

Al tener éxito es importante recordar que si tenemos algún reconocimiento, todo lo pongamos a los pies de Jesucristo: diciendo “gracias a Dios”, o “para la gloria de Dios”. Pues la gloria le pertenece solamente al Dios que nos hizo y nos salvó.

LXXX ANIVERSARIO ADALIDES DEL MAESTRO

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MENSAJE, Pbro. Luis Morales Santos

ALABANZA ESPECIAL, Soc. de Adultos de Esfuerzo Cristiano “Adalides del Maestro”

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Fe triunfante

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“FE TRIUNFANTE”

“Sadrach, Mesach, y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: No cuidamos de responder sobre este negocio. He aquí nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado”. Daniel 3.16-18.

Como sabemos estos jóvenes eran príncipes de Judá, llevados a Babilonia, por instrucción de Nabucodonosor; pero también por su obediencia a la voz del Señor por medio del profeta Jeremías.

Eran nobles, guapos, sabios y funcionarios. Pero también eran jóvenes llenos de fe en Dios.

CREYENDO EN EL PODER DE DIOS

El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro de 27 metros; al sonido de la música todos debían postrarse y adorarla; el que no lo hiciera sería lanzado en un horno de fuego. Sadrach, Mesach y Abed-nego, no lo hicieron. Ellos eran verdaderos creyentes en Dios como él único Dios vivo. Tomemos en cuenta que venían de una nación que había sido castigada por su idolatría; ellos destacan como jóvenes fieles al Señor.

Fueron denunciados y se les dio la oportunidad de retractarse. Sabiendo que serían echados al horno, permanecieron fieles a Dios. ¿Por qué lo hicieron? Porque su fe era tan grande que creían firmemente que el Señor podía hacer un milagro y librarlos del horno y de la mano de Nabucodonosor; tomemos en cuenta que son dos cosas diferentes.

¿Has sido fiel al Señor, y aun así te encuentras en una situación que solamente un milagro de Dios podría sacarte? ¿La enfermedad no cede; tu matrimonio esta de mal en peor; llevas mucho tiempo sin trabajo; no encuentras pareja?. Es momento de echar a andar tu fe. Como los amigos de Daniel cree firmemente que Dios tiene poder para hacer un milagro y salvarte. Para Dios todas las cosas son posibles, cree.

CREYENDO EN LA SOBERANIA DE DIOS

Es fabuloso ver toda la respuesta de los amigos de Daniel: “Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos…”. La fe de estos jóvenes era total, de manera que creían firmemente en la Soberanía de Dios; es decir, sabían que el Señor actuaría conforme a su voluntad, y que ésta podía ser que ellos murieran por su fe.

La fe madura, cree que el Señor tiene poder para hacer milagros. Pero también cree que Dios es Soberano para hacer todo conforme a su voluntad la cual siempre es sabia, perfecta y llena de amor; aunque nosotros no la comprendamos.

Si Dios no hace el milagro; el Señor no nos sana, no nos regresa al trabajo, no nos da una pareja, no concede el hijo que deseamos, o no resuelve nuestro problema; no significa que Dios no haya podido resolver las cosas. Tampoco será una razón para que nuestra fe desmaye; sino que debemos seguir creyendo en Dios, pues Él es Omnipotente pero también Soberano.

CREYENDO EN LA SALVACIÓN DEL SEÑOR

Sadrach, Mesach y Abed-nego, no estaban enojados, tristes o temerosos de ser lanzados al horno de fuego. Podemos entender que estaban felices al enfrentar esta situación. Su fe les llevó a creer en la Salvación del Señor. Ellos podían morir en medio del fuego, pero sus almas estaban aseguradas en Dios.

Una fe triunfante hace al hijo de Dios, creer en el poder de Dios y en su soberanía; pero también le hace afrontar la adversidad con gozo; porque si la voluntad de Dios es que no seamos librados de las cosas que enfrentamos sabemos que nuestra vida está a salvo con el Señor. Tenemos la gracia salvadora de Dios. Esta fue la experiencia del apóstol Pablo, cuando sufriendo por un aguijón, el Señor le dijo: “Bástate mi gracia”.

No debemos estar tristes por las cosas que tenemos, o no tenemos; porque lo que nos da identidad es nuestra relación con el Señor Jesucristo. Mientras más íntima sea nuestra relación con Dios por medio de la oración, lectura de su Palabra y adoración, más se fortalecerá nuestra fe y podremos disfrutar de paz y gozo.

HERMANOS:

Dios escogió la vía más difícil, salvó a éstos jóvenes del horno de fuego. Igualmente lo ha hecho el Señor con nosotros, nos ha librado del lago de fuego eterno. Tengamos fe, disfrutemos de gozo en la salvación que tenemos, aunque algunas cosas por la voluntad de Dios, no sucedan en nuestra vida; hagamos nuestras las Palabras del Profeta Habacuc, en su capítulo 3:

16 Oí, y tembló mi vientre; A la voz se batieron mis labios; Pudrición se entró en mis huesos, y en mi asiento me estremecí; Si bien estaré quieto en el día de la angustia, Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.

17 Aunque la higuera no florecerá, Ni en las vides habrá frutos; Mentirá la obra de la oliva, Y los labrados no darán mantenimiento. Y las ovejas serán quitadas de la majada, Y no habrá vacas en los corrales;

18 Con todo yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salud.

19 Jehová el Señor es mi fortaleza,

El cual pondrá mis pies como de ciervas,

Y me hará andar sobre mis alturas

 

CONFERENCIA SOBRE LA REFORMA DEL SIGLO XVI

ESCUELA BIBLICO TEOLOGICA NOCTURNA SAULO Y BERNABÉ

Por el Anc. Gob. Alberto González Herrera

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GUIA DE ESTUDIO ESCUELA DOMINICAL

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PARA EL CONCURSO DE LA ESCUELA DOMINICAL

Concurso

El amor de los hijos de Dios

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“EL AMOR DE LOS HIJOS DE DIOS”

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” 1 Juan 2.15.

El amor es necesario en nuestra vida. Es hermoso saber que somos amados; pero es mas grande dar amor.

Pero ¿A quién ama nuestro corazón?. La Palabra de Dios nos enseña a quién debe estar dirigido nuestro amor como hijos del Señor, y lo que no debemos amar.

NO AL MUNDO, NI A LAS COSAS QUE HAY EN EL, 1 Juan 2.16.

Mundo, no se refiere a nuestro planeta, ni a sus habitantes. Pues de hecho el Señor hizo al hombre para cuidar de la tierra, (Génesis 1.28-29). Así mismo Dios nos pide amar a nuestros prójimos. Por lo tanto debemos amar nuestro mundo y a cada uno de nuestros semejantes.

El versículo 16 de 1 Juan 2, nos aclara a qué se refiere la palabra mundo que no debemos amar. Nos dice que lo que hay en el mundo es la concupiscencia o codicia de la carne, de los ojos y la soberbia de la vida. El apóstol Pablo en su carta a los Gálatas en el capítulo 5, nos menciona cuáles son las obras de la carne; todo esto es lo que no debemos amar, es decir que no debemos practicar estas cosas.

Las cosas del mundo son una gran tentación para los hijos de Dios; nuestro Señor Jesús también fue tentado con estas cosas. En la codicia de la carne, cuando el maligno le dijo que transformara las piedras en pan. En la codicia de los ojos, cuando le ofreció todos los reinos, si postrado le adoraba. Y en la soberbia de la vida, cuando el diablo llevó al Señor a lo más alto del templo y le pidió que se aventará, y exhibiera su majestad al ser recatado por los ángeles.

Igual que nuestro Señor podemos vencer si no amamos al mundo. Si amamos las cosas del mundo, estamos demostrando que aun no tenemos el amor de Dios en nuestro corazón. Y si esto fuera así tenemos un problema pues aun no tenemos vida eterna. Es necesario arrepentirnos y consagrarnos al Señor.

AL SEÑOR Y A LA FAMILIA 1 Juan 4.16-21.

La Palabra de Dios nos enseña a quién debe amar nuestro corazón. En primer lugar debemos amar a Dios. Damos amor al Señor porque él nos amó primero y ha puesto su amor en nuestro corazón. Debemos demostrar nuestro amor a Dios con palabras como el salmista que dice “Amo a Jehová”, (Salmo 116.1). También con nuestra adoración y servicio; recordemos que el Señor le dijo a Pedro que si le amaba debería cuidar de sus ovejas y corderos.

También debemos amar a nuestra familia carnal. Si no los amamos somos mentirosos al decir que amamos a Dios. Este amor debe demostrarse con palabras, abrazos, caricias; pero también atendiendo cada una de nuestras responsabilidades en casa; hechos son amores.

También debemos amar a nuestra familia espiritual que es la Iglesia de Cristo. No podemos amar a Cristo y no amar a la iglesia, porque ella es su cuerpo. El Señor Jesús dio su vida por la Iglesia por amor. Por lo tanto debemos amar en Cristo a los hermanos en la fe; debemos ser respetuosos y atender las necesidades de cada miembro de la iglesia.

Así mismo debemos amar a nuestro prójimos como a nosotros mismos.

NOS HACE ENEMIGOS DEL MUNDO, Santiago 4.4.

Santiago nos dice que el que es amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Así que los amigos de Dios son enemigos del mundo. El cristiano verdadero será rechazado y maltratado por el mundo, porque chocará con su cultura pecaminosa.

A medida que pase el tiempo esta enemistad será mayor. Cuando los hijos de Dios manifestamos al mundo, que la fornicación, el adulterio, el aborto, la homosexualidad, las tradiciones como el Halloween, son pecado y merecen la ira de Dios; por lo que es necesario arrepentirse de estas cosas y dejar de practicarlas. Seremos rechazados. Seremos tachados de intolerantes; seremos juzgados y castigados.

Al ser enemigos del mundo seremos ridiculizados y perseguidos. Si no vivimos como cristianos verdaderos, si participamos de estas cosas, vamos a caer bien a la gente; pero recordemos que el Señor dijo que cualquiera que quiera salvar su vida, la perderá. Es necesario obedecer a Dios, y no agradar al mundo.

HERMANOS:

Lamentablemente muchos pretenden amar a Dios, amando las cosas del mundo. Es increíble escuchar en estos días a predicadores invitando a realizar fiestas paganas como las celebraciones de los días de muerto; alegando que no tienen nada de malo.

Si hemos dado amor al mundo, pidamos perdón al Señor. Consagrémonos a Dios, de tal manera que nuestro amor se solamente al Señor, a nuestra familia y a nuestros prójimos.

Seamos fieles al Señor hasta la muerte, y él nos dará la corona de la vida, (Apocalipsis 2.10).

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