La muerte de acuerdo a la Biblia

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¿QUÉ ES LA MUERTE? Muerte: del hebreo mut, del latín mortis y  griego tánatos.

Para entender el concepto de la muerte debemos saber que la Biblia nos enseña que Dios hizo al hombre con dos elementos; uno material y otro espiritual. El material es el cuerpo, que podemos ver, tocar. El elemento espiritual es el alma que es el aliento de vida inmaterial e inmortal. Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fué el hombre en alma viviente”, (Génesis 2.7).

La Biblia nos habla de la muerte en tres sentidos; la muerte física,  la muerte espiritual, y la muerte eterna o muerte segunda.

La muerte física es la separación del alma del cuerpo, Y el polvo se torne á la tierra, como era, y el espíritu se vuelva á Dios que lo dio”, (Eclesiastés 12.7).

La muerte espiritual es la separación del hombre de Dios, “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”, (Génesis 3.24).

La muerte eterna o espiritual es la separación definitiva e irremediable del hombre de Dios. Esta muerte se puede evitar si nos arrepentimos de nuestros pecados y creemos en Jesucristo como nuestro Salvador.

La muerte física ocurre en el tiempo y forma establecidos por Dios, nadie muere antes ni después de tiempo. “Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti: Tú le pusiste términos, de los cuales no pasará”, (Job 14.6).

Solamente Dios sabe cuándo morirá cada ser humano, ningún hombre puede saberlo. La muerte física es un acto soberano de Dios, ningún hombre tiene potestad sobre la vida o la muerte. Los homicidios o suicidios son permitidos por Dios para privar de la vida física a una persona; sin embargo quienes cometen tales actos son responsables y culpables de ellos.

¿CÓMO VINO LA MUERTE? Cuando Dios hizo al hombre a su imagen lo dotó de voluntad, y no privó al hombre de ejercerla. De manera que Dios le dijo al hombre: “Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás”, (Génesis 2.17).

Dios hizo un pacto de vida con el hombre, que como podemos ver dependía de la obediencia. La Palabra de Dios nos dice que el hombre comió del árbol de ciencia de bien y mal, desobedeció por lo tanto vino a la humanidad el pecado, la muerte física y espiritual.

Todos los hombres siendo pecadores están condenados a morir físicamente y están muertos espiritualmente en el sentido de que están separados de Dios. La muerte espiritual no significa aniquilación del alma, sino solamente la separación del hombre de Dios. “Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 6.23).

¿QUÉ PASA DESPUÉS DE LA MUERTE FÍSICA? El alma es inmortal y una vez que separa del cuerpo inmediatamente va al cielo o al infierno. E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna”, (Mateo 25.46).

Las almas que parten de este mundo no retornan. “Y además de todo esto, una grande sima está constituida entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá”, (Lucas 16.26).

Todas las personas que hayan muerto, resucitarán. Los creyentes en Cristo resucitarán cuando el Señor venga a las nubes  por su iglesia. Los incrédulos resucitarán cuando el Señor establezca el juicio final. En este juicio Jesucristo declarará los nombres de los que pasaran la eternidad en cielo, por haber creído en él; y los que pasaran al lago de fuego  y azufre por la eternidad, por haberle rechazado. “Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego”, (Ap. 20.15).

ESTIMADO LECTOR: El día de la muerte es desconocido para el hombre, por eso la Biblia recomienda prepararnos:

Prepararnos materialmente, arreglando las cosas para no heredar problemas, asegurando un lugar para sepultura. “Para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al cabo de su heredad: que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros”, (Génesis 23.9).

Trabajando y no dejando nada para el mañana. Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría”, (Eclesiastés 9.10).

Disfrutando la vida al máximo. “Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol” (Eclesiastés 9.9).

Pero sobre todo es necesario prepararnos espiritualmente, apartándonos del pecado y creyendo en Cristo como nuestro Único y Suficiente Salvador; para que al morir vayamos a vivir con Dios.  “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14.6).

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